domingo, 6 de mayo de 2012

Leyenda de la fundación de Puebla


Durante  la de la Colonia, la población iba creciendo y progresando poco a poco, al igual que su población, ya que debido a las buenas condiciones de vida que existían durante aquella época, muchas familias españolas se venían a vivir a la Nueva España; la gran mayoría de los extranjeros hacían matrimonios de conveniencia con los nativos, así la población mestiza se integraba poco a poco con los descendientes de conquistadores.
El comercio muy activo, por lo que los viajes a Veracruz eran el pan nuestro de cada día, por lo que hizo falta un lugar que fuera como punto medio para descansar unos días durante la travesía.
Durante aquella época existía un lugar en donde eran depositados, quemados o destruidos los restos de los sacrificios  en honor a Huitzilopochtli, al igual que a los dioses tutelares de Tlaxcala y de Chalco, y todos aquellos que murieron durante las Guerras Floridas.  A pesar del oficio sagrado de aquel sitio, era inevitable que la gente viera en este un aire macabro; los aztecas le llamaban Cuetlaxtoapa. Los únicos habitantes que había en ese rumbo eran los encargados del depósito de materia humana, pero por el lado contrario, era uno de los sitios más atractivos como punto estratégico durante la Colonia, debido a la excelente ubicación intermedia que tenía, y esto daría el pretexto ideal para ocultar el pasado religioso adverso a la nueva religión. Una vez que dicho depósito fue abandonado y destruido, se planeó que fuera destinado para que las familias recién llegadas al nuevo continente se establecieran, así como también los indígenas que las zonas circundantes como Cholula y Tlaxcala, que podrían iniciar una vida diferente y agradable. Puebla iba a convertirse en la escala obligada, en un sitio de descanso entre la capital virreinal y la ruta de salida por Veracruz hacia el Golfo de México para la travesía atlántica.
Y aquí es donde se podría decir realmente que nace la leyenda de cómo surgió la Puebla que hoy conocemos, comienza con un religioso de nombre fray Julián de Garcés, quien una noche víspera del 29 de septiembre, día en que se celebra la fiesta de San Miguel, tuvo un sueño donde había un campo muy grande en donde había un río y varios manantiales a su alrededor; además tuvo la visón de unos ángeles que trazaban con unos cordeles estirados y unos compases, una ciudad orientada por cuadrantes, cuyas calles iban de norte a sur y de oriente a poniente.
Cuando el religioso despertó, pensó que  aquel sueño era nada menos que un mensaje divino, por lo que ni tardo ni perezoso después de la misa, se entrevistó con los franciscanos que radicaban al igual que el en Tlaxcala, entre ellos se encontraba Motolinía, quien recordemos que siempre ayudó a los indígenas. Cuando fray Julián les relató a todos su sueño, decidieron ir ante personas de confianza, al lugar previsto por las autoridades, ubicado a cinco leguas de Tlaxcala, y al llegar vieron lo que quedaba del antigua depósito cegado, un paisaje muy parecido a las visiones; entonces el fraile lleno de emoción señaló con el crucifijo que llevaba colgado al cuello diciendo: “Este es el lugar que me mostró el  Señor”.
Con la autorización de la reina de España, comenzaron los trabajos de hacer la traza por cuadrantes de lo que sería Puebla (Ciudad de los Ángeles), fundada en la provincia novohispana de Tlaxacala, fue desde sus comienzos capital de la Intendencia de Puebla, y durante el México Independiente, capital del estado del mismos nombre.
Tal vez se llamó la Ciudad de los Ángeles debido al sueño de fray Julián, donde los mismísimos seres celestiales hicieron la traza; y por si dicha visión no bastara, recordemos que el suceso fue para amanecer el día de San Miguel, y este arcángel es el jefe de las milicias celestiales integradas por ángeles.
 

1 comentario:

Anónimo dijo...

facinante muchas gracias por la informacion acerca de esta leyenda me sirvio mucho :)