En el año de 1610, cuando un hombre rico de la cuidad, Don Fernando de Villegas, solicitó al arzobispo fray García Guerra y el virrey Luis de Velazco, fundar un monasterio de monjas, para lo cuál tuvo que hacer una serie de trámites largos y tediosos.
Las mujeres del recogimiento no estuvieron de acuerdo en la construcción de convento, pues sabían que ese sería el principio del fin de ese lugar; aunque las autoridades religiosas les aseguraron que el convento sería solo un anexo.
El rector de la Real y Pontificia Universidad de México junto con don Fernando de Villegas, se ofreció a ser el patrono de este santo lugar, con la condición de que en el profesaran sus ochos hijas y su suegra; comprometiéndose a donar dos mil pesos en oro anualmente y también pidió que en ese convento nunca entraran indias ni negras y se emplearan monjas legas para los oficios humildes. Compró la casa del antiguo recogimiento y fue dividida y fue diseñada, de manera que tanto las monjas, como las recogidas vivieran de manera pacífica y confortable. La capilla era de uso común, las monjas utilizaban los coros y la tribuna, las viudas y casadas.
Con el tiempo la paz solo se volvió una apariencia, pues el espacio para albergar mujeres era insuficiente, la satisfacción de sus necesidades y la demanda de niñas que se educaban ahí, era un problema muy serio. Junto al convento se encontraba la casa del recogimiento, y como el número de estas iba decreciendo, entonces las monjas con la anuencia de las autoridades eclesiásticas hicieron un agujero en el muro por donde se introdujeron las niñas y las criadas del convento y las recogidas fueron echadas a la calle.
Para 1658 la iglesia se encontraba en ruinas y fue demolida; por ésta razón las religiosas querrían mejorar su monasterio y le notificaron a Don Juan Navarro Pastrana, quien les facilitó el dinero; una vez terminado el recinto fue dedicado a San José
El 6 de marzo de 1659 el patronato fue constituido ante un escribano y se dedicó la iglesia en 1661. En 1664 Antonio Maldonado hizo un retablo y Diego de Velazco otro en 1668; estos ya no existen.
En 1863, el convento ya había sido abandonado por las monjas; entonces fue fragmentado y vendido. El templo, que todavía conserva sus dos portadas gemelas, pertenece actualmente a la Iglesia Episcopal Mexicana.
Se dice que la iglesia no tenía imagen, pero un buen día llegó a sus puertas un burro que cargaba un cajón de tamaño considerable; el animal se detuvo junto al templo y no hubo poder humano que lo moviera de ahí y nadie lo reclamaba. Al abrir el cajón que traía el burro a sus espaldas encontraron una imagen preciosa de la Virgen María estofada y policromada. La imagen fue colocada en el altar principal y venerada como Santa María de Gracia.
Otra historia cuenta que una monja con velo blanco llamada Magdalena del Señor San José, soñó que la Virgen María le explayaba su deseo de ser venerada en su nacimiento. La joven consiguió que se hiciera la imagen de lo que había soñado; el escultor, usando como base la talla de un angelito que había pertenecido a un retablo en desuso, la convirtió en una niña recostada fue expuesta a la veneración pública bajo el nombre de la Divina Infantita, en convento recibió muchos favores gracias a la intermediación de esa imagen.
El papa Gregorio XVI aprobó la nueva devoción y la enriqueció con multitud de indulgencias, y de ahí se propagó por todo el territorio, hasta llegar a la Madre Patria.
La iglesia fue saqueada, pero todavía se conserva, a excepción del convento, que fue destruido en la década de los 50’s, para construir en su lugar un inmundo edificio.
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