sábado, 15 de enero de 2011

Las calles de México

Como todos sabemos, la traza de esta hermosa ciudad tiene unos orígenes antiquísimos, que se remontan a la época prehispánica. A la llegada de los españoles el soldado Alonso García Bravo, quiso aprovechar la distribución de las calzadas y llevó a cabo una traza para repartir solares entre todos los conquistadores; después el virrey Antonio de Mendoza (1535-1550), lector del tratado De re aedificatoria de Leonne Battista Alberti, emprendió una obra titánica para convertir la antigua ciudad mexica en una ciudad renacentista, como se puede apreciar en el plano de Uppsala, testimoniado en los diálogos de Cervantes de Salazar (1554).

Mientras transcurrían los siglos XVII y XVIII, la población de la ciudad iba en aumento, al igual que sus calles plazas, plazuelas, y así paso del tiempo hasta llegar a la época de la Independencia y la primera mitad del siglo XIX. Cada rincón del centro histórico fue bautizado de acuerdo a los hechos y aconteceres que tuvieron lugar. La historia de la Ciudad de México, al igual que otras ciudades del mundo puede contar sus historias y sus leyendas con los nombres que llevan sus calles; y siendo esto una de las ciudades más ricas del mundo, ¿Qué no podremos descubrir?

Actualmente en la antigua Tenochtitlán ya no existe, todo lo que fueran sus casas, palacios, santuarios y acueductos fueron destruidos por los mismos vencidos obligados por los conquistadores, los azotes de los encomenderos y sus lavados de cerebro; para que así los antiguos mexicanos “entendieran” que hacían una obra buena al derribar los teocallis para construir templos cristianos.


México prehispánico

Afortunadamente, todavía queda el recuerdo de aquel glorioso pasado en los nombres de algunas calles, como por ejemplo tenemos: Cocolmeca, Coaxomulco, Chiconautla, Huacalco, Mixcalco, Nahuatlato, Necatitlan, Tecpan, Tepechichilco, Tepotzan, Tetzontlale, Titzapan, Tlaxcaltongo, Tlaxcoaque, Tlaxpana, Tlatilco, Apahuaxcan, Coconepa, Colgacatongo, Choconautla, Guiguitongo, Xolapan, Manchicuepa, Quajomulco (Coajomulco), Quatlan (Cuautlán), Tenexpa, Tecolote, Zocoacalco, entre otras más. Las tres principales calzadas conservaron sus nombres: Tacuba, Tepeyac e Ixtapalapa; los pueblos de los alrededores todavía conservan sus nombres: Tacubaya, Atzcapotzalco, Tlalpan, Xochimilco, Coyoacán, etc.

Ya en la época colonial, podemos encontrar nombres de calles que hacen alusión a sucesos históricos o tradicionales, instituciones de obras benéficas, y muchas otras que conservan los apellidos de personajes ilustres.

Órdenes religiosas

Tampoco podían faltar las distintas órdenes religiosas que hubo en la época, como los misioneros franciscanos, dominicos y agustinos, que vinieron sucesivamente Nueva España en 1524, en 1526 y en 1533, se hallan los nombres de las calles de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín; le siguieron después los hermanos de la Caridad, luego los hipólitos, los cuales se establecieron en 1567 y los juaninos en 1604, quienes han heredado sus nombres a las calles de San Hipólito y San Juan de Dios; las 34 religiosas y dos novicias, que fundaron el primer convento de monjas en México, dieron desde 1541 nombres a las calles de la Concepción así como muchas otras órdenes religiosas tanto de hombres como de mujeres.

Colegios

Hubo muchos de estos lugares fundados en aquella época y que dieran nombre a las calles de: Universidad, San Pedro y San Pablo, San Juan de Letrán, San Ildefonso, San Ramón, Colegio de Niñas, de Indias y de las Vizcaínas.

Hospitales

Tenemos los siguientes: Jesús, Real de Indios, San Andrés y San Lázaro.

Edificios públicos

Los que podemos encontrar: Moneda, Alhóndiga, Correo, Montepío, Aduana, Acordada, Estanco, Rastro, Coliseo, Apartado y Hospicio.

Beneficencia y enseñanza

Las calles de Chavarría, de Vergara, de López, de Alfaro, de Ortega, de su Zuleta, de Alconedo, de Tiburcio.

Hombres ilustres

Las calles del Parque del Conde, de la Mariscala, de la Condesa, y de los Medinas, algunos de los títulos nobiliarios que hubo en Nueva España, y la Quemada, el Indio Triste, don Juan Manuel, el Ángel y tantas otras, las tradiciones y leyendas de aquellos tiempos tan poéticos como lejanos.

Artesanos y oficios

Otros nombres de calles nos recuerdan las distintas labores a las que se dedicaba la gente de aquella época, por ejemplo: Plateros, Tlapaleros, Curtidores, Chiquihueteras, Cedaceros, Talabarteros y Cordobanes.

Muchos nombres han quedado inscritos para darles nombre a las calles, pero muchos otros han desaparecido, como por ejemplo uno que nos recuerda a Cuauhtémoc, en la de Guatemuz, hoy del Factor; otros a conquistadores, como los de Pedro González Trujillo y Martín López; no pocos las acequias que limitaban la ciudad española de la indígena y que tuvieron, para ser atravesadas, sendos puentes, que impusieron título a las calles del Puente de San Francisco, Quebrado, del Espíritu Santo, de la Leña, del Fierro, y muchos otros más.

Pero las calles no sólo tienen interés histórico por sus nombres, sino también por los sucesos que en ellas acontecieran y las personas que moraran en aquel lugar. Tenemos por ejemplo: la de Donceles donde vivió Antón de Alaminos; la de la esquina de Santa Teresa y la de Moneda, lugar en el que estuvo la primera imprenta del Nuevo Mundo; la del Reloj y Santa Teresa donde tramaron una conspiración los hermanos Ávila, la de San Agustín donde escribió sus obras Sigüenza y Góngora; la de las Damas, en cuya esquina y la de Ortega, se hospedó Bolívar: la cerrada de Santa Teresa, donde muriera bajo extrañas circunstancias el Licenciado Verdad, mártir de la democracia y de la independencia.

Como se puede observar, cada calle, cada rincón, cada callejón tiene una historia que brota a flor de piel, que se puede percibir a cada paso que se dé. Durante nuestro recorrido por las calles de la ciudad de México, la vida colonial absorberá toda nuestra atención las órdenes religiosas, los virreyes, los oidores, los alguaciles, los palacios, el relato popular, las risas, en fin todo lo que pueda imaginarse nuestro amigo lector.

Acompáñame a este viaje mágico y misterioso, para que juntos recorramos cada rincón del Centro Histórico y que a través de nuestra imaginación podamos recrear el paisaje como se hubiese visto allá en el lejano tiempo de la Nueva España.