domingo, 25 de septiembre de 2011

Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo


Fue edificado en el siglo XVIII por los jesuitas, ubicado en la segunda calle de San Ildefonso, que en algún tiempo se llamó de Monte Pío Viejo, se encuentra ubicado un bellísimo edificio que data de 1573, que lleva por nombre Colegio de San Pedro y San Pablo.
En esta institución se enseñaba literatura, historia, filosofía, ciencias sagradas y teológicas con sus respectivas derivaciones y vulgarización cristiana. En su biblioteca se podían encontrar una gran cantidad de libros, de entre los cuales destacan:
  • El Rusticario Mexicanaii, de Rafael Landívar
  • Heroica Deo Carmina, del padre Diego José Abad
  • Espejo para todos los reyes del mundo, descifrado en la estatua de Nabucodonosor; de fray Juan de San Miguel
  • Oruga Inmunda  en Mariposa Sagrada convertida y en la Mejor Luz Abrasada, de fray Manuel de Anduaga
  • El Gran Monstruo de los Cielos, Señor San Agustín
  • El Comulgador, del mercedario Francisco Gorosito

Existe todavía una larga lista de estos volúmenes, que no podría terminar de mencionarte, pero estos son solo unos cuantos ejemplo para que te des una idea de cómo era la educación en aquella época.
El Colegio era uno de los de más hidalguía que existía en la capital de la Nueva España, fue tal su popularidad que hasta se tuvo que mandar ampliar el lugar colocando un nuevo piso; además tenía un encanto especial que solo el arte que viene de Dios puede dar, una sombra de su infinita belleza.
Desde su fundación, siempre se puso mucho empeño en conservar con toda rigidez la pureza de sus costumbres, la caridad y la laboriosidad que caracterizó a estos religiosos; nunca exigieron limosna alguna o remuneración por los servicios que prestaban, además también hospedaban a toda aquella persona que lo necesitara, dándoles celda, cama, desayuno, comida, cena y les asignaban un religioso para que les sirviese durante el tiempo que permanecieran ahí. A las personas que deseaban estar en el anonimato y a las mujeres de la vida disipada, se les daba de comer en la portería y se les obsequiaba ropa y zapatos de buena curtiduría.
También se decía que los maestros criaban con mayor amor y afecto a sus alumnos, que los propios padres a sus hijos. Cuidaban del aprovechamiento de la virtud y las letras, naciendo del orden el aislamiento de las diversas disciplinas, llevarlas a la práctica en los actos públicos literarios y en las declamaciones recitadas, que servían de ensayos para puestos o cátedras; para cumplir estos fines, también eran utilizados los coloquios y las comedias latinas, que por lo general las representaban los alumnos más aventajados.
Fuera de las calidades y los ejercicios virtuosos notables, que eran impartidos en esta clase de colegios, concurrían otra clase de factores muy provechosos para esa edad, pues la compañía fomentaba entre el alumnado a la castidad, y si alguno de ellos osaba poner el mal ejemplo era expulsado de la comunidad. Los entretenimientos eran mu sanos, acorde a la juventud de la época y de los valores tan conservadores del Colegio. Se invitaba a los padres de familia a que no se afligiesen, ni les diesen un rato amargo y enojo a los hijos, pero que cuando hubiese necesidad de corrección y castigo, debían actuar con mesura y prudencia. En ese Plantel  se reunieron los Constituyentes en 1824, después fue anexado a la Preparatoria Nacional  y luego la Secundaria 6.
Los religiosos jesuitas fueron expulsados del Colegio de San Pedro y San pablo cuando la orden fue prohibida en México en 1767, esto después de haber educado a casi ocho generaciones de estudiantes criollos, tanto el templo como el convento quedaron en el abandono total.
Fueron usados como caballeriza y cuartel, después el Congreso Constituyente establecería sus sesiones en 1822, donde fue coronado Agustín de Iturbide y comenzó la creación de la primera Constitución mexicana en 1824. El lugar después tuvo muchos usos, como  manicomio, salón de baile, bodega y café de trova, hasta que en 1922 José Vasconcelos  mandó instalar una Sala de Discusiones Libres, donde las paredes y ventanas fueron decoradas con arte posrevolucionario, con el mural “Árbol de la Ciencia”, y los vitrales “El jarabe tapatío” y “El vendedor de pericos” de Roberto Montenegro, la pintura “El Zodiaco” de Xavier Guerrero, sin olvidar también los vitrales y las bóvedas hermosamente decoradas. El marzo de 1944 fue inaugurado como Hemeroteca Nacional, después pasó a ser el Museo de la Luz y hace poco tiempo fue abierto el Museo de la Constitución. Cabe mencionar que Montenegro participa en el movimiento de la pintura mundial, por los años de 1922 a 1923, pintando también para el exconvento de San Pedro y San Pablo, una de sus obras llamada “Fiestas de la Santa Cruz”, donde expresa de una manera creativa y decorativa el folklore mexicano, por la simplificación de sus formas, se acerca un poco al estilo de Diego Rivera.
Cuando observamos la portada, podemos apreciar que es de un estilo barroco florido, esto quiere decir, que es relativamente reciente, lo más probable es que sufrió modificaciones cuando la Universidad adquirió el edificio; este cuenta hasta nuestros días con dos patios casi idénticos, circundados por corredores con arcos de medio punto en sus plantas bajas, situados al poniente y al oriente y que están intercomunicados, en el patio poniente está un monumento de homenaje a los antiguos colegios de San Pedro y San Pablo, San Gregorio, edificado por la Universidad Nacional.
Existe una lápida que se encuentra en  la fachada del edificio, sobre la calle de San Ildefonso, que establece que el 25 de febrero de 1775, en la misma, abrió por primera vez sus puertas el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas, que después llegaría a ser el Nacional Monte de Piedad, fundado por don Pedro Romero de Terreros; la lápida antes mencionado fue colocada en febrero de 1933.