Estamos en el siglo XVII en la hoy calles de Brasil; en ésta época fueron enviados 3 frailes del convento de Santo Domingo a una misión secreta, éstos respondían a los nombres de Senovio Moravantes, Pedro de Huesca y Antonio García; ellos debían ir a Puebla en busca de un artífice para que fabricase una custodia y otros ornamentos religiosos, así llevaban lingotes de oro y plata y un talego de monedas. Dichos ornamentos debían estar listos para las fiestas del Santo Patrono. Así las cosas, partieron los frailes, llevando a lomo de mula las riquezas que por ser llevadas por ellos se iban a respetar. Cruzaron la cuidad y tomaron el camino a Puebla; transcurrieron varias semanas y meses, acercándose la fiesta del Santo Patrono y los 3 frailes no regresaban, por lo que en su convento ya estaban alarmados; llegaron las festividades y nada, por lo que se mal pensó que habían sido víctimas de la tentación, por lo que partió otro fraile dominico a buscarlos, llegando a Puebla, donde fue informado que jamás habían llegado y nadie supo nada.
Una noche tres frailes aparecieron en la calle de Santo Domingo, llegando a las puertas del convento, donde tocaron, pero el hermano portero no les abrió; alejándose en medio de profundos lamentos, éste suceso se repitió durante varias noches, por lo que al fin el hermano les abrió, viendo para su sorpresa tres seres espectrales, los cuáles lo veían a través de sus cuencas vacías en las cuáles algunas vez estuvieron sus ojos, por lo que del susto les dio con la puerta en su espectral figura.
Así cada noche los habitantes de éste rumbo veían las fantasmales apariciones. Una noche dos caballeros decidieron, armándose de vino y valor a interrogarlos, siendo informados por una voz de ultratumba de uno de los frailes que habían sido víctimas de un atentado en el cual les robaron y mataron; uno de éstos caballeros Emigidio de Aguilar acuciado por la ambición se hizo llevar por los espectros al sitio donde estaba enterrado el oro de los frailes, pero fue muerto por ellos al saber sus malas intenciones, pidiendo a su hija como última voluntad que entregara el oro a los frailes, lo cual ella cumplió y así el oro y el dinero fueron conducidos junto con los restos de los frailes a los sepulcros de Santo Domingo y el oro finalmente se utilizó para la creación de los anhelados ornamentos.
Los frailes una vez cumplida su misión pudieron descansar en paz. Pero se dice que a altas horas de la noche se les puede ver deambulando por el antiguo Convento de Santo Domingo.
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