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domingo, 3 de enero de 2016

Convento del señor de San Lorenzo



Su fundación se encuentra documentada en 1598, pero la iglesia y el convento de San Lorenzo fueron construidos hasta finales del siglo XVII. Esto fue posible gracias a las donaciones de don Juan de Chavarría y Valero y su mujer, doña María Saldívar Mendoza. La iglesia fue dedicada en 1650. Según varios historiadores existe un rarísimo folleto de Ignacio de Santa Cruz Aldana, impreso por los herederos de Juan Ruíz en 1676, que se refiere a la “feliz renovación de la iglesia y convento del señor San Lorenzo de ésta Corte”.
En éste folleto se da santo y seña de los retablos que hubo en ese año de la “feliz renovación”: el de San Lorenzo (el mayor), que fue sustituido por otro de Manuel de Nava en 1710, destruido en el siglo XIX; el de Santa Rosa de Lima; el del Prendimiento; el del Ecce Hommo; el de la Presentación; el de Guadalupe; y el de San Jerónimo. El monumento de Jueves Santo fue obra de Manuel de Velazco, quien lo contrató en 1682; fue costeado por Juan de Chavarría y Valero; del cual existe un dibujo de su desaparecido sepulcro en la mima iglesia; la reproducción fue hecha por Manuel Toussainy. De los retablos y decoración no queda ni rastro, pues fueron destruidos en el siglo XIX.
La iglesia fue empezada a construir en 1643 por Juan Gómez de Trasmonte y Juan Serrano.
Manuel Francisco de Álvarez transformó el antiguo convento en Escuela de Artes y Oficios. Luego sirvió de cuartel, y del edifico actualmente solo se conserva algunos muros antiguos; la iglesia se salvó y fue modernizado su interior por Ertze Garamendi.

domingo, 19 de agosto de 2012

Real Monasterio de Jesús María (Segunda Parte)



Reglas del convento
Cuando el convento fue trasladado al lugar que conocemos hoy, había treinta y cuatro monjas dotadas, veintidós capellanas, diez novicias e igual número de pupilas. El rey Felipe II, por la real cédula firmada en Lisboa en febrero de 1583, admitió la fundación bajo su patronato, haciéndola suya y donándole una cuantiosa suma, le concedió innumerables gracias y privilegios; vinculando directamente el monasterio con la Corona Española, pasando después de herencia a los reyes sucesores, pues recordemos que ahí estaba recluida la hija del monarca. El convento siguió conservando su propósito inicial de aceptar a descendientes de conquistadores, pero se volvió legal cuando fue otorgada la cédula real el 2 de octubre de 1588.
La abadesa estaba obligada a informar anualmente al rey de todo lo que hubiera ocurrido. En el convento había rectora, maestra y pedagoga. Cuando alguna de las pupilas era llamada a la reja o torno, era acompañada por la madre rectora; las niñas eran despertadas a las seis de la mañana, tomaban su desayuno a las siete, oían misa, rezaban la estación y después se dirigían la sala de labor, leían, escribían o hacían lo que se les ordenara, a las diez y media estudiaban la doctrina, comían a las once y media, descansaban hasta las dos en que volvían a la sala de labor, salían de ahí hasta las cinco, después a las seis rezaban el rosario, cenaban y luego de varios rezos se acostaban a las nueve. No podían tener dinero a ocho les cubrían sus gastos el real erario.

Remodelaciones y cambios
La iglesia  fue renovada por más de noventa años (1597 – 1691); el claustro fue reparado  y concluido  hasta el años de 1775; después con muchas limosnas de particulares se terminó la torre y la parte incompleta de la iglesia y el convento.  Entre sus historias, destaca que sor Juana Inés de la Cruz formó parte de la comunidad de beatas, así como también la fama que tenían los hermosos cantos de las religiosas.
Al ser exclaustradas las religiosas en 1861 fueron conducidas veintinueve de ellas al de Regina, donde estuvieron hasta 1863; pero por desgracia, en el mismo año de exclaustración de las religiosas y hasta 1874, se estima que los hermosos retablos barrocos del templo comenzaron a perderse. Las monjas dieron servicios religiosos hasta 1933, año en que fuera clausurado y entregado al servicio de la Secretaría de Guerra y Marina.  El convento fue vendido y convertido en habitaciones particulares; su capital de un millón de pesos, incluía setenta y nueve fincas; y sus capitales activos producían un rédito de  cerca de nueve mil pesos.
Existe un plano que data del siglo XVIII, el cuál sumado con las descripciones de Sigüenza y algunos documentos de los artistas que participaron  en la obra, como Luis Juárez y Pedro Ramírez, permite que tengamos una idea del esplendor que tuvo alguna vez éste conjunto.
Se mencionan como posibles arquitectos que le dieran  una remodelación completa al templo, a Pedro Briseño y Manuel Tolsá.
Es de destacar las hermosas pinturas de los evangelistas, ubicadas  en las pechinas que dan soporte a la cúpula. A pesar de que da la apariencia de haber sido restaurada el siglo pasado, aún quedan restos que datan de la segunda mitad del siglo XVIII; como olvidar el coro que podemos ver en la parte posterior, elemento indispensable en todo convento que se preciara.
A finales del siglo XVIII, José Antonio González Velázquez, quien fuera director de la Academia de San Carlos transformó la iglesia al estilo neoclásico; también hizo importantes participaciones en San Pablo el Nuevo y Santa Teresa a principios del siglo XIX. A partir de 1861, el convento tuvo múltiples usos: cine, villares y vecindad; y la iglesia fue ocupada como Archivo General de la Defensa. En  el año de 1989 el claustro principal fue rescatado del estado de abandono en el que se encontraba.
Se cuenta que desde el siglo XIX, podemos observar en este templo a Nuestra Señora de la Merced; seguramente te preguntaras que hace ahí. Te cuento que  la imagen fue traída de Guatemala para colocarla en el ya desaparecido templo de la Merced, pero después de un largo viaje estuvo durante una temporada en el templo de Belén de los Mercedarios, pero ese tiempo fue suficiente para que la imagen pasara a ser la patrona de los comerciantes del rumbo de la Merced.
Actualmente el convento aloja tiendas de muebles, y artículos electrodomésticos; pero a pesar de todo es uno de los conjuntos más completos que se conservan de conventos de monjas hoy en día.
En sus terrenos fueron construidas casas; la que se encuentra marcada con el número 23 de Corregidora, perteneció y ahí vivió Ignacio Zaragoza, defensor de la patria en la Batalla de Puebla. Después de su muerte se colocó una placa que decía: “El General Ignacio Zaragoza, vencedor del Ejército extranjero que atacó a Puebla el 5 de mayo de 1862, habitó en ésta Casa”. La casa era de dos pisos, con balcones corridos y flores en los dinteles de las puertas. Tiene dos patios de pobre aspecto, con viviendas alrededor.

domingo, 5 de agosto de 2012

El Real Monasterio de Jesús María


Antes de que la conquista cumpliera medio siglo, había ya en la capital de la Nueva España una buena cantidad de hijas y nietas descendientes de conquistadores, quienes habían despilfarrado su fortuna a manos llenas, dejando a su descendencia como herencia solamente sus títulos nobiliarios y la más absoluta miseria. Ante tal problema  se decidió entonces emprender el proyecto de fundar un convento de monjas, en donde fuesen admitidas las descendientes de conquistadores sin pagar dote alguna.
El personaje que concibió la idea fue Pedro Tomás de Denia, quien consultó a Gregorio de Pesquera, individuo acaudalado ya anciano, que después de servir al rey en algunas conquistas, decide retirarse a México para ocuparse en obras piadosas; este hombre acogió con tanto entusiasmo el proyecto, que ni tardo ni perezoso desembolsó más de cuatro mil pesos para impulsar los trabajos, y  también se comprometió a recolectar limosnas, en tanto que el autor del proyecto se dirigió hacia los minerales para juntar ocho mil pesos, con los cuál era suficiente para echar a andar la construcción. Con el apoyo del alcalde Bernardino Albornoz, quién era muy estimado por el virrey don Martín Enríquez y por el Arzobispo don Pedro Moya de Contreras, se pudo echar a andar el proyecto sin problema alguno.
Ya se tenían los recursos económicos para la construcción, ahora hacía falta escoger el lugar, buscaron a propósito una casa que se acomodara lo mejor posible a sus necesidades, hasta que dieron una cerca de la Santa Veracruz; solamente la separaba del templo una pequeña callejuela, que colindaba con el hogar del Mariscal de Castilla. La casa fue comprada por cuatro mil novecientos pesos y las escrituras fueron entregadas  en abril de 1578, entonces hubo la necesidad de recaudar más fondos por medio de las limosnas, para el mantenimiento de las religiosas y la construcción de la nueva iglesia; uno de las almas piadosas que cooperaron fue Pedro García, quien entregó ocho mil cuatrocientos para que con los réditos se sufragaran los gastos de seis religiosas que el habría de nombrar; esta suma más otros generosos donativos, dieron la nada despreciable cantidad de cuarenta y tres mil pesos.
Mientras los recursos se reunían, el Arzobispo Moya de Contreras había ya obtenido una breve del papa Gregorio XIII el 21 de enero de 1578, en donde se determinaba que las religiosas del nuevo convento debían seguir las reglas y la vestimenta de las monjas concepcionistas. Tanto niñas como adultas, solicitaron su ingreso en el nuevo recinto pero no podían admitir todas; entonces para encontrar una solución se estableció una comisión precedida por el factor Martín de Irigoyen, y nombraron a siete religiosas con cien pesos anuales, algunas de las aceptadas fueron lasa nobles: doña Juliana Quiñones, doña Leonor Pérez, doña Leonor Pacheco de Figueroa y doña Isabel de Mendoza. Para fundadoras y maestras, fueron asignadas diez monjas del convento de la Concepción, quienes se repartieron los cargos como mejor conviniera para el buen gobierno del recinto. Las mentes creadoras de este proyecto, Pedro Tomás de Denia y Gregorio de Pesquera, fueron quienes formaron las primeras ordenanzas, supervisadas por don Pedro Moya de Contreras y autorizadas por Gregorio XIII; este último permitió tres años más tarde el traslado del convento al lugar donde estuvo funcionando durante muchos años.
Ya se encontraba el recinto religioso en funcionamiento, pero siempre había prevalecido la idea de levantar un monasterio para doncellas pobres que no pudieran pagar lo que exigía la dote; entonces varias personas de buena posición contribuyeron a que esta obra fuera una realidad. El nuevo claustro fue concebido con una torre y una campanilla; donde serían recibidas todas las que tuvieran el sincero deseo de profesar, pero también había cabida para aquellas que después de recibir su educación,  y aun así no sintieran la vocación de la vida religiosa, sino más bien de dedicarse a la familia, entonces eran libres de cumplir su misión en la vida. No contento con lo que había hecho, Denia se embarca a España para informar a todas las altos jerarquías y para pedir que se pudiera aumentar el número de religiosas enclaustradas.
Mientras tanto las monjas ya no la veían llegar con la incomodidad por el sitio que se les había asignado, pues era húmedo, estaba en los arrabales y por ser un lugar muy reducido para albergar a otras querían ingresar con dote; y ante las constantes quejas de las religiosas, el Arzobispo les dejó a su libre decisión el nuevo sitio donde establecerían el convento,  eligiendo el lugar en que podemos ver el templo hasta nuestros días.
Al poco tiempo se comienza la construcción de la iglesia y para el convento, muchas casas aledañas fueron compradas y remodeladas para el noviciado; obteniendo su permiso de traslado el 11 de septiembre de 1582, y al día siguiente fueron conducidas hacia el nuevo monasterio con él acompañamiento y modestia debidos del provisor, el alcalde del crimen y otros caballeros, trasladando a las religiosas en literas y coches cerrados. El virrey marqués de Villa – Manrique, acompañado de los oidores y otras personas de alto rango, tomó posesión del convento; la abadesa y demás religiosas estaba hincadas en señal de respeto, y a su paso le besan  la mano al virrey. En cuanto a Denia, obtuvo una real cédula, con la cual el rey mantenía al convento bajo su protección y patronato, asignándole tres mil ducados anuales por veinte años; pero tan pronto recibió una carta del Arzobispo Moya de Contreras, concedió al sitio religioso mucho más de lo que se había solicitado. Esta excesiva “generosidad” del rey no fue gratuita, pues quería esconder algo muy vergonzoso; ¿qué era lo que ocultaba con tanto celo?
Corría el año de 1571, cuando el Arzobispo se le vio trayendo a una niña en brazos de poco más de dos años, la cual procreó el rey con la hermana de Moya de Contreras. La sobrinita del religioso, doña Micaela,  fue criada de acuerdo a su descendencia noble en el absoluto de los secretos; pero poco después de cumplir los trece años la pobre chiquilla perdió totalmente el juicio, situación que la condenó a pasar el resto de su vida recluida en un lujoso cuarto del convento, con un grupo de religiosas a su servicio.
En 1588 el monasterio no tenía más que su primitiva capilla, hasta que el conde de Monterrey aprobó el plan de levantar una iglesia más grande y suntuosa el 9 de marzo de 1597, a donde asistieron todas las personas importantes de la época para presenciar la bendición de la obra; mientras tanto Denia luchó hasta que se cansó para que el convento fuera reubicado en su antiguo lugar, esfuerzos que fueron por demás infructuosos. El proceso de construcción de la iglesia un poco lento debido a la falta de fondos, pero finalmente fue terminada en 1621, faltando solamente la torre; fue dedicada el 7 de febrero del mismo año por el Arzobispo don Juan Pérez de Serna, y al día siguiente hubo una muy solemne procesión desde la Catedral, hasta el nuevo templo, donde fue depositado el Santísimo Sacramento en el altar mayor.
Como se mencionó anteriormente, las monjas siguieran las reglas de las concepcionistas, entre las cuáles estaba que debían realizar labores de su sexo para recaudar fondos que les ayudaran a cubrir sus gastos. Como dato curioso, les puedo contar que había dos claustros; en el que profesaban era en de Jesús María, y el que estaba acondicionado de escuela, pero no profesaban era el de Nuestra Señora del Rosario

domingo, 8 de julio de 2012

Convento de Regina Coeli


Perteneciente a la orden Concepcionista, fue el primero en ser fundado por las monjas del Convento de la Concepción en la capital de Nueva España; su nombre significa  “Reina del Cielo”.
El  4 de octubre de 1573, salieron  10 monjas del convento de la Concepción para fundar el monasterio de la Natividad de Regina Coeli; se desconoce la fecha exacta en que fue levantado en convento, pero la que más popular se hizo  fue en  el año de 1553. A este sitio podían ingresar solamente las criollas y jóvenes españolas, que tuvieran realmente la vocación para llevar una vida dedicada a la religión, debían tener de ser de 18 a 25 años de edad, gozar de cabal salud y buena voluntad. Para ser aceptadas también debían pagar una dote de cuatro mil pesos.
Don Melchor de Terreros (pariente de don Pedro Romero de Terreros) donó veinticinco mil pesos, con lo cual fue reconstruido el convento y fue estrenada el 19 de marzo de 1656. En la primera mitad del siglo XVIII, fue reconstruida con la ayuda del arzobispo fray José Lanciego y Eguilaz. Por esos tiempos, don Buenaventura Medina Picazo mandó hacer la capilla que después llevaría su nombre, dedicada a la Inmaculada Concepción, anexa al templo y que tiene su estatua como una forma de agradecimiento.
La botica o farmacia de las monjitas era muy conocida, pues preparaban un purgante muy efectivo que vendían al público, y la receta era un total secreto y también hacían un agua para “el mal de ojo”, que regalaban a quienes la solicitaran.
El convento tenía en 1861 treinta religiosas y sesenta y un fincas, cuyo valor se calculaba en seiscientos setenta y ocho mil pesos; las cuáles rentaban para obtener el sustento, que también los obtenían de la caridad y obras pías. Con las leyes de Reforma las monjas fueron exclaustradas en 1863.
El templo cuenta con dos portadas que no son gemelas, en una de ellas se encuentra un relieve con escena del Nacimiento de la Virgen María. El interior no se queda corto, pues todavía conserva magníficos retablos y pinturas de estilo barroco de una gran calidad; del coro solo queda el gran espacio adornado con pinturas al óleo; la Capilla de Medina Picazo también es magnífica y para entrar en ella hay que pedir permiso en la oficina por la calle de Bolívar. Esta capilla cuenta con su propio Coro Alto y una bella cratícula en el lado del Evangelio, sobre el presbiterio.
En el templo se veneraba la imagen de Nuestra Señora de la Fuente, que se decía era muy milagrosa y en la época era muy popular. Una monja de convento llamada sor Micaela de los Dolores, le fue regalada una estampa con aquella imagen, porque nueve meses atrás había perdido la vista y padecía fuertes dolores. Se dice que le untaron en sus ojos el aceite de la lámpara que estaba frente a la Señora y con fervor se encomendó a ella, y milagrosamente  recuperó la salud y la vista.  
Otra imagen que destaca por su belleza es la del Ecce – Homo;  pues cuenta la leyenda que a un vecino de la capital se le apareció en sueños, y cuando despertó lo primero que hizo fue llamar a un escultor para encargarle una igual a la de aquella noche; por desgracia el artista no plasmó ni por asomo la imagen del sueño. Todo parecía perdido para aquel hombre, hasta que un día llegaron unos indígenas ataviados con unas tilmas blancas y se ofrecieron a elaborar la escultura; pero lo curioso de estos personajes es que cuando terminaron su trabajo, desaparecieron tan misteriosamente de la misma manera en que habían venido. También se cuenta la versión de que los agustinos se trían su pleito legal con motivo de la famosa imagen, que ya estaba lista para enviarse a España; y después de un tiempo de discutir por la escultura finalmente se quedó en Regina Coeli, en donde se decía también que había sido la dote de una religiosa que murió joven, según se encuentra escrito en los archivos del convento y conforme a la cuenta de la superiora Francisca de Jesús, nieta del virrey don Luis de Velasco. Cabe mencionar que gracias a las buenas limosnas que generaba el Santo Ecce – Homo, era posible hacer  las principales fiestas del convento como  la Natividad de la Virgen, las solemnidades del Domingo Ramos, Jueves Santo y los gastos estratosféricos que conllevaba. La imagen tenía su cofradía, que fue de gran influencia y sobre todo de riqueza; también en el recinto se rendía culto a Nuestra Señora de la Fuente, plasmada en óleo por el gran pintor Ibarra.
Después de las leyes de Reforma, Juárez cedió el convento al Ejército. Cuatro años más tarde sirvió como pago a Ramón Obregón, que después fue alcalde de Valle de Santiago, Guanajuato en 1887; y gracias a estos hechos el inmueble logró salvarse de la demolición. Los años pasaron y Consuelo Béistegui, filántropa y última propietaria del convento, lo cedió para que instalar un hospital, que fue inaugurado en 1886. En el templo se siguieron oficiando misas, pero por desgracia los ladrones han acabado con pinturas, objetos de plata y retablos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Hábitos de monjas de la Nueva España


Cada orden religiosa tenía su propio estilo de vestir, aunque todos fueran hábitos para el mismo objetivo, variaban en su colorido y ornamentos. Aquí podemos ver algunas vestimentas religiosas de la época:

1. Corpus – Christi
2. San José de Gracia
3. Concepción
4.San Bernardo
5. Santa Clara
6. San Juan de la Penitencia
7. Capuchina de la Villa de Guadalupe, con velo
8. Jesús María
9. Enseñanza Antigua y Nueva
10. Santa Isabel
11. Santa Inés
12. San Lorenzo
13. Balvanera
14. San Jerónimo
15. Santa Teresa la Antigua
16. Santa Brígida
17. Santa Catalina de Sena
18. Santa Teresa la Nueva
19. Regina Coeli
20. Capuchina de México, sin velo
21. La Encarnación

domingo, 29 de noviembre de 2009

La vida cotidiana en un convento

La vida religiosa de un convento monjil comenzaba a las seis de la mañana en los Coros. En el alto comenzaba el Oficio Divino. A esa hora se rezaba la “prima”, después seguí la misa conventual oída en el Coro Bajo, a la cual “ninguna monja, prelada ó súbdita, estando sana, puede faltar, y si un día quedara sin oír misa sin causa legítima, coma en el suelo pan y agua y diga su culpa en el refectorio”, según dicta la Regal Jerónima. Después seguía el desayuno y a las nueve se regresaba al Coro para rezar la “tercia”. Luego seguían las ocupaciones en la sala de labor, y a las doce volvían al Coro para entonar la “sexta”. Luego llegaba la hora de la comida y después la siesta.
A las tres regresaba al Coro para la “novena”; a las siete, las “vísperas completas” y, después de la cena, los “matines y laudes”, saliendo por fin del Coro, al toque de la campana gorda del claustro, a sus celdas correspondientes a dormir.
En cuanto a las Capuchinas y Carmelitas, variaban un poco su horario. A las cuatro de la mañana, al “son de las matracas”, empezaban su día y “cada una quisiera ser la primera y que otra no le ganara la primicia en acudir al Coro”, como decía fray Ignacio de la Peña, y recibida la bendición de la prelada, daban gracias. A las cuatro treinta decían entonaban la “prima” y la “tercia” con “devoto tono y solemne pausa”, de lo cuál el poeta Juan Valle escribió:
“Vibra en el templo el órgano sonoro pero doliente, misterioso y lento, mientras las monjas en pausado acento, responden, cual un eco, desde el Coro”.
Después se recitaba la letanía con preces y descendía al Coro Bajo a hacer meditación de un “punto” que era propuesto, el cuál era impreso en unas lindas cartelas. Ahí permanecían durante la misa y, acabando ésta, seguían con la “sexta” y la “nona” y después salían a tomar su colación y la sala de labor. La “vísperas” eran rezadas las dos, y las “completas” a las cinco, estando en oración hasta las seis. Regresaban a comer y luego volvían al Coro, hasta las ocho, en que se iban a dormir, para regresar a las once, también con matracas, a rezar los “matines y laudes”.

domingo, 15 de noviembre de 2009

San Jerónimo


El arzobispo don Pedro Moya de Contreras el 26 de septiembre de 1585, dio la licencia para la construcción de este monasterio, con la advocación de Señor San Jerónimo. Para que se cumpliera el objetivo se mandó “…sacar y traer el convento de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, monjas profesas de antigüedad, aprobación y santa vida…” para que iniciar en la vida conventual a sus aspirantes.
Los patronos fueron Doña Isabel de Barrios y su esposo Don Diego de Guzmán, quienes acondicionaron en su totalidad el lugar.
Las monjas concepcionistas salieron de su casa veladas y en solemne procesión caminaron a su nueva morada, acompañadas de funcionarios eclesiásticos y civiles y del pueblo, que siempre se encontraba presente en estos eventos. La patrona y fundadora las recibió en la entrada del templo y automáticamente pidió un hábito, convirtiéndose en la primera novicia. El templo fue donado por don Luis Maldonado y fue consagrado en 1626 bajo la advocación de San Jerónimo y Santa Paula. Estos conventos, que eran muy grandes tenían otras “sucursales” de índole monjil: cocinas, huerta y refectorios; entre los corredores y claustros, los baños, celdas, salas de labor y salas de penitencia; enfermería, lavaderos, adoratorios y los lugares más concurridos: la portería y los locutorios ó rejas, donde las monjas podían recibir a sus visitas en presencia de una religiosa escucha y del otro lado de la reja sus visitantes. El convento hasta llegó a tener una cárcel para “la que no cumpliera lo que debe por amor, sea obligada a cumplirlo por temor”.
Las monjas se dedicaban exclusivamente a los rezos, elaboración de dulces, las ocupaciones en la sala de labor y la educación de las niñas puestas a su cargo y en cuanto a las labores domésticas, sus criadas eran las encargadas.
Un dato importante es que Juana de Asbaje, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz ingresó a los diez años de edad, escribió acerca de la clausura:

“Para el alma no hay encierro ni prisiones que la impidan,
porque solo la aprisionan las que se forja ella misma”

Después de la exclaustración el convento tuvo múltiples usos, incluyendo un popular cabaret llamado “El Esmirna”. Afortunadamente fue restaurado y actualmente funciona como universidad de estudios humanísticos. Se pueden visitar pequeñas salas acondicionadas como museo, donde se exhiben restos de los baños y cerámica, los patios y el templo, por supuesto con sus coros y en donde se encontraron, parece ser, los restos de sor Juana Inés de la Cruz.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Convento de la Enseñanza

Perteneció a la Orden de la Compañía de María, creada por María Ignacia Azlor, nacida en la Hacienda de Patos e hija del Conde de Guara y de la marquesa de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya. Al haber quedado huérfana partió a España para dedicarse a ser una cierva de Dios; años más tarde regresó a Nueva España con 15 religiosas que la acompañaban, para fundar un convento dedicado a la enseñanza de las niñas de la capital. Contando con su cuantiosa herencia compró los terrenos para comenzar la materialización de su sueño.
La obra fue bendecida por el arzobispo don Manuel Rubio y Salinas el 23 de junio de 1754 y cuatro años después fue inaugurado por el siguiente arzobispo de México, don Alonso Núñez de Haro y Peralta, bajo la advocación de la Virgen del Pilar. Oficialmente fue nombrado como convento de Nuestra Señora del Pilar de Religiosas de la Enseñanza y popularmente se le conoció como La Enseñanza.
El convento era de proporciones considerables, pues contaba con 50 celdas, capilla, enfermería, salones de clases y de labor y abarcaba desde las actuales calles de Donceles hasta la de Luis González Obregón al norte. Parte de esas dependencias son hoy ocupadas por el Colegio Nacional.
Las niñas que recibían su formación eran tanto internas como externas, las cuotas que se cobraban eran bajas y muchas veces era gratuito.
Este templo cuenta con disposiciones arquitectónicas diferentes a las de otros conventos. El eje de la nave es perpendicular a la calle y posee una hermosa fachada, donde destaca San José, patrono de Nueva España. Ocupando el lugar principal está la Virgen del Pilar y arriba una representación de la Santísima Trinidad.
El interior del templo sin duda es uno de los más hermosos del Centro; tiene una sola nave con ábside poligonal que alberga un imponente retablo, que fue uno de los más extraordinarios ejemplos del barroco del siglo XVlll. Las rejas que daban a la clausura de las monjas se encuentran a los lados del retablo principal. La nave está cubierta de pequeños retablos, barrocos de excelente calidad y cuenta con series de pinturas sobre la vida de José y de María. También hay que destacar el púlpito y la tribuna.

sábado, 24 de octubre de 2009

Santa Brígida



La construcción de éste convento fue iniciada en 1670 y concluida en 1774; y 77 años transcurrieron en trámites para que se lograra éste proyecto iniciado por don Francisco de Córdoba y Villafranca y su esposa; quienes no tuvieron hijos y decidieron invertir sus bienes en el mantenimiento de las monjas de la orden del Salvador. Estas religiosas fueron dotadas de una iglesia obra de Luis de Diez Navarro, única en Nueva España por su planta elíptica. El edificio fue demolido para ampliar San Juan de Letrán, una idea por demás pésima. Al principio logró aliviar algunos problemas de tránsito, pero después dejó de ser así. A cambio de esto nos quedamos sin ésta maravilla.
Desgraciadamente el automóvil ha sido una de las principales causas de la destrucción de antiguas ciudades. Tal vez en un futuro muy lejano éstas prácticas ya no sean necesarias, pues muchos consideran que la demolición de estos edificios es sinónimo de progreso como civilización.

sábado, 17 de octubre de 2009

Santa Teresa la Antigua y Santa Teresa la Nueva


Doña Manuela Molina, quien profesó bajo el nombre de sor Teresa de Jesús en el convento carmelita de San José, mejor conocido como Santa Teresa la Antigua; a la religiosa le fue heredada una cuantiosa fortuna por parte de su padre. Sor Teresa siempre tuvo la ilusión de construir un convento carmelita en el que pudieran ingresar doncellas de escasos recursos, que no pudieran pagar la dote. La novicia se puso como meta comprar el terreno, para en el mismo edificar el convento y el recinto y dar cuatrocientos pesos anules para su manutención. Los trabajos de construcción comenzaron en 1701 y en 1704, en una ceremonia precedida por el duque de Alburqueque, cuatro religiosas ocuparon la nueva fundación. El templo fue dedicado el 27 de enero de 1915 y fue conocido como Santa Teresa la Nueva, para así poder diferenciarlo del convento de San José.
El visitador español fray Vicente de Santo Tomás, se había apuesto rotundamente a la fundación del convento, argumentando que las monjas criollas abusaban del chocolate; esto propició que las monjas que hacían sus votos de castidad, obediencia, pobreza y clausura perpetua, añadieran uno más: “no beber chocolate, ni ser causa de que otra lo beba”.
El reglamento del convento decía que no debía haber más de 22 monjas recluidas y la vida que llevaban era la más dura de todas órdenes que existían en la época. Las religiosas se dedicaban a elaborar y vender escapularios de la Virgen del Carmen y panes de rosas, muy aceptados en la sociedad virreinal.
Este convento fue muy importante; pero a finales del siglo XIX, el arquitecto Manuel Francisco Álvarez lo transformó en Escuela Normal, demolió muros, arcadas y otras dependencias.
La iglesia fue construida en el siglo XVII, gracias a su patrono, capitán Esteban de Molina Mosquera, que en 1978 hizo la escritura correspondiente, encargándole la obra a Cristóbal de Medina Vargas Machuca, maestro de arquitectura.
Junto a la iglesia se construyó una capilla dedicada al Señor de Santa Teresa, de estilo neoclásico, en la cual intervinieron Patiño Ixtolinque y Ximeno y Planes. La cúpula y las pinturas, fue obra de los maestros de la primera generación de la Academia, pero desapareció con el terremoto de 1845. Tiempo después fue reconstruida por el arquitecto español Lorenzo de la Hidalga y en los años treinta fue convertido en archivo y bodega. Más adelante fue rescatada y restaurada. Actualmente es la Escuela Nacional de Ciegos.

martes, 13 de octubre de 2009

Santa Catalina de Siena

Fue fundada en el siglo XVI, gracias a tres mujeres llamadas las Felipas, que recibieron el apoyo de los domínicos de Oaxaca, para poder establecer un convento de monjas de esa orden en la Cuidad de México. Dicho y hecho, pues al poco tiempo mandaron de Antequera, Oaxaca a dos monjas a la capital. Finalmente, en 1683 las monjas se mudaron a su nuevo monasterio; y a partir de ese momento convento e iglesia fueron dañados. Al convento se le demolió una parte y la que se mantuvo en pie fue convertida en cuartel y después en escuela de jurisprudencia.

La iglesia fue construida entre 1619 y 1623 y renovada en el siglo XVIII. Fueron construidas portadas y una torre, se le cubrió de bóvedas, a excepción del coro y se labraron retablos de estípites; el principal de éstos pudo rescatarse y fue colocado en el testero de la capilla de Balvanera, junto al templo de San Francisco; su hermosa tribuna, la reja del Coro alto y la viguería con emblemas domínicos tallados en sus zapatas, es lo único que conserva de su antiguo esplendor. Actualmente es la Iglesia Presbiteriana del Divino Salvador.

La fachada parece pertenecer a la época en que fue construido el templo; en cambio la norte es de una época más tardía, que se atribuye al arquitecto Lorenzo Rodríguez. Una vez consumada la exclaustración, fue hecha una excepción con las monjas, pero en 1863 tuvieron que acatar la orden y lo abandonaron. El convento pasó a ser propiedad del gobierno, que los usó como cuartel, pero al acondicionarlo para este fin, se inició su destrucción parcial y demolición.

En 1908, totalmente transformado, el presidente Porfirio Díaz lo convirtió en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, que estuvo ahí hasta 1954 y fue traslada a Cuidad Universitaria.

A la iglesia se le demolió primero la torre y en su interior “hubo varios retablos de primer orden, conservados hasta 1932”, según lo refiere Francisco de la Maza, quien añade, respecto de la muy lamentable e inútil desaparición de dichos retablos:


…en esos años fue Ministro de Educación Pública un ilustre protestante cuyo odio al catolicismo era exacerbado. No soportando que frente a su despacho hubiera culto romano, decidió entregar el templo a sus cófrades. Se le explicó que no era el cambio adecuado, precisamente por los retablos, dada la iconoclastía luterana. El respondió que serían respetados salvo en las esculturas, en cuyo lugar se pusieron letreros con inscripciones bíblicas. Para 1936 no había ya ni un solo retablo. Clandestina y lentamente fueron desensamblados y tirados a una bodega.”

Aunque el retablo mayor posteriormente fue rescatado, de los restantes se ignora su paradero y pudridero.

Las monjas domínicas acostumbraban rezar un rosario de quince misterios diariamente, aparte del Oficio Divino y entre los tesoros que poseía el templo, se encontraba una muela de Santa Catalina de Siena; también eran famosas las “Velas de San Dimas”, que elaboraban las religiosas y tenían una gran demanda entre la sociedad novohispana, pues eran usadas para la buena muerte y para asegurar un parto exitoso a las mujeres en cinta.

Entre las tradiciones que tenían era que presidía el Coro una imagen de Nuestra Señora de la Sala Dómina que es mejor conocida como la Virgen del Rosario, pues lleva en sus brazos al Niño Jesús y en sus manos un rosario, y la cuál le tenían gran estima y le rendían gran culto. Se cuenta que ésta virgen es muy milagrosa, y cuenta la leyenda que en 1629 hubo una terrible inundación en el convento y, milagrosamente el agua cedió antes de que los daños fueran irreparables y también en ese mismo momento de los sucesos una monja ciega recobró la vista.

Otro suceso curioso que se cuenta es que bajo el manto de la Virgen un día se cobijaron 24 palomas blancas, que llegaron volando sin que nadie hubiera interviniera y se fueron de un momento a otro también. Paso el tiempo y un buen día, ingresaron 24 jóvenes al convento.


domingo, 27 de septiembre de 2009

Corpus Christi


Este convento fue construido para monjas franciscanas hijas de caciques indios; y esto se debió al celo del virrey duque de Arión y marques de Valero, quien puso la primera piedra del edificio en 1720 a pesar de oposición de los jesuitas, que alegaban que las indias… “por su poca capacidad mental no comprendían el estado religioso”. Cuatro religiosas fueron elegidas para dirigir el convento: una del Convento de Santa Isabel, otra del de Santa Clara y dos de San Juan de la Penitencia y de éste último sería la primera superiora, sor Petra de San Francisco, descendiente del conquistador Pedro de Alvarado.
Era tal el gusto que daba a los señores caciques de que sus hijas tomaran los hábitos, que realizaban grandes fiestas cuando la muchacha ingresaba al convento; se organizaba una verbena donde se echaban muchos cuetes y se les daba refrescos a los invitados; y si estos venían de lugares muy lejanos, venían acompañados por una gran comitiva formada por la familia y un numeroso contingente de indígenas armados con arcos y flechas. De Puebla, Guadalajara, Valladolid, Tlaxcala, Oaxaca llegaron indias nobles a poblar el reciente convento de Corpus Christi. Algunas religiosas notables encontramos a doña María Teresa de los Reyes Valeriano y Moctezuma, descendiente del emperador azteca, y a doña Felipa de Jesús, de la casa de aquellos caciques que ayudaron a los españoles en sometimiento de Tepeaca.
Al principio enfrentaron conflictos con sus educadoras criollas, debido a que querían hacerse del monasterio, pero con el tiempo se impuso la razón y el objetivo por el que fue guindado el convento prevaleció . Las monjas indias se distinguieron siempre por su piedad, devoción y la estricta observación de su Regla.
Gracias a las arduas investigaciones de Josefina Muriel, sabemos que Pedro de Arrieta, en 1724, fue el arquitecto y que el lugar fue reedificado en 1750 por fray Juan de Dios Rivera. Como todas las monjas, estuvieron exclaustradas en 1861, y regresaron a su convento durante el Imperio. Pero tuvieron que salir en 1867. El templo tuvo hermosos retablos, el principal tenía una pintura del Santísimo Sacramento todo rodeado de ángeles. Grandes pintores de la época como los hermanos Rodríguez Juárez dejaron su huella.
Después el edificio pasó a ser propiedad de José Ives Limantour, quien lo mando demoler para construir su casa. Se salvó un pequeño claustro, demolido en éste siglo.
Rivera Cambas nos narra que la iglesia se encontraba completa en 1880. En los años veinte, Calles se la entregó al patriarca cismático; pero fracasó y la iglesia fue convertida en bodega, templo protestante, después en tienda de “mexican curious”, Museo de Higiene y en 1951 Museo de Artes e Industrias Populares del Instituto Nacional Indigenista, también desaparecido. Actualmente funciona como el Archivo de Notarías. Sus puertas de madera, talladas en el siglo XVIII se salvaron. El Gobierno del DF está realizando programas de recuperación para éste lugar.
Resulta lamentable que la iglesia de ésta institución que representó “la capacidad del espíritu indígena para alcanzar las más altas cimas de la cultura occidental”, se hubiese convertido en una tienda de curiosidades mexicanas: aquello que alguna vez se utilizó en el siglo XVIII para enaltecer a los indios; en el siglo XIX se convirtió en un símbolo de lo que se hace para prostituirlos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

San Felipe de Jesús ó Capuchinas



Estuvo sobre Palma entre Venustiano Carranza y 16 de septiembre, orden franciscana. Fue el convento más austero de la Nueva España; se levantó gracias a la generosidad de Doña Isabel Barrera, viuda de Don Simón de Haro; aquel famoso patrono del convento de la Concepción y otros. De Toledo España, llegaron 5 monjas y una lega para hacer su fundación. Tuvieron muchas dificultades para dejar su tierra y ya en el mar, el barco que las trasportaba enfrentó innumerables peligros. Pero llegaron con bien y en octubre de 1665 fueron recibidas por el virrey y su esposa en la capital de la Nueva España.
Las religiosas de ésta orden no poseían bien alguno y vivían de limosnas. Ayunaban todos los días de su vida, menos los domingos y el día de Navidad; su cama era una tabla y su almohada un leño; el hábito de buda lana y la comida escasa. Era una dura vida dedicada al trabajo y la oración.
Al tener voto de clausura, no podían salir a la calle a pedir limosna, por lo que nombraban a una persona que se encargara de tal menester y se llamaba “limosnero”.
Se daba el caso de que, llegada la hora de la comida, no había alimentos, entonces tocaban una campana que hacía saber a los vecinos su penosa situación, inmediatamente el convento se saturaba de la generosidad con que la gente respondía al llamado. En la tarde la comida sobrante se repartía entre los pobres, pues la Regla no les permitía guardar nada para el siguiente día. Éste convento y la iglesia fueron demolidos en 1861.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Santa Isabel



Las monjas decidieron fundar un convento en 1600; para ello solicitaron una bulla y realizaron los trámites correspondientes; consiguieron que Doña Catalina de Peralta les ofreciera las casas de su habitación para la construcción del convento y lograron su cometido, porque esta señora fue la primera novicia. Cuando se hicieron las excavaciones para la construcción del Palacio de Bellas Artes, fueron encontrados los restos de ésta señora que todavía tenía ropa; los operarios vieron que todavía portaba sus alhajas. Lo único que se pudo conservar fue una lápida de piedra, expuesta por la Dirección de Arquitectura del INBA.
En 1676 la iglesia fue reconstruida, dedicada en 1681, bajo el patronato de Diego de Castillo, persona muy conocida, pues también fue patrono del convento de Churubusco de dieguinos. En el museo que está actualmente en éste sitio, todavía se conservan las figuras de Don Diego y su mujer. Durante la existencia de ésta iglesia fueron hechos varios retablos; entre ellos Juan de Montero y Manuel de Velázco, el famoso carpintero José de Sáyago hizo un colateral, del cual no queda nada. En el siglo XVIII tuvo un retablo de Isidoro Vicente de Balbás y en 1852 se hicieron todos neoclásicos.
En 1861 fue exclaustrada la comunidad y la iglesia fue convertida en bodega y luego en fábrica; el convento fue fraccionado. A fines del siglo XIX fue demolido totalmente y en su lugar fue construido el Palacio de Bellas Artes que podemos apreciar hoy en día.

domingo, 30 de agosto de 2009

San Juan de la Penitencia



Este edificio fue una ermita, luego un hospicio y, por último, monasterio y templo de clarisas hubo, donde hoy se levanta la iglesia de Buen Tono. Este convento de la orden franciscana no fue construido con el dinero de un acaudalado patrono español, sino de la buena voluntad de los indios del antiguo barrio de Moyotla.

Desde principios del siglo XVI, ya existía en ese sitio una ermita, erguida por fray Pedro de Gante y fue lo que los indígenas transformaron del monasterio. Comenzaron en 1591 y después de varias remodelaciones fue terminado en 1649.

Un problema era que no podían solventar los gastos del convento, pero los indios se comprometieron a recolectar limosnas para lo que necesitaran las monjas y a cambio pidieron la gracia de ser sepultados todos los vecinos del barrio en el templo.

Al poco tiempo llegarían cuatro religiosas de Santa Clara a fundar la nueva congregación, las cuales fueron recibidas con mucho júbilo y alegría. Hasta el día de su exclaustración nunca tuvieron ningún patrono. Pero a pesar de eso, sus penurias siempre fueron mitigadas por la bondad de la población, en especial doña Juana de Villaseñor Lomelí viuda y a punto de profesar con las Capuchinas de San Felipe de Jesús, se enteró de la situación de San Juan de la Penitencia y ella, por su nueva vida debía renunciar a sus bienes (que sumaban 60 mil pesos) y el 16 de septiembre de 1694, cedió todo gustosa sin perder el patronato.

La iglesia se pudo conservar hasta principios del siglo pasado, fue la segunda que en el XVII hubo en ese sitio. En la iglesia de principios del siglo XVII (la del hospicio), trabajó Juan Salcedo de Espinosa. En 1695 fue puesta la primera piedra de ésta construcción, que fue estrenada en 1711. Los retablos fueron hechos por artistas muy reconocidos en aquella época, como Jacinto Nadal y Lluvet, orador y dorador catalán, que fue socio de Antonio Maldonado y retablista en Atlixco a finales del siglo XVII.

La iglesia fue remodelada en 1862. Resulta extraño que en aquella época de exclaustración, las monjas liquidaran los retablos y las decoraciones barrocas; queda claro que lo que no hizo la Reforma, lo hizo el clero. La reja, fue una notable y bella obra de fundición en 1862. Cuando la iglesia fue demolida, para levantar la del Buen Tono, el doctor Aurelio Urrutia a recogió y la puso en un hospital de Coyoacán; luego se trasladó al Castillo de Chapultepec, donde puede ser admirada desde el paseo de la Reforma, entre dos leones de bronce que fueron recatados del Palacio Legislativo, cuya construcción interrumpió el estallido de la revolución.

Ente las monjas más destacadas están sor Sor Leonor de la Ascensión, de quien se dice rezaba tanto y ofrecía obras de misericordia en honor de las ánimas del purgatorio, que le servía y la ayudaban cuando lo necesitaba. Una historia curiosa que ocurrió un día fue que la mandadera murió y no había nadie que trajera el maíz a las monjas, entonces sor Leonor se acercó al cadáver y le susurró “levántate a servir a las religiosas”. Nadie vio nada, pero un poco más tarde, apareció el maíz el maíz en el horno.

El templo tuvo muchas imágenes destacadas como la de un Santo Ecce Homo, que al permanecer durante varios días sumergido en el agua debido a una inundación, fue encontrado intacto. Y aquel Niño Jesús colocado en la parte más alta de un retablo colateral que detuvo con su dedito la clave del arco para evitar que la iglesia se derrumbara durante un sismo. Hubo muchos sucesos notables en este convento, pero hoy solo quedan los recuerdos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Santa Clara







La orden fue fundada por Santa Clara, la gran amiga de San Francisco. Esto fue debido a que la sociedad novohispana quería un convento franciscano, debido al cariño se les tenía desde el principio de la conquista a estos frailes tan entrañables. Dicho y hecho, el 4 de enero de 1579 fue fundado en 1579 el Convento de Santa Clara con la presencia del virrey don Martín Enríquez de Almanza. Las primeras mujeres en ingresar a este lugar fueron la viuda Francisca de San Agustín y sus cinco hijas, la primera abadesa fue Sor Luisa de San Jerónimo, monja concepcionista que recibió el permiso para abandonar su convento y poder venir al recién estrenado.
Las monjas tuvieron que pasar por muchas por muchas dificultades económicas para poder terminar la construcción de la iglesia, finalmente en 1661 fue concluido.
Uno de los benefactores más importantes de Santa Clara fue el franciscano lego Sebastián de Aparicio, hoy beato, el cual compadecido de la pobreza que sufrían las religiosas, donó algunos de sus bienes.
En 1718 hubo tremendo pleito entre clarisas y franciscanos, pues estos les habían retirado al capellán y las monjas no tenían acceso a los sacramentos; este alboroto creció tanto, que le virey tuvo que intervenir para calmar a las religiosas.
En convento, que se encuentra ubicado en la Calzada de Tlacopan, que era la principal arteria virreinal, cuentan que cuando pasaba la procesión de Corpus, las monjas subían a la azotea y arrojaban papelillos de colores, recortes de obleas y listones. También los vecinos se quejaban todo el tiempo del “escandaloso campaneo”, pues las clarisas les gustaba tocar las campanas a todas horas, ente esta situación el arzobispo intervino y ordenó que no se tocaran las campanas antes de las seis de la mañana y después de las nueve de la noche.
Sin embargo, el convento adquirió una gran importancia en el siglo XVIII, pero también sabemos que tuvo dos incendios uno en 1667 y el más terrible ocurrió en 1755 y casi se quema el templo; las monjas fueron trasladadas al Convento de Santa Isabel, mientras fue reparado todo aquello que resultó dañado. En el siglo XIX sufrió su total destrucción, pues fuera de la iglesia y la capilla de la Purísima Concepción, convertida en vinatería, no quedó nada de el a partir de 1867. Luego sirvió de cuartel y hasta de observatorio, fue vendido al señor Hagenbeck, quien lo liquidó. Por fortuna hemos localizado un plano de 1861 que no da una idea aproximada del conjunto. Del convento de Santa Clara no queda nada, solo el templo convertido en Biblioteca del Congreso de la Unión y la Capilla de la Purísima Concepción en la esquina con la calle de Bolívar.

lunes, 17 de agosto de 2009

San Bernardo


En 1636 fallece en la Cuidad de México el rico y acaudalado comerciante don Juan Márquez Orozco, que deja estipulado en su testamento su deseo de favorecer la fundación de un convento de mujeres de la orden de Císter; para esto donó su casa y sesenta mil pesos. Sus albaceas trataron de cumplir su última voluntad, pero no fue posible que las monjas del Císter en España, llegaran a tierras mexicanas.
Al ver esta situación las tres hermanas de don Juan, que eran monjas en el convento de Regina Coelli, y aparte andaban de pleito con la mayoría de las religiosas debido a problemas electorales; entonces las hermanas vieron la oportunidad de cumplir la petición de su hermano fundando una nueva comunidad, pero no del Císter sino de la orden a la que ellas pertenecían: la concepcioanista. En 1653 fundaron el convento de San Bernardo. Sin embargo, desde 1621, se insistía mucho en fundar un convento de la orden de los Císter en México, con el apoyo económico de Juan Márquez de Orozco.
El templo original fue demolido y el arquitecto Juan de Zepeda realizó el proyecto actual. El 24 de junio de 1685 se puso la primera piedra de la iglesia y se dedicó en 1690. Durante la ceremonia donde, entre otras cosas, fueron leídos poemas de la “Décima Musa”, sor Juana Inés de la Cruz, escribió para tan memorable fecha, donde pedía entusiasmada: “dad al arquitecto un vítore”. En el transcurso de esos años, participaron los siguientes artistas: Diego González, carpintero, autor de trabajos en San Pablo, quien hizo en 1687 las puertas del templo; Pedro Maldonado hizo el retablo mayor en 1688 y un colateral en 1690, con pinturas de Cristóbal de Villalpando; las portadas fueron esculpidas por Nicolás de Covarrubias en 1689; Manuel de Velazco y su hermano Antonio también hicieron colaterales para este templo. En 1709 se estrenó el órgano, construido por Tiburcio Sáenz de Izaguirre.
Los edificios anteriores al patrocinio del capitán Juan de Retes y Largache fueron muy pobres.
En 1777 el templo fue renovado, desapareciendo la decoración antigua, la cuál aparece descrita en un libro titulado “Sagrado Padrón”, que fue publicado en 1691.
En la década de los treinta, el convento fue fraccionado y vendido a particulares, al abrirse la calle 20 de noviembre, se desmontó todo el edificio del templo y después se rearmaron cuidadosamente para tener su ubicación actual. Sus portadas gemelas quedaron, una viendo al oriente y otra hacia el norte. Destacan en ellas las imágenes de San Bernardo y de la Virgen de Guadalupe realizadas en alabastro.

sábado, 8 de agosto de 2009

San José de Gracia




Anteriormente en ese mismo lugar existió una casa de recogimiento para mujeres casadas y viudas, bajo la advocación de Santa Mónica.

En el año de 1610, cuando un hombre rico de la cuidad, Don Fernando de Villegas, solicitó al arzobispo fray García Guerra y el virrey Luis de Velazco, fundar un monasterio de monjas, para lo cuál tuvo que hacer una serie de trámites largos y tediosos.

Las mujeres del recogimiento no estuvieron de acuerdo en la construcción de convento, pues sabían que ese sería el principio del fin de ese lugar; aunque las autoridades religiosas les aseguraron que el convento sería solo un anexo.

El rector de la Real y Pontificia Universidad de México junto con don Fernando de Villegas, se ofreció a ser el patrono de este santo lugar, con la condición de que en el profesaran sus ochos hijas y su suegra; comprometiéndose a donar dos mil pesos en oro anualmente y también pidió que en ese convento nunca entraran indias ni negras y se emplearan monjas legas para los oficios humildes. Compró la casa del antiguo recogimiento y fue dividida y fue diseñada, de manera que tanto las monjas, como las recogidas vivieran de manera pacífica y confortable. La capilla era de uso común, las monjas utilizaban los coros y la tribuna, las viudas y casadas.

Con el tiempo la paz solo se volvió una apariencia, pues el espacio para albergar mujeres era insuficiente, la satisfacción de sus necesidades y la demanda de niñas que se educaban ahí, era un problema muy serio. Junto al convento se encontraba la casa del recogimiento, y como el número de estas iba decreciendo, entonces las monjas con la anuencia de las autoridades eclesiásticas hicieron un agujero en el muro por donde se introdujeron las niñas y las criadas del convento y las recogidas fueron echadas a la calle.

Para 1658 la iglesia se encontraba en ruinas y fue demolida; por ésta razón las religiosas querrían mejorar su monasterio y le notificaron a Don Juan Navarro Pastrana, quien les facilitó el dinero; una vez terminado el recinto fue dedicado a San José

El 6 de marzo de 1659 el patronato fue constituido ante un escribano y se dedicó la iglesia en 1661. En 1664 Antonio Maldonado hizo un retablo y Diego de Velazco otro en 1668; estos ya no existen.

En 1863, el convento ya había sido abandonado por las monjas; entonces fue fragmentado y vendido. El templo, que todavía conserva sus dos portadas gemelas, pertenece actualmente a la Iglesia Episcopal Mexicana.

Se dice que la iglesia no tenía imagen, pero un buen día llegó a sus puertas un burro que cargaba un cajón de tamaño considerable; el animal se detuvo junto al templo y no hubo poder humano que lo moviera de ahí y nadie lo reclamaba. Al abrir el cajón que traía el burro a sus espaldas encontraron una imagen preciosa de la Virgen María estofada y policromada. La imagen fue colocada en el altar principal y venerada como Santa María de Gracia.

Otra historia cuenta que una monja con velo blanco llamada Magdalena del Señor San José, soñó que la Virgen María le explayaba su deseo de ser venerada en su nacimiento. La joven consiguió que se hiciera la imagen de lo que había soñado; el escultor, usando como base la talla de un angelito que había pertenecido a un retablo en desuso, la convirtió en una niña recostada fue expuesta a la veneración pública bajo el nombre de la Divina Infantita, en convento recibió muchos favores gracias a la intermediación de esa imagen.

El papa Gregorio XVI aprobó la nueva devoción y la enriqueció con multitud de indulgencias, y de ahí se propagó por todo el territorio, hasta llegar a la Madre Patria.

La iglesia fue saqueada, pero todavía se conserva, a excepción del convento, que fue destruido en la década de los 50’s, para construir en su lugar un inmundo edificio.


domingo, 2 de agosto de 2009

Balvanera




Corría el año de 1572, ciertos caballeros se encontraban preocupados, debido a que la prostitución iba cada vez más en aumento; entonces decidieron fundar una casa que sirviera de recogimiento a todas aquellas mujeres arrepentidas que estuvieran dispuestas a dejar la mala vida.
Así fue fundada la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, cuyos miembros compararon una casa destinada a alojar a estas mujeres, quienes se comprometieron a pedir donativos para su mantenimiento. Primero era llamado de las Recogidas y después Jesús de la Penitencia.
Las autoridades eclesiásticas ordenaron a cinco monjas del convento de la Concepción que lo abandonaran, para hacerse cargo del nuevo recogimiento. Al principio seguían la regla agustina, pero después acabó imponiéndose la concepcionista, que seguían tanto monjas, como recogidas, lo que hizo que más tarde algunas de las mujeres arrepentidas profesaran como religiosas.
Esta institución era muy particular, por ser casa de recogidas y a la vez convento de monjas, y aceptaban jóvenes como novicias, para que ellas continuaran con la obra en el futuro. Con el paso del tiempo el recogimiento pasó a ser un convento con el nombre de Nuestra Señora de Balvanera.
Las monjas de Jesús de la Penitencia llegaron a tener tanta fama, que algunas salieron hacia el Convento de San José de Gracia, cuando en 1621 murieron sus fundadoras y se necesitaban monjas de confianza que realizaran este trabajo. Manuel de Velazco realizo retablos ese mismo año, al igual que el vidriero Manuel de Chávez, el cuál hizo las ventanas; Francisco Martínez hizo el colateral mayor de estípites en 1749, el cuál fue destruido por el neoclásico en el siglo XIX.
Con el paso del tiempo, la iglesia se fue cayendo, entonces las religiosas recurrieron a una mujer acaudalada llamada Beatriz de Miranda, quien financió los gastos de construcción, la iglesia fue inaugurada el 7 de diciembre de 1671; para festejarlo, se realizó una procesión encabezada por el arzobispo don Payo Enríquez de Rivera, frailes y canónigos, el virrey, la audiencia, las cofradías y una gran multitud.
La fachada del templo cuenta con dos portadas gemelas y la torre está decorada con mosaico de Talavera en colores azul y amarillo. El interior del lugar casi no conserva nada del mobiliario original; en el retablo mayor todavía podemos encontrar una pintura con la imagen de Nuestra Señora de Balvanera. En la actualidad el templo está dedicado al culto Maronita (rito católico de origen libanés).
En sus mejores tiempos el convento fue muy grande; después fue vendido por lotes en 1861, hasta su desaparición total en 1929.

lunes, 27 de julio de 2009

Santa Inés







Las fundadoras de éste convento fueron cuatro monjas de la orden concepcionista. En 1609, gracias al patrocinio del rico hacendado don Diego de Caballero y su esposa, doña Inés de Velasco, marqueses de la Cadena. El templo del siglo XVII desapareció con la remodelación que se realizó a finales del siglo XVIII y por ese motivo fue consagrado nuevamente el 20 de enero de 1709. En el número 26 de la Calle de Moneda destacan sus hermosas puertas de madera tallada, que narra la vida de Santiago Apóstol y en otra puerta la de Santa Inés. Posee una de las cúpulas más hermosas de la ciudad, recubierta de azulejos y en el lado oriente un relieve de Santa Inés sosteniendo un corderito.
Se dice que al pie del presbiterado estuvieron enterrados los pintores del siglo XVIII Miguel Cabrera y José de Ibarra.
Esta construcción desapareció a finales del siglo XVIII. En 1790 se dedicó a la nueva iglesia, que es la conocemos hoy en día. Más bien fue reedificada, no renovada por Francisco de Guerrero y Torres.
El convento todavía conserva la distribución de los coros ya sin rejas y los vanos de la puerta reglar y la cratícula (puertita por donde el sacerdote daba la comunión a las monjas en el Coro Bajo)
En 1861, con la aplicación de las Leyes de Reforma, las monjas fueron exclaustradas y los terrenos del convento fueron fraccionados y puestos a la venta; la iglesia fue cerrada y convertida en almacén. A partir el convento recorrió un largo camino, desde almacén de telas, hasta cobijo para malvivientes; después fue rescatado y habilitado para ser sede del Museo José Luis Cuevas.
En la escalera todavía se conservan todavía se conserva pintura mural del tiempo en que el convento sirviera para albergar a las religiosas.