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domingo, 4 de octubre de 2015

Los libros prohibidos en el Colegio de Minería

La Inquisición condicionó y limitó la libertad académica y de investigación científica, provocando un retraso en el desarrollo en todos los campos del saber en cientos de años, al mismo tiempo que humilló la razón, la inteligencia, al someterlas al juicio criterio de la fe de frailes ignorantes y fanáticos religiosos, integrantes del Santo Oficio y carentes del derecho fiscalizador sobre otras ciencias que no fuera su teología y sus ciencias eclesiales.
Los intelectuales ingleses y holandeses se habían convertido en pioneros de la investigación científica y médica, pero como eran protestantes y sus obras caían automáticamente en la clasificación de “prohibidas”, no se encontraban al alcance de los intelectuales católicos europeos, que vieron el Santo Oficio como el gran obstáculo, al tener que usar la autocensura y así evitar penetrar en los terrenos minados de la Inquisición.
Estas censuras y prohibiciones también se dieron en tierras mexicanas. En el año de 1805 el Santo Oficio emitió requerimiento en el que pedía al Colegio de Minería retirar de sus estanterías el diccionario de Voltaire por ser prohibido, pudiendo ser nocivo y podía despertar en los jóvenes ideas inconvenientes. Durante el siglo XVIII y los años que le siguieron, se incrementó el hábito de la lectura en las personas, donde la Biblia deja de ser el libro de cabecera de la sociedad y se amplía el horizonte de temas por conocer. Diversos factores como la urbanización provocan que la gente comience interesarse por muchos temas. La lectura también se convirtió en un distintivo de la burguesía, pues sólo las personas que tenían los recursos para adquirir libros podrían formar parte de esta nueva tendencia.
En 1805, A España pasaba por una de sus peores crisis económicas con el decreto de Consolidación de Vales Reales, en donde el gobierno absorbió las propiedades de la Iglesia y la sociedad civil para poder sufragar el costo de las guerras que España sostenía. La Inquisición no padeció una crisis interna, pero si había cambiado la percepción que la gente tenía de ella, con una sociedad más desafiante. La siguiente lista refleja el grado ideológico que se desarrollaba en aquel entonces:

Política.
Tenemos el de Política de Bobadilla, la obra de Gabriel Pereyra Castro  De Manu Regia Tractatus, el Prontuario de Medallas, donde se narra la historia política del mundo del renacimiento de Jesús.
Las obras de Derecho, encontramos el derecho civil, canónico natural, etc. un ejemplo es la obra de Jacobo Pignatelli titulada Consultas canónicas; el Tractus  de testamentus comulgum, de Pekio; Elementos de derecho natural, de Burlamiageto; Derecho Natural y de gentes, de Vitriario; De Hispanorum primogeniis libro quator.

Filosofía.
Margarita Filosófica (Gregor Roch 1600); El dean de Killerin: Historia Moral; Epístolas familiares de Guevara (1539); Pláticas morales en mexicano; Diccionario filosófico portátil Volaire; Julio César: De plantis (1556).

Artes y técnicas.
En esta sección se abarcan las obras de poesía, teatro, oficios, arquitectura; destaca la importancia de los clásicos como P. Ovidio, Séneca, Higinio, Esopo y artistas más cercanos como Petrarca Luis de Camoens. La Inquisición cuidaba que las obras no fueran provocativas o deshonestas y tuvieran una fuerte carga de sensualidad.

Diccionarios y enciclopedias.
Diccionario de las voces usadas en la Ilíada de Homero; Diccionario: Itrusque iures; Adagios latinos y castellanos.

Ciencia.
Tratado de la cenuta; Geografía (Daniel Bartolo, 1767; Astrología (Christophori Pecelli); Reipublicae Statu (Gregorio Coronel de Óptimo, 1597); Scrptures eri agrarie (Goecio); Cuatro libros de la Naturaleza, y virtudes de las plantas, y animales que están recluidos en el uso de Medicina en la Nueva España, y al método y corrección, y preparación, que para administrarla se requiere con el Doctor Francisco Hernández escribió en lengua latina (Jiménez de luna, fray Francisco, 1615).

Economía.
Temas como los tratados de las rentas reales y mayorazgos, fueron censurados por la Inquisición, pues criticaban la actitud que la Iglesia adoptaban cuanto sus políticas económicas con la sociedad.

Educación.
La instrucción de los alumnos giraba en torno a la Iglesia, como en el Colegio de las Vizcaínos para señoritas.
Historia.
Aquí la Inquisición centró más su atención, pues debían cuidar que lo descrito en los textos no rebasara la realidad y permitiera la mente de los hombres con falsos testimonios.

Religión.

Fue difundida por todo el reino a través de la lectura y supervisada por la Inquisición.

domingo, 23 de agosto de 2015

Los libros prohibidos de la Santa Inquisición

La costumbre de prohibir y quemar libros, se remonta cuando el Concilio de Efeso en el año 150 d. C. prohibió una biografía no autentificada de San Pablo. Hubo otros casos que son importantes de mencionar: en 1140, Inocencio II ordenó quemar los escritos de Pedro Abelardo; en 1230, Gregorio IX hizo lo propio con los ejemplares del Talmud; y en 1256, Alejandro IV dio la orden de que fuera quemado un trabajo de Guillaume de Saint Amour, donde criticaba las órdenes mendicantes. La situación dio un giro radical en el año de 1543, cuando fueron impuestas fuertes sanciones a quienes vendieran los libros prohibidos en las listas episcopales, y el cardenal Carafa ordenó que ningún libro sería impreso sin el permiso de la Inquisición.
Tanto Carafa y Paulo III, sabían lo poderosas que podían ser las palabras impresas, por lo que decidieron utilizarlo junto con los cardenales Aleandro y Contarini para escribir una obra que instruyera a los predicadores en el método apropiado de exponer la doctrina cristiana a las diversas clases de la sociedad.
En 1559 fue publicado el Índice titulado Index Auctorum et Librorum Prohibitorum, en el cual se daba la prohibición simultánea de libros y autores; dentro de la iglesia esto era una innovación importante y tuvo consecuencias de mucho alcance. En algunos casos se prohibía solamente un libro, debido a los puntos de vista heterodoxos que se exponían, pero en otros toda la obra de un autor era prohibida; el caso más notable que tenemos fue el de Erasmo. En 1564 se publicó al finalizar el Concilio de Trento otro Índice con modificaciones y ampliaciones; a ésta se le denominó el Índice Tridentino y sería la base de todas las listas posteriores. Las 10 reglas fundamentales, que en el futuro constituirían la base de todos los Índices, eran las siguientes:

  1. Todos los libros condenados antes de 1515, que no estuvieran en este Índice, eran condenados en cualquier caso.
  2. Los libros de heresiarcas quedaban completamente prohibidos.
  3. Las traducciones de escritos eclesiásticos estaban permitidas y no contenía nada contrario a la doctrina ortodoxa.
  4. Se requería permiso del inquisidor o del Obispo para leer traducciones de la Biblia.
  5. Los libros editados por herejes podía leerse tras su corrección.
  6. Los libros relativos a controversias entre herejes y católicos contemporáneos, escritos en la lengua vulgar, estaban sujetos a las mismas reglas que las traducciones de la Biblia.
  7. Los libros obscenos y los libros lascivos debían prohibirse.
  8. Los libros que fueran buenos pero que contuviesen partes heréticas podrían autorizarse después de ser corregidos por teólogos católicos.
  9. Los libros sobre geomancia, hidromancia, nigromancia, etcétera, o que tratarán de hechicería, eran rechazados categóricamente.
  10. El Índice indicaba el procedimiento para la aprobación de libros.
Fueron publicados varios Índices entre los que destacan el de Valdés, el de Lovaina, el de Tridentino, el Expurgatorious, el de Sotomayor, el de Zapata, de Pérez Prado, Rubín de Cevallos. La violación de cualquiera de estas disposiciones se castigaba con la pena de muerte la confiscación de bienes. Felipe II aprobó toda esta serie de medidas, prohibiendo a sus súbditos de los Países Bajos que estuvieran en Francia y obligó a sus súbditos de la Corona de Castilla que estudiaran o dieran clases en el extranjero, excepto en los colegios de Polonia, Roma, Nápoles y Coimbra, que regresarán en un plazo de cuatro meses a Castilla. Para que las medidas fueran vigentes en los demás reinos, convoco a las Cortes en Cataluña a partir de 1573, en Valencia desde 1580, y en Aragón en 1592.
Los universitarios y humanistas vieron como la libertad académica se les escapaba de las manos, y junto con ella el sueño de una república de las letras de ámbito internacional, al obligar a los intelectuales a quedarse dentro de sus fronteras y a no tener que escribir en latín para los intelectuales del resto de Europa, sino en sus lenguas vernáculas.
Entre los autores literatos afectados por el Índice estaban Gil Vicente, Hernando de Talavera, Bartolomé Torres Naharro, Juan de la Encina, Jorge Montemayor Maquiavelo, Boccaccio y Savonarola. Los Índices controlaron la creación literaria en general y la científica en particular, al mismo tiempo que manifestaron hostilidad y censura con los elementos de la espiritualidad autóctona.
Nadie, absolutamente nadie, se escapaba de su control, incluso Lope de Vega apareció en el Índice, pero un siglo después de su muerte. Además de estos ataques abiertos contra la libertad del pensamiento, hubo otros más difíciles de detectar, que fueron los perjuicios ocultos, como la autocensura, que debieron imponerse los autores para evitar el encontronazo con la terrible Inquisición, viéndose obligados a usar un lenguaje codificado con palabras de doble sentido.

domingo, 9 de agosto de 2015

Los Sambenitos

Eran prendas utilizadas para tanto los condenados a muerte como los que se salvaban de ese destino; estas prendas eran utilizadas por los acusados según fuera el castigo, era el color que portarían:
  • Negro: Eran utilizados por los herejes obstinados y reincidentes y las imágenes bordadas debían de tener imágenes relacionadas con el infierno, penitentes ardiendo en llamas y expresando su sufrimiento.
  • Amarillo: Los usaban los penitentes que se arrepentían sinceramente ó si eran culpables de delitos menos graves; estos solo tenían bordada la cruz de San Andrés en rojo o anaranjado brillante. En algunos sambenitos la cruz iba en el pecho  y otros en la espalda.

Como dijimos anteriormente, los condenados usaban los sambenitos por un tiempo determinado, y cuando este concluía, la prenda era colgada en lo alto  de la iglesia ó parroquia más cercana a la casa del acusado, para que toda la población recuerde que aunque la persona fue perdonada, cometió actos heréticos. Pero como el sol y la lluvia con el tiempo acababan destruyendo el sambenito y es sustituido por una tela amarilla, la cual tiene bordada el nombre del hereje y el motivo por el que fue acusado.
Los sambenitos eran bordados por mujeres y la paga por ellos era muy buena, especialmente con los negros; entre más terrorífica fuera la imagen, más dinero recibía; aquí a las bordadoras se les ponía a prueba su capacidad de imaginar el sufrimiento de los condenados, para plasmarlo en pedazos de tela y convertirlos en una auténtica obra de arte llena de tormentos.

Instrumentos de tortura
La Inquisición comenzó a utilizar la tortura desde Inocencio IV (1243-1254) como método para obtener las confesiones de las víctimas acusadas de herejía, ya fueran culpables ó inocentes y era considerado un medio legítimo para sacar información.
A lo largo de la historia de la Inquisición existieron múltiples instrumentos de tortura, utilizados para infligir dolor en todos los lugares imaginados del cuerpo. Algunos de los más importantes son:
  • La silla de interrogatorios
  • Látigos
  • Pinzas y tenazas ardientes
  • La mordaza de hierro
  • El aplastapulgares
  • La flauta
  • El cepo
  • La cigüeña
  • El collar púas
  • El aplastacabezas
  • El péndulo
  • El potro
  • El garrote
  • Las jaulas colgantes
  • La doncella de hierro
  • La horquilla del hereje
  • La pera oral, rectal ó vaginal
  • El desgarrador de senos
  • La rueda para despedazar
  • La garrucha
  • La “cura” ó tormento del agua
  • La bota española
  • El cinturón de San Erasmo
  • La “horquilla”
  • Ingesta de alimentos salados y falta de sueño
  • Las máscaras infamantes

domingo, 28 de junio de 2015

Los Autos de Fé

Los autos de fé eran eventos que se celebraban con mucha pompa, era todo un espectáculo para la gente que llegaba a recorrer largas distancias para presenciar alguno de estos. Podemos encontrar tres tipos de autos de fé, que son:

  • Autos de fé generales: Eran llevados a cabo en la plaza pública con las autoridades e instituciones de la localidad correspondiente, además del enorme público que se congregaba a ellos como auténticas fiestas. A tal extremo llegaban, que convocaban al público con un mes de anticipación, y constituían con todo un acto de solemnidad, pretendiendo ser una demostración de la fé y la unidad doctrinal de una pueblo. Una noche antes del magno evento se comunicaba la sentencia a los condenados a muerte y una procesión recorría las calles de la cuidad para colocar una cruz verde (que era el emblema de la Inquisición) en la plaza destinada para el espectáculo. Al día siguiente, después de la hora de la comida se iniciaba la procesión en la que los condenados eran ataviados con los sambenitos que les correspondieran y con tocados de corazas; acto seguido se les colocaba en el lugar donde iban a ser quemados y se procedía a la lectura de las sentencias (se pronunciaban sentencias de relajación para al brazo secular para que el juez ordinario dictara la sentencia de muerte por fuego), un sermón y el juramento de la Inquisición. Estos actos eran celebrados con ocasión de visitas oficiales del rey ó importantes cargos eclesiásticos a una determinada localidad.
  • Autos de fé particulares: Eran celebrados sin solemnidad en una iglesia y sin asistencia de las autoridades ni corporaciones. Se podían dictar relajaciones del  brazo secular
  • Autos de fé singulares: Este era destinado a un solo prisionero; eran llevados a cabo en salas del tribunal y se les denominaba autillos.


A lo largo de la historia del Santo Oficio hubo muchas personas condenadas por diferentes delitos, la mayor parte eran inocentes; aquí podemos ver la cantidad de condenados que hubo a lo largo de las diferentes etapas de la historia

                                                1575-1610                          1648-1794
Reconciliación                             207                                      445
Sambenito                                   186                                      183
Confiscación                                185                                      417
Prisión                                         175                                      243
Exilio de la localidad                   167                                      566
Azotes                                          133                                        92
Galeras                                          91                                        98
Relajación en persona                 15                                          8
Relajación en efigie                      18                                        63
Reprimenda                                 56                                       467
Absoluciones                                51                                          6
Rechazos y suspendidos            128                                       104

domingo, 18 de enero de 2015

El Malleus Malefucarum (El Martillo de las Brujas)

Henry Charles Lea, en su libro La Inquisición en la Edad Media, nos dice que la persecución que se llevó a cabo entre los siglos XIII y XV no fue más que un preludio a las ciegas y disparatadas orgías de destrucción que inflamaron el siglo medio siguiente. Parecía como si la cristiandad hubiera echado raíces en el delirio.
El Papa Inocencio VIII daría el paso definitivo, al publicar la bula Summis desiderantes affectibus en 1484, para abrir la caja de Pandora de la brujería. Dos años más tarde, 1486, el Papa asigna a dos inquisidores dominicos, Heinrich Krämer y Jacob Sprenger, la persecución de la brujería en Alemania, y para ello escriben el tristemente famoso libro Malleus Maleficarum, conocido como el Martillo de las Brujas.
Krämer y Sprenger presentan este libro a la facultad de Teología de la Universidad de Colonia en espera de que fuese aprobado; pero fue declarado ilegal y antiético, ya que su demonología no estaba acorde con la doctrina católica. Krämer insertó una falsa nota de apoyo de la Universidad de Colonia en las posteriores ediciones. Fue un auténtico best seller y durante tres siglos lectura obligada de inquisidores y jueces.
Actualmente, es un libro de cabecera para informarse acerca de las penalidades impuestas a las brujas. Contiene un corpus teológico completo sobre hechicería, que resulta insuperable por las insensateces presentadas como análisis científicos. Durante tres siglos se halló en el estrado de todo juez, sobre la mesa de todo magistrado. El prefacio de las numerosas ediciones esta obra repleta de perdición era la bula de Inocencio VIII.
El intrincado mundo de lo mágico, y de conexiones diabólicas, dejó una profunda huella en los cristianos del medioevo, proclives a cualquier clase de creencias, más creíbles cuanto más disparatadas; por ejemplo, las largas y frías noches que dan pie a toda clase de imaginativas representaciones, hasta concebir al demonio copulando y pactando con mujeres tildadas de brujas que, en virtud de dicho pacto satánico, tenían poder para hacer daño, causar grave enfermedad o producir la muerte, arruinar las cosechas, entre otras infinitas desgracias y prodigios, como poder volar y asistir a reuniones que se celebraban a mucha distancia, los famosos aquelarres.
El libro Malleus Maleficarum gira en torno a los maleficios que se atribuían a las brujas. Apoyada la frase bíblica “A los hechiceros no los dejaréis con vida” (Éxodo 22,18), en otros textos de las Sagradas Escrituras, en Agustín de Hipona, en Tomás de Aquino y en otros relevantes teólogos elabora su doctrina sobre la brujería con una concepción llena de prejuicios y sexista de la mujer.
En la primera parte del libro, parten del supuesto evidente de que la brujería y la hechicería existen. Creen que las brujas y los hechiceros realizan una extensa gama de males “con el permiso de Dios todopoderoso” para que el Diablo no gane un ilimitado poder y con él pueda destruir el mundo.
La segunda parte del libro describe las formas de brujería, como lanzan hechizos y como sus acciones pueden ser prevenidas o remediadas. Sprenger y Krämer en sus juicios inquisitoriales, con la ayuda de la tortura, obtuvieron mucha información sobre hechizos, pactos diabólicos, sacrificios y copula con el Diablo.
La tercera parte detalla los métodos para descubrir, destruir, enjuiciar y sentenciar a las brujas. La tortura, como en todo proceso inquisitorial, es práctica habitual. Ante un obstinado reticente, la medicina de la tortura le hace decir todo y aún más de lo que el inquisidor quisiera escuchar
En el fragmento del Malleus Malefucarum presentado por Agustín Celis, al contestar a la pregunta que los autores asimismos se hacen de porque la superstición es eminentemente femenina, presentan una verdadera sarta de lindezas misóginas:
“¡La mujer es un mal necesario, una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico, un deleitable detrimento, un mal de la naturaleza pintado con alegres colores!
Por lo tanto, si es un pecado divorciarse de ella cuando debería mantenérsela, es en verdad una tortura necesaria. Pues o bien cometemos adulterio al divorciarnos, o debemos soportar una lucha cotidiana.”
En el segundo libro de La retórica, Cicerón dice:
“Los muchos apetitos de los hombre los llevan a un pecado, pero el único apetito de las mujeres las conduce a todos los pecados, pues la raíz de todos los vicios femeninos es la avaricia.”
Detrás de todo esto, están los prejuicios maniqueos contra el sexo, que se disfrazan de lascivia, apetito carnal. Y en su apoyo están muchos mitos que el patriarcado, con perversa intención fabricó. A esto se le añade la ignorancia de la psicología femenina, que brillaba por su ausencia. También desde el matriarcado, con sus mitos, prejuicios y estereotipos, se podría escribir algo parecido, o peor de los hombres; prejuicios culturales sexistas.
Los inquisidores actuaban en virtud de unos prejuicios religiosos y dogmáticos, provenientes de religiones ancestrales, que afectaban sus vidas, sus valores y su visión del mundo. Ellos mismos serán víctimas del adoctrinamiento recibido en su proceso de educación en los conventos y las instituciones religiosas, que no estaba exento, más bien impregnado de maniqueísmos y otros errores sobre la concepción de la vida, lo que les hacía mucho daño, como los complejos de culpa y las angustias por su salvación. Llevados por esos prejuicios, actuaban proyectándolos sobre los demás seres humanos, a los que perjudicaban sobremanera, pensando que con ello hacen el bien. Los prejuicios religiosos contra la mujer la hicieron víctima de infinitos oprobios, vejaciones, sufrimientos y angustias, al ser marginada y al asignarle roles de subordinación y sumisión, como terminamos de comprobar. Todos dirigidos por el Papa Inocencio VIII último responsable de los asesinatos que produjo la caza de brujas.

FUENTE: La Inquisición. El lado oscuro de la Iglesia. Primitivo Martínez Fernández. 

domingo, 18 de agosto de 2013

Los primeros quemados de la Santa Inquisición

En toda la Nueva España no se hablaba de otra cosa, que no fuera el gran acontecimiento que iba a efectuarse en unos días: dos reos, que habiendo cometido delitos contra la fe, iban a purgar sus pecados con el castigo del fuego. A aquellos hombres se les habían metido los demonios, apartándolos de la ley de Dios, haciendo que cometieran terribles pecados que pagarían en la hoguera, obteniendo  así un  pase directo al fuego que nunca tendría fin.
Durante las tertulias, se comentaban casos inquisitoriales, a los cuáles se referían con repugnancia y horror. Las almas buenas escuchaban aquellos relatos, estremecidas de espanto, pues no podían concebir como había  en este mundo seres tan perversos, que podían cortar los delitos por la medida de sus deseos. El camino a la religión católica era fácil y pacífico, pero aquel que osaba desviarse de él iba a dar a la antesala de infierno.
Muchas personas venidas de diferentes partes de España, que habían presenciado las quemazones de los herejes, hablaban con admirado respeto de como su Majestad había asistido a diferentes quemas sin dejar de rezar un solo instante. Los testigos de los autos de fe relataban con lujo de detalle a los oyentes, y para darle un toque más real hasta elaboraban dibujos. De aquellas personas se apoderaba la santa envidia al escuchar esas narraciones, ya que ellos no habían tenido todavía el privilegio de contemplar tal espectáculo; además, al asistir a ellos, se ganaban una gran cantidad de indulgencias plenarias que  borraban los pecados más terribles de sus vidas. Los envidiosos suspiraban por la tristeza de no haber presenciado estas pías hogueras, sus ojos se llenaban de anhelo y en su corazón nacía ese enorme deseo de asistir a la pena de fuego.
Para la felicidad de muchos este espectáculo había llegado por fin a México. En la  Santa Iglesia Catedral se hallaban colgados paños negros, al altar mayor lo cubría un gran lienzo negro, y no había más que un crucifijo de talla, sangrante, doloroso, con la cabellera revuelta; a cada uno de sus lados ardían dos velas en oscuros candeleros de madera. Parecía que en todos los rincones del templo emanaba una cosa invisible, que se metía en los corazones de los ahí presentes, dejándoles una inexplicable sensación de miedo.
Fueron levantados dos altos tablados cubiertos con bayetas funerarias, en donde se sentaron los personajes más importantes de clero y algunos funcionarios, todos vestidos de luto. En el otro cadalso estaban los dos reos, Hernando Alonso y Gonzalo Morales, cada uno acompañado por un fraile dominico que con dulzura los preparaba para bien morir. En el interior del templo la gente se apretujaba para no perder detalle de todo lo que pasaba, todos agudizaban los sentidos para ver a aquellos graves señores vestidos de luto, y a los culpables con sus sambenitos anaranjados, estampados con numerosas llamas y negros diablos.
El dominicano fray Vicente de Santa María llegó a la Nueva España en 1528 a tomar el control en los asuntos de la fe, de los cuáles se encargaban los franciscanos y dominicos. Le dejaron toda su autoridad apostólica al estricto fray Vicente, quien apenas llegó a México, ni tardo ni perezoso comenzó el juicio en contra de los dos reos.
Hernando Alonso, fue acusado de que en un Jueves Santo, después de haber hecho el depósito del Divinísimo en la urna, en unión otros judíos amigos suyos, habían bautizado con extrañas ceremonias a un niño hijo suyo, que ya lo estaba por la religión católica; también fue acusado de decir que un bautizo de otros de sus hijos había sido falso.
Gonzalo Morales fue condenado por concubinato y por dar terribles azotes a un crucifijo, actividad que había hecho en compañía de un tal Palma. Morales llevaba ya un tiempo huyendo de la justicia en San Juan de Puerto Rico, y pensando que ya se había librado de la hoguera, finalmente vino a pagar sus pecados a Nueva España.
Fray Pedro de Contreras, quien desempeñaba el oficio de secretario, leyó al público presente todos los nefandos crímenes  de estos hombres; después dio un sermón en donde se expresaba contra el pecado, sembrando los sentimientos de miedo y angustia en los corazones de los ahí presentes.
Al brazo secular, representado por el gobernador Alonso de Estrada, fueron entregados los dos reos, y escoltados fueron llevados a la Placeta del Marqués, cercana a la Catedral, en donde estaba ya instalado el tan temido quemadero. Fueron atados a un poste y se prendió fuego a la leña que tenían debajo de los pies; pronto las llamas se comenzaron a levantar, acompañadas de chispas y una espesa columna de humo.
A través de las llamas se podían ver los rostros de dolor de los desesperados reos, pero después ya no se vieron más. El fuego se fue elevando, hasta que los dos hombres quedaron envueltos por completo. La gente miraba embelesada aquel espectáculo, mientras elevaban oraciones.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La fundación de la Inquisición

A ciencia cierta, se desconoce la fecha exacta en que esta institución ya legalmente ejerciera sus funciones, lo que sí se puede aseverara es que nació durante los primeros seis años del pontificado de Gregorio IX, esto se da entre 1227 y 1233.

Pero el hecho de realizar el acto de Inquisición no comenzó con la instauración de los tribunales, ya que estas actividades se remontan desde principios de la Edad Media, en donde las autoridades episcopales ya utilizaban tres tipos de procedimientos para castigar a los criminales, los cuales estaban basados en el Derecho Civil: accusatio, denunciatio, e inquisitio; este última daba por resultado las penas más leves.

El procedimiento denominado inquisitio, lo vendrían tomando más adelante los gobernantes seculares, pasando a ser uno de los procedimientos más comunes para sentenciar herejes, a raíz del Concilio llevado a cabo en Verona en 1184. Después de los procedimientos episcopal del legado, esta nueva inquisición monástica o pontificia causo el descontento y resentimiento de obispos, en el lado opuesto los gobernantes teocráticos de Francia, parte de Alemania, Aragón, Hungría y Bohemia facilitaron las santas labores de la nueva Inquisición pontificia.

La solidificación de la Inquisición durante sus primeros años de existencia corrió con mucha suerte, ya que tuvo buena aceptación en varios países europeos, ya que esto les convenía para por medio del terror y la ignorancia tener controlado al vulgo para así evitar protestas, movimientos y todo lo que conlleva; sus primeros dos decenios (20 años) se caracterizaron por sus esporádicas manifestaciones de fanatismo y crueldad. Aquí comenzaría una época de mucha represión y angustia constantes que duraría varios siglos: El Oscurantismo.

Desde que Gregorio IX ascendiera al poder en el año de 1227, dedicaría todas sus energías a combatir la herejía, esto pudo haber sido por la influencia del canonista Raimundo de Peñafort; el santo varón era intelectual y canonista como lo fuere su tío Inocencio III, el cuál le nombrara cardenal en 1198 con la asignación de importantes deberes a cumplir.

Gregorio IX era amigo personal de Santo Domingo y San Francisco, además era el protector principal de la orden franciscana en la Curia romana durante el pontificado de su señor tío. Era conocido por su carácter firme, intransigente que rayaba en lo irascible, y para muestra fue que apenas tomara el carga de papa excomulgó al emperador Federico II de Suabia, y para 1229 introdujo nuevas y más severas condiciones en los negocios, lo cuáles acabarían resolviendo los problemas económicos que tuvo Francia a raíz de la cruzada contra los albigenses.

En 1224 Gregorio IX incluyó la constitución de Federico II, la cual le daba la autorización de condenar a los herejes a morir en la hoguera; esta constitución fue preparada como carta dirigida al legado imperial en la Lombardía del obispo de Magdeburgo, tal vez con el objetivo de contentar un poco al papa de aquella época, Honorio III. En febrero de 1231, Gregorio IX promulgó la constitución denominada Excommunicamus, la cual explicaba con lujo de detalle el castigo que debían tener los herejes. Algunas leyes estipuladas eran:

1. Los herejes debían ser entregados al brazo secular para la “animadversio debita”.

2. Excomunión de valdeses, cátaros y cuanto hereje hubiera, así también como de sus defensores, amigos, seguidores y también a aquellos que no denunciasen si conocían a algún hereje.

3. Aquellos herejes que no se sometiesen a la “expurgación canónica” en un año, a partir del momento en que se sospechase de ellos, serían automáticamente tachados como herejes.

4. Otras cuatro cláusulas que también pasaron a ser leyes:

a) Cadena perpetua para los herejes impenitentes (prevista en el undécimo canon del Concilio de Toulouse).

b) Se negaba el derecho a la apelación.

c) Aquellos sospechosos de herejía no tenía derecho a un abogado defensor.

d) A aquellos que fueran hijo de herejes se les excluía de nombramientos eclesiásticos hasta la segunda generación.

5. Excomunión de herejes no castigados.

6. Demolición de los hogares de herejes convictos.

domingo, 24 de octubre de 2010

Comienzan las cruzadas


En papa Urbano segundo hace un llamado a realzar una cruzada o guerra santa en noviembre de 1095, con la finalidad de reconquistar Jerusalén, que se encontraba dominada por el Islam. Para la titánica tarea de reclutar a voluntarios que se unieran esta guerra, el papa argumento que era el sustituto de cualquier penitencia e implicaba también el perdón total del pecado en cuestión. Esto dio origen a las denominadas “indulgencias”.

Para un cristiano, el simple hecho de participar en una cruzada implicaba enormes penas y sacrificios para obtener indulgencias, pero con el paso del tiempo y la falta de recursos, se fueron extendiendo a todo aquel que ayudara con recursos económicos en tal misión.

Luego estos recursos comenzaron a venderse por ejemplo para la construcción de la Catedral de San Pedro en Roma, hasta que acabaron por venderse con cualquier pretexto y sumas simbólicas.

Finalmente 4 años después cayó Jerusalén, donde las cifras sumaron 60 mil víctimas, entre las cuáles encontramos musulmanes, judíos, hombres, mujeres, ancianos y niños. Uno de los testigos aculares de tal acontecimiento fue el arzobispo francés Guillermo de Tiro, quien nos relata lo siguiente en este pequeño fragmento:

“Era imposible mirar al vasto número de muertos sin horrorizarse; por todos lados había fragmentos de cuerpos humanos y el piso estaba cubierto con la sangre de los muertos. No era solamente el espectáculo de cuerpos sin cabeza y extremidades mutiladas tiradas por todas direcciones que inspiraba el terror a todos los que miraban; más horripilante era ver a los victoriosos chorreando sangre de pies a cabeza. Dentro del templo murieron alrededor de 10 mil infieles”.

En los siguientes 200 años se llevaron a cabo un total de 4 Cruzadas más, las cuáles cobraron la vida de millones de personas, tanto árabes como judíos. Los ejércitos católicos arrasaban sin piedad con su infinita crueldad tanto con vidas humanas, como con todo lo relacionado con cultura (libros, manuscritos y pergaminos); a lo que un historiador bizantino llamado Nicetas Choniates escribió: “Hasta los sarracenos son misericordiosos y gentiles comparados con estos hombres que llevan la Cruz de Cristo sobre sus hombros”. Durante esta época nace el concepto político de la cristiandad.

Una de las matanzas más brutales que hubo durante las Cruzadas fue en Francia, en la cuidad de Béziers, cuando llegaron el 20 de julio de 1209 hicieron una propuesta de paz al vizconde Raimundo – Roger de Trencavel y al legado pontificio para entregar a los herejes cátaros, para lo que rechazaron esta propuesta. La ciudad organizó las resistencias, ésta se encontraba muy bien protegida y con alimento suficiente, pero cometieron un error que sería su ruina: aprovechando que el enemigo descansaba, los ciudadanos entraron al ataque dejando abiertas las murallas que rodeaban a las cuidad; los primeros aprovecharon la oportunidad y empezaron matar, saquear, robar, violar mujeres.

Los ciudadanos aterrorizados se refugiaron en la Iglesia para tocar las campanas y pedir ayuda, el sacerdote se vistió sus sacras ropas para salvar su vida, pero fue en vano. La Iglesia de la Magdalena se hallaba suntuosamente adornada, debido a la proximidad de sus festividades; se dice que en su interior había 7 mil aterradas personas.

domingo, 10 de octubre de 2010

Las amenzas

La iglesia ya investida con los nuevos poderes que dicta el Edicto de Milán, reprime toda idea que vaya en contra de lo dice la “Santa” institución. Una de las amenazas más severas eran los cátaros, pasando a clasificarlos como herejes y rebeldes sociales, para sí tener un motivo para exterminarlos y con esto poder unir los poderes de la Iglesia y el Estado. Durante este etapa de la historia es cuando realmente nace la Inquisición, la cual tenía la “misión” de la “pureza de fe o de dogma”; y el causante de este nefasto acontecimiento es el papa Gregorio IX que promulga en el año de 1223 una bula que establece la “Santa Romana y Universal Inquisición”, cuyo objetivo era erradicar todo acto de herejía donde quiera que estuviera. Para comenzar, los escritos de los precursores de la Reforma protestante fueron analizados meticulosamente para detectar todo acto herético y posteriormente se les condena.

¿Porque los cátaros se volvieron una potencial amenaza?

Era mediados del siglo XII al sur de Francia en la Occitania (el Languedoc); esta región se caracterizaba especialmente por sus costumbres tan relajadas costumbres, una vida disipada, corrupta y parásita; también disfrutaban de chupar como sanguijuelas al pueblo con impuestos de los diezmos y disfrutar del concubinato con barraganas o concubinas. Es en esta situación cuando llegan a la región grupo de predicadores que se hacen llamar cristianos, quienes traen mensajes de amor, tolerancia y libertad. También atacan a la Iglesia Romana, tachándola de: la gran Babilonia, la basílica del Diablo y la sinagoga de Satán.

Los cátaros eran defensores de la dualidad de principios, el Bien y el Mal, todo con vinculaciones cristianas, judías; todo esto con aportaciones esotéricas pero con coherencia teórica, que en poco tiempo les hace ganarse la simpatía en todas las clases sociales, llegando a expandirse hasta el norte de Italia.

La iglesia siempre había manipulado a las masas con el miedo al infierno y la condena al fuego eterno; pero todas estas amenazas a los cátaros no les preocupaba en absoluto, ya que ellos creían que el hombre estaba destinado a la salvación de modo inevitable, así que el miedo no era parte de su religión.

Otra doctrina que entró, pero con más moderación era la de los valdenses llamados así por Pedro Valdo, en la cual su postulado decía lo siguiente: “No existe el menor motivo legítimo para quitarle la vida a nadie, ni por motivos criminales y menos doctrinales”.

Valdenses y cátaros se unieron para armar un movimiento democrático contra el clero para abolir los privilegios de los cuáles gozaba; para esto la “Santa sede” empezó una campaña de desprestigio contra estas dos doctrinas argumentado pactos con el diablo, prácticas de rituales denominados sabbats, orgías, etc.

Luego la Iglesia comenzaría una persecución hacia estos grupos mediante su exterminio y aquí comenzaría un periodo de la historia denominado “Las Cruzadas”, el cuál será tratado en posteriores publicaciones.

domingo, 26 de septiembre de 2010

El nacimiento de la Inquisición

Empezaremos trasladándonos al siglo IV, época en la cual la Iglesia primitiva tenía como pena capital la excomunión por el pecado de la herejía; y al ser el cristianismo una religión estatal y con reconocimiento ante los emperadores romanos, en poco tiempo los herejes comenzaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando alteran el orden público. Pero fue gracias al emperador Constantino que la Iglesia adquirió un poder sin precedentes, lo cuál llenó de privilegios a los cristianos y muchos obispos ocuparon cargos más altos, llegando incluso a confiarles tareas de índole civil. Con Teodosio en el poder, el cristianismo fue declarado como triunfador sobre el Imperio Romano, siendo la única y oficial religión que se profesara.

El cristianismo pasó a sustituir al paganismo; pero al principio hubo muchos problemas con las personas que todavía practicaban esta religión, por lo que fueron objeto de ataques sistemáticos: sus templos fueron demolidos, las estatuas de sus dioses destruidas, sus ceremonias rituales prohibidas, condenándose con la confiscación de sus bienes y pena de muerte a todos aquellos que osaran atacar la resoluciones imperiales contra el paganismo.

Había otros que eran los no – cristianos, mejor conocidos como “herejes, repugnantes, estúpidos y ciegos”. Desde aquella época ya se empezaba a manipular a la población a través del miedo, ya que era una herramienta crucial para “mantener un orden jerárquico por decreto divino”.; esto lo explicaba muy claramente San Juan Crisóstomo:

“Si privaras al mundo de los magistrados y el miedo que viene de ellos, casas, ciudades y naciones se desplomarían”.Así, la labor más importante del imperio consistió en reprimir a los arrianos; y apenas llegara Teodosio a Constantinopla inmediatamente comenzó a expulsar a los arrianos. Para el año 381 d. C., el prefecto ordenó la clausura de todas las capillas arrianas en la cuidad y la consecuente expulsión de los que servían a las mismas. Estas severas medidas también fueron aplicadas en los dominios de Teodosio, siguiendo ahora con los maniqueos y todo hereje que se topara en camino.Para el año 394 d. C., los cultos paganos ya habían sido abolidos en su totalidad, consagrándose el triunfo del cristianismo y estableciéndose definitivamente como religión oficial del Imperio Romano. Ya en el año 435 d. C, todo aquel individuo considerado hereje en el territorio del Imperio Romano podía ser ejecutado por la ley. La palabra “hereje” se deriva del griego hairesis, que significa “elección”, en el sentido de libre albedrío. El judaísmo todavía era tolerable, pero con el paso del tiempo se fue aislando; eso si: el matrimonio entre judíos y cristianos, pero las mujeres el casamiento mixto era castigado igual que el adulterio: la muerte.La ortodoxia religiosa era representada por el patriarca de Constantinopla; pero con su intransigencia acerca de algunos aspectos doctrinales y al mismo tiempo que establecía bien sus cimientos en el nuevo Imperio, con el tiempo fue causa de muchos conflictos con la Iglesia de Roma, que tomara caminos diversos de la mano del Papa, quien ya su poder se encontraba muy deteriorado con las invasiones bárbaras, pero con el paso del tiempo lo fue adquiriendo a gran escala y esto desencadenó graves problemas para el pueblo bizantino.

Como todos sabemos, el cristianismo lucho contra un sin número de doctrinas réprobas y herejes, como: arrianismo, nestorianismo, monofisismo, etc.; las cuáles veían la doctrina de manera más simple que la complicada y protocolar ortodoxia, y por ello esto se tornaba en un peligro amenazante, ya que era más fácil que fuera aceptado por las masas más humildes.

Para tal situación, el para León I lucho contra estas nuevas doctrinas de manera exitosa, por medio de la celebración de una serie de concilios, el maniqueísmo que ya se había expandido por toda Italia, el pelagianismo que cada vez tenía más seguidores en Aquilea, y el priscilianismo que seguía creciendo en España. Durante el pontificado de León I, se celebró en el año 451 d. C. el Concilio de Cristo, ante las aquellas confirmaciones de herejía que eran motivo de la separación del Padre y del Hijo, este último era considerado inferior al Padre.

Conforme el Imperio Romano iba decayendo cada vez más, la Iglesia iba adquiriendo cada vez más poder en Europa. Cuando sucedió la invasión de los hunos al Imperio Romano y el emperador Valentiniano III se hallaba refugiado en Ravena; el Papa León I salió al encuentro de Atila, y con gran éxito consiguió que este último no entrara a Roma, lo cual tuvo una enorme importancia simbólica, ya que esto representaba la fuerza política que tenía la Iglesia.

Pero desgraciadamente la Iglesia tuvo un poder devastador en la cultura de Europa entre los años 500 y 1000 de nuestra era; al ser una institución que todo consideraba malo y castigaba horriblemente a quien se atreviera a contradecirla, en muy poco tiempo destruyó la educación, las ciencias, el arte y la medicina, que eran básicamente de origen griego y romano; y a partir del siglo VI al VII la sangría solo era recomendada para dolencias y sobre todo evitar el deseo sexual. Solo en los conventos la educación era permitida y en otras partes fue totalmente erradicada con la destrucción de institutos de enseñanza y bibliotecas enteras; también la iglesia se ocupó del estudio de la gramática y el latín, con esto pasó a ser la poseedora absoluta del conocimiento.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Fray Tomás de Torquemada y el nacimiento de la Santa Inquisición


Curiosamente este Santo Varón fue de ascendencia judía y el que más empeño puso y usando a la Inquisición como su instrumento organizó una persecución en contra de los judíos conversos, sospechosos de judaizar, esto se refiere a mezclar la fe de Moisés con la de Cristo por medio de dobles ritos ó síntesis heréticas; la expulsión de los judíos culminó en 1492 tras un largo proceso persecutorio.
Es considerado como una de las figuras más sombrías del renacimiento español por el importante papel que desempeñó en la puesta en marcha de la Santa Inquisición, aunque no se sabe a ciencia cierta quien fue, pero lo más seguro es que haya sido este personaje.
Las referencias sobre su vida se extrajeron de la crónica de los frailes domínicos, que fray Juan de la Cruz escribiera en 1597. Los estudios han tratado de evitar la polémica a toda costa y plasmar la realidad histórica de quién fue este famoso inquisidor, así se puede contar con más detalle su ascenso de este ambicioso personaje.
Tomás de Torquemada Valdespino nació en 1420, del matrimonio del a regidor Don Pedro Fernández de Torquemada y Doña Mencía Ortega. Su tío Juan de Torquemada, quien ocupaba el cargo de confesor del rey, le proporcionó todos los contactos a Tomás para satisfacer todas sus ambiciones.
La carrera eclesiástica de Torquemada fue un factor decisivo; sus primeras andanzas iniciaron en el monasterio de San Pablo de Valladolid, para después continuar su formación religiosa en el monasterio domínico de Santa Cruz de Segovia, del cuál llegó a ser prior. Los cronistas de la época dejaron plasmado en escritos como fue su formación y explicaron los trazos más destacados de su carácter: ambición, austeridad y severidad. Estas cualidades con el tiempo le harían merecedor del cargo de confesor de la reina Isabel.
Para el año de 1483 se estableció el Consejo de la Suprema y General Inquisición y para su cargo se nombró a Torquemada, quien daba las instrucciones sobre el carácter itinerante, procedimientos penales y los cargos del Tribunal. El establecimiento del religioso como Inquisidor General en Castilla no representó la menor dificultad, pero en Aragón fue todo lo contrario. Los catalanes aceptaron la Inquisición a regañadientes, pero a cambio pidieron ellos mismos nombrar al religioso que dirigiera el tribunal en ese lugar; pero el rey Fernando no se los autorizó y los aragoneses fueron más lejos, pues la cuidad del Teruel se levantó en armas contra el Santo Oficio. Los turolenses procedieron a cerrar las puertas de la cuidad a los inquisidores que venían de Zaragoza; para esto el rey solicitó que los funcionarios aragoneses acudiesen armados a proteger la entrada de los santos varones. Sin embargo, no lo pudo conseguir y tuvo que recurrir a las tropas de Castilla para que tomaran la cuidad, pero la caída de Teruel desesperó y radicalizó a conversos, judíos y a muchos viejos cristianos que veían que la Inquisición acababa con sus fueros y libertades. Las conjuras comenzaron el Zaragoza y una de ellas tubo el desenlace del asesinato del inquisidor Pedro de Arbués.
La represión fue rápida y feroz; los judíos al principio colaboraron como delatores de los despreciados conversos, ya cuando era demasiado tarde se dieron cuenta de que iban a ser víctimas de un sistema que no solo eliminaba a los que no terminaban de ser judíos ni cristianos, sino que imponía por la fuerza la existencia de una solo fe.
Torquemada logró con estas masacres masivas acrecentar su poder, hasta el punto de actuar a veces contra algunos obispos; tal es el caso de Carranza, quien fuera arzobispo de Toledo y primado de España, fue acusado injustamente de luteranismo y condenado a pena capital por la Inquisición española; por tratarse de un prelado, la causa se inició con la autorización de Roma, pero fue revisada por el Papa quien no encontrara motivos para tal veredicto, y este al no tener una fuente solida que lo sustentara nunca llegó a aplicarse. Felipe II no se quedaría con los brazos cruzados, pues destituyó a Carranza para subrayar la autonomía del tribunal español respecto a la Santa Sede.
Un ejemplo muy claro de la utilización política de los santos tribunales por parte del rey, fue el caso de su secretario Antonio de Pérez, quien fuera acusado de asesinato; pero como consiguió huir de la justicia de Castilla, la Inquisición le imputó ciertos cargos para poder detenerlo, sin embargo, logró salir de España y dio a conocer su caso en las cortes de Francia e Inglaterra.
Estos casos de injusticia y calumnia hacia Carranza y Pérez, ponen de manifiesto algo muy característico de los tribunales de la Inquisición: su poder no hacía distinción alguna cuando se trataba de acusar y prelados, cortesanos, nobles y ministros no fueron la excepción; en ese sentido fue un tribunal democrático con una jurisdicción solo inferior a la del Papa.
En sus últimos años de vida, Torquemada perdió los favores reales y vio como su poder se iba neutralizando con el nombramiento de tres inquisidores más; finalmente se trasladó al monasterio de Santo Tomás de Ávila, donde ejerció durante dos años más, hasta que falleciera en 1498.
La aportación de Torquemada consistió en convertir lo que era un proyecto político para la religión en uno religioso para la política; los diez trascurridos desde el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio hasta la orden expulsión de judíos en 1492, escrita seguramente por el mismo Torquemada, muestran la evolución del problema de los conversos bajo la actividad inquisidora. Ambos hechos fueron pensados para preservar la pureza de la fe y asegurar la posición social de los viejos cristianos, pero el desenlace fue una enorme cantidad de ejecuciones mediante la hoguera con resultados de un número varias veces superior de encarcelamientos, confiscaciones, torturas y degradaciones públicas.