domingo, 24 de marzo de 2013

El convento de San Agustín


La construcción de la iglesia de San Agustín comenzó el 28 de agosto de 1541, por el virrey Antonio de Mendoza. Tanto el convento, como la iglesia fueron muy suntuosos; el arquitecto de éstos templos fue Claudio de Arciniega, por ahí de 1579, quien describe la fachada de la iglesia como “una historia grande del señor San Agustín”.
La obra fue concluida en 1579, su retablo mayor fue hecho por Andrés de Concha; las puertas que daban a la calle fueron labradas en 1591 por Pedro López de Pinto y Hernán Sánchez.
Pasaron los años y el día de viernes 11 de diciembre de 1676, a las siete de la noche, la iglesia y una parte del convento ardieron en llamas por tres días. Pudieron ser rescatadas algunos colaterales y pinturas (entre ellas Santa Cecilia).
Al reconstrucción de la iglesia comenzó pronto; aquí participaron Fray Diego de Valverde, Tomás Juárez, Simón de Espinosa y Salvador de Ocampo.
A fines del siglo XVII el arquitecto Diego Rodríguez realizó varias obras en el convento, después José Antonio de la Cruz construyó la barda en 1708 (actualmente la barda ya no existe); Blas de los Ángeles, Miguel José de Rivera, Juan de Rojas y José Joaquín de Sáyago, pondrían los retablos y el colaterial mayor de la Capilla del Tercer Orden en 1752.
Después San Agustín fue convertido en Biblioteca Nacional y el convento en muladar, hasta su total deterioro, el claustro fue mutilado pero todavía se conserva una parte; esto fue de puro milagro; pues el área que ocupaba y convento y sus dependencias los sustituye un estacionamiento.

domingo, 10 de marzo de 2013

El alux de Valladolid


Uno de los testimonios más importantes que se han dado a conocer en América y España sobre la presencia de un duende o Alux, fue la versión recogida de la ciudad de Valladolid en el año de 1613 por el capellán de su majestad y Deán de la Iglesia y Catedral de Yucatán, Dr. Pedro Sánchez de Aguilar, quien la describe fielmente en su obra “Informe Contra Idolorum Cultores”, que traducido al español quiere decir “Informe contra los idólatras”, haciendo referencia a los indígenas mayas que adoraban y rendían culto a sus dioses; dicha obra fue escrita en latín y castellano, dándole a conocer en Madrid, España en el año de 1639.
Cabe destacar, que el Dr. Pedro fue alumno destacado de Gaspar Antonio Chi Xiu, príncipe de la antigua casa real de los Tutul Xiu de Maní, de quien aprende la gramática española cuando fue su maestro en la capilla de Tizimín, lugar donde se dirigió Gaspar Antonio, después de que fray Diego de Landa realizara su condenable auto de fe un doce de julio de 1562. En este acto se destruyeron tesoros de valor incalculable, códices, vasijas, ídolos y pergaminos prehispánicos, arrebatados a los ahaucanes, chilames del antiguo reino de los mayas, cuya histórica tradición de milenios fue borrada del obrero inquisidora.
Volviendo a las memorias del Dr. Pedro Sánchez de Aguilar, nos narra sobre el alboroto y escándalo que vivió la villa de Valladolid: “por los años de 1560, hizo su aparición un demonio o duende (caso estupendo e inaudito), que hablaba y tenía plática de conversación con quienes querían hablarle pero a las ocho o diez de la noche, cuando ya los candiles de las calles de aquella ciudad estuviesen apagadas. Desde luego, este duende que hablaba era un Alux y se supone, que su presencia e inconformidad, se debía a que su vieja morada había sido destruida y quemada, para construir sobre sus escombros casas señoriales de los conquistadores españoles llamados Juan López de Meza y Martín Ruíz de Arce. Esta criatura hablaba con voz chillona y tocaba un bandolón con gran habilidad, así como hacía sonar castañuelas y se oía que bailaba alegremente sobre el techo de las casas aunque no se dejaba ver. Al principio, según el señor Sánchez, el duende no hacía daño alguno ni perjudicaba en estas dos casas donde habita o se aparecía, pero en otras sí, ya que les tiraba piedras y hacía ruido en las azoteas, asustando a los que por esos rumbos pasaban por las noches. Como sus actos cada día se van incrementando en agresividad, pues ya hasta tiraba huevos a cuanta mujer veía a esas horas, el Alux fue acusado con el cura de la villa de Valladolid, Tomás de Lersundí, quien decidió conjurarlo para que cesaran en sus ruidos y maldades, mediante su ritual católico. Procedió a mojar un hisopo con agua bendita y lo espero; pero las horas pasaban y la criatura no se aparecía ni hablaba.
Cuando el cura se hubo retirado, el duende volvió a hacer su acostumbrado ruido, brincando, gritando y riéndose a más no poder. Cuando el religioso llegó a su casa en donde había dejado la mesa puesta para cenar, encontró sus buñuelos y vinos tirados en los pasillos, la fuente de agua llena de estiércol de su mula y su mesa mojada con orines.
A la mañana siguiente el cura dijo en su sermón de misa, lo que le había sucedido con el Alux, y advirtió sus fieles que se cuidarán por las noches de ese pequeño engendro diabólico. Las maldades, travesuras y hazañas del duende llegaron a oídos del señor Arzobispo de la Ciudad de Mérida, quien ordenó que nadie le hablara y respondiera al supuesto Alux, el cual ya tenía a toda la villa aterrada. Los pobladores cumplieron al pie de la letra las órdenes del religioso. La criatura se dio por despreciada y empezó a llorar por las noches de manera muy lastimera y a quejarse del Obispo; comenzó a hacer ruidos de mayor intensidad en las azoteas y le dio entonces por quemar las casas. Los vecinos desesperados, se juntaron en la iglesia y pidieron al cura que les escogiera por medio de azar a un Santo como abogado, prometiéndole celebrar su fiesta en procesión al nuevo convento de San Francisco, y quiso la suerte que les tocara San Clemente; se le festejaba el 23 noviembre, día en que fue trasladado en la prometida procesión. Le efigie de este Santo, se encontraba en uno los retablos de la iglesia de Valladolid con un demonio atado. El señor Sánchez aseguró que esta criatura fue vista desde el año de 1562 en Zací, pero desapareció por 34 años después de la procesión.
Siendo párroco de la villa, Pedro Sánchez se tuvo que enfrentar al Alux que después de tantos años sin dar señales de vida, nuevamente estaba de regreso. La traviesa criatura vuelve aterrorizar al pueblo, quemando las casas de los indios que se unieron a los españoles, y luego se trasladó a Yalcobá, llendo tras sus pasos Pedro Sánchez para conjurar lo que desterrarlo de aquel pueblo, donde se aparecía puntualmente al medio día para provocar un enorme remolino de viento que levantaba una gran polvareda, haciendo ruidos como de huracán, aventando piedras y cuanta cosa encontrara por todo el pueblo. Como todas las casas de los indios quedaron consumidas por el fuego, no les quedaba otra opción más que dormir bajo los árboles.
Al llegar Sánchez de Aguilar ha dicho pueblo, les instrucciones a los indios de que habría que realizar una misa cantada y solemne para ahuyentar al duende; y para despedirse, el malévolo Alux quemó con gran esmero una de las casas más grandes de dicho lugar. En otra ocasión el cura regresó a este pueblo y realizó otra misa cantada, en donde le pedía San Miguel Arcángel, que se llevará a la criatura muy lejos de los indios; al parecer la petición fue escuchada, el duende se retiró de Yalcobá, pero ¡o sorpresa!: regreso a Valladolid con nuevos incendios. Los habitantes hicieron cuanto conjuro celestial se les ocurrió para alejar al pequeño malévolo ser, y milagrosamente cesaron sus fechorías; y para tener la completa seguridad de que el Alux jamás los volviera molestar, mandaron llamar a los H'menes o hechiceros mayas, para conjurarlo en una ceremonia que realizaron en la plaza principal de Valladolid, con ritos y danzas de su antigua religión. Se mataron aves silvestres, prepararon vinos de blaché  con miel de Xunan cab y bebida del zacá para ofrendarlas al Alux. Ante estos conjuros surgidos del alma y voz de los cantores y sacerdotes mayas, la criatura desapareció por completo y jamás, hasta la fecha se ha vuelto a saber de él.

domingo, 3 de marzo de 2013

Los aluxes


Alux (singular) o aluxes (plural), son duendecillos traviesos que gustan de hacer bromas y jugar con los niños; se caracterizan por ser de estatura baja y gastarle a la gente bromas tan pesadas que a veces los llegan a llamar diablillos. Algunos creen que hacen estas travesuras para captar la atención y recibir algo de comer.
Estas criaturas viven en los bosques y montes; por los general se les representa en pequeñas figuras de barro que las podemos encontrar en algunos sitios arqueológicos, y como su aparición es bastante frecuente, los nativos suelen destruirlas hasta convertirlas en pequeños pedacitos, pues creen que esas representaciones son los mismísimos Aluxes que cobran vida  para hacer de las suyas.
Al parecer no son solo supersticiones, ya que hay varios testimonios de arqueólogos y gente dedicada a trabaja en excavaciones, que aseguran que si no pedían permiso a los Aluxes haciéndoles sus respectivas ofrendas explicándoles el motivo de su presencia, les era imposible poder avanzar en su trabajo, pues todo lo que avanzaban durante el día, en la noche los traviesos duendecillos se los desbarataban; pero un vez solicitando el permiso podían hacer su trabajo sin dificultad alguna.
Otras versiones aseguran que en la antigüedad eran los hombres los que daba vida a las figurillas de barro quemándoles copal, durante nueve días y nueve noches ininterrumpidas; como muestra de su agradecimiento,  los duendecillos ayudan los humanos en los que les pidan.
Cuando el sol se oculta es cuando los Aluxes salen de sus escondites, ubicados en el bosque, la selva o los plantíos y se introducen a las casas. Las personas que los han llegado  a ver, los describen como niños pequeños de máximo cuatro años, de un palmo de alto aproximadamente; en cuanto a su vestimenta, portan un gran sombrero y huaraches, ya que según dicen los que los han visto, andan desnudos. Algunos Aluxes que gustan de la cacería, traen colgada en el hombro una escopeta y se hacen acompañar de un diminuto perro, aunque su presa sea tan efímera como ellos, como dijeran los abuelos mayas.
De entre las muchas travesuras que hace estos pequeños seres, está el hecho de les gusta rozar con su mano la cara de sus víctimas mientras duermen, o incluso solo con su paso provocan un viento, que viene acompañado de enfermedades como la fiebre y el vómito; esto ocurre cuando no pueden controlar su curiosidad y hacen notar a toda costa su presencia, por lo que deciden visitar aquellas casas en donde no se les ofrenda algo. Para ahorrarse un mal rato, muchas familias precavidas destinan un lugar especial en su casa para dejarles comida y bebida solamente para ellos, por si acaso se decidieran a visitarlos, ganándose así su simpatía y amistad. En muchas ocasiones les fascina divertirse molestado a los habitantes de la casa a la que ingresan, zarandeándoles las hamacas para frustrarles su sueño.
Después hacer un profundo análisis del comportamiento de los Aluxes, es entendible porque los habitantes del Mayab prefieren llevar una buena relación con ellos. Las familias que les hacen sus respectivas ofrendas, son muy recompensadas por estos pequeños seres, dándoles buenas y abundantes cosechas, pues estos se encargan de cuidarlas, alejando a los ladrones y al mal clima, pues cuando adoptan una familia son capaces de capturar a uno de los Chaacoob para asegurar la lluvia sobre las tierras y así la buena cosecha.
Cuentan que cuando descubren a alguien hurtando los frutos de los huertos que celosamente resguardan, a la persona en cuestión la agarran a golpes, quedándose sin ganar devolverlo a hacer. Otro "pasatiempo" de los Aluxes es el de molestar a los animales, como a los perros, que les lanzan pequeñas piedras y se esconden, hasta que logran hacerlo desesperar con ladridos y aullidos.
También existen los Aluxes femeninos conocidos como X'Bolon Thoroch, que quiere decir "la que amplifica el sonido de la rueca", hacen acto de presencia en los relatos mayas, cometiendo las mismas maldades que tanto les divierten; se dice que ellas entran a las casas durante la noche causando gran alboroto haciendo ruidos relacionados con las labores del hogar, se les puede escuchar barriendo, lavando trastes, preparando comida, etc.
Otras criaturas traviesas que también les divierte sobremanera hacer maldades, son los Bokol h'otoch, que traducido quiere decir "el que revuelve casas"; a ellos les encanta moverse bajo el piso de las viviendas haciendo ruido de un bastidor. Las leyendas del sureste también nos hablan de otros duendecillos que gustan de hacer travesuras, sólo por mencionar algunos:
- Yancopek: Les gusta alojarse en los cántaros, jarros y demás utensilios de barro, desde donde realiza sus maldades.
- Uay-Cot: Se esconden en las paredes, en donde adquieren la forma de un pájaro-hechicero, les divierte mucho aventar pequeños guijarros a todo aquel que pase cerca.