domingo, 26 de septiembre de 2010

El nacimiento de la Inquisición

Empezaremos trasladándonos al siglo IV, época en la cual la Iglesia primitiva tenía como pena capital la excomunión por el pecado de la herejía; y al ser el cristianismo una religión estatal y con reconocimiento ante los emperadores romanos, en poco tiempo los herejes comenzaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando alteran el orden público. Pero fue gracias al emperador Constantino que la Iglesia adquirió un poder sin precedentes, lo cuál llenó de privilegios a los cristianos y muchos obispos ocuparon cargos más altos, llegando incluso a confiarles tareas de índole civil. Con Teodosio en el poder, el cristianismo fue declarado como triunfador sobre el Imperio Romano, siendo la única y oficial religión que se profesara.

El cristianismo pasó a sustituir al paganismo; pero al principio hubo muchos problemas con las personas que todavía practicaban esta religión, por lo que fueron objeto de ataques sistemáticos: sus templos fueron demolidos, las estatuas de sus dioses destruidas, sus ceremonias rituales prohibidas, condenándose con la confiscación de sus bienes y pena de muerte a todos aquellos que osaran atacar la resoluciones imperiales contra el paganismo.

Había otros que eran los no – cristianos, mejor conocidos como “herejes, repugnantes, estúpidos y ciegos”. Desde aquella época ya se empezaba a manipular a la población a través del miedo, ya que era una herramienta crucial para “mantener un orden jerárquico por decreto divino”.; esto lo explicaba muy claramente San Juan Crisóstomo:

“Si privaras al mundo de los magistrados y el miedo que viene de ellos, casas, ciudades y naciones se desplomarían”.Así, la labor más importante del imperio consistió en reprimir a los arrianos; y apenas llegara Teodosio a Constantinopla inmediatamente comenzó a expulsar a los arrianos. Para el año 381 d. C., el prefecto ordenó la clausura de todas las capillas arrianas en la cuidad y la consecuente expulsión de los que servían a las mismas. Estas severas medidas también fueron aplicadas en los dominios de Teodosio, siguiendo ahora con los maniqueos y todo hereje que se topara en camino.Para el año 394 d. C., los cultos paganos ya habían sido abolidos en su totalidad, consagrándose el triunfo del cristianismo y estableciéndose definitivamente como religión oficial del Imperio Romano. Ya en el año 435 d. C, todo aquel individuo considerado hereje en el territorio del Imperio Romano podía ser ejecutado por la ley. La palabra “hereje” se deriva del griego hairesis, que significa “elección”, en el sentido de libre albedrío. El judaísmo todavía era tolerable, pero con el paso del tiempo se fue aislando; eso si: el matrimonio entre judíos y cristianos, pero las mujeres el casamiento mixto era castigado igual que el adulterio: la muerte.La ortodoxia religiosa era representada por el patriarca de Constantinopla; pero con su intransigencia acerca de algunos aspectos doctrinales y al mismo tiempo que establecía bien sus cimientos en el nuevo Imperio, con el tiempo fue causa de muchos conflictos con la Iglesia de Roma, que tomara caminos diversos de la mano del Papa, quien ya su poder se encontraba muy deteriorado con las invasiones bárbaras, pero con el paso del tiempo lo fue adquiriendo a gran escala y esto desencadenó graves problemas para el pueblo bizantino.

Como todos sabemos, el cristianismo lucho contra un sin número de doctrinas réprobas y herejes, como: arrianismo, nestorianismo, monofisismo, etc.; las cuáles veían la doctrina de manera más simple que la complicada y protocolar ortodoxia, y por ello esto se tornaba en un peligro amenazante, ya que era más fácil que fuera aceptado por las masas más humildes.

Para tal situación, el para León I lucho contra estas nuevas doctrinas de manera exitosa, por medio de la celebración de una serie de concilios, el maniqueísmo que ya se había expandido por toda Italia, el pelagianismo que cada vez tenía más seguidores en Aquilea, y el priscilianismo que seguía creciendo en España. Durante el pontificado de León I, se celebró en el año 451 d. C. el Concilio de Cristo, ante las aquellas confirmaciones de herejía que eran motivo de la separación del Padre y del Hijo, este último era considerado inferior al Padre.

Conforme el Imperio Romano iba decayendo cada vez más, la Iglesia iba adquiriendo cada vez más poder en Europa. Cuando sucedió la invasión de los hunos al Imperio Romano y el emperador Valentiniano III se hallaba refugiado en Ravena; el Papa León I salió al encuentro de Atila, y con gran éxito consiguió que este último no entrara a Roma, lo cual tuvo una enorme importancia simbólica, ya que esto representaba la fuerza política que tenía la Iglesia.

Pero desgraciadamente la Iglesia tuvo un poder devastador en la cultura de Europa entre los años 500 y 1000 de nuestra era; al ser una institución que todo consideraba malo y castigaba horriblemente a quien se atreviera a contradecirla, en muy poco tiempo destruyó la educación, las ciencias, el arte y la medicina, que eran básicamente de origen griego y romano; y a partir del siglo VI al VII la sangría solo era recomendada para dolencias y sobre todo evitar el deseo sexual. Solo en los conventos la educación era permitida y en otras partes fue totalmente erradicada con la destrucción de institutos de enseñanza y bibliotecas enteras; también la iglesia se ocupó del estudio de la gramática y el latín, con esto pasó a ser la poseedora absoluta del conocimiento.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Fray Tomás de Torquemada y el nacimiento de la Santa Inquisición


Curiosamente este Santo Varón fue de ascendencia judía y el que más empeño puso y usando a la Inquisición como su instrumento organizó una persecución en contra de los judíos conversos, sospechosos de judaizar, esto se refiere a mezclar la fe de Moisés con la de Cristo por medio de dobles ritos ó síntesis heréticas; la expulsión de los judíos culminó en 1492 tras un largo proceso persecutorio.
Es considerado como una de las figuras más sombrías del renacimiento español por el importante papel que desempeñó en la puesta en marcha de la Santa Inquisición, aunque no se sabe a ciencia cierta quien fue, pero lo más seguro es que haya sido este personaje.
Las referencias sobre su vida se extrajeron de la crónica de los frailes domínicos, que fray Juan de la Cruz escribiera en 1597. Los estudios han tratado de evitar la polémica a toda costa y plasmar la realidad histórica de quién fue este famoso inquisidor, así se puede contar con más detalle su ascenso de este ambicioso personaje.
Tomás de Torquemada Valdespino nació en 1420, del matrimonio del a regidor Don Pedro Fernández de Torquemada y Doña Mencía Ortega. Su tío Juan de Torquemada, quien ocupaba el cargo de confesor del rey, le proporcionó todos los contactos a Tomás para satisfacer todas sus ambiciones.
La carrera eclesiástica de Torquemada fue un factor decisivo; sus primeras andanzas iniciaron en el monasterio de San Pablo de Valladolid, para después continuar su formación religiosa en el monasterio domínico de Santa Cruz de Segovia, del cuál llegó a ser prior. Los cronistas de la época dejaron plasmado en escritos como fue su formación y explicaron los trazos más destacados de su carácter: ambición, austeridad y severidad. Estas cualidades con el tiempo le harían merecedor del cargo de confesor de la reina Isabel.
Para el año de 1483 se estableció el Consejo de la Suprema y General Inquisición y para su cargo se nombró a Torquemada, quien daba las instrucciones sobre el carácter itinerante, procedimientos penales y los cargos del Tribunal. El establecimiento del religioso como Inquisidor General en Castilla no representó la menor dificultad, pero en Aragón fue todo lo contrario. Los catalanes aceptaron la Inquisición a regañadientes, pero a cambio pidieron ellos mismos nombrar al religioso que dirigiera el tribunal en ese lugar; pero el rey Fernando no se los autorizó y los aragoneses fueron más lejos, pues la cuidad del Teruel se levantó en armas contra el Santo Oficio. Los turolenses procedieron a cerrar las puertas de la cuidad a los inquisidores que venían de Zaragoza; para esto el rey solicitó que los funcionarios aragoneses acudiesen armados a proteger la entrada de los santos varones. Sin embargo, no lo pudo conseguir y tuvo que recurrir a las tropas de Castilla para que tomaran la cuidad, pero la caída de Teruel desesperó y radicalizó a conversos, judíos y a muchos viejos cristianos que veían que la Inquisición acababa con sus fueros y libertades. Las conjuras comenzaron el Zaragoza y una de ellas tubo el desenlace del asesinato del inquisidor Pedro de Arbués.
La represión fue rápida y feroz; los judíos al principio colaboraron como delatores de los despreciados conversos, ya cuando era demasiado tarde se dieron cuenta de que iban a ser víctimas de un sistema que no solo eliminaba a los que no terminaban de ser judíos ni cristianos, sino que imponía por la fuerza la existencia de una solo fe.
Torquemada logró con estas masacres masivas acrecentar su poder, hasta el punto de actuar a veces contra algunos obispos; tal es el caso de Carranza, quien fuera arzobispo de Toledo y primado de España, fue acusado injustamente de luteranismo y condenado a pena capital por la Inquisición española; por tratarse de un prelado, la causa se inició con la autorización de Roma, pero fue revisada por el Papa quien no encontrara motivos para tal veredicto, y este al no tener una fuente solida que lo sustentara nunca llegó a aplicarse. Felipe II no se quedaría con los brazos cruzados, pues destituyó a Carranza para subrayar la autonomía del tribunal español respecto a la Santa Sede.
Un ejemplo muy claro de la utilización política de los santos tribunales por parte del rey, fue el caso de su secretario Antonio de Pérez, quien fuera acusado de asesinato; pero como consiguió huir de la justicia de Castilla, la Inquisición le imputó ciertos cargos para poder detenerlo, sin embargo, logró salir de España y dio a conocer su caso en las cortes de Francia e Inglaterra.
Estos casos de injusticia y calumnia hacia Carranza y Pérez, ponen de manifiesto algo muy característico de los tribunales de la Inquisición: su poder no hacía distinción alguna cuando se trataba de acusar y prelados, cortesanos, nobles y ministros no fueron la excepción; en ese sentido fue un tribunal democrático con una jurisdicción solo inferior a la del Papa.
En sus últimos años de vida, Torquemada perdió los favores reales y vio como su poder se iba neutralizando con el nombramiento de tres inquisidores más; finalmente se trasladó al monasterio de Santo Tomás de Ávila, donde ejerció durante dos años más, hasta que falleciera en 1498.
La aportación de Torquemada consistió en convertir lo que era un proyecto político para la religión en uno religioso para la política; los diez trascurridos desde el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio hasta la orden expulsión de judíos en 1492, escrita seguramente por el mismo Torquemada, muestran la evolución del problema de los conversos bajo la actividad inquisidora. Ambos hechos fueron pensados para preservar la pureza de la fe y asegurar la posición social de los viejos cristianos, pero el desenlace fue una enorme cantidad de ejecuciones mediante la hoguera con resultados de un número varias veces superior de encarcelamientos, confiscaciones, torturas y degradaciones públicas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Palacio de los Condes de San Bartolomé de Xala (Venustiano Carranza número 73)

Fue construido por el arquitecto Lorenzo Rodríguez y lo terminó en 1764, para que fuera la morada de los Condes de Xala; este lugar es una de las obras más barrocas que dejara el artista. Todavía quedan vestigios de las obras de este gran arquitecto, pues a través del paso del tiempo la casona ha sufrido cambios, especialmente para albergar comercios y oficinas.

El palacio consta de tres niveles, con comercios en la planta baja. La puerta principal tiene un marco diamantado y en el primer piso destacan los balcones con barandales de hierro forjado y las ventanas con una exuberante decoración; en su interior las escaleras tienen azules de talavera en el peralte.

La historia comienza cuando en esta casona contrae nupcias con la hija de los Condes de Xala en 30 de abril de 1780, la susodicha se llamaba doña Josefa Rodríguez Sáenz de Pedroso y de la Cotera, el marido era el segundo conde de Regla, don Pedro Ramón Romero de Terreros. También aquí se celebraría con mucha pompa las fiestas de bodas de don Servando Gómez de la Cortina, Caballero de Santiago, Coronel de las Milicias Provincianas de México y Primer Conde de la Cortina, con doña Paz Gómez Rodríguez de Pedroso, nieta del conde de San Bartolomé de Xala.

De este matrimonio nació una hija única llamada doña María Ana Gómez de la Cortina, quien al paso de los años se casaría con su primo don Vicente del mismo apellido, y fue madre de don José Justo Gómez de la Cortina, conde de la Cortina y de Castro, Caballero de la Orden de la Montesa, Gran Cruz Carlos III; este hombre tuvo muchos oficios a lo largo de su vida: Cámara de Fernando VII, Ministro de Hacienda de México, General de Brigada, Gobernador de Distrito, diplomático, erudito, gramático, filólogo y dueño de la famosa “Casa Colorada”, donde llegó a reunir una basta biblioteca y una valiosa colección de obras de arte. Fue una de las glorias intelectuales de México durante el siglo XIX; pero por desgracia murió en la más absoluta miseria en un sótano de la calle de Flamencos.