martes, 23 de febrero de 2010

Palacio de Heras y Soto


El palacio fue mandado construir por el capitán sevillano Adrián Ximénez de almendral hacia 1760, quien fuera veedor, maestro y patrón en el arte de la platería y de su segunda esposa María Antonia Azorín. Se dice que el arquitecto fue Lorenzo Rodríguez. En 1796 fue celebrada en la capilla de la casona la boda de la hija María Manuela Jiménez de Almendral y Azorín con el Secretario del Secreto del Santo Oficio de la Inquisición. Dado el acontecimiento, don Adrián mandó construir un pequeño palacio para que sirviera de habitación para su hija.
En 1833 la casona fue rematada por José Manuel y Miguel María Abad Ximénez Azorín, nietos del difunto platero. El palacio fue divido en dos, la primer parte que estaba ubicada en la calle de Manrique 4, que daba la vuelta a la calle de la Canoa, fue comprada por un rico minero de Guanajuato llamado José Miguel Septién en 34 mil pesos y la otra parte, localizada en Manrique 5, fue adquirida por el coronel Antonio Alonso Terán.
En 1852, la primera parte fue vendida por los hijos de Septién a Tomás López Pimentel, que estaba casado con Mariana de Heras Soto y Rivaherrera, por esta razón el nombre de la casa que era Pimenteles, cambió a Heras y Soto. En 1906 la primogénita, Concepción Pimentel de Mier y Celis heredó la casona y su hija, quien estaba casada Eustaquio Escandón y Barrón asentó en su testamento que la mitad de sus cuantiosos bienes fueran donados a obras de beneficencia.
Años más tarde el palacio fue rentado para los Ferrocarriles Nacionales de México y sirvió como bodega del Express. En 1940 la casona fue vendida a la Compañía Mexicana de Inversiones por la suma de 240 mil pesos, y esta a su vez la vendió en 1972 al Departamento de Distrito Federal, quien le hiciera trabajos de restauración y la convirtiera en las oficinas del Centro Histórico de la Cuidad de México.
La casa la podemos encontrar en la calle de Manrique número 5, hoy García Izcabalceta; después de haber tenido varios usos fue cerrada y estuvo abandonada hasta 1978. Después paso a ser propiedad de la Dirección de Bienes del Departamento Central, que realizó los trabajos de restauración. El 9 de febrero de 1931 este lugar fue declarado monumento, que tiene la siguiente placa que dice así: “Aquí nació en 1780 el Conde Don Manuel Heras y Soto, uno de los que firmaron el acta de la Independencia Nacional”.

domingo, 14 de febrero de 2010

Palacio del Ayuntamiento


Por aquella época la cuidad apenas estaba comenzando a tomar forma, Hernán Cortés vivía en Coyoacán y dentro de poco tiempo sería nombrado gobernador y capitán general: Los templos de los indígenas fueron destruidos y con sus piedras fueron construidas las casonas y palacios de la Nueva España; una de ellos eran las Casas del Ayuntamiento ó Casas del Cabildo, que fueron mandadas erigir por Felipe II, estas se encontraban cerca de parroquias y gente de elevada posición social. EL lugar fue terminado entre 1527 y 1532; este lugar era usado como protección para los indígenas, pues tenían prohibido asentarse en la zona. El Antiguo Edificio del Ayuntamiento estaba ubicado en la Plaza Mayor, y las funciones que desempeñaba eran las administrativas e impartición de justicia.
El edificio contaba con una Sala de Acuerdos, una pieza para el escribano, otra de contabilidad, Sala para Audiencia Ordinaria, capilla, sacristía y cárcel; con el paso del tiempo el lugar fue haciéndose más grande, teniendo más dependencias como: una alhóndiga, una fundición, casa de moneda, la carnicería mayor y las casas que funcionaban de residencia. Años más tarde el edificio sufrió serios daños, debido a sismos, incendios, inundaciones, guerras, remodelaciones, ampliaciones y el salitre.
En el siglo XVIII, por ahí del año de 1714, el Palacio del Ayuntamiento fue remodelado con el estilo de la época, que constaba de austeridad, muros anchos y ventanas pequeñas, un estilo barroco peninsular con arcos y adornos, que después pasaría al neoclásico.
En 1907, Porfirio Díaz encargó al arquitecto Manuel Gorozpe la reconstrucción total del Palacio Municipal para conmemorar el Centenario de la Independencia, aunque fue terminado hasta 1928; al año siguiente es convertido en el ex palacio municipal y es usado como sede del Departamento del Distrito Federal, y en 1934 se le agrega otro piso.
En la actualidad quedan pocos vestigios de la construcción original, pero no quiere decir que no dejemos de admirar imponente belleza y arquitectura de estilo neoclásico con su águila imperial en la fachada, sus arquerías, escudos, balcones, torres y muchas cosas más.
En su interior cuenta con el hermoso Salón de lo Cabildos, su biblioteca en la que se pueden consultar temas relacionados con la Cuidad y columnas con diversos estilos como el jónico, corintio y dórico.
En 1997 pasó a ser la sede del gobierno capitalino; este edificio ocupa la mitad occidental de la acera sur de la plancha del Zócalo, entre la calle de Cinco de Febrero y la avenida 20 de Noviembre.

domingo, 7 de febrero de 2010

Nacional Monte de Piedad(Plaza del Empedradillo y 5 de mayo)


En aquellos años era conde Regla don Pedro Romero de Terreros, quien decidiera fundar un Monte de Piedad, imitando el modelo establecido en Perusa en 1450 y en Madrid, fundado por el padre Piquer en 1702.
En 1767, se le hizo una oferta de 300 mil pesos al Supremo Consejo de Indias ubicado en Madrid, para poder construir esta casa de beneficencia, pero la fundación fue aprobada por Carlos III en 1774. Cuando finalmente llegó a México la cédula real, enviada al virrey Bucareli, se eligió el Colegio de san Pedro y san Pablo para que fuera la sede; el primer despacho fue abierto el 25 de febrero de 1775, el cuál estuvo en funcionamiento por 46 años y hasta llegó a contar con viviendas para los empleados y una pequeña capilla.
En 1821, las oficinas fueron trasladadas a la esquina de las calles del Puente de San Francisco y San Juan de Letrán, donde se pagaba renta a las religiosas de Santa Brígida, hasta diciembre de 1836, cuando fueron compradas por 107 mil pesos las casas con los números 7 y 8 en la calle de Empedradillo, que pertenecieran al duque de Monteleone (heredero de Hernán Cortés).
En los estatutos formados por Romero de Terreros, “… no se exigía lucro ó remuneración alguna por los préstamos… “, así se dejaba en libertad a los voluntarios de ofrecer una limosna, pero debido a la muerte de fundador y la escasa generosidad de la población, en 1789 fue decretado el 6% anual, con plazo de seis meses. Se aceptaban donativos de cualquier persona ó corporación, pero el Monte no podía tener bienes muebles ó raíces; ya para 1877 los fondos eran de un millón de pesos. Pero antes de que esta institución fuera establecida ahí, si regresamos en el tiempo encontraremos mucha historia prehispánica: años antes de que llegaran los españoles, ahí se encontraba ubicado el palacio de Axayácatl (“Mosco Acuático”), que fue tlatoani de los aztecas de 1469 a 1481; si hijo Moctezuma Xocoyotzin (“el joven”) estableció ahí su residencia al morir su padre. Después cambiaría si morada a los terrenos en donde hoy podemos encontrar el Palacio Nacional y la Suprema Corte de Justicia; y a la primera residencia se le conocería como “Las Casa Viejas de Moctezuma”.
Fray Juan de Torquemada la describe así: “… tenía salas y aposentos grandes para sus consejos y señores, y toda la demás gente que llegaba ser digna de su hospedaje y recibimiento, donde como su misma persona real eran servidos y acariciados”.
Moctezuma le dio hospedaje Hernán Cortés y a sus tropas, pues la casa era tan grande, que hasta hubo espacio para dos mil amigos indios tlaxcaltecas, que venían en su favor y ayuda y toda la gente de servicio que traían. En el mismo lugar, aproximadamente una cuadra más adelante había hermosos cuartos para bestias, fieras y animales bravos, que se encontraban encerrados en jaulas; y las aves estaban encerradas en múltiples aposentos a lo largo de los corredores, que conducían a una enorme huerta con diez ó doce estanques, unos para aves de agua salada y otros de agua dulce muy limpia y cristalina para que las plumas de los animales estuviesen siempre impecables.
Muchas cosas maravillosas se cuentan de este enorme palacio, como que había más de 300 personas de servicio y en el zoológico existían unos aposentos, donde se podían encontrar también niños todos blancos, pues se pensaba que eran algo monstruoso, pues toda la población era de color moreno y casi amulatados. En otras habitaciones había jorobados y corcovados, enanos y contrahechos, y otros que se les consideraba prodigiosos ó raros en la naturaleza. Por último se encontraban los cuartos para escribanos y oficiales.
En esa misma casa Hernán Cortés hizo prisionero a Moctezuma y ahí encontraría la muerte; unas versiones dicen que murió por una pedrada cuando Cortés le dijo que apaciguara a la gente que se había rebelado. Algunos dicen que la muerte fue instantánea, otros que fue varios días después y de la tristeza por el rechazo de su pueblo; otros creen que fue apuñalado por los españoles antes de darse a la fuga en la famosa “Noche Triste”.

El Monte de Piedad en la actualidad
La llaman cariñosamente “Tía Piedad”, porque ayuda a los momentos en que una persona necesita más el dinero, como en el caso de un enfermo con los estudios y claro, también en la cuesta de enero. Algunos detalles que hay que saber son:
- El Monte de Piedad cuenta con 100 sucursales a lo largo de toda la República
- El 85% de los objetos empeñados son joyas y alhajas, después le siguen discos y cosas de un valor muy pobre
- Presta desde $30
- El 1% de los objetos empeñados son piezas de arte y antigüedades
- Otorga un préstamo equivalente al 50% del valor original de la pieza y cobre 2% de interés mensual.
- Este 2% se destina al mantenimiento de las sucursales, pago de sueldos, seguros por las prendas y ofrece ayuda a los necesitados, como enfermos de cáncer, sida, e indígenas, discapacitados y niños en situación de calle.