domingo, 25 de diciembre de 2011

Una historia de Navidad


En San Luis Potosí, así como en  otras regiones, los niños escriben emocionados su cartita al viejito regordete y bondadoso de las barbas blancas, que algunos le dicen Santiclos, Santa Claus, Santita, o simplemente Santa. La tradición de pedir juguetes es más bien para los Reyes Magos,  pero el 24 de diciembre es una fiesta que en la mayoría de las ocasiones solo es de juguetes.
Ya que sabemos en qué momento nos encontramos, llegó de la hora de conocer esta escalofriante historia que ocurre en estos fríos tan crudos, o como la gente de esta ciudad le dice “frío matacabras”.
Nos encontramos con una mujer llamada Marina, casada con un rico terrateniente, quien desde el mes octubre preparaba una gran cantidad de obsequios para repartirlos entre los que menos tenían, en especial los niños; ella no deseaba otra cosa más que ver a los infantes con una sonrisa en el rostro al recibir un juguete, o también en algunas ocasiones podían ser suéteres y cobijas.
Marina tenía muchas amistades, las cuáles al ver la labor tan noble que hacía, se ofrecieron a participar en la misma, con lo que la cantidad de regalos iba en aumento para aquella celebración tan especial. Los regalos eran llevados a la Iglesia de la Compañía, en donde los benefactores eran muy buenos amigos de los sacerdotes, quienes se encargaban de repartir los regalos.
Muy temprano por la mañana del 25 de diciembre, después de la misa de ocho, se podía como una larga fila de niños se formaba en la puerta de la iglesia, emocionados por ver que regalos les tocaban; todos se formaban muy parejitos, en perfecto orden.
Ese día todos estaban felices y jubilosos, pero el seguramente el más animado era el joven párroco, quién no cesaba de dar gracias a Marina y a Dios por brindar algo de felicidad.
Del barrio de San Miguelito venía doña Carmen, quien fuera una de las primeras en llegar con sus dos hijos, tres sobrinos y un grupo de 15 a 20 niños conocedores del evento, y que se sentían muy acompañados con aquella mujer. Un niño de nombre Pepito, proveniente del barrio de Montecillo, se encontraba ansioso esperando su turno, iba solito pues tuvo que salir a escondidas de su casa, ya que su padrastro lo regañaba y de no haberlo visto en la mañana habría estallado en santa ira, debido a que lo obligaba a trabajar de mandadero en el mercado. También se encontraba Lupita de 11 años, quién por desgracia había nacido con retraso mental, lo único que hacía era imitar lo que las demás niñas hacían para esperar su regalo.
Los niños se encontraban expectantes, cuando en ese momento sale el párroco al tiempo que se escucha al unísono un grito de júbilo; acto seguido los ayudantes de la parroquia comenzaron a apilar los regalos en la puerta de la iglesia, ante las miradas ansiosas de los pequeñines.
Como en esos días hace un frío que cala hasta los huesos, el párroco sin perder tiempo comenzó a repartir los juguetes con la ayuda de los jóvenes seminaristas. La felicidad de la Navidad se hacía presente en este hermoso acto de bondad, regalando alegría e ilusión entre los muchachitos. El pequeño Pepito  dejó sorprendido al cura cuando rechazó una pelota grande y preferir un carrito, recordemos que venía a escondidas de su padrastro.
Se podían encontrar regalos  de toda clase, desde los juguetes más modestos, hasta los más caros, pero el religioso no hacía distinción alguna, solo se dedicaba a tomarlos y ponerlos en la manita de cada niño. Se podía apreciar la montaña de juguetes y era tal la cantidad, que se realizó una segunda entrega. Imagínense ¡Muchos niños nunca habían soñado con tener un solo juguete! ¡Y ahora iban a tener dos!
Poco a poco se fue vaciando el lugar, mientras el párroco, los seminaristas y doña Marina daban gracias a Dios por permitirles vivir  un año más para darles un poquito de felicidad a los infantitos. La caritativa mujer se despidió de todos los ahí presentes, y se dirigió a uno de los portales que había a un costado de la plaza, dedicándose a caminar un rato mientras el sol comenzaba a calentar el día.
Pero no paseaba por pasear, esta mujer tenía un motivo para hacerlo. No pasó mucho tiempo cuando a lo lejos vio a una niña de unos cinco o seis años de edad, que avanzaba con el rostro lleno de gusto por verla de nuevo. Esta chiquilla se trataba de nada menos que de María Rodríguez, quien nunca llegaba a la repartición de juguetes cuando estaban todos, pero siempre llegaba una hora más tarde. Mariquita, como le decía de manera cariñosa doña Marina, se acercó a ella y de la bolsa del abrigo sacó una hermosa muñeca que incluía zapatitos, lentes, bolso, entre otros accesorios más.
La niña escozó una sonrisa  y con un gesto que decía más que mil palabras,  agradeció su regalo  con una pequeña y graciosa caravana antes de dar media vuelta para regresar de donde había llegado. Marina se persignó y oró en silencio, mientras observaba como Mariquita se iba perdiendo en el paisaje.
Contenta la dama, encaminó los pasos hacia su casa.
Pero ¿Qué creen? ¡María había fallecido tres años atrás en un accidente terrible, mientras se encontraba en su casa! …pero nunca faltaba al reparto de juguetes en la Navidad.

domingo, 18 de diciembre de 2011

¡Felices fiestas!


Misas de Aguinaldo


Otras de las festividades típicas de las fechas Navideñas, eran las Misas de Aguinaldo y la Misa de Gallo, que en lagunas partes todavía se siguen celebrando, la primera por la mañana después del novenario, y la segunda a las doce de la noche del 24 de diciembre.
Las Misas de Aguinaldo han cambiado mucho a lo largo de los siglos; antiguamente la ceremonia y le templo eran víctimas de graves ultrajes, que hoy en día una sociedad civilizada como la nuestra no debe aceptar. Dichos ultrajes consistían en la música de las murgas y en los versos que se entonaban en estas, llegando en muchas ocasiones a rebasar los límites del buen comportamiento.
En la actualidad el desorden que propiciaba dicho festejo, se ha ido tomando en su justa dimensión, pues hoy vamos a la iglesia a escuchar dicha misa y una vez que llega a su fin, procedemos a regresar a nuestras casas para la tradicional cena navideña, momento ideal para que toda la familia conviva y lime asperezas. Este tema me hace recordar uno de los platillos más representativos para esta ocasión, que es el ya tan famoso Pavo Navideño. ¿Quieres saber cómo se prepara? Entonces, sigue leyendo.

RELLENO
250 gr de castañas cubiertas
300 gr de ciruelas pasas
3 o 4 manzanas de California
150 gr de mantequilla
1 pieza de pan
150 gr de azúcar
1 cucharadita de sal
2 gr de clavo en polvo
2 gr de canela en polvo
¼ de litro de jerez

PARA COCERLO
100 gr de manteca
3 cebollas con rabo
1 limón
1 litro de agua
Sal y pimienta

MODO DE PREPARACIÓN
Se deshuesan las ciruelas, se ponen a cocer en cuatro litros de agua, se agregan las manzanas mondadas en cuadritos, el vino, el azúcar, sal y todas las especias; por último el pan se parte en cuadritos y dorado en mantequilla; se deja sazonar a que quede casi seco. El pavo se limpia, se le agrega sal y pimienta, el jugo de una limón por dentro y por fuera, se rellena el estómago y el buche, se cose, se le pone la manteca, los rabos de las cebollas y cebolla rebanada; se coloca en la charola que podemos comprar en cualquier tienda de autoservicio, poniéndolo al calor solo abajo hasta estar perfectamente cocido; después se pone el calor arriba para que dore; debe estar en el horno por 2 ó 3 horas. Se sirve entero para trincharlo en la mesa, o ya partido, poniendo en el centro el relleno y las raciones alrededor.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los milagros de la Virgen de Guadalupe


La cantidad de milagros que ha hecho la morenita del Tepeyac a sus fieles devotos durante tantos siglos, son innumerables. En esta ocasión mencionaremos algunos de estos, que sin duda alguna fueron de los que más dejaron huella en nuestra historia. ¿Quiere saber de qué se trata?, entonces sigue leyendo.

El segundo milagro
En una ocasión había una fiesta llena de alegría durante la procesión por la calzada del Tepeyácac para acompañar a la Virgen, pero también hubo aun herido de muerte: en la ocasión en que se trasladaba la sagrada imagen al primer templo que se erigió su honor, en medio del sol en hicimos ceremonial, procesión nutrida seguida de gran número de indios que daban muestras de inusitado regocijo con alegres danzas y mitotes, simulaciones de combates y otras cosas por el estilo, en esos actos a uno de ellos se le disparó una flecha por accidente, que fuera clavarse en el cuello de otro indio, produciéndole la muerte instantánea; llevado fue hasta los pies de la imagen, acto seguido se le extrajo la flecha y milagrosamente volvían la vida, los ahí presentes quedaron estupefactos y después llenos de beneplácito del regio y nutrido concurso.
A este hecho se le puede considerar el segundo milagro Guadalupano, recordemos que la Virgen se aparece a los pies de un moribundo Juan Bernardino, tío de Juan Diego, para hablarle y salvar así su vida.

Las mandas y los milagros
La manda es una promesa que tenemos que cumplir como un pago por un favor celestial concedido; miles de personas llegan de rodillas durante el año, por la calzada de los Misterios hasta los pies de la imagen; exhaustos, heridos, la miran, levanta los brazos con su adolorido cuerpo, derraman lágrimas en compañía de su familia más cercana, de los amigos, y los más valientes van  solos. Antes de ponerse en pie hablan con la Morenita, le piden, les suplican o le da las gracias a gritos. Esta es la imagen que podemos ver de manera cotidiana en la basílica de Guadalupe.


La lámpara de aceite
Otro milagro, fue cuando un hombre que rezaba frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe le cayó sobre la cabeza una lámpara de aceite caliente que pendía del techo; no la pasó absolutamente nada a pesar del tremendo golpe, y lo curioso es que también la lámpara y el fuego salieron ilesos. ¡Asombroso! ¿No crees?

¡Este dolor me está matando!
Se cuenta también, que un hombre vivía atormentado por un terrible dolor de cabeza llovidos, pidió encarecidamente que lo llevaron al templo del Tepeyac, en donde se puso rogarle con toda la fuerza de su corazón para que lo aliviara. Al regreso del santuario ya no sentía dolor.

La Virgen quería luz
El licenciado Acuña se preparaba para iniciar su misa, en ese momento dos relámpagos salieron de la sagrada imagen, y acto seguido se encendieron las aceras del altar mayor de la ermita.

La terrible epidemia de Matlazáhuatl
Corría el año de 1737, cuando tuvo lugar la decimoséptima (peste) en la serie de epidemias que azotaron a la población de la Nueva España desde la Conquista española, siendo ésta una de las peores de que se tenga registro. La capital agonizaba, las crónicas nos relatan que una pira funeraria ardió por más de tres meses con los cadáveres de aquellos que murieron aniquilados por la fiebre, dejando la ciudad impregnada de un hedor insoportable. Los muertos finalmente llegaron a la cantidad de 40.000 en total.
Como lo largo de la historia siempre ha sucedido, los indios y los pobres llevaron la peor parte, y las autoridades eclesiásticas argumentaban que estaban pagando por sus antiguos pecados y su idolatría; pero la epidemia no sólo fue la capital de Nueva España, pues también se extendió a los estados de Puebla y Oaxaca, cobrando también miles de vidas.
Viéndose presas de la desesperación, decidieron recurrir a la ayuda del Cielo, inicialmente se pensó traer a la Virgen de Guadalupe a la Catedral, pero esto nunca se llevó a cabo. Fue cuando el ayuntamiento, entonces solicitó la intervención divina de la Niñita Celeste, solicitando al arzobispo que se reconociera a Nuestra Señora de Guadalupe como la patrona principal de la capital. Después de miles de peticiones, la peste finalmente cedió, y la Morenita del Tepeyac fue declarado oficialmente por las autoridades como la gran patrona.

Sólo cinco años
Juan B. Galindo se encaminaba a la villa de Guadalupe, como cada 12 septiembre con su padre y su hermano, desde el Río Grande, Texas. Siempre con una manda por delante siguieron por 30 años esta tradición, hasta que murió su padre a los 55 años, después su hermano también a los 55 años. Juan siguió cumpliendo con sus mandas cada 12 septiembre en nombre de los tres, pero cuando su cumpleaños número 55 se acercaban, temió por su vida; entonces le pidió a la Morenita le concediera cinco años más de vida para terminar de educar a sus hijos.
El 12 septiembre 1996, al subir el último escalón de la Basílica, desde donde ya podía ver la imagen de la Virgen, Juan sintió un golpe en el pecho, su sobrino lo ayuda  a recostarse y antes de morir alcanzó a meter la mano en el bolsillo de su pantalón para coger la medalla de oro de Guadalupe que pertenecía su padre. En la fecha antes mencionada, se cumplían los cinco años de la promesa, ni un día más, ni un día menos.
Éstos sólo son algunos de los milagros más importantes que se han registrado en torno a la Virgen de Guadalupe, pues si intentáramos contabilizarlos y mencionarlos todos, simplemente nunca terminaríamos, podríamos pasarnos una vida entera hablando de ellos, y aún así siempre tendríamos mucho que contar.