domingo, 16 de mayo de 2010

El Palacio de Chavarría (Justo Sierra 55)


Construida en tezontle y marcos de cantera, de dos pisos, estilo sobrio y elegante. La fachada posee un nicho que alberga en vez de albergar un santo hay una mano que sostiene una custodia. En esta casona vivió alguna el capitán don Juan de Chavarría y Valero, nacido en la Nueva España y bautizado en el Sagrario Metropolitano en 1618.

Pasó en tiempo y contrajo nupcias con doña María Luisa Lorenza de Vivero Ircio de Mendoza, con la cuál tuvieron tres hijos: Juan, Luis y José de Chavarría y Vivero. La pareja de esposos fue patrona de las monjas agustinas del convento de San Lorenzo, a quienes ayudaron a construir el convento y el templo; fue tanta la dedicación y el amor que Juan le profesara a esta obra, que hizo su propio sepulcro en el interior del templo.

No paso mucho tiempo cuando ocurriría aquel acontecimiento que dio origen al escudo que se puede apreciar en su casa: la noche del 11 de diciembre de 1676 un ladrón llamado Eufrasio Pedontero, violentó algunas puertas del templo de San Agustín para hurtar las potencias de oro del Santo Cristo de la Caña.

Después de haber cometido tal crimen, aquel hombre se sintió lleno de culpa y congoja y no sabía que hacer; fuera de sus cabales, se resbaló entre los barrotes arrastrando consigo velas y ceras, provocando un descomunal incendio que alertó a toda la población. Las crónicas de la época dicen los siguiente: “…Noche desgraciada para la Nueva España, ésta del 11 de diciembre. Se celebra el aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe en la Parroquia de San Agustín, cuando un caballero, vistiendo su traje de capitán, fuerte y robusto, como de 58 años de edad, se abrió paso entre la multitud y penetró en la iglesia, cuyo interior era un horno. Y exponiendo su vida, avanzó más, hasta el altar mayor, y con fuerte mano tomó la custodia del Divinísimo. Y rápido y decidido como entró, abandonó el templo, casi ahogado y con las ropas ardiendo. Ese hombre, don Juan de Chavarría y Valero, piadoso y rico, fue el valeroso militar quien destacó la divina forma…”.

Debido a esta hazaña, el rey le permitió utilizar la mano con la custodia como escudo de su casa. En el interior de la casona actualmente no queda nada del señorío que tuvo en su tiempo, pero todavía lo podemos apreciar en su exterior.

El lugar fue remodelado para servir de alojo de oficinas de todo tipo, es propiedad particular y no se permite la entrada al público.

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