domingo, 24 de mayo de 2009

Convento de San Diego de religiosos descalzos de San Francisco



El Convento de San Diego fue construido enfrente de la Alameda y fue patrocinado por Don Mateo Mauleón a principios del siglo XVII. En aquella época se estilaba que se heredaran los patronazgos, es decir, pasaban la responsabilidad a parientes cercanos; y dada la particularidad de haber sido propiedad particular de los patrones, después fue heredado al convento.
En San Diego se acostumbraba realizar una ceremonia anual, en donde los patrones recibían las llaves del convento y de manera simbólica se las entregaban a los frailes.
El patronazgo pasó por varios propietarios; entre ellos, los condes del Valle de Orizaba y el último conde –aquel que acompañó a la emperatriz Carlota a Roma – éste se lo escrituró a su primo Andrés Davis. Este caballero decidió entonces fraccionar la propiedad, temeroso de ser castigado por el gobierno; entonces, en 1867 puso a la venta varios lotes, entre ellos: la huerta, el noviciado y el convento.
La iglesia, que era muy sobria, fue reedificada en 1778 y fue construida la capilla de los Dolores y templo después pudo lucir dos hermosas cúpulas.
A mediados del siglo XIX el exterior fue remodelado y se impuso el clasicismo así el templo llegó renovado a los años de la Reforma. Al realizarse la remodelación, los retablos desaparecieron, pero en su lugar el convento era rico en pinturas y libros.
Se dice que en alguna parte del edificio fueron sepultados los condes de Orizaba, y que sus tumbas estaban de azulejos y se encontraban adornados con los escudos de la familia. Al desaparecer ésta parte del convento, los azulejos de las tumbas fueron colocados en las escaleras de la casa de los condes del Valle de Orizaba (actualmente Sanborns).
San Diego todavía se conserva en parte. Una fracción del convento y la iglesia y la capilla de los Dolores sirven de Pinacoteca Virreynal; lo demás fue convertido en estacionamiento, subestación eléctrica y edificio de despachos, y el noviciado en restaurante. La huerta desapareció.
Afortunadamente, ya se cuenta con un proyecto para reintegrar el conjunto, gracias a la Dirección de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes.

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