En 1527 fue iniciada la construcción de Santo Domingo. Años después, en 1550 la iglesia y la casa fueron reedificadas; en la obra intervinieron los canteros Francisco Martín, Juan Sánchez Talaya y Ginés Talaya. De la iglesia se hicieron cargo Claudio de Arciniega, Francisco Becerra y Juan de Alcántara (1557); éste último estaba asociado con la orden domínica y es muy probable que haya intervenido en la construcción Yanhuitlán, Oaxaca. En esos años se hizo un nuevo claustro, pues, se según los arquitectos, el que estaba se encontraba muy arruinada. La iglesia fue consagrada en 1590, muy suntuosa.
Se halla descrita por el cronista Hernando de Ojea y sabemos que la sacristía se adornó con obras de Pereyns, Requena y Zumaya, hacia 1579. Para 1720 se encontraba hundida y anegada, de tal manera, que se decidió sustituirla por otra iglesia, que le fue encomendada a Pedro de Arrieta.
El antiguo convento fue creciendo con el tiempo y sus dependencias aumentaron, en el siglo XVII fue remodelado y las capillas se fueron estrenando una por una. La del Rosario, y la de Puebla fueron, así como la de Santo Domingo, fueron obra de Medina Vargas Machuca, tubo retablos de M
anuel de Velazco y fue adornada con cuanta palta poseía la archicofradía que la sostenía; en el siglo XVIII le fueron colocados retablos churriguerescos soberbios, obra de San Isidoro Vicente de Balbás (1745). La Capilla del Tercer Orden fue adornada con retablos de Esquivel y Tomás Juárez; y en el siglo XVIII la remodeló Lorenzo Rodríguez (1758), adornado con retablos de Anaya. La iglesia fue riquísima, todavía se conserva mucho; sin embargo actualmente se encuentra muy abandonado, ésta situación es algo triste ya que en México se está dejando que nuestro patrimonio sea deteriorado por el tiempo. Arruinado y convertido aún en patios de vecindad y vivienda popular, la última oportunidad de salvar lo que queda, probablemente se vaya para siempre, pues los problemas del Centro Histórico, superan los actuales propósitos de rescate. Sin embargo, no todo está perdido, todavía es posible conservar adecuadamente lo que aún subsiste, claro, si se hace el esfuerzo necesario.
La historia de la destrucción de Santo Domingo comenzó en abril de 1861; cuando fue demolida la barda del atrio, la galería de arcos de la portería, la capilla del Tercer Orden y la Capilla del Rosario; y todo esto para abrir un calle de los más tonta: Leandro Valle, que servía para tres cosas (para nada, para nada y para nada), pues no va ni viene a ningún lado.
Se halla descrita por el cronista Hernando de Ojea y sabemos que la sacristía se adornó con obras de Pereyns, Requena y Zumaya, hacia 1579. Para 1720 se encontraba hundida y anegada, de tal manera, que se decidió sustituirla por otra iglesia, que le fue encomendada a Pedro de Arrieta.
El antiguo convento fue creciendo con el tiempo y sus dependencias aumentaron, en el siglo XVII fue remodelado y las capillas se fueron estrenando una por una. La del Rosario, y la de Puebla fueron, así como la de Santo Domingo, fueron obra de Medina Vargas Machuca, tubo retablos de M
La historia de la destrucción de Santo Domingo comenzó en abril de 1861; cuando fue demolida la barda del atrio, la galería de arcos de la portería, la capilla del Tercer Orden y la Capilla del Rosario; y todo esto para abrir un calle de los más tonta: Leandro Valle, que servía para tres cosas (para nada, para nada y para nada), pues no va ni viene a ningún lado.
1 comentario:
Hola, realmente es muy interesante y muy gratificante que existan personas interesadas en sacar a la luz las historias que esconde nuestra ciudad.
Muchas gracias!
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