Hay personas con especial disposición y que han visto a la muerte, que pueden
sentir, observar y hablar, con almas que
vagan penando entre los vivos, pero en verdad es escalofriante lo sucedido en
una temporada del siglo XVIII. Muchísimos vieron aquella escalofriante escena.
Esta increíble aparición la vieron tantos y tantos,
que el pavor cundió en la virreinal capital de la Nueva España, y motivó la
intervención de la autoridades coloniales y del Santo Oficio; este escalofriante
relato fue escrito por fray Joaquín Bolaños, que participara en las
investigaciones. Esta historia comienza en la casona de don Serapión
Garcés Pimentel de la Mata y doña
Escotofina Zaragoza, en la que ahora
conocemos como calle de Tacuba, precisamente frente al callejón de
Motolinía, hoy esta casa a grado tal
reformada y cubierta de anuncios comerciales, que pasa desapercibida, pero en
la época de la colonia fue notoria por dos cosas: la riqueza de su arquitectura
y lujo de sus interiores, y por haber nacido ahí el personaje central de
nuestra leyenda.
Por aquellos días en todos los actos cotidianos la
magia intervenía, hechizos y creencias
paganas se mezclaban, en el caso de nuestros personajes se trataba de un ritual
para que el hijo de don Serapión naciera sano alejando a todos los malos
espíritus, pero lo que vio la sirvienta mientras ejecutaba sus hechizos la dejo
paralizada de miedo: ¡era la mismísima muerte!, que se encontraba en la
cabecera de la cama de doña Escotofina; la mujer alarmada le señaló a su patrón
hacia donde estaba la aparición, pero el caballero no veía nada porque su
espíritu no era lo suficientemente fuerte para soportar aquella horrible
aparición. Al poco tiempo fueron distraídos por la madre que estaba a punto de
parir, la sirvienta corrió a atender a la mujer mientras el caballero esperaba
afuera del aposento hecho un manojo de nervios, y tenía razón porque su hijo
nació perfectamente sano, pero su esposa falleció en la labor. La sirvienta vio
claramente como la muerte se llevaba el alma de la mujer, y el caballero le
preguntó cómo se veía, a lo que ella le contestó que era como la flamita de una
lámpara de aceite, pero de color blanco, fría, como si no se pudiera quemar.
Las mismas palabras de la comadrona fueron
repetidas contantemente durante meses por don Serapión enloquecido por la
muerte de su esposa, el padre del caballero mandó llamar a los médicos para que
dieran su veredicto y finalmente se decidió mandar tapiar su habitación para no
ser víctima de la vergüenza pública. Más la voluntad del anciano padre no se
cumplió, pues al día siguiente hallaron muerto por su propia mano a don
Serapión, quien días más tarde fue sepultado; el pobre señor abandonó aquella
casa pensando que así la muerte se
quedaría entre sus muros, pero ni fue así, iba sentada cómodamente en el
pescante del carruaje.
Semanas después el niño era bautizado sin
pompa que habían pensado padres y
abuelos, quienes deseaban que su nieto ejerciera el oficio de médico y por eso
llevaría el nombre de Rafael. Y así, Rafael Quirino Pimentel de la Mata, que en
un futuro iba a curar, desde niño se le inculcó la disciplina dela medicina,
pero todos los incidentes en la vida del pequeño resultaban contrarios a las
normas médicas de ayudar a la conservación de la vida, y además aquel niño
tenía la cualidad de atraer al a muerte; uno de estos ejemplos lo tenemos
cuando Rafael y su amigo huían por unos viejos muros después de haber matado un
gato con una pedrada, Rafael salió ileso al subir, pero su amigo resbala y cae
sin vida, unas personas pasan en ese momento y ven el cuerpo inerte, pero nadie
en esos momentos vio a la muerte cubriendo al niño, quizás porque sus espíritus
no estaban predispuestos.
Semanas después Rafaelito jugaba en el jardín al
cuidado de una nana negra, quien lo vio
jugando con un cuchillo y acto seguido le exigió se lo diera para ponerlo en un
lugar seguro, pero la nana tuvo el mal tino de tropezar y enterrarse le
cuchillo en el pecho, accidente que le provocara la muerte. Cuando Rafael tenía
12 años su abuelo cae gravemente enfermo y momentos antes sus muerte en la
habitación se sintió una corriente helada, ahí estaba la parca en la cabecera
de la cama, sin que Rafael la pudiera ver porque su espíritu todavía no estaba
lo suficientemente firme para presenciar aquella horrible figura.
Al cumplir los 18 años el ahora joven, fue admitido
en el Real Proto Medicato, sin embargo el gusto no le duraría mucho tiempo al
obligar a uno de sus compañeros a beber uno de sus brebajes, más bien lo había
tomado, el muchacho cae al suelo presa de violentos estertores que lo llevaron
a la muerte. Rafael nunca fue estudiante, ni parecía tener disposición para el
ejercicio de la medicina, pero el joven estaba decido a ejercer esta profesión; y en vano buscó
ayuda, fue inútil que derramara ríos de oro, y así fue como decidió buscar otra
clase aliados: ¡la muerte!
La dama blanca, la inexorable parca se presentó
ante aquel que la llamaba, y cual no fue la sorpresa del joven al saber de la
misma aparición, que su apellido de Mata era el símbolo de su misión en el
mundo, y podría ser médico pero todos sus pacientes morirían, la única manera
de que pudiera ser médico era llevar a la muerte a su lado en todo momento, a
donde quiera que fuera. El joven aceptó las condiciones que le dio la dama
blanca y de ahora en adelante sería su fiel aliado.
Y así fue con la ayuda de la muerte, Rafael Quirino
Pimentel de la Mata, llegó a ser médico, y la primera noche que salió a atender
a un paciente, el joven vio a su lado a nada menos a que ¡a la muerte!; y
cuando entró a la habitación del enfermo, este se dio cuenta de la compañía que
traía aquel doctor, los demás no se percataron de tal cosa. Y a partir de
entonces, algunos espíritus aptos para ver esas cosas, vieron al doctor
llevando en ancas a la muerte, quien siguiera atendiendo a enfermos y ninguno
sanaba, todos y cada uno de esos pobres infelices que se ponían en sus manos
morían. Pronto corrió la voz de este entre los habitantes de la virreinal capital, y el doctor Mata fue objeto de una
ardua investigación, y al no haberse comprobado nada, Rafael salió libre y continuó con su oficio, pero su
mala fama fue creciendo.
Tiempo después el que caería gravemente enfermo
sería el obispo Salazar, religioso piadoso y bueno quien también estaba
destinado a morir apenas llegara el nuevo día, mientras había que aguardar toda
la noche, ¿Qué mejor manera de matar el tiempo que jugando a las cartas?
El obispo no veía a la muerte porque aún no se le
llegaba su hora, así el médico y la parca se enfrascaban en el juego de los
naipes, pero se vieron interrumpidos cuando fray Trigueros aceptó jugar una
partida de tres rondas con la dama blanca, si el religioso le ganaba, el obispo
podría seguir viviendo, pero si perdía tendría que morir. El primer juego es
ganado por la muerte, el tiempo avanza inexorablemente, las manos descarnadas
de la parca parecen temblar de emoción, mientras el padre Trigueros le reza a
Dios decide prolongar la última partida hasta el amanecer pues aunque perdiera
no se podría llevar al señor obispo; las horas pasan y entonces se escucha el
canto del gallo y con él llega la luz del nuevo día, acto seguido el padre hace
que el médico y su acompañante se retiren del aposento, en ese momento el
obispo se incorpora y ve salir a la muerte con el médico.
El religioso se guarda sus comentarios con el
obispo de lo sucedido, temeroso de que su razón fuera puesta en duda, mientras
tanto muerte y doctor hacen un nuevo pacto, en el cuál el doctor Rafael Soto,
quien fuera profesor del doctor Mata, cae gravemente enfermo y esto
definitivamente lo llevaría a su muerte, pero el joven estaba decidido a
curarlo porque su maestro podría seguir formando más doctores y en cambio el
solo llevaría la muerte a donde quiera que fuera; ante la petición de Rafael la
parca acepto, pero a cambio él tendría que dar su vida de inmediato porque
nadie podría ser borrado de la lista de
muertos.
Por única vez, el doctor Mata llegó al lado de su
paciente sin la macabra compañía de la muerte, el profesor al no ver a la dama
blanca accedió a que su exalumno le curara, y horas después de la caída de la
noche, el doctor de Soto estaba
completamente sano, entonces llegó la hora del joven médico de cumplir lo
pactado con la muerte bebiendo su espíritu de ésta. Rafael estaba contento de
aceptar pagar este precio porque por primera vez había podido ejercer su
profesión, y cuenta la leyenda que la parca atrajo contra su regazo a aquel que había sido su fiel servidor,
llorando por él; y cuentase también que desde ese día muerte y doctor
montando en esquelético caballo, recorrían la ciudad buscando los
lugares donde alguien iba a morir. El Santo Oficio y las autoridades abrieron
de nueva cuenta el proceso al doctor Mata, y se dieron a la búsqueda de algo
que terminara con tan horrible visión, pero en tanto, y por mucho tiempo, los
dos aliados sembraron la pavura.
¿Cuánto tiempo duró vagando por las calles de la
capital de la Nueva España aquella visión macabra? ¿Cuándo dejó de verse?
El relato de fray Bolaños dice que por siglos y
siglos perdurará esa visión, ese aviso que señala el fin de nuestra existencia.
Debemos estar tranquilos sin embargo, de saber que no todos los espíritus son
fuertes y capaces de presenciar esa aparición.

1 comentario:
Muy interesante tu blog Alejandra, siempre que puedo le echo un vistazo, gran trabajo preservar todas esas leyendas que revelan mucho de nuestra historia.
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