Uno los sucesos de
los que más se tengan memoria a lo largo de la historia guadalupana, es el
atentado que se hizo contra la imagen de la Virgen de Guadalupe la mañana del
14 de noviembre de 1921. ¿Quién y porque querría destruir la imagen?
En aquella época el
gobierno Federal tenía una política antirreligiosa muy agresiva, alentando a
sectores tanto de izquierda como de derecha; el sindicato más importante de
aquel entonces era el CROM (Confederación Obrera Mexicana), dirigida por Luis
N. Morones, quién recibió todo el apoyo y preferencia del “jefe máximo” de la Revolución Mexicana,
el general Plutarco Elías Calles. Las siglas de dicha organización fueron
cambiadas tanto al derecho como al revés, por otras frases que iban en contra de los
políticos, que para eso los mexicanos hemos sido bien creativos: “Como Roba Oro
Morones”, “Más Oro Roba Calles”. Las dirigencias sindicales y personajes
políticos como Tomás Garrido Canabal, implementaron políticas anticlericales
bastante cruentas, y grupos de enfrentamiento.
Como antecedentes
al atentado de la Basílica, el 6 de febrero de 1921 fue lanzado un cartucho de
dinamita a la casa del arzobispo de México, José Mora y del Río, quien para su
buena suerte, se encontraba ausente; este ataque fue motivado porque días antes
el santo varón se había expresado negativamente sobre el comunismo ante la
prensa se difundió el rumor de tras aquel atentado se encontraban los
integrantes de la CROM. Pocos meses habían pasado, cuando el 4 de junio una
bomba fue detonada en la residencia del arzobispo de Guadalajara, Jesús Orozco
y Jiménez, quien salió ileso. En medio de este ambiente violento y hostil
sucedería el otro atentado que quedaría plasmado en la historia guadalupana.
Era la mañana del
14 de noviembre de 1921, cuando se celebraba una misa en la Antigua Basílica de
Guadalupe, debida a la toma de posesión de una prebenda en el coro por el
presbítero Antonio Castañeda; una vez terminado el evento religioso, el
sacristán se acercó al presbiterio, acudiendo al llamado de los canónigos. En
ese momento, cuando eran las 10:30 de la mañana, de entre un grupo de personas
vestidas de obreros, caminó hacia delante un hombre pelirrojo ataviado con un overol
azul nuevo, quien colocó un ramo de flores en el altar, todo parecía normal
hasta ahora, pero al poco tiempo se produjo una tremenda explosión que sacudió
a toda la Basílica.
Los periódicos católicos
de la época refieren que después del aquel hecho, los fieles corrieron tras el
grupo de los obreros impostores para linchar al culpable; entonces en aquel momento
llega el presidente municipal de la Villa para llevarse al individuo pelirrojo
a sus oficinas, custodiado y protegido por la policía. Se cuenta que momentos
más tarde el culpable fue sacado de la zona en un camión militar.
Después se supo que
el autor del atentado era Juan M. Esponda, nacido en Chiapas y era empleado de
la secretaría particular de la Presidencia de Obregón; por otro lado, los periódicos católicos afirmaban que el
nombre del dinamitero era Luciano Pérez
y se le asociaba con la CROM. Dejando el nombre verdadero del autor
material de los hechos a un lado, lo que si fue real es que no fue enjuiciado
ni sentenciado, además de tener un vínculo directo con la Presidencia de Obregón.
Debido a la explosión,
se cayeron los candeleros, las flores, las cortinas que enmarcaban el cuadro de
la Virgen y un pesado crucifijo de bronce que se dobló hacia atrás por el
estallido; esta deformación peculiar hizo que la gente le apodara como el “Señor
del atentado” o el “Cristo del Atentado”, teniendo gran devoción entre los
creyentes, quienes dicen que es muy milagroso. Tomando este suceso del lado
poético, se podría decir que el Hijo amoroso
recibió el impacto para proteger a su madre. Todavía en la actualidad podemos
visitar la imagen deformada cerca de la entrada de las catacumbas de la Nueva
Basílica.
Después de los atentados,
la imagen de la Virgen de Guadalupe que estaba protegida por un cristal normal
para evitar los daños del medio ambiente, milagrosamente no sufrieron daño
alguno; en cambio dentro de la misma Basílica y en edificios cercanos, hubo
varios vidrios rotos. La comisión pericial nombrada por la Iglesia, declaró que
el dispositivo con se llevó a cabo la explosión era un cartucho de dinamita
marca Hércules, los cuáles era utilizados para trabajos de minería; que fue
colocado en el ángulo que formaban la plancha de mármol de la parte posterior
del altar (se fisuró) y la placa inferior del marco en donde estaba la imagen
de la Virgen; además se aflojaron los tornillos que sostenían el cuadro de San
Juan Nepomuceno ubicado detrás del altar.
El 18 de noviembre,
la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), organizó una manifestación,
que desfiló por el Centro Histórico por la calle de Madero, la iglesia de San
Francisco, hasta el Zócalo; ahí se dijeron discursos, se cantó el “Te Deum”
acompañado con los tañidos de las campanas de Catedral, después se ofició una
solemne misa para dar gracias por haber salvado la imagen.
Siete años después
del atentado en la Basílica, cuando era presidente reelecto, el general Álvaro
Obregón muere en un segundo atentado contra él, cuando el joven católico José
de León Toral lo baleó en el restaurante “La Bombilla” en San Ángel. En el
lugar de los hechos fue erigido un monumento, donde por muchos años estuvo
exhibiéndose su brazo en un frasco de formol.
En 1926 se desencadenó uno de los periodos más
sangrientos de la Guerra Cristera, siendo presidente Plutarco Elías Calles,
quien también era fanático, pues recordemos que se dejaba curara por el Santo
Niño Fidencio.
Las relaciones
diplomáticas entre México y el Vaticano se rompieron en 1920, y se reanudaron
hasta el año de 1992.
La Reina de los
Mares
Ahora vamos a
cambiar radicalmente de tema, para descubrir que incluso bajo el mar la
Morenita del Tepeyac nos cuida; sin importar en donde nos encontremos, ella
siempre estará con nosotros.
El 12 de diciembre de 1958 en el puerto de
Acapulco, la Virgen fue proclamada por cientos hombres y mujeres rana, los
lancheros de Caleta y la bahía principal, como la Reina de los Mares. Para una
celebración tan importante y emotiva, se mandó fabricar con todos los ahorros
de la gente una imagen de dos metros de altura y de 450 kg de peso, capaz de soportar el ambiente
marino. Aquí nace el tradicional paseo por lancha con piso de cristal en la bahía de Caleta, para
ver a la Virgen submarina, sobre todo los días 11 y 12 de diciembre, cuando se
puede ver como una decena de hombres rana bajan al fondo para ofrendarle un
ramo de rosas rojas.
El 3 de agosto de
2002, desde la Basílica de Guadalupe la nueva Reina de los Mares salió en una
solemne procesión rumbo al puerto de Acapulco. La nueva escultura de 700 kg fue
transportada en una camioneta a la vista de todos, adornada y escoltada por
motociclistas de la Confederación Internacional.
Durante el viaje,
la imagen pernoctó en Cuernavaca velada por la gente de la ciudad; en
Izcatiopan donde descansan los restos de Cuauhtémoc, los pobladores salieron
entusiasmados a recibirla desde un kilómetro antes; en Teloloapan les querían
dar dinero por haberla llevado; en Tecpan
la velaron más de mil personas;
en San Jerónimo, al padre se le ocurrió decirle a la gente que le hicieran sus
peticiones a la Virgen aprovechando su estancia, entonces una señora muy
preocupada por la sequía se acercó a pedirle que les mandara lluvia.
Milagrosamente a los 15 minutos comenzó a llover a cántaros, de los cielos caía
agua a raudales, ocurriendo lo mismo en Atoyac.
Después de un viaje
que nadie olvidaría, llegó la Reina de los Mares al puerto de Acapulco el 10 de
agosto de 2002, después de siete días de procesión desde el cerro del Tepeyac.


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