domingo, 2 de diciembre de 2012

Atentado en la Basílica de Guadalupe


Uno los sucesos de los que más se tengan memoria a lo largo de la historia guadalupana, es el atentado que se hizo contra la imagen de la Virgen de Guadalupe la mañana del 14 de noviembre de 1921. ¿Quién y porque querría destruir la imagen?
En aquella época el gobierno Federal tenía una política antirreligiosa muy agresiva, alentando a sectores tanto de izquierda como de derecha; el sindicato más importante de aquel entonces era el CROM (Confederación Obrera Mexicana), dirigida por Luis N. Morones, quién recibió todo el apoyo y preferencia  del “jefe máximo” de la Revolución Mexicana, el general Plutarco Elías Calles. Las siglas de dicha organización fueron cambiadas tanto al derecho como al revés,  por otras frases que iban en contra de los políticos, que para eso los mexicanos hemos sido bien creativos: “Como Roba Oro Morones”, “Más Oro Roba Calles”. Las dirigencias sindicales y personajes políticos como Tomás Garrido Canabal, implementaron políticas anticlericales bastante cruentas, y grupos de  enfrentamiento.
Como antecedentes al atentado de la Basílica, el 6 de febrero de 1921 fue lanzado un cartucho de dinamita a la casa del arzobispo de México, José Mora y del Río, quien para su buena suerte, se encontraba ausente; este ataque fue motivado porque días antes el santo varón se había expresado negativamente sobre el comunismo ante la prensa se difundió el rumor de tras aquel atentado se encontraban los integrantes de la CROM. Pocos meses habían pasado, cuando el 4 de junio una bomba fue detonada en la residencia del arzobispo de Guadalajara, Jesús Orozco y Jiménez, quien salió ileso. En medio de este ambiente violento y hostil sucedería el otro atentado que quedaría plasmado en la historia guadalupana.
Era la mañana del 14 de noviembre de 1921, cuando se celebraba una misa en la Antigua Basílica de Guadalupe, debida a la toma de posesión de una prebenda en el coro por el presbítero Antonio Castañeda; una vez terminado el evento religioso, el sacristán se acercó al presbiterio, acudiendo al llamado de los canónigos. En ese momento, cuando eran las 10:30 de la mañana, de entre un grupo de personas vestidas de obreros, caminó hacia delante un hombre pelirrojo ataviado con un overol azul nuevo, quien colocó un ramo de flores en el altar, todo parecía normal hasta ahora, pero al poco tiempo se produjo una tremenda explosión que sacudió a toda la Basílica.
Los periódicos católicos de la época refieren que después del aquel hecho, los fieles corrieron tras el grupo de los obreros impostores para linchar al culpable; entonces en aquel momento llega el presidente municipal de la Villa para llevarse al individuo pelirrojo a sus oficinas, custodiado y protegido por la policía. Se cuenta que momentos más tarde el culpable fue sacado de la zona en un camión  militar.
Después se supo que el autor del atentado era Juan M. Esponda, nacido en Chiapas y era empleado de la secretaría particular de la Presidencia de Obregón; por otro lado,  los periódicos católicos afirmaban que el nombre del dinamitero era Luciano Pérez  y se le asociaba con la CROM. Dejando el nombre verdadero del autor material de los hechos a un lado, lo que si fue real es que no fue enjuiciado ni sentenciado, además de tener un vínculo directo con la Presidencia  de Obregón.
Debido a la explosión, se cayeron los candeleros, las flores, las cortinas que enmarcaban el cuadro de la Virgen y un pesado crucifijo de bronce que se dobló hacia atrás por el estallido; esta deformación peculiar hizo que la gente le apodara como el “Señor del atentado” o el “Cristo del Atentado”, teniendo gran devoción entre los creyentes, quienes dicen que es muy milagroso. Tomando este suceso del lado poético, se podría decir que  el Hijo amoroso recibió el impacto para proteger a su madre. Todavía en la actualidad podemos visitar la imagen deformada cerca de la entrada de las catacumbas de la Nueva Basílica.
Después de los atentados, la imagen de la Virgen de Guadalupe que estaba protegida por un cristal normal para evitar los daños del medio ambiente, milagrosamente no sufrieron daño alguno; en cambio dentro de la misma Basílica y en edificios cercanos, hubo varios vidrios rotos. La comisión pericial nombrada por la Iglesia, declaró que el dispositivo con se llevó a cabo la explosión era un cartucho de dinamita marca Hércules, los cuáles era utilizados para trabajos de minería; que fue colocado en el ángulo que formaban la plancha de mármol de la parte posterior del altar (se fisuró) y la placa inferior del marco en donde estaba la imagen de la Virgen; además se aflojaron los tornillos que sostenían el cuadro de San Juan Nepomuceno ubicado detrás del altar.
El 18 de noviembre, la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), organizó una manifestación, que desfiló por el Centro Histórico por la calle de Madero, la iglesia de San Francisco, hasta el Zócalo; ahí se dijeron discursos, se cantó el “Te Deum” acompañado con los tañidos de las campanas de Catedral, después se ofició una solemne misa para dar gracias por haber salvado la imagen.
Siete años después del atentado en la Basílica, cuando era presidente reelecto, el general Álvaro Obregón muere en un segundo atentado contra él, cuando el joven católico José de León Toral lo baleó en el restaurante “La Bombilla” en San Ángel. En el lugar de los hechos fue erigido un monumento, donde por muchos años estuvo exhibiéndose su brazo en un frasco de formol.
En 1926  se desencadenó uno de los periodos más sangrientos de la Guerra Cristera, siendo presidente Plutarco Elías Calles, quien también era fanático, pues recordemos que se dejaba curara por el Santo Niño Fidencio.
Las relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano se rompieron en 1920, y se reanudaron hasta el año de 1992.

La Reina de los Mares

Ahora vamos a cambiar radicalmente de tema, para descubrir que incluso bajo el mar la Morenita del Tepeyac nos cuida; sin importar en donde nos encontremos, ella siempre estará con nosotros.
 El 12 de diciembre de 1958 en el puerto de Acapulco, la Virgen fue proclamada por cientos hombres y mujeres rana, los lancheros de Caleta y la bahía principal, como la Reina de los Mares. Para una celebración tan importante y emotiva, se mandó fabricar con todos los ahorros de la gente una imagen de dos metros de altura y de 450 kg  de peso, capaz de soportar el ambiente marino. Aquí nace el tradicional paseo por lancha  con piso de cristal en la bahía de Caleta, para ver a la Virgen submarina, sobre todo los días 11 y 12 de diciembre, cuando se puede ver como una decena de hombres rana bajan al fondo para ofrendarle un ramo de rosas rojas.
El 3 de agosto de 2002, desde la Basílica de Guadalupe la nueva Reina de los Mares salió en una solemne procesión rumbo al puerto de Acapulco. La nueva escultura de 700 kg fue transportada en una camioneta a la vista de todos, adornada y escoltada por motociclistas de la Confederación Internacional.
Durante el viaje, la imagen pernoctó en Cuernavaca velada por la gente de la ciudad; en Izcatiopan donde descansan los restos de Cuauhtémoc, los pobladores salieron entusiasmados a recibirla desde un kilómetro antes; en Teloloapan les querían dar dinero por haberla llevado; en Tecpan  la velaron más de  mil personas; en San Jerónimo, al padre se le ocurrió decirle a la gente que le hicieran sus peticiones a la Virgen aprovechando su estancia, entonces una señora muy preocupada por la sequía se acercó a pedirle que les mandara lluvia. Milagrosamente a los 15 minutos comenzó a llover a cántaros, de los cielos caía agua a raudales, ocurriendo lo mismo en Atoyac.
Después de un viaje que nadie olvidaría, llegó la Reina de los Mares al puerto de Acapulco el 10 de agosto de 2002, después de siete días de procesión desde el cerro del Tepeyac.   

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