Uno de los testimonios más importantes que se han
dado a conocer en América y España sobre la presencia de un duende o Alux, fue
la versión recogida de la ciudad de Valladolid en el año de 1613 por el
capellán de su majestad y Deán de la Iglesia y Catedral de Yucatán, Dr. Pedro
Sánchez de Aguilar, quien la describe fielmente en su obra “Informe Contra
Idolorum Cultores”, que traducido al español quiere decir “Informe contra los
idólatras”, haciendo referencia a los indígenas mayas que adoraban y rendían
culto a sus dioses; dicha obra fue escrita en latín y castellano, dándole a
conocer en Madrid, España en el año de 1639.
Cabe destacar, que el Dr. Pedro fue alumno
destacado de Gaspar Antonio Chi Xiu, príncipe de la antigua casa real de los
Tutul Xiu de Maní, de quien aprende la gramática española cuando fue su maestro
en la capilla de Tizimín, lugar donde se dirigió Gaspar Antonio, después de que
fray Diego de Landa realizara su condenable auto de fe un doce de julio de
1562. En este acto se destruyeron tesoros de valor incalculable, códices,
vasijas, ídolos y pergaminos prehispánicos, arrebatados a los ahaucanes,
chilames del antiguo reino de los mayas, cuya histórica tradición de milenios
fue borrada del obrero inquisidora.
Volviendo a las memorias del Dr. Pedro Sánchez de
Aguilar, nos narra sobre el alboroto y escándalo que vivió la villa de
Valladolid: “por los años de 1560, hizo su aparición un demonio o duende (caso
estupendo e inaudito), que hablaba y tenía plática de conversación con quienes querían
hablarle pero a las ocho o diez de la noche, cuando ya los candiles de las
calles de aquella ciudad estuviesen apagadas. Desde luego, este duende que
hablaba era un Alux y se supone, que su presencia e inconformidad, se debía a
que su vieja morada había sido destruida y quemada, para construir sobre sus
escombros casas señoriales de los conquistadores españoles llamados Juan López
de Meza y Martín Ruíz de Arce. Esta criatura hablaba con voz chillona y tocaba
un bandolón con gran habilidad, así como hacía sonar castañuelas y se oía que
bailaba alegremente sobre el techo de las casas aunque no se dejaba ver. Al
principio, según el señor Sánchez, el duende no hacía daño alguno ni
perjudicaba en estas dos casas donde habita o se aparecía, pero en otras sí, ya
que les tiraba piedras y hacía ruido en las azoteas, asustando a los que por
esos rumbos pasaban por las noches. Como sus actos cada día se van
incrementando en agresividad, pues ya hasta tiraba huevos a cuanta mujer veía a
esas horas, el Alux fue acusado con el cura de la villa de Valladolid, Tomás de
Lersundí, quien decidió conjurarlo para que cesaran en sus ruidos y maldades,
mediante su ritual católico. Procedió a mojar un hisopo con agua bendita y lo
espero; pero las horas pasaban y la criatura no se aparecía ni hablaba.
Cuando el cura se hubo retirado, el duende volvió a
hacer su acostumbrado ruido, brincando, gritando y riéndose a más no poder.
Cuando el religioso llegó a su casa en donde había dejado la mesa puesta para
cenar, encontró sus buñuelos y vinos tirados en los pasillos, la fuente de agua
llena de estiércol de su mula y su mesa mojada con orines.
A la
mañana siguiente el cura dijo en su sermón de misa, lo que le había sucedido
con el Alux, y advirtió sus fieles que se cuidarán por las noches de ese
pequeño engendro diabólico. Las maldades, travesuras y hazañas del duende
llegaron a oídos del señor Arzobispo de la Ciudad de Mérida, quien ordenó que
nadie le hablara y respondiera al supuesto Alux, el cual ya tenía a toda la
villa aterrada. Los pobladores cumplieron al pie de la
letra las órdenes del religioso. La criatura se dio por despreciada y empezó a
llorar por las noches de manera muy lastimera y a quejarse del Obispo; comenzó
a hacer ruidos de mayor intensidad en las azoteas y le dio entonces por quemar
las casas. Los vecinos desesperados, se juntaron en la iglesia y pidieron al
cura que les escogiera por medio de azar a un Santo como abogado, prometiéndole
celebrar su fiesta en procesión al nuevo convento de San Francisco, y quiso la suerte
que les tocara San Clemente; se le festejaba el 23 noviembre, día en que fue
trasladado en la prometida procesión. Le efigie de este Santo, se encontraba en
uno los retablos de la iglesia de Valladolid con un demonio atado. El señor
Sánchez aseguró que esta criatura fue vista desde el año de 1562 en Zací, pero
desapareció por 34 años después de la procesión.
Siendo párroco de la villa, Pedro Sánchez se tuvo que enfrentar al
Alux que después de tantos años sin dar señales de vida, nuevamente estaba de
regreso. La traviesa criatura vuelve aterrorizar al pueblo, quemando las casas
de los indios que se unieron a los españoles, y luego se trasladó a Yalcobá,
llendo tras sus pasos Pedro Sánchez para conjurar lo que desterrarlo de aquel
pueblo, donde se aparecía puntualmente al medio día para provocar un enorme
remolino de viento que levantaba una gran polvareda, haciendo ruidos como de
huracán, aventando piedras y cuanta cosa encontrara por todo el pueblo. Como
todas las casas de los indios quedaron consumidas por el fuego, no les quedaba
otra opción más que dormir bajo los árboles.
Al llegar Sánchez de Aguilar ha dicho pueblo, les instrucciones a los
indios de que habría que realizar una misa cantada y solemne para ahuyentar al
duende; y para despedirse, el malévolo Alux quemó con gran esmero una de las
casas más grandes de dicho lugar. En otra ocasión el cura regresó a este pueblo
y realizó otra misa cantada, en donde le pedía San Miguel Arcángel, que se
llevará a la criatura muy lejos de los indios; al parecer la petición fue
escuchada, el duende se retiró de Yalcobá, pero ¡o sorpresa!: regreso a
Valladolid con nuevos incendios. Los habitantes hicieron cuanto conjuro
celestial se les ocurrió para alejar al pequeño malévolo ser, y milagrosamente
cesaron sus fechorías; y para tener la completa seguridad de que el Alux jamás
los volviera molestar, mandaron llamar a los H'menes o hechiceros mayas, para
conjurarlo en una ceremonia que realizaron en la plaza principal de Valladolid,
con ritos y danzas de su antigua religión. Se mataron aves silvestres,
prepararon vinos de blaché con miel de
Xunan cab y bebida del zacá para ofrendarlas al Alux. Ante estos conjuros
surgidos del alma y voz de los cantores y sacerdotes mayas, la criatura
desapareció por completo y jamás, hasta la fecha se ha vuelto a saber de él.
1 comentario:
Por lo general muchas personas que son de merida, valladolid o pueblos cercanos hablan de los aluxex, sin embargo yo como muchos otros que estamos en otras ciudades solo hemos ido de ellos, meintras otros juran haberlos visto
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