domingo, 10 de marzo de 2013

El alux de Valladolid


Uno de los testimonios más importantes que se han dado a conocer en América y España sobre la presencia de un duende o Alux, fue la versión recogida de la ciudad de Valladolid en el año de 1613 por el capellán de su majestad y Deán de la Iglesia y Catedral de Yucatán, Dr. Pedro Sánchez de Aguilar, quien la describe fielmente en su obra “Informe Contra Idolorum Cultores”, que traducido al español quiere decir “Informe contra los idólatras”, haciendo referencia a los indígenas mayas que adoraban y rendían culto a sus dioses; dicha obra fue escrita en latín y castellano, dándole a conocer en Madrid, España en el año de 1639.
Cabe destacar, que el Dr. Pedro fue alumno destacado de Gaspar Antonio Chi Xiu, príncipe de la antigua casa real de los Tutul Xiu de Maní, de quien aprende la gramática española cuando fue su maestro en la capilla de Tizimín, lugar donde se dirigió Gaspar Antonio, después de que fray Diego de Landa realizara su condenable auto de fe un doce de julio de 1562. En este acto se destruyeron tesoros de valor incalculable, códices, vasijas, ídolos y pergaminos prehispánicos, arrebatados a los ahaucanes, chilames del antiguo reino de los mayas, cuya histórica tradición de milenios fue borrada del obrero inquisidora.
Volviendo a las memorias del Dr. Pedro Sánchez de Aguilar, nos narra sobre el alboroto y escándalo que vivió la villa de Valladolid: “por los años de 1560, hizo su aparición un demonio o duende (caso estupendo e inaudito), que hablaba y tenía plática de conversación con quienes querían hablarle pero a las ocho o diez de la noche, cuando ya los candiles de las calles de aquella ciudad estuviesen apagadas. Desde luego, este duende que hablaba era un Alux y se supone, que su presencia e inconformidad, se debía a que su vieja morada había sido destruida y quemada, para construir sobre sus escombros casas señoriales de los conquistadores españoles llamados Juan López de Meza y Martín Ruíz de Arce. Esta criatura hablaba con voz chillona y tocaba un bandolón con gran habilidad, así como hacía sonar castañuelas y se oía que bailaba alegremente sobre el techo de las casas aunque no se dejaba ver. Al principio, según el señor Sánchez, el duende no hacía daño alguno ni perjudicaba en estas dos casas donde habita o se aparecía, pero en otras sí, ya que les tiraba piedras y hacía ruido en las azoteas, asustando a los que por esos rumbos pasaban por las noches. Como sus actos cada día se van incrementando en agresividad, pues ya hasta tiraba huevos a cuanta mujer veía a esas horas, el Alux fue acusado con el cura de la villa de Valladolid, Tomás de Lersundí, quien decidió conjurarlo para que cesaran en sus ruidos y maldades, mediante su ritual católico. Procedió a mojar un hisopo con agua bendita y lo espero; pero las horas pasaban y la criatura no se aparecía ni hablaba.
Cuando el cura se hubo retirado, el duende volvió a hacer su acostumbrado ruido, brincando, gritando y riéndose a más no poder. Cuando el religioso llegó a su casa en donde había dejado la mesa puesta para cenar, encontró sus buñuelos y vinos tirados en los pasillos, la fuente de agua llena de estiércol de su mula y su mesa mojada con orines.
A la mañana siguiente el cura dijo en su sermón de misa, lo que le había sucedido con el Alux, y advirtió sus fieles que se cuidarán por las noches de ese pequeño engendro diabólico. Las maldades, travesuras y hazañas del duende llegaron a oídos del señor Arzobispo de la Ciudad de Mérida, quien ordenó que nadie le hablara y respondiera al supuesto Alux, el cual ya tenía a toda la villa aterrada. Los pobladores cumplieron al pie de la letra las órdenes del religioso. La criatura se dio por despreciada y empezó a llorar por las noches de manera muy lastimera y a quejarse del Obispo; comenzó a hacer ruidos de mayor intensidad en las azoteas y le dio entonces por quemar las casas. Los vecinos desesperados, se juntaron en la iglesia y pidieron al cura que les escogiera por medio de azar a un Santo como abogado, prometiéndole celebrar su fiesta en procesión al nuevo convento de San Francisco, y quiso la suerte que les tocara San Clemente; se le festejaba el 23 noviembre, día en que fue trasladado en la prometida procesión. Le efigie de este Santo, se encontraba en uno los retablos de la iglesia de Valladolid con un demonio atado. El señor Sánchez aseguró que esta criatura fue vista desde el año de 1562 en Zací, pero desapareció por 34 años después de la procesión.
Siendo párroco de la villa, Pedro Sánchez se tuvo que enfrentar al Alux que después de tantos años sin dar señales de vida, nuevamente estaba de regreso. La traviesa criatura vuelve aterrorizar al pueblo, quemando las casas de los indios que se unieron a los españoles, y luego se trasladó a Yalcobá, llendo tras sus pasos Pedro Sánchez para conjurar lo que desterrarlo de aquel pueblo, donde se aparecía puntualmente al medio día para provocar un enorme remolino de viento que levantaba una gran polvareda, haciendo ruidos como de huracán, aventando piedras y cuanta cosa encontrara por todo el pueblo. Como todas las casas de los indios quedaron consumidas por el fuego, no les quedaba otra opción más que dormir bajo los árboles.
Al llegar Sánchez de Aguilar ha dicho pueblo, les instrucciones a los indios de que habría que realizar una misa cantada y solemne para ahuyentar al duende; y para despedirse, el malévolo Alux quemó con gran esmero una de las casas más grandes de dicho lugar. En otra ocasión el cura regresó a este pueblo y realizó otra misa cantada, en donde le pedía San Miguel Arcángel, que se llevará a la criatura muy lejos de los indios; al parecer la petición fue escuchada, el duende se retiró de Yalcobá, pero ¡o sorpresa!: regreso a Valladolid con nuevos incendios. Los habitantes hicieron cuanto conjuro celestial se les ocurrió para alejar al pequeño malévolo ser, y milagrosamente cesaron sus fechorías; y para tener la completa seguridad de que el Alux jamás los volviera molestar, mandaron llamar a los H'menes o hechiceros mayas, para conjurarlo en una ceremonia que realizaron en la plaza principal de Valladolid, con ritos y danzas de su antigua religión. Se mataron aves silvestres, prepararon vinos de blaché  con miel de Xunan cab y bebida del zacá para ofrendarlas al Alux. Ante estos conjuros surgidos del alma y voz de los cantores y sacerdotes mayas, la criatura desapareció por completo y jamás, hasta la fecha se ha vuelto a saber de él.

1 comentario:

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Por lo general muchas personas que son de merida, valladolid o pueblos cercanos hablan de los aluxex, sin embargo yo como muchos otros que estamos en otras ciudades solo hemos ido de ellos, meintras otros juran haberlos visto