Como todos recordaremos en 1521 fue edificada una pequeña iglesia sobre el templo de Huitzilopochtli. Conforme pasaron los años los indios convertidos al catolicismo fueron aumentando y como aquella se hizo demasiado pequeña para tanta gente, entonces se decidió demolerla y se construyó la Catedral que vemos hoy día.
Durante su construcción los franciscanos vivían ahí en habitaciones provisionales, todo marchaba muy bien, hasta que en 1629 hubo una terrible inundación en la cuál salieron muchos escombros, entre ellos un misterioso sarcófago, que descubrirían los frailes Tomás de Salazar y Miguel de Aviña, que avisaron inmediatamente al padre superior sobre el hallazgo, quien mandó ponerlo en un lugar donde el agua no le causara daño.
Días después que bajaron las aguas, el padre superior fue a hacer averiguaciones del nombre del difunto, su fecha de muerte y lo mandó limpiar.
Cuando fray Tomás terminó de limpiar el sarcófago, agotado, se sentó a descansar un rato encima de el, de repente sintió que algo le jalaba el hábito; sin darle importancia le informó al padre superior que no había datos del difunto. Decidieron dejarlo ahí hasta poder hablar con el seños virrey.
Ese mismo día en la tarde Fermín de Huesca, el joven organista vino a afinar un órgano que recién había llegado de España; vio el sarcófago y tentado por la curiosidad fue a observarlo, observando que tenía una pequeña hendidura en un lado de la tapa, entonces se asomó, de pronto escuchó en su interior un ruido y vio que algo se movía, se retiró asustado, pensando que podía ser una rata.
El lugar donde se hallaba el sarcófago era obscuro y silencioso; esto creaba una atmósfera siniestra, pero en el joven pudo más su curiosidad que su miedo, y acto seguido metió en la hendidura un pequeño pedazo de papel enrollado par ver si el roedor lo mordía, pero cuál no sería su sorpresa cuando sintió que era jalado, lo sacó y vio que la orilla estaba rota y manchada.
Salió corriendo aterrorizado, al tiempo que pedía auxilio e informando que había alguien dentro del sarcófago; afortunadamente en uno de los pasillos se encontró con el padre superior y le informó todo lo sucedido, enseñándole aquel papelito roto.
Alumbrado con unos cirios, el padre superior fue al lugar donde se encontraba aquel objeto, pensando que eran figuraciones del joven se acercó sin temor alguno y se asomó por la hendidura alumbrándola con un cirio. Aterrorizado comenzó a rezar mientras retrocedía. ¿Qué cosa tan terrible vio?
Al día siguiente el padre superior acudió al Santo Oficio. El señor oidor le pidió al religioso que explicara lo que había visto exactamente dentro del sarcófago; lo único que pudo decir es que era una cosa espantosa. EL santo tribunal dio orden de que nadie entrara a la Catedral y que esa misma noche se llevaría a cabo un exorcismo.
Cayó la noche y llegaron los exorcistas junto con la santa hermandad al lugar de los hechos. A puerta cerrada se realizaron rezos, exorcismos y salmodias religiosas, después se ordenó abrir el sarcófago. La tapa se encontraba sellada, pero después de varios intentos lograron abrirlo, más les hubiera valido nunca haberlo hecho…
La tapa cayó al suelo y acto seguido se escucharon unos sonidos espantosos, la tierra se empezó a mover, una fuerte ráfaga de aire apagó todos los faroles y cirios; y de repente en medio de la penumbra, ante la mirada atónita de los presentes una figura horrible y deforme salió de sarcófago.
Cuando pasaron estos escalofriantes sucesos, los cirios y faroles volvieron a encenderse y descubrieron los cuerpos sin vida del oidor y de un fraile. Uno de los ayudantes hizo un siniestro descubrimiento: unas extrañas huellas sobre el lodo. Ya estaban a punto de retirarse, cuando otro de los ayudantes se asomó el interior del sarcófago y encontró el pedazo de tela del hábito de fray Tomás y el pedacito de papel del organista. Nadie supo que hacer, entonces el señor obispo decidió consultarlo con sus superiores de España.
Pasaron los siglos y en 1935 fue retirado un ciprés frente al altar mayor y debajo de el se encontró el sarcófago de mármol blanco con unos papeles viejos encima y una inscripción en latín. Hasta hoy nadie ha podido descifrar el siniestro misterio de aquel sarcófago encontrado en
Catedral. ¿Qué creen ustedes que vieron aquella noche el grupo de exorcistas y la hermandad?
No hay comentarios:
Publicar un comentario