domingo, 21 de abril de 2013

La educación en Nueva España


Fray Pedro de Gante
 Después de que los conquistadores armados sometieran al pueblo mexica el 13 de octubre de 1521, llegaron los conquistadores de almas: los misioneros. Ni tardo ni perezoso, Hernán Cortés manda traer frailes para la evangelización de los naturales. En 1523 llegan tres religiosos franciscanos: dos eclesiásticos, Johann Vanden Auwera y Johann Dekkers, cuyos nombres españolizados eran fray Juan de Tecto  y fray Juan de Ahora, y el lego Pierre de Gand, conocido como gray Pedro de Gante. Los tres pertenecían al convento de San Francisco de la ciudad de gante.
Fray Pedro de Gante empeñó todos sus esfuerzos en evangelizar a los naturales, lo que lo llevó primero a Tezcoco, debido a que México – Tenochtitlán permanecía aún en ruinas; allí enseñó a leer y escribir, a cantar y tocar instrumentos musicales, sin descuidar la predicación de la doctrina. Cabe destacar, que el religioso merece un lugar preferente entre los educadores, porque fue el primero en establecer un colegio para instruir a los indios y por haber fundado el primer colegio de América.
Es probable este personaje haya sido el primer fraile que se dio cuenta de que en la enseñanza debía ponerse más atención a los niños, y por tal decidió levantar una escuela a la que asistían  los hijos de los señores. Más tarde les enseñaría a pintar imágenes y a tallar retablos para los templos; a otros se les enseñó los oficios como de cantero, carpintero, sastre, zapatero o herrero, entre otros menesteres.  Aprendió la lengua mexicana de tal manera, que la hablaba como si el también fuese un indígena. Instituyó cofradías y fue autor de una suntuosa capilla, San José de los Naturales, a espaldas del convento de San Francisco, de la Ciudad de México; edificó también otras iglesias más.
En el convento de San Francisco fundó una escuela, de la que se dice llegó a tener mil alumnos, que fue también de primeras letras, industrias y bellas artes, adquiriendo por lo tanto un carácter más bien de escuela normal, pues de ella salían los indígenas que difundían lo aprendido en otros pueblos. Otro punto a destacar es la enseñanza del latín.
El religioso mostró siempre un gran amor por los indígenas y una entrega total a su labor evangélica, al grado de escribir cartas a frailes flamencos para que le ayudasen en su misión. Grande fue también el amor que los indígenas le manifestaron, y su muerte fue muy sentida por todos ellos; siendo sepultado en la capilla de San José de los Naturales.
En los cincuenta años que fray Pedro de Gante pasó en la Nueva España, adquirió una gran influencia tanto el a población indígena, como entre los frailes, sus hermanos de orden y la población española; a tal grado fue, que el segundo arzobispo fray Alonso de Montúfar de la orden de Predicadores, llegaría a decir: “Yo no soy arzobispo de México, soy fray Pedro de Gante”.

Las Escuelas
Las escuelas en donde se les impartía a los niños los conocimientos básicos para que pudieran desenvolverse en la sociedad de aquella época, mejor conocidas como primarias, no nacerían hasta muchos años de después de consumada la conquista, sino hasta el siglo XVI. ¿Por qué?
  1. Cuando llegaron los frailes a tierras mexicanas, lo que menos les importaba era tener un pueblo culto e ilustrado, sino más bien devoto; para tal fin bastaba con que aprendieran la doctrina cristiana y las oraciones que forman el credo y la práctica de la religión católica.
  2. Se les enseñaba a rezar y a cantar las alabanzas en el colegio de San Francisco y a trabajar en los oficios necesarios para el fomento del culto, como construir capillas, labrar la cantera, tallar la madera, bordar ornamentos, pintar los retablos y a entonar en latín las respuestas de los oficios litúrgicos. Un ejemplo claro lo tenemos en el colegio de San Juan de Letrán, en donde se les instruía en el arte de saber pedir limosnas y enterrar muertos; en el de Santiago de Tlatelolco se recibían alumnos de la nobleza indígena.

Los grupos de alumnos en un principio eran muy pequeños y por lo general las clases se impartían a domicilio; por lo general los profesores eran capellanes o frailes que aceptaban el cargo, sin que este constituyera una profesión seria.
Con el paso de los años, fue aumentando la población de criollos y mestizos, que sentían la necesidad de instruirse y prepararse intelectualmente para el buen desempeño de sus profesiones, administración de bienes y comercios. El aspecto social y económico del país estaba cambiando, iba adquiriendo una instrucción más amplia y difundida, las enseñanzas literarias empezaban a resultar poco prácticas, se necesitaba más bien instrucciones para poder afrontar las situaciones de la vida cotidiana.
Esta necesidad hizo que se fueran abriendo en la segunda mitad del siglo de la conquista (XVI), algunas escuelas particulares en las principales ciudades de la colonia. Los colegios eran instalados en las propias casas de los profesores, quienes con el pago de una cuota semanal les daban clases.

Las Ordenanzas
El 9 de octubre de 1600 se expidieron en México las Ordenanzas paras las escuelas primarias, con las que se pretendía normalizar el ejercicio de la profesión de maestro y el funcionamiento de los planteles existentes en la ciudad. Establecían lo siguiente:
  • Un requisito primordial era la pureza de sangre, es decir, que el individuo probara no ser negro, ni mulato, ni indio. Solamente español.
  • Tener sanas costumbres y vida arreglada.
  • Los aspirantes a profesores a presentar una prueba en la que los ponían a leer y escribir con diferentes tipos de escrituras y las operaciones aritméticas más básicas.
  • Al maestro que abriera una escuela sin tener la aprobación,  era castigado con la clausura del lugar y con una multa de veinte pesos de oro común.
  • Por la mañana se debía rezar en todas las escuelas y por la tarde se les enseñaran las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones; algunos días los alumnos debía de ir a ayudar a las misas, y un día a la semana que el maestro eligiera, hacerles exámenes sobre la Doctrina Cristiana.
  • La distancia entre cada escuela debía de ser de al menos dos cuadras.

Las Ordenanzas se enfocaron a que la educación fuera religiosa por excelencia; nada se menciona del aprendizaje de la escritura, la lectura y los métodos para transmitir eficazmente los conocimientos. Estas normatividades continuaron vigentes por más de un siglo, tal como las había aprobado el conde de Monterrey, pues en el año de 1709, el Maestro Mayor, don Manuel de Meraz, y los Veedores del Arte, don Domingo Fernández de Otero y Francisco Javier de Ariza y Valdés, decían la virrey que ya era tiempo de que se prohibiera a las casta e indígenas el ejercicio de la profesión, pues decían que era un mal ejemplo para los niños.  


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