domingo, 5 de mayo de 2013

El Tesoro de la Candelaria



ESTA LEYENDA ES COLABORACIÓN DE GUILLERMO FÉLIX, UN APASIONADO DE LAS HISTORIAS Y LEYENDAS DE NUESTRO MÉXICO



Esta leyenda ocurrió en lo que hoy se conoce como La Candelaria de los patos en el año1584 en el convento de la Merced, ahí vivían los monjes Mercedarios y entre ellos el fraile llamado Cipriano de Almaraz, que tenía fama de dormilón y astuto.
Un día, mientras los religiosos se reunieron para hacer su rezo vespertino,Cipriano se quedó dormido y encerrado en el coro de la iglesia, de pronto, cerca del lugar pasó un caballero, el fray le gritó desde una ventana para que lo ayudara a salir pero éste hizo caso omiso, segundos después el monje se sorprendió ya que aquel hombre entró flotando al templo.
El caballero era un fantasma y el viejo Fraile le pidió que no le hiciera nada, el espectro respondió que tendría que hacerle un favor y lo convenció al decirle que sabía dónde estaba escondido un tesoro, al oír esto Cipriano se desmayó; al día siguiente encontró a otros frailes y les contó lo que le había sucedido, no le creyeron, pensaban que había sido un sueño.
Tres noches después, mientras dormían, a Cipriano se le apareció el fantasma de aquél caballero y le dijo: “Fray ¡Vamos por ese tesoro del que te he hablado! Te llevaré cargando en mí espalda hasta el puente del rosario y ahí lo verás enterrado”, el viejo fraile accedió, pero al llegar al puente y ver la laguna, decidió que no lo desenterraría pues sus fuerzas ya no eran suficientes.
Durante tres días seguidos el fantasma llevó a Cipriano al puente, éste no quiso sacar el tesoro. Días después el fraile cayó enfermó y posteriormente murió, consta en algunos libros que falleció de espanto y que nunca quiso desenterrar el tesoro.
Días más tarde, en una noche fría mientras un indio cazaba patos en la laguna del puente Rosario, se le apareció el fantasma y le dijo; “Estoy aquí para ayudarte, yo te haré inmensamente rico”, le explicó cómo sería esto y lo llevó a donde estaba el tesoro enterrado. Le pidió que sacara el dinero puntualizándole que la mitad de lo que había ahí sería su recompensa, la otra mitad se la daría al clero para que hicieran misas en su nombre y así su alma pudiera encontrar el eterno descanso.
El fantasma desapareció y el indio, al encontrarse solo ignoró las instrucciones que el ente le había dado, sacó un poco de dinero y lo despilfarró. Las noches siguientes el hombre regresaba para sacar más dinero, gusto que le duró poco, porque un día, al dirigirse al cofre, escuchó una voz que le decía “¡No toques más ese cofre, no seguirás robando mí oro!” A lo que él respondió: “Ahora sí cumpliré la promesa”, el fantasma le dijo: “Antes de eso cárgame en tu espalda y llévame hasta una iglesia”.
En el lugar el indio escuchó nuevamente al fantasma: “No me bajaré de ti hasta que le entregues al padre del templo la mitad del dinero y le digas que haga las misas en mí nombre o de lo contrario te pesará”.
La mente del indio comenzó a trabajar y pensó que no cumpliría las indicaciones de esa alma maligna, sólo le pediría al padre que hiciera las misas y el dinero sería para él, el fantasma leyó su mente y le dijo; “¡No, ni lo pienses, debes cumplir con todo lo que prometiste! O jamás me bajaré de ti”. El indio corrió por las calles asustado y gritaba: “¡Quítenme este fantasma, por el amor de Dios!”, la gente pensaba que estaba loco, pero un día el indio no aguantó más, quedó inmóvil y murió.
El fantasma deambulaba cerca del puente, unos dicen que cuidando su tesoro y otros que en espera de que alguien desenterrara el cofre para ponerle fin a su eterno penar; por este motivo los Frailes decidieron construir una capilla frente al puente y así alejar al fantasma, los indios no dejaron de cazar patos en ese lugar, pero después los habitantes de la Candelaria fueron azotados por la mala época conocida como: el Matlazahuatl o viruela negra.
Según la historia esa zona quedó insalubre y deshabilitada. Fueron tantos los muertos que el clero decidió construir ahí un cementerio y en 1737 la Candelaria de los patos se convirtió en un campo santo, hoy conocido como San Lázaro. Siempre quedó la incógnita de que si quienes enterraban a los muertos habían encontrado el cofre, se dice que posiblemente nadie lo encontró o que quedó enterrado en alguna parte de la candelaria de los patos.

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