El sitio que ocupa el hospital, antes de la
conquista se llamaba Huitzillan, que fue en donde sucedió el primer encuentro
entre Moctezuma y Hernán Cortés. En el libro de cabildo, en el año de 1524 se
habla ya de este hospital, el primero establecido en el Continente Americano y
cuya labor asistencial se ha mantenido sin interrupción hasta nuestros
días. Al hospital en los primeros años
se le llamó Hospital de la Purísima Concepción, en los inicios de la Colonia el
pueblo también le llamaba el Hospital del Marqués, después se le cambió a Hospital
de la Limpia Concepción de nuestra Señora, más tarde Hospital de la Concepción
y Jesús Nazareno, y al final se quedó con el nombre de Hospital de Jesús.
Cortés destinó para su fundación la manzana entera
que ocupan la Iglesia, el hospital y otros edificios pertenecientes a este; la
disposición de este lugar parece haber sido desde su origen la misma que ahora
tiene, pues casi todas sus paredes son antiguas, sin que se advierta alguna
alteración notable. Hernán Cortés y sus descendientes directos, estuvieron a
cargo del Patronato perpetuo del Hospital de Jesús, por lo que el Segundo
Patronato fue de su primogénito Martín Cortés, hijo de su segunda esposa doña
Juana de Zúñiga, y después de él, lo fue don Pedro Cortés, tercer Marqués del
Valle. Durante 400 años los descendientes del conquistador estuvieron ligados a
la administración de esta institución, el último de los cuales fue el Príncipe
Pignatelli, muerto en un accidente en Estados Unidos alrededor de 1932.
Es muy probable que los inmuebles fueron trazados
por Pedro Vázquez. Las salas de enfermería forman un crucero, reuniéndose como
punto central en la capilla, para que los enfermeros puedan escuchar misa; las
habitaciones de capellanes facultativos y enfermero, independientes entre sí se
comunican con la enfermería, y la iglesia separada de todo, sólo tiene por el
hospital las entradas precisas para su servicio. Desde su inicio, contó con
prácticamente dos departamentos, uno de 20 camas para hombres y otro de 11
camas para mujeres.
Esta fue probablemente la segunda Iglesia de
México, pues antes de que se estableciera la parroquia que se formó en la
plaza, dentro del recinto del templo mayor, que sirvió por mucho tiempo para la
administración de los sacramentos; ya que Cortés había hecho establecer una
capilla para la celebración de los oficios divinos en el templo de
Huitzilopochtli, antes de la conquista de la ciudad, dejando esta por varios
años sin Iglesia, hasta la venida de los franciscanos.
El hospital estuvo en su principio a cargo del
padre fray Bartolomé de Olmedo, quien fue uno de los mejores administradores
que haya tenido, ya que su persistencia e interés por esta obra pía, consiguió
muchos donativos en aquel entonces a favor de esta institución, más aparte los
fijados por don Hernando en su testamento; cuentan las crónicas que con este
religioso murió los indios habían estado todo el tiempo, desde su fallecimiento
hasta que lo enterraron, sin comer bocado.
Habían pasado ya 130 años sin que el hospital
tuviera otra Iglesia, cuando dos circunstancias accidentales proporcionaron lo que
hoy existe; vivió en México a mediados del siglo XVII un hombre extraordinario
por su actividad, su celo y por el influjo que su virtud y caridad habían hecho
adquirir; éste fue el Bachiller Antonio de Calderón Benavides, que nació en
esta capital en el mes de junio de 1630. El capitán Pedro Ruiz de Colima, que
gobernaba el Estado y Marquesado de Valle durante 1662, nombró Benavides
capellán mayor del hospital.
Por aquellos días falleció Petronila Gerónima,
india rica, en su oratorio tenía una imagen muy venerada de Jesús Nazareno, la
que en su testimonio mandó se sorteará entre cinco iglesias que designó,
debiendo ser donada a aquella quien la suerte favoreciera; entre ellas se
encontraba la del hospital de la Purísima Concepción, y a ésta le tocó la suerte
por tres veces el sorteo se repitió. El celo y relaciones del nuevo capellán, y
la veneración de la imagen de Jesús Nazareno, hicieron abundar las limosnas,
que ayudando a los fondos del hospital proporcionaron lo suficiente para qué en
poco tiempo se terminara la Iglesia, a la cual el hospital mismo el uso común
hizo cambiar de nombre, conociéndose desde ese entonces como el de Jesús
Nazareno.
Avances en la medicina y médicos destacados
El doctor Pedro López, el primero de la dinastía de
este nombre de médicos famosos en la Nueva España, y que fue designado
protomédico en 1527, por encargo de Román Cortés, estuvo en el Hospital de
Jesús; este doctor había acompañado al conquistado en su viaje a las Hibueras,
regresando años después a la Ciudad de México. Pedro López fue uno de los
médicos más importantes de la época, que trabajó en esta pía institución, y
según parece hizo las primeras disecciones.
Fray Bernardino Álvarez, después de trabajar por
más de 10 años, enfermero, comenzó una cruzada en favor de la fundación de
centros hospitalarios en la Nueva España; y para 1556 este fraile del Hospital
de Jesús, fundó el primer Hospital para Enfermos Mentales, que fue el primero
de su tipo en el Continente Americano, que conocemos como San Hipólito y desempeñó
sus funciones durante tres siglos y medio.
En 1646, casi un siglo después de fundado el
Hospital, se llevaron a cabo las primeras autopsias del Continente Americano,
para el conocimiento de la enseñanza anatómica de los estudiantes de la Real y
Pontificia Universidad de México, hechas por el médico Juan Correa y el doctor
Andrés Martínez de Villavisiosa; este primero también era cirujano del Santo
Oficio.
En 1715, gracias al impulso que le dio el personal
del Hospital, se estableció en este lugar la "Regia Academia Mariana Práctica Médica", que durante el
siglo XVIII desempeñó una labor complementaria muy importante en la enseñanza
médica de la Nueva España.
En tiempos más recientes, la administración de la
institución, y después de cuatro siglos, ha estado en manos de médicos
mexicanos sin relación filial con el conquistador de México. En 1932 asumió el
Patronato un médico mexicano, trabajador y honesto que dedicó su vida
profesional, mejorando las instalaciones, el equipo, entre otras; el doctor Benjamín
Trillo, duró como Patrono 30 años, muriendo en 1962. En diciembre de 1963,
Gustavo Baz, un eminente médico, toda una institución en la vida pública del
país y un hombre que aportó mucho al mundo de la medicina, asumió el Patronato
hasta agosto de 1976, dándole una nueva proyección a los servicios médicos
asistenciales.
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