Las fundadoras de éste convento fueron cuatro monjas de la orden concepcionista. En 1609, gracias al patrocinio del rico hacendado don Diego de Caballero y su esposa, doña Inés de Velasco, marqueses de la Cadena. El templo del siglo XVII desapareció con la remodelación que se realizó a finales del siglo XVIII y por ese motivo fue consagrado nuevamente el 20 de enero de 1709. En el número 26 de la Calle de Moneda destacan sus hermosas puertas de madera tallada, que narra la vida de Santiago Apóstol y en otra puerta la de Santa Inés. Posee una de las cúpulas más hermosas de la ciudad, recubierta de azulejos y en el lado oriente un relieve de Santa Inés sosteniendo un corderito.
Se dice que al pie del presbiterado estuvieron enterrados los pintores del siglo XVIII Miguel Cabrera y José de Ibarra.
Esta construcción desapareció a finales del siglo XVIII. En 1790 se dedicó a la nueva iglesia, que es la conocemos hoy en día. Más bien fue reedificada, no renovada por Francisco de Guerrero y Torres.
El convento todavía conserva la distribución de los coros ya sin rejas y los vanos de la puerta reglar y la cratícula (puertita por donde el sacerdote daba la comunión a las monjas en el Coro Bajo)
En 1861, con la aplicación de las Leyes de Reforma, las monjas fueron exclaustradas y los terrenos del convento fueron fraccionados y puestos a la venta; la iglesia fue cerrada y convertida en almacén. A partir el convento recorrió un largo camino, desde almacén de telas, hasta cobijo para malvivientes; después fue rescatado y habilitado para ser sede del Museo José Luis Cuevas.
En la escalera todavía se conservan todavía se conserva pintura mural del tiempo en que el convento sirviera para albergar a las religiosas.
Se dice que al pie del presbiterado estuvieron enterrados los pintores del siglo XVIII Miguel Cabrera y José de Ibarra.
Esta construcción desapareció a finales del siglo XVIII. En 1790 se dedicó a la nueva iglesia, que es la conocemos hoy en día. Más bien fue reedificada, no renovada por Francisco de Guerrero y Torres.
En 1861, con la aplicación de las Leyes de Reforma, las monjas fueron exclaustradas y los terrenos del convento fueron fraccionados y puestos a la venta; la iglesia fue cerrada y convertida en almacén. A partir el convento recorrió un largo camino, desde almacén de telas, hasta cobijo para malvivientes; después fue rescatado y habilitado para ser sede del Museo José Luis Cuevas.
En la escalera todavía se conservan todavía se conserva pintura mural del tiempo en que el convento sirviera para albergar a las religiosas.
2 comentarios:
Hola Buenas Noches, me podrías decir de que libro o donde conseguiste la foto del claustro de Sanya Inés. Muy buenos tus reportajes.
Hola, saqué las fotos de libro de La Ciudad de los Palacios: crónica de un patrimonio perdido, de Guillermo Tovar y de Teresa. La foto a color es de mi autoría. Muchas gracias por el comentario.
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