
Este convento fue construido para monjas franciscanas hijas de caciques indios; y esto se debió al celo del virrey duque de Arión y marques de Valero, quien puso la primera piedra del edificio en 1720 a pesar de oposición de los jesuitas, que alegaban que las indias… “por su poca capacidad mental no comprendían el estado religioso”. Cuatro religiosas fueron elegidas para dirigir el convento: una del Convento de Santa Isabel, otra del de Santa Clara y dos de San Juan de la Penitencia y de éste último sería la primera superiora, sor Petra de San Francisco, descendiente del conquistador Pedro de Alvarado.
Era tal el gusto que daba a los señores caciques de que sus hijas tomaran los hábitos, que realizaban grandes fiestas cuando la muchacha ingresaba al convento; se organizaba una verbena donde se echaban muchos cuetes y se les daba refrescos a los invitados; y si estos venían de lugares muy lejanos, venían acompañados por una gran comitiva formada por la familia y un numeroso contingente de indígenas armados con arcos y flechas. De Puebla, Guadalajara, Valladolid, Tlaxcala, Oaxaca llegaron indias nobles a poblar el reciente convento de Corpus Christi. Algunas religiosas notables encontramos a doña María Teresa de los Reyes Valeriano y Moctezuma, descendiente del emperador azteca, y a doña Felipa de Jesús, de la casa de aquellos caciques que ayudaron a los españoles en sometimiento de Tepeaca.
Al principio enfrentaron conflictos con sus educadoras criollas, debido a que querían hacerse del monasterio, pero con el tiempo se impuso la razón y el objetivo por el que fue guindado el convento prevaleció . Las monjas indias se distinguieron siempre por su piedad, devoción y la estricta observación de su Regla.
Gracias a las arduas investigaciones de Josefina Muriel, sabemos que Pedro de Arrieta, en 1724, fue el arquitecto y que el lugar fue reedificado en 1750 por fray Juan de Dios Rivera. Como todas las monjas, estuvieron exclaustradas en 1861, y regresaron a su convento durante el Imperio. Pero tuvieron que salir en 1867. El templo tuvo hermosos retablos, el principal tenía una pintura del Santísimo Sacramento todo rodeado de ángeles. Grandes pintores de la época como los hermanos Rodríguez Juárez dejaron su huella.
Después el edificio pasó a ser propiedad de José Ives Limantour, quien lo mando demoler para construir su casa. Se salvó un pequeño claustro, demolido en éste siglo.
Rivera Cambas nos narra que la iglesia se encontraba completa en 1880. En los años veinte, Calles se la entregó al patriarca cismático; pero fracasó y la iglesia fue convertida en bodega, templo protestante, después en tienda de “mexican curious”, Museo de Higiene y en 1951 Museo de Artes e Industrias Populares del Instituto Nacional Indigenista, también desaparecido. Actualmente funciona como el Archivo de Notarías. Sus puertas de madera, talladas en el siglo XVIII se salvaron. El Gobierno del DF está realizando programas de recuperación para éste lugar.
Resulta lamentable que la iglesia de ésta institución que representó “la capacidad del espíritu indígena para alcanzar las más altas cimas de la cultura occidental”, se hubiese convertido en una tienda de curiosidades mexicanas: aquello que alguna vez se utilizó en el siglo XVIII para enaltecer a los indios; en el siglo XIX se convirtió en un símbolo de lo que se hace para prostituirlos.
Era tal el gusto que daba a los señores caciques de que sus hijas tomaran los hábitos, que realizaban grandes fiestas cuando la muchacha ingresaba al convento; se organizaba una verbena donde se echaban muchos cuetes y se les daba refrescos a los invitados; y si estos venían de lugares muy lejanos, venían acompañados por una gran comitiva formada por la familia y un numeroso contingente de indígenas armados con arcos y flechas. De Puebla, Guadalajara, Valladolid, Tlaxcala, Oaxaca llegaron indias nobles a poblar el reciente convento de Corpus Christi. Algunas religiosas notables encontramos a doña María Teresa de los Reyes Valeriano y Moctezuma, descendiente del emperador azteca, y a doña Felipa de Jesús, de la casa de aquellos caciques que ayudaron a los españoles en sometimiento de Tepeaca.
Al principio enfrentaron conflictos con sus educadoras criollas, debido a que querían hacerse del monasterio, pero con el tiempo se impuso la razón y el objetivo por el que fue guindado el convento prevaleció . Las monjas indias se distinguieron siempre por su piedad, devoción y la estricta observación de su Regla.
Gracias a las arduas investigaciones de Josefina Muriel, sabemos que Pedro de Arrieta, en 1724, fue el arquitecto y que el lugar fue reedificado en 1750 por fray Juan de Dios Rivera. Como todas las monjas, estuvieron exclaustradas en 1861, y regresaron a su convento durante el Imperio. Pero tuvieron que salir en 1867. El templo tuvo hermosos retablos, el principal tenía una pintura del Santísimo Sacramento todo rodeado de ángeles. Grandes pintores de la época como los hermanos Rodríguez Juárez dejaron su huella.
Después el edificio pasó a ser propiedad de José Ives Limantour, quien lo mando demoler para construir su casa. Se salvó un pequeño claustro, demolido en éste siglo.
Rivera Cambas nos narra que la iglesia se encontraba completa en 1880. En los años veinte, Calles se la entregó al patriarca cismático; pero fracasó y la iglesia fue convertida en bodega, templo protestante, después en tienda de “mexican curious”, Museo de Higiene y en 1951 Museo de Artes e Industrias Populares del Instituto Nacional Indigenista, también desaparecido. Actualmente funciona como el Archivo de Notarías. Sus puertas de madera, talladas en el siglo XVIII se salvaron. El Gobierno del DF está realizando programas de recuperación para éste lugar.
Resulta lamentable que la iglesia de ésta institución que representó “la capacidad del espíritu indígena para alcanzar las más altas cimas de la cultura occidental”, se hubiese convertido en una tienda de curiosidades mexicanas: aquello que alguna vez se utilizó en el siglo XVIII para enaltecer a los indios; en el siglo XIX se convirtió en un símbolo de lo que se hace para prostituirlos.
1 comentario:
hijole ale, creo que con muchos centros indígenas, o de la colonia que bien deberían conservarse como muestra de lo que somos y lo que hemos pasado para llegar a serlo (poco o mucho), terminan siendo devorados por la necesidad de "venta" de nuestra cultura con la promesa de los ingresos generados por el turismo. Acabando con lo poco que nos queda y me es triste que en realidad lo que tenemos turísticamente hablando, poco es nuevo, ya que la mayoría o nos las dio Diosito (naturaleza), o vienen de la colonia.
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