En papa Urbano segundo hace un llamado a realzar una cruzada o guerra santa en noviembre de 1095, con la finalidad de reconquistar Jerusalén, que se encontraba dominada por el Islam. Para la titánica tarea de reclutar a voluntarios que se unieran esta guerra, el papa argumento que era el sustituto de cualquier penitencia e implicaba también el perdón total del pecado en cuestión. Esto dio origen a las denominadas “indulgencias”.
Para un cristiano, el simple hecho de participar en una cruzada implicaba enormes penas y sacrificios para obtener indulgencias, pero con el paso del tiempo y la falta de recursos, se fueron extendiendo a todo aquel que ayudara con recursos económicos en tal misión.
Luego estos recursos comenzaron a venderse por ejemplo para la construcción de la Catedral de San Pedro en Roma, hasta que acabaron por venderse con cualquier pretexto y sumas simbólicas.
Finalmente 4 años después cayó Jerusalén, donde las cifras sumaron 60 mil víctimas, entre las cuáles encontramos musulmanes, judíos, hombres, mujeres, ancianos y niños. Uno de los testigos aculares de tal acontecimiento fue el arzobispo francés Guillermo de Tiro, quien nos relata lo siguiente en este pequeño fragmento:
“Era imposible mirar al vasto número de muertos sin horrorizarse; por todos lados había fragmentos de cuerpos humanos y el piso estaba cubierto con la sangre de los muertos. No era solamente el espectáculo de cuerpos sin cabeza y extremidades mutiladas tiradas por todas direcciones que inspiraba el terror a todos los que miraban; más horripilante era ver a los victoriosos chorreando sangre de pies a cabeza. Dentro del templo murieron alrededor de 10 mil infieles”.
En los siguientes 200 años se llevaron a cabo un total de 4 Cruzadas más, las cuáles cobraron la vida de millones de personas, tanto árabes como judíos. Los ejércitos católicos arrasaban sin piedad con su infinita crueldad tanto con vidas humanas, como con todo lo relacionado con cultura (libros, manuscritos y pergaminos); a lo que un historiador bizantino llamado Nicetas Choniates escribió: “Hasta los sarracenos son misericordiosos y gentiles comparados con estos hombres que llevan la Cruz de Cristo sobre sus hombros”. Durante esta época nace el concepto político de la cristiandad.
Una de las matanzas más brutales que hubo durante las Cruzadas fue en Francia, en la cuidad de Béziers, cuando llegaron el 20 de julio de 1209 hicieron una propuesta de paz al vizconde Raimundo – Roger de Trencavel y al legado pontificio para entregar a los herejes cátaros, para lo que rechazaron esta propuesta. La ciudad organizó las resistencias, ésta se encontraba muy bien protegida y con alimento suficiente, pero cometieron un error que sería su ruina: aprovechando que el enemigo descansaba, los ciudadanos entraron al ataque dejando abiertas las murallas que rodeaban a las cuidad; los primeros aprovecharon la oportunidad y empezaron matar, saquear, robar, violar mujeres.
Los ciudadanos aterrorizados se refugiaron en la Iglesia para tocar las campanas y pedir ayuda, el sacerdote se vistió sus sacras ropas para salvar su vida, pero fue en vano. La Iglesia de la Magdalena se hallaba suntuosamente adornada, debido a la proximidad de sus festividades; se dice que en su interior había 7 mil aterradas personas.
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