domingo, 10 de octubre de 2010

Las amenzas

La iglesia ya investida con los nuevos poderes que dicta el Edicto de Milán, reprime toda idea que vaya en contra de lo dice la “Santa” institución. Una de las amenazas más severas eran los cátaros, pasando a clasificarlos como herejes y rebeldes sociales, para sí tener un motivo para exterminarlos y con esto poder unir los poderes de la Iglesia y el Estado. Durante este etapa de la historia es cuando realmente nace la Inquisición, la cual tenía la “misión” de la “pureza de fe o de dogma”; y el causante de este nefasto acontecimiento es el papa Gregorio IX que promulga en el año de 1223 una bula que establece la “Santa Romana y Universal Inquisición”, cuyo objetivo era erradicar todo acto de herejía donde quiera que estuviera. Para comenzar, los escritos de los precursores de la Reforma protestante fueron analizados meticulosamente para detectar todo acto herético y posteriormente se les condena.

¿Porque los cátaros se volvieron una potencial amenaza?

Era mediados del siglo XII al sur de Francia en la Occitania (el Languedoc); esta región se caracterizaba especialmente por sus costumbres tan relajadas costumbres, una vida disipada, corrupta y parásita; también disfrutaban de chupar como sanguijuelas al pueblo con impuestos de los diezmos y disfrutar del concubinato con barraganas o concubinas. Es en esta situación cuando llegan a la región grupo de predicadores que se hacen llamar cristianos, quienes traen mensajes de amor, tolerancia y libertad. También atacan a la Iglesia Romana, tachándola de: la gran Babilonia, la basílica del Diablo y la sinagoga de Satán.

Los cátaros eran defensores de la dualidad de principios, el Bien y el Mal, todo con vinculaciones cristianas, judías; todo esto con aportaciones esotéricas pero con coherencia teórica, que en poco tiempo les hace ganarse la simpatía en todas las clases sociales, llegando a expandirse hasta el norte de Italia.

La iglesia siempre había manipulado a las masas con el miedo al infierno y la condena al fuego eterno; pero todas estas amenazas a los cátaros no les preocupaba en absoluto, ya que ellos creían que el hombre estaba destinado a la salvación de modo inevitable, así que el miedo no era parte de su religión.

Otra doctrina que entró, pero con más moderación era la de los valdenses llamados así por Pedro Valdo, en la cual su postulado decía lo siguiente: “No existe el menor motivo legítimo para quitarle la vida a nadie, ni por motivos criminales y menos doctrinales”.

Valdenses y cátaros se unieron para armar un movimiento democrático contra el clero para abolir los privilegios de los cuáles gozaba; para esto la “Santa sede” empezó una campaña de desprestigio contra estas dos doctrinas argumentado pactos con el diablo, prácticas de rituales denominados sabbats, orgías, etc.

Luego la Iglesia comenzaría una persecución hacia estos grupos mediante su exterminio y aquí comenzaría un periodo de la historia denominado “Las Cruzadas”, el cuál será tratado en posteriores publicaciones.

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