domingo, 6 de marzo de 2011

La calle de las Canoas

Las calles van recibiendo sus nombres, de acuerdo a los hechos históricos o leyendas que ahí acontecieran en algún tiempo lejano, y que muchos de ellos todavía se conservan hasta nuestros días; pero desgraciadamente a lo largo de la historia hemos perdido algunos sucesos y aconteceres, los cuáles jamás podremos llegar a saber. Pero afortunadamente muchas historias que han pasado de generación en generación, las podemos disfrutar todavía en nuestros días, como la que les voy a relatar a continuación.

La traza de la cuidad de los antiguos mexicanos podía ser de tres maneras:

  • De agua, para que las canoas pudieran circular libremente
  • De tierra
  • Mitad tierra y mitad agua

Después de la Conquista, se empezó a hacer la traza de la ciudad, donde se marcaban los límites de la española con la indígena; así poco a poco los conquistadores fueron levantando la ciudad de entre las ruinas de la antigua civilización. Para llevar a cabo esta tarea, muchas calles donde corría el agua fueron cegadas, pero hubo una sola que siempre destacó de entre todas las demás, no solo por ser una de las más largas, sino por los nombres que fue adquiriendo a lo largo del tiempo: la Calle de las Canoas.

Esta famosa calle comenzaba su recorrido desde el costado de Palacio Nacional y terminaba en lo que hoy es Eje Central. La calle formaba un canal largo, que empezaba desde el Puente de la Leña, que según nos cuenta Orozco: “Al extender los franciscanos su monasterio cegaron parte de la acequia, resultando el callejón de Dolores, y otro callejón que salía con una acequia para la calle de Zuleta, y que subsistía en 1782”; y después de hacer todo este recorrido, su destino era el Hospital Real.

Durante aquella época no existía la Primera calle de Independencia, y que lo que era el callejón de Dolores, comenzaba desde la esquina de Gante y terminaba hasta el Coliseo, ésta última también fue llamada de la Acequia, lo mismo que todas las cabeceras que seguían hasta el Puente de la Leña; que durante la época de la Conquista era mejor conocido como las Calle de las Canoas. El callejón de Dolores estuvo cerrado en el lado oeste hasta que el convento de San Francisco fue derribado.

Pasó el tiempo y la acequia de la Calle de las Canoas se fue secando, hasta quedar solo tierra firme; primero los Franciscanos contribuyeron cuando construyeron su monasterio, después el primer Conde de Revilla Gigedo, don Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, entre 1753 y 1754, mando construir una bóveda desde el Coliseo hasta la Diputación; y por último en septiembre de 1781 durante el virreinato de don Juan Vicente Güemes, segundo Conde de Revilla Gigedo, fue mandado tapar hasta el Colegio de Santos, la cual después sería conocida como de la Acequia.

La Calle de las Canoas, fue llamada así porque durante la época de la conquista cuando fue construido el teatro primitivo, a esa sección se le denominó Coliseo; después este teatro fue demolido y se levantó lo que es el Teatro Principal, después la calle pasaría a llamarse Coliseo Viejo. Las cabeceras siguientes adoptaron otros nombres, como del Refugio, Tlapaleros, Portales de la Diputación y de las Flores, Puente de Palacio, Meleros, Acequia (después de Zaragoza), y Puente de la Leña.

A lo largo de todo lo que era la calle de las Canoas, para atravesar de Sur a Norte, el lugar contaba con varios puentes que después dieron nombre a las calles en cuyas extremidades estuvieran situados; entre los cuales tenemos: los puentes de Espíritu Santo, de Correo Mayor y de Jesús María; y según nos cuentan las crónicas también existieron los puentes del Coliseo Viejo, de la Palma, de los Pregoneros, en la esquina de la Monterilla, y de Palacio,, pues con este último nombre se designó la acera Norte inmediata al Portal de las Flores. El Puente de la Leña corría de oriente a poniente.

Esta es la historia de una de las calles más antiguas del Centro Histórico, o sea, la calle de las Canoas, la cual se le diese nombre, debido a que por ella entraban multitud de canoas llenas de legumbres, frutas y flores, que los indios cultivaban en sus chinampas ni en los jardines circundantes, para de este modo venir a venderlas en plazas y portales, cerca de donde pasaba el canal que recorría la longitud que abarcaba esa calle. Durante los primeros siglos después de la conquista, el tráfico era abundante, principalmente en los días de la Semana Mayor y en especial en el Viernes de Dolores, muy temprano se podían ver infinidad de chalupas cubiertas de toda clase de flores, que se realizaban en grandes cantidades. Esta costumbre dio origen al paseo que se llevaba a cabo en la Vida, antes Puente de Roldán, y que al igual que muchas costumbres mexicanas han ido desapareciendo con el paso del tiempo, debido a la vida tan rápida y agitada que se vive hoy en día en la urbe; pasando a formar parte de los dichos y leyendas populares.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ale: Solo para decirte..."Eres Genial" has realizado un trabajo de oro Puro !!! no sabes cuanto te Felicito y Agradezco toda la inforamción que tienes. Solo te admiro por tan buen trabajo. Leí todo, lo que tienes en Leyendas Coloniales. Yo te debo mucho. Con mucho cariño recibe un saludo, de Bany.

Jaime Montesinos dijo...

Si con tu aportación se hace conciencia de los canales y ríos que también se taparon, Río Churubusco, Río de la Piedad, Río Consulado, etc, que se deberían recuperar para lograr una ciudad de canales y ríos, que sin duda sería famosa en el mundo y atraería turismos, regeneraría el manto acuífero evitando los hundimientos y sería más barato realizar los viajes por agua, efectivamente perdemos conciencia, todos los rasgos culturales y anadie le importa, felicidades por la trilogía