Este Portal abarcaba desde la mitad de la calle del Refugio hasta la esquina de Espíritu Santo, que es el tercer tramo de Isabel la Católica. A diferencia de otros de la misma calle, el Portal que nos ocupa se caracterizaba por ser de pequeñas dimensiones, apenas ocupaba cuatro casas, una de ellas era la famosa armería de Morel que duró muchos años, fundada por don Julio Ives Limantour, padre de don José, el Gran Ministro de Hacienda del general don Porfirio Díaz.
El Portal era limpio y de techo bajo, enlosado con grandes losas, y la mercancía que se podía encontrar era solamente fruta, de ahí nació su nombre de “Portal de la Fruta”. Los productos venían de todo lo largo y ancho del país, deleitando a todos los clientes con sus variados aromas, que invitaban a adquirir alguna fruta para disfrutar de su sabor. Temprano ya comenzaba a verse movimiento en el Portal de la Fruta, los puestos llenos de mercancía se encontraban arrimados a las robustas pilastras o la pared que les era frontera, formados con una mesa y encima de ella cuatro o cinco gradas, cubiertas con un mantel lleno de encaje, entredoces y puntillas, encima eran colocadas ramas frescas de hinojo o de camedores, por último la fruta limpia y lustrosa era colocada encima para que el color de estas plantas resaltara su frescura y lozanía, y a un lado se podían observar sendos canastones llenos de mercancía, de los cuáles emanaban aromas que eran un deleite para la nariz.
Estos portales se les llamaba del Refugio por estar ubicados en esa calle, pero más bien eran conocidos como del Espíritu Santo, no porque estuvieran cerca del hospital que llevaba ese nombre, sino por la razón de que eran parte de la propiedad de este instituto creado con fines tan nobles; dos casas estaban escrituradas a nombre de esta, una de ellas fue comprada y la otra fue donada por su fundador Alonso Rodríguez del Vado, pero este benefactor no fue el que mandó construir el portal, sino nada menos que Pedro Salcedo, fiel trabajador del Ayuntamiento.Este caballero tiene una historia bastante pintoresca ¿cuál?, sigue leyendo. Un día de 27 de noviembre del año en gracia de 1574, don Pedro manifestó a la Ciudad que Dios lo había llenado de bendiciones, pues era poseedor de unas casas en la calle de la Acequia, que se encontraban muy cerca de una de las propiedades del doctor Sedeño, y de paso era afortunado poseedor de una amplísima descendencia. El problema que tenía este caballero, era que al tener una familia tan numerosa, en su casa ya vivían todos apretujados como chinches en pretina y su deseo era ampliar el espacio de la misma para dar cabida a más nuevos miembros de la familia, pues conociendo a su linda y tierna esposa de lo que era capaz en el asunto de “fabricar” niños era como coser y cantar. Debido al severo apretujamiento en que vivían pedía encarecidamente al cabildo municipal le diera la autorización para mandar construir las habitaciones que tanto necesitaba con urgencia.
Total que para no hacerles el cuento largo, debido al inevitable crecimiento familiar, a don Pedro Salcedo se le otorgó el permiso para los trabajos de ampliación (de su casa, no del árbol genealógico), todo de manera muy detallada y meticulosa para que después no surgieran problemas del tipo: “es que construiste en mis terrenos”, “es que estorba y no deja pasar”; estas y otras condiciones fueron estipuladas por las autoridades del Ayuntamiento, a lo que Don Pedro aceptó sin quejarse, y para que después no hubiera otra clase de conflictos, mandó a que su escribano don Diego Tristán le expidiese un documento con todos los requisitos que pedía la ley, para que le sirviera de título de propiedad para el futuro portal que construiría; el escrito en cuestión fue certificado el 21 de junio de 1565.
Pasaron los años y el prolífico caballero falleció, su viuda decidió irse a otra parte y vendió la casa, su nuevo propietario la volvió a vender años más tarde, pasando así de mano en mano, hasta que por fin el destino la colocó en el camino de Alonso Rodríguez del Vado, a quien no le gustaba la construcción ni arquitectura de la casona ni los portales, lo mandó todo remodelar a su gusto, y una vez concluidos los trabajos, le cedió al Hospital del Espíritu Santo ambas partes de la propiedad, cosa que le cayó como anillo al dedo al ser una institución de reciente creación, quedando así con muchos bienes y privilegios.
A nombre de esta fundación se presentó Rodríguez del Vado el 17 de agosto de 1612 para solicitar a las autoridades municipales la ampliación de los portales que había terminado de construir en la casa contigua, que había pertenecido a un tal Juan del Jaso, al que hace poco tiempo había adquirido a precio de plata. Ante esta petición, se armó un tremendo relajo, pues como siempre unos estaban a favor y otros en contra, argumentos iban y venían, todos de un gran calibre, discusiones acaloradas y ardientes donde ambas partes defendían como fieras sus argumentos.
Finalmente, lograron ponerse de acuerdo y autorizaron la ampliación de los portales, aunque todavía existían bandos en contra que argumentaban que el Hospital del Espíritu Santo no era un bien constituido y que Rodríguez del Vado en cualquier momento revocaría su donación; pero esto llegó todavía más lejos, pues al negarse los regidores a que se concediera el permiso, ni tardos no perezosos corrieron a solicitar un certificado para poder apelar ante la Real Audiencia, y por más esfuerzos que hicieron dando argumentos eficaces y vigorosos, su solicitud falló a su favor, disponiendo que el permiso fuera concedido el 23 de noviembre de 1612.
1 comentario:
¡Mil Gracias! Requería saber cuál era el "Portal del Refugio" y me has sacado del problema. Felicidades por tu blog.
Publicar un comentario