La cantidad de
milagros que ha hecho la morenita del Tepeyac a sus fieles devotos durante
tantos siglos, son innumerables. En esta ocasión mencionaremos algunos de
estos, que sin duda alguna fueron de los que más dejaron huella en nuestra
historia. ¿Quiere saber de qué se trata?, entonces sigue leyendo.
El segundo milagro
En una ocasión
había una fiesta llena de alegría durante la procesión por la calzada del Tepeyácac
para acompañar a la Virgen, pero también hubo aun herido de muerte: en la
ocasión en que se trasladaba la sagrada imagen al primer templo que se erigió
su honor, en medio del sol en hicimos ceremonial, procesión nutrida seguida de
gran número de indios que daban muestras de inusitado regocijo con alegres
danzas y mitotes, simulaciones de combates y otras cosas por el estilo, en esos
actos a uno de ellos se le disparó una flecha por accidente, que fuera clavarse
en el cuello de otro indio, produciéndole la muerte instantánea; llevado fue
hasta los pies de la imagen, acto seguido se le extrajo la flecha y
milagrosamente volvían la vida, los ahí presentes quedaron estupefactos y
después llenos de beneplácito del regio y nutrido concurso.
A este hecho se le
puede considerar el segundo milagro Guadalupano, recordemos que la Virgen se
aparece a los pies de un moribundo Juan Bernardino, tío de Juan Diego, para
hablarle y salvar así su vida.
Las mandas y los milagros
La manda es una
promesa que tenemos que cumplir como un pago por un favor celestial concedido;
miles de personas llegan de rodillas durante el año, por la calzada de los
Misterios hasta los pies de la imagen; exhaustos, heridos, la miran, levanta
los brazos con su adolorido cuerpo, derraman lágrimas en compañía de su familia
más cercana, de los amigos, y los más valientes van solos. Antes de ponerse en pie hablan con la
Morenita, le piden, les suplican o le da las gracias a gritos. Esta es la
imagen que podemos ver de manera cotidiana en la basílica de Guadalupe.
La lámpara de aceite
Otro milagro, fue
cuando un hombre que rezaba frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe
le cayó sobre la cabeza una lámpara de aceite caliente que pendía del techo; no
la pasó absolutamente nada a pesar del tremendo golpe, y lo curioso es que
también la lámpara y el fuego salieron ilesos. ¡Asombroso! ¿No crees?
¡Este dolor me está matando!
Se cuenta también, que
un hombre vivía atormentado por un terrible dolor de cabeza llovidos, pidió
encarecidamente que lo llevaron al templo del Tepeyac, en donde se puso rogarle
con toda la fuerza de su corazón para que lo aliviara. Al regreso del santuario
ya no sentía dolor.
La Virgen quería luz
El licenciado Acuña
se preparaba para iniciar su misa, en ese momento dos relámpagos salieron de la
sagrada imagen, y acto seguido se encendieron las aceras del altar mayor de la
ermita.
La terrible epidemia de Matlazáhuatl
Corría el año de
1737, cuando tuvo lugar la decimoséptima (peste) en la serie de epidemias que
azotaron a la población de la Nueva España desde la Conquista española, siendo
ésta una de las peores de que se tenga registro. La capital agonizaba, las
crónicas nos relatan que una pira funeraria ardió por más de tres meses con los
cadáveres de aquellos que murieron aniquilados por la fiebre, dejando la ciudad
impregnada de un hedor insoportable. Los muertos finalmente llegaron a la
cantidad de 40.000 en total.
Como lo largo de la
historia siempre ha sucedido, los indios y los pobres llevaron la peor parte, y
las autoridades eclesiásticas argumentaban que estaban pagando por sus antiguos
pecados y su idolatría; pero la epidemia no sólo fue la capital de Nueva
España, pues también se extendió a los estados de Puebla y Oaxaca, cobrando
también miles de vidas.
Viéndose presas de
la desesperación, decidieron recurrir a la ayuda del Cielo, inicialmente se
pensó traer a la Virgen de Guadalupe a la Catedral, pero esto nunca se llevó a
cabo. Fue cuando el ayuntamiento, entonces solicitó la intervención divina de
la Niñita Celeste, solicitando al arzobispo que se reconociera a Nuestra Señora
de Guadalupe como la patrona principal de la capital. Después de miles de
peticiones, la peste finalmente cedió, y la Morenita del Tepeyac fue declarado
oficialmente por las autoridades como la gran patrona.
Sólo cinco años
Juan B. Galindo se
encaminaba a la villa de Guadalupe, como cada 12 septiembre con su padre y su
hermano, desde el Río Grande, Texas. Siempre con una manda por delante
siguieron por 30 años esta tradición, hasta que murió su padre a los 55 años,
después su hermano también a los 55 años. Juan siguió cumpliendo con sus mandas
cada 12 septiembre en nombre de los tres, pero cuando su cumpleaños número 55
se acercaban, temió por su vida; entonces le pidió a la Morenita le concediera
cinco años más de vida para terminar de educar a sus hijos.
El 12 septiembre
1996, al subir el último escalón de la Basílica, desde donde ya podía ver la
imagen de la Virgen, Juan sintió un golpe en el pecho, su sobrino lo ayuda a recostarse y antes de morir alcanzó a meter
la mano en el bolsillo de su pantalón para coger la medalla de oro de Guadalupe
que pertenecía su padre. En la fecha antes mencionada, se cumplían los cinco
años de la promesa, ni un día más, ni un día menos.
Éstos sólo son
algunos de los milagros más importantes que se han registrado en torno a la
Virgen de Guadalupe, pues si intentáramos contabilizarlos y mencionarlos todos,
simplemente nunca terminaríamos, podríamos pasarnos una vida entera hablando de
ellos, y aún así siempre tendríamos mucho que contar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario