domingo, 4 de diciembre de 2011

Los milagros de la Virgen de Guadalupe


La cantidad de milagros que ha hecho la morenita del Tepeyac a sus fieles devotos durante tantos siglos, son innumerables. En esta ocasión mencionaremos algunos de estos, que sin duda alguna fueron de los que más dejaron huella en nuestra historia. ¿Quiere saber de qué se trata?, entonces sigue leyendo.

El segundo milagro
En una ocasión había una fiesta llena de alegría durante la procesión por la calzada del Tepeyácac para acompañar a la Virgen, pero también hubo aun herido de muerte: en la ocasión en que se trasladaba la sagrada imagen al primer templo que se erigió su honor, en medio del sol en hicimos ceremonial, procesión nutrida seguida de gran número de indios que daban muestras de inusitado regocijo con alegres danzas y mitotes, simulaciones de combates y otras cosas por el estilo, en esos actos a uno de ellos se le disparó una flecha por accidente, que fuera clavarse en el cuello de otro indio, produciéndole la muerte instantánea; llevado fue hasta los pies de la imagen, acto seguido se le extrajo la flecha y milagrosamente volvían la vida, los ahí presentes quedaron estupefactos y después llenos de beneplácito del regio y nutrido concurso.
A este hecho se le puede considerar el segundo milagro Guadalupano, recordemos que la Virgen se aparece a los pies de un moribundo Juan Bernardino, tío de Juan Diego, para hablarle y salvar así su vida.

Las mandas y los milagros
La manda es una promesa que tenemos que cumplir como un pago por un favor celestial concedido; miles de personas llegan de rodillas durante el año, por la calzada de los Misterios hasta los pies de la imagen; exhaustos, heridos, la miran, levanta los brazos con su adolorido cuerpo, derraman lágrimas en compañía de su familia más cercana, de los amigos, y los más valientes van  solos. Antes de ponerse en pie hablan con la Morenita, le piden, les suplican o le da las gracias a gritos. Esta es la imagen que podemos ver de manera cotidiana en la basílica de Guadalupe.


La lámpara de aceite
Otro milagro, fue cuando un hombre que rezaba frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe le cayó sobre la cabeza una lámpara de aceite caliente que pendía del techo; no la pasó absolutamente nada a pesar del tremendo golpe, y lo curioso es que también la lámpara y el fuego salieron ilesos. ¡Asombroso! ¿No crees?

¡Este dolor me está matando!
Se cuenta también, que un hombre vivía atormentado por un terrible dolor de cabeza llovidos, pidió encarecidamente que lo llevaron al templo del Tepeyac, en donde se puso rogarle con toda la fuerza de su corazón para que lo aliviara. Al regreso del santuario ya no sentía dolor.

La Virgen quería luz
El licenciado Acuña se preparaba para iniciar su misa, en ese momento dos relámpagos salieron de la sagrada imagen, y acto seguido se encendieron las aceras del altar mayor de la ermita.

La terrible epidemia de Matlazáhuatl
Corría el año de 1737, cuando tuvo lugar la decimoséptima (peste) en la serie de epidemias que azotaron a la población de la Nueva España desde la Conquista española, siendo ésta una de las peores de que se tenga registro. La capital agonizaba, las crónicas nos relatan que una pira funeraria ardió por más de tres meses con los cadáveres de aquellos que murieron aniquilados por la fiebre, dejando la ciudad impregnada de un hedor insoportable. Los muertos finalmente llegaron a la cantidad de 40.000 en total.
Como lo largo de la historia siempre ha sucedido, los indios y los pobres llevaron la peor parte, y las autoridades eclesiásticas argumentaban que estaban pagando por sus antiguos pecados y su idolatría; pero la epidemia no sólo fue la capital de Nueva España, pues también se extendió a los estados de Puebla y Oaxaca, cobrando también miles de vidas.
Viéndose presas de la desesperación, decidieron recurrir a la ayuda del Cielo, inicialmente se pensó traer a la Virgen de Guadalupe a la Catedral, pero esto nunca se llevó a cabo. Fue cuando el ayuntamiento, entonces solicitó la intervención divina de la Niñita Celeste, solicitando al arzobispo que se reconociera a Nuestra Señora de Guadalupe como la patrona principal de la capital. Después de miles de peticiones, la peste finalmente cedió, y la Morenita del Tepeyac fue declarado oficialmente por las autoridades como la gran patrona.

Sólo cinco años
Juan B. Galindo se encaminaba a la villa de Guadalupe, como cada 12 septiembre con su padre y su hermano, desde el Río Grande, Texas. Siempre con una manda por delante siguieron por 30 años esta tradición, hasta que murió su padre a los 55 años, después su hermano también a los 55 años. Juan siguió cumpliendo con sus mandas cada 12 septiembre en nombre de los tres, pero cuando su cumpleaños número 55 se acercaban, temió por su vida; entonces le pidió a la Morenita le concediera cinco años más de vida para terminar de educar a sus hijos.
El 12 septiembre 1996, al subir el último escalón de la Basílica, desde donde ya podía ver la imagen de la Virgen, Juan sintió un golpe en el pecho, su sobrino lo ayuda  a recostarse y antes de morir alcanzó a meter la mano en el bolsillo de su pantalón para coger la medalla de oro de Guadalupe que pertenecía su padre. En la fecha antes mencionada, se cumplían los cinco años de la promesa, ni un día más, ni un día menos.
Éstos sólo son algunos de los milagros más importantes que se han registrado en torno a la Virgen de Guadalupe, pues si intentáramos contabilizarlos y mencionarlos todos, simplemente nunca terminaríamos, podríamos pasarnos una vida entera hablando de ellos, y aún así siempre tendríamos mucho que contar.

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