NIÑO DE LAS PALOMITAS
La
historia de esta imagen comienza en el año de 1923, cuando al padre fray
Clemente le es obsequiado un hermoso
Niño Dios de 30 centímetro de alto, el cual tenía la característica de
traer entre sus manitas unas blancas palomitas. Dicho presente fue hecho por la
señora Josefina Larrañaga, mujer devota conocedora de las labores del
religioso, por ese motivo el detalle de las aves, que representan el amor, la
bondad, la fe, la sabiduría, la paciencia, la inocencia y la pureza, que se
entrega a todos los hijos de nuestro señor Dios.
El
fraile se hizo acompañar de la milagrosa imagen durante su estancia en el
Convento de Victoria, en Avala España; y para cuando se tuvo que mudar, los
habitantes de los rumbos comenzaron a pedirle favores al milagroso niño, que si
los escuchaba con atención y los cumplía. Después llegó a la ciudad de México, en
donde se le instaló en el Concento del Carmen, allá en los rumbos de San Ángel,
la veneración de los fieles no se hizo esperar, y tal fue su éxito de la imagen
milagrosa, que el arzobispo de México
aprobó su culto en año de 1944.
La
devoción y los favores que cumplía este niño, se fueron corriendo de boca en
boca, y no hubo templo carmelita alguno en que faltara la imagen; pero su
veneración se afianzó más en el templo de Tacoaleche, Guadalupe, en el estado
de Zacatecas, donde cada 7 de enero es su fiesta grande.
Oración
“Bendíceme, Niño Jesús y ruega por mi sin
cesar. Aleja de mí, hoy siempre el
pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí. Si cien veces caigo, cien veces
levántame. Si me dejas Niño, ¿Qué será de mí? En los peligros del mundo
asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga
sonreír. Mírame con compasión, no me dejes Jesús mío. Y, al final, sal a
recibirme y llévame junto a ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén.
Aleluya. Rezar una gloria.”
NIÑO DE LAS SUERTES
Cuenta
la leyenda, que un día dos misioneros caminaban rumbo a Tlaxcala, cuando den
repente escucharon el llanto de un bebé, se acercaron para averiguar más y se
dieron cuenta que el pequeño tendría apenas unos escasos cuatro meses de edad,
pero cuando uno de ellos se agachó para cargarlo, el infante quedó petrificado
en la postura en la que lo podemos ver, y en ese sitio milagrosamente nació un
hermoso manantial. Al ver tal maravilla, los frailes llevaron inmediatamente al
niño ante el arzobispo don Francisco de Lizana y Beaumont, para relatarle lo
sucedido y mostrarle la imagen como una prueba irrefutable.
Después
de arrodillarse ante el Niño y rezar por el milagro, ahora debían colocarlo en
un lugar fijo para que los fieles pudieran ir a rendirle culto, a lo que el
arzobispo decide dejar la decisión al
azar: se llevaría a cabo un sorteo para ver en que iglesia se iba a quedar, y
para sorpresa de todos, el Convento de San Bernardo salió dos veces ganador.
El
arzobispo al principio se opuso porque el templo en cuestión era muy pobre,
pero al ver que las probabilidades estaban a su favor, tuvo que apechugar, y
entonces decide nombrar a la imagen como “El Niño de las Suertes”. Pasó el
tiempo, y la gente contaba que el convento iba a ser demolido, por lo que
decidieron trasladar al infante a otra capilla, pero al día siguiente grande
fue el asombro de todos cuando no lo encontraron, y acto seguido se dieron a la
tarea de buscarlo, hasta que lo encontraron recostadito en su anterior
capillita.
Los
devotos recomiendan, que cuando se visite al niño por vez primera hay que
llevarle como obsequio un juguetito, sin importar el tamaño o su costo, pues al
amanecer del día siguiente, estos aparecen en un lugar distinto al que se les
dejó la noche anterior, por eso la gente dice que el pequeño juega en ese lapso
de tiempo. Hoy en día ésta milagrosa imagen se encuentra en la hacienda “Ojo
del Niño”.
Oración
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Piadoso Jesús mío y sagrado dueño, llego
a tus plantas, arrepentido, a confesar mis culpas!
PRIMER DÍA EN HONOR DE SU PODER
¡Jesús mío, ten misericordia de nosotros!
Óyenos piadoso y concédenos lo que te pedimos, por los cuidados que le prodigó
tu Santísima Madre. (Petición). Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
SEGUNDO DÍA EN HONOR A SU SABIDURÍA
¡Que dichoso me siento postrado aquí de
hinojos! Vengo a verte, mi amado Niño, vengo a pedirte consuelo en mis dolores.
(Petición). Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
TERCER DÍA EN HONOR A SU MISERICORDIA
Levanto mis ojos hacia ti y te veo dulce y
risueño, convidándome a abrirte mi corazón a contarte todas mis amarguras. ¿Me
oyes querido Niño? El corazón me dice que sí. (Petición. Padre Nuestro, Ave María
y Gloria.
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