Todos alguna vez hemos escuchado hablar de estas
criaturas, pero seguramente nunca nos hemos preguntado ¿cuál fue su origen? ¿Desde
qué época existieron?
Nahuatl y
el plural antiguo de Nanahuatl, son
palabras con las que fueron conocidas todas las tribus que hablaban el idioma
mexicano, originándose de estas el nombre de las siete naciones Nahuatlacas,
que podemos encontrar mencionadas en varias historias y relaciones de México.
Durante la época de la conquista el vocablo
“Náhuatl” nos hablaba sobre un hombre ladino, que habla bien su lengua; dicha
palabra se deriva de Nahualli, que
quiere decir, secreto, misterioso, oculto. Durante su origen es aplicado a las
tribus del idioma mexicano, porque fueron sus sacerdotes y señores quienes
introdujeron en Temoauchan o Chiapas los misterios en los cuales había
derramamiento de sangre humana, los cuales venían acompañados de una multitud
de supersticiones, todos estos ritos tomarían después del nombre de Nahualismo.
Los Nahualtacas ayudados por la superstición, conspiraron durante más de un
siglo para la destrucción de la religión y de la dinastía de los Chanes, y el
traslado del imperio de Nahuan o Palenque a Tuhla.
Con el paso del tiempo, la expresión Nahualli fue
adoptada como sinónimo de brujo, mago, hombre hábil en las ciencias y en las
artes, siendo origen del nombre”Nahualista”. Los pueblos entonces derivaron de
estar la palabra “Náhuatl”, para nombrar a los hombres del mismo origen y
lenguaje que los mexicanos, así también se les asociaba con la magia y
hechicería. El vocablo “Náhuatl” todavía es sinónimo de genio o demonio
familiar, y el Nahualismo es el tipo de magia que podemos encontrar más
comúnmente en la mayor parte de las provincias mexicanas, llegando hasta la
República de Guatemala.
Los primeros nahuales fueron antiguos sacerdotes,
que oponiéndose a la nueva religión, trataron de conservar las creencias que
habían heredado de sus antepasados, ya que ellos las consideraban como una
verdad absoluta; bajo este aspecto fueron muy venerados y se atrajeron multitud
de creyentes. Estos personajes vivían en lugares apartados y muy lejanos, y se
decía que acostumbraban cortarse el pelo como los monjes, con una corona de
cabello y el resto se lo quitaban; pero debido a la constancia inquebrantable
de los predicadores cristianos, poco a poco fueron desapareciendo hasta tomar
otras formas, transformándose en curanderos.
Estas criaturas son animales que viven dentro de un
brujo, y se cuenta que cuando cae la noche sale a alimentarse con el alma de
alguien, al que la va consumiendo si energía por medio de una enfermedad.
También se dice que los nahuales están hechos de aire, y que para
materializarse pueden tomar la forma de diversos animales, como tigres, zorros,
gatos, perros, entre otros más; además pueden
adoptar la forma de un fenómeno de un fenómeno natural, como el trueno,
el viento o bolas de fuego. En muy raras ocasiones pueden llegar a convertirse
en seres pequeños de forma humana, se les puede distinguir porque siempre están
aviados de negro y ésta característica los hace más fuertes y peligrosos.
Una vez que las criaturas adoptan su forma,
comienzan a rondar la morada de su víctima, ya sea escondiéndose o rondando el
lugar aparentando ser un animal inofensivo; además se cuenta que los nahuales
hace sus reuniones por la noche para acordar quien será el pobre desdichado al
que le robarán su alma.
Siguiendo las instrucciones de un brujo en quien
habita ni a quién sirven, salen todas las noches a cumplir su trabajo; deben
escuchar todo lo que está a su alrededor ya sea para proteger o castigar, pero
sobre todo para comerse el alma de aquel que haya cometido un grave pecado.
Cuando es de día, el nahual al permanecer en reposo en el corazón de su dueño.
Este espíritu es adquirido por algunos brujos,
ancianos o personas importantes de un poblado; en algunos lugares de Chiapas de
repente comenzaron a haber muertes de niños y mujeres, por lo que fue necesario
decapitar a los hombres que rebasan los 50 años de edad, ya que los
consideraban posibles poseedores de un nahual, y al morir el hombre también lo
hacía aquel espíritu.

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