domingo, 19 de agosto de 2012

Real Monasterio de Jesús María (Segunda Parte)



Reglas del convento
Cuando el convento fue trasladado al lugar que conocemos hoy, había treinta y cuatro monjas dotadas, veintidós capellanas, diez novicias e igual número de pupilas. El rey Felipe II, por la real cédula firmada en Lisboa en febrero de 1583, admitió la fundación bajo su patronato, haciéndola suya y donándole una cuantiosa suma, le concedió innumerables gracias y privilegios; vinculando directamente el monasterio con la Corona Española, pasando después de herencia a los reyes sucesores, pues recordemos que ahí estaba recluida la hija del monarca. El convento siguió conservando su propósito inicial de aceptar a descendientes de conquistadores, pero se volvió legal cuando fue otorgada la cédula real el 2 de octubre de 1588.
La abadesa estaba obligada a informar anualmente al rey de todo lo que hubiera ocurrido. En el convento había rectora, maestra y pedagoga. Cuando alguna de las pupilas era llamada a la reja o torno, era acompañada por la madre rectora; las niñas eran despertadas a las seis de la mañana, tomaban su desayuno a las siete, oían misa, rezaban la estación y después se dirigían la sala de labor, leían, escribían o hacían lo que se les ordenara, a las diez y media estudiaban la doctrina, comían a las once y media, descansaban hasta las dos en que volvían a la sala de labor, salían de ahí hasta las cinco, después a las seis rezaban el rosario, cenaban y luego de varios rezos se acostaban a las nueve. No podían tener dinero a ocho les cubrían sus gastos el real erario.

Remodelaciones y cambios
La iglesia  fue renovada por más de noventa años (1597 – 1691); el claustro fue reparado  y concluido  hasta el años de 1775; después con muchas limosnas de particulares se terminó la torre y la parte incompleta de la iglesia y el convento.  Entre sus historias, destaca que sor Juana Inés de la Cruz formó parte de la comunidad de beatas, así como también la fama que tenían los hermosos cantos de las religiosas.
Al ser exclaustradas las religiosas en 1861 fueron conducidas veintinueve de ellas al de Regina, donde estuvieron hasta 1863; pero por desgracia, en el mismo año de exclaustración de las religiosas y hasta 1874, se estima que los hermosos retablos barrocos del templo comenzaron a perderse. Las monjas dieron servicios religiosos hasta 1933, año en que fuera clausurado y entregado al servicio de la Secretaría de Guerra y Marina.  El convento fue vendido y convertido en habitaciones particulares; su capital de un millón de pesos, incluía setenta y nueve fincas; y sus capitales activos producían un rédito de  cerca de nueve mil pesos.
Existe un plano que data del siglo XVIII, el cuál sumado con las descripciones de Sigüenza y algunos documentos de los artistas que participaron  en la obra, como Luis Juárez y Pedro Ramírez, permite que tengamos una idea del esplendor que tuvo alguna vez éste conjunto.
Se mencionan como posibles arquitectos que le dieran  una remodelación completa al templo, a Pedro Briseño y Manuel Tolsá.
Es de destacar las hermosas pinturas de los evangelistas, ubicadas  en las pechinas que dan soporte a la cúpula. A pesar de que da la apariencia de haber sido restaurada el siglo pasado, aún quedan restos que datan de la segunda mitad del siglo XVIII; como olvidar el coro que podemos ver en la parte posterior, elemento indispensable en todo convento que se preciara.
A finales del siglo XVIII, José Antonio González Velázquez, quien fuera director de la Academia de San Carlos transformó la iglesia al estilo neoclásico; también hizo importantes participaciones en San Pablo el Nuevo y Santa Teresa a principios del siglo XIX. A partir de 1861, el convento tuvo múltiples usos: cine, villares y vecindad; y la iglesia fue ocupada como Archivo General de la Defensa. En  el año de 1989 el claustro principal fue rescatado del estado de abandono en el que se encontraba.
Se cuenta que desde el siglo XIX, podemos observar en este templo a Nuestra Señora de la Merced; seguramente te preguntaras que hace ahí. Te cuento que  la imagen fue traída de Guatemala para colocarla en el ya desaparecido templo de la Merced, pero después de un largo viaje estuvo durante una temporada en el templo de Belén de los Mercedarios, pero ese tiempo fue suficiente para que la imagen pasara a ser la patrona de los comerciantes del rumbo de la Merced.
Actualmente el convento aloja tiendas de muebles, y artículos electrodomésticos; pero a pesar de todo es uno de los conjuntos más completos que se conservan de conventos de monjas hoy en día.
En sus terrenos fueron construidas casas; la que se encuentra marcada con el número 23 de Corregidora, perteneció y ahí vivió Ignacio Zaragoza, defensor de la patria en la Batalla de Puebla. Después de su muerte se colocó una placa que decía: “El General Ignacio Zaragoza, vencedor del Ejército extranjero que atacó a Puebla el 5 de mayo de 1862, habitó en ésta Casa”. La casa era de dos pisos, con balcones corridos y flores en los dinteles de las puertas. Tiene dos patios de pobre aspecto, con viviendas alrededor.

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