En la hermosa ciudad de Puebla, se cuenta que
existía una hacienda muy famosa y reconocida en todos los alrededores, cuyo
propietario era un hombre malvado y cruel, ya que para malos tratos con sus
trabajadores no se tocaba el corazón. Todos los días, a primera hora de la
mañana, don Manuel Romero recorría caballo su hacienda para observar cómo
trabajaban sus peones.
Un buen día, llegó a aquellos lugares un muchacho
en busca de trabajo, joven y fuerte aun; don Manuel al ver que tenía un físico
para aguantar el trabajo duro, lo contrató pensando que este hombre sería por
demás muy eficiente. Pablo, pero en nombre del muchacho, cumplirá su deber a la
perfección, pero aun así no dejaba de indignarle la mala situación en que se
encontraban los trabajadores del hacienda, le parece injusto que personas que
daban su mejor esfuerzo no recibiera un sueldo acorde con su labor, y que
prácticamente no obtuviera beneficio alguno. La paga era tan pobre que los
peones vivían con muchas carencias, y lo poco que ganaban sólo podían gastarlo
en las tiendas de raya, lugares dedicados exclusivamente a venderles a los
campesinos. Los trabajadores de la hacienda al descubrir que aquellos productos
se les vendían a precio de oro y que en otros lados eran mucho más baratos, se
inconformaron aun más con sus patrones; además los lugares donde habitaban y
trabajaban, eran insalubres y ni siquiera contaban con un médico, el muchacho
observaba las pésimas condiciones de trabajo, y eso lo hacía enojar mucho, pero
lo que más le podía era el hambre que padecía la gente.
Cierto día, Pablo decidió entrar a la tienda de
raya y robar algunos panes para dárselos a la familia más pobre del lugar, y
aunque sus intenciones fueron buenas, el rumor no dejó de llegar a oídos del
dueño de la hacienda, que lo consideró una traición por parte de su empleado.
Don Manuel Diego inmediatamente la choza de los campesinos, en donde encontró
los panes, y con toda su furia lo aventó contra la pared, acto seguido tomó del
brazo al padre de la familia y le exigió que le dijera quién le había dado los
panes, sin embargo el hombre asustado no se atrevía a denunciar a su benefactor
y no soltó ni una palabra; encolerizado en su patrón, lo arroja contra la pared
para hacerlo confesar, después le da una golpiza, y sin sacarle palabra alguna,
su víctima cae al piso sin vida.
En ese momento llega Pablo, quién le dice con voz
fuerte y decidida que él había sido el ladrón de los panes, la primera reacción
del patrón fue golpearlo, cosa que hizo de una forma brutal; luego lo mando amarrar
para aplicar el castigo que había considerado más conveniente para el muchacho;
juzgó que un desacato de tal magnitud ponía en riesgo el orden de su hacienda,
por lo que debía de castigar de manera ejemplar al jovenzuelo, por lo que una
vez que lo tuvo bien atado, saco un machete afilado y de un golpe le cercenó la
mano, el pobre Pablo emitió los terribles gritos que se pudieron oír hasta los
lugares más recónditos del sitio. Para no despertar sospechas, don Manuel les
dijo a los trabajadores que habían corrido al muchacho del hacienda, pero lo
que realmente pasó es que lo habían llevado a un llano lejano, en donde fue
asesinado; así el cuerpo quedó enterrado en aquel lugar y su mano perdida en la
hacienda.
Transcurrieron seis años después de aquellos
cruentos hechos, sucedió que un día don Manuel abrió uno de los cajones de su
escritorio, observando con terror y sorpresa como una mano salía disparada de
ahí; en un arranque de histeria, y por miedo a que se pudiera escapar, el
patrón ordenó a los trabajadores que encerraran aquella parte del cuerpo en una
caja de madera completamente sellada con candados y cadenas. Este incidente
dejó muy mal a don Manuel, su palidez y preocupación no delataban; desde aquel
día le era casi imposible conciliar el sueño, y cuando lo lograba, las
pesadillas atormentaban para despertarlo una y otra vez. Esto comenzó ocurrirle
todas las noches desde el hallazgo de la mano, y siguió hasta el último día de
su vida,
Para todos era muy extraño que don Manuel no
hubiera salido montado en su caballo a observar a los trabajadores, por tal
motivo comenzaron a sospechar que algo andaba mal; además de que un olor
pestilente, de putrefacto, salía de la casa, por lo que se atrevieron a
ingresar en ella, ya que tampoco habían percibido ruido alguno. Tres días
habían pasado sin saber nada del patrón, hasta que un grupo de trabajadores
decidieron investigar y cuál no fue su sorpresa al encontrarlo muerto en su
cama con marcas de estrangulamientos en su cuello, y con una mano cercenado a su
lado. La gente lo atribuyó a que fue una venganza por la cruel muerte de Pablo,
aquel muchacho valiente que se atreviera a enfrentar al patrón el retablo por
las injusticias cometidas contra todos sus trabajadores.
Coplas populares de la Revolución
Constitucionalista
Deja de arar campesino
Deja de arar campesino,
echa los bueyes al monte,
quema el arado de palo
y quedas igual de pobre.
Ya no asegundes la milpa
ni cultives la esperanza,
que de todos los elotes
a ti no te toca nada.
Campesino, campesino,
ya se va a venir la pizca,
mejor entierra la hoz
para no cortar la milpa.
Ya no hagas tú la cosecha
para que suba el patrón,
la tierra es para los hombres
como para el mundo del sol.
Ay, que malo es el patrón
Ay, qué malo es el patrón,
pues cree que somos nosotros
como cualquier maquinaria.
Nos echa tantito aceite
y nos pone a trabajar
y no sabe que nosotros
también queremos gozar.
El cree que con la comida
ya nos quedamos contentos
y que no nos damos cuenta
que estamos sudando pesos.
Y cuando no se faltamos
de tantas explotaciones
y reclamamos derechos,
dicen que somos ladrones.
Ay, qué cruel es del patrón
para los trabajadores,
más ya le demostraremos
lo que podemos los pobres.
Nos roban a nuestras hijas,
la echan a la desgracia
y les niegan a sus hijos
cuando se viene la crianza.
Si la muchacha es bonita
la agarra el patrón para él
y luego que ya le enfada
nomás la avienta al burdel.
Y tantas barbaridades
no piensan que uno las siente,
¡anden ricos desgraciados,
ya probarán mi machete!
Compañeros, a la lucha,
ya es tiempo de combatir,
vamos a ver de cual leño
más rajas pueden salir.


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