domingo, 20 de enero de 2013

La hoy ya olvidada Primitiva Catedral de México


 Es un templo del que pocos se toman la molestia de hablar, ya que nunca se le consideró digno de esta gran ciudad; sin embargo, desempeñó sus funciones a la perfección mientras estuvo en pie. Vamos a viajar en el tiempo para conocer cómo era la primer Catedral de México.
Cuando vamos de visita a la actual Catedral, a  nuestro lado izquierdo, de bajo de una cruz, podremos ver unas enormes piedras labradas en forma de bases de columnas y que en su parte inferior presenta extraños relieves; pues bien, estas piedras formaban parte de aquel templo.
Después de la caída de la gran Tenochtitlán y comenzada la conquista espiritual, Hernán Cortés ordenó la construcción de la primera Iglesia Mayor, en el año de 1524. Para su edificación fueron utilizadas las mismas piedras de los adoratorios mexicas, que Cortés se encargó de hacer pedazos durante el sitio de la ciudad y la mano de obra fueron los pobres conquistados.
Esta iglesia fue edificada en 1525; que no fue la primera, ya que la de San Francisco  es anterior. Se encontraba orientada de Este a Oeste, con la puerta principal, llamada del Perdón como en la catedral nueva, hasta el Occidente. Venía entonces a dividir la gran plaza, que hoy en día es una sola; además se sabía que dicho templo había sido levantado es el sitio que ocupaba el gran teocalli de México, y que las piedras sagradas de los indios habían servido  de cimientos a la iglesia católica y hasta  de pedestales a sus columnas.
En 12 de diciembre de 1527  fue creada la Diócesis de México – Tenochtitlán, y para 1528 arribó a tierras mexicanas fray Juan de Zumárraga como primer obispo. En 1530 fue elevado a la categoría de Catedral, y Metropolitana en 1547, eso solo después de que Zumárraga fuera nombrado Arzobispo Metropolitano el 11 de febrero de 1546; tomando la denominación de metropolitana porque es la Sede del Arzobispo.
Con el paso del tiempo la iglesia comenzó a resultar pequeña, por lo que en 1573 comenzaron los trabajos de construcción de la actual Catedral, cuando era rey en España Felipe II y cuarto virrey de Nueva España, Martín Enríquez de Almanza, quién estuvo a cargo de la obra junto con el tercer arzobispo don Pedro Moya de Contreras.
Pronto se ordenó que se levantara un nuevo templo, acorde a la suntuosidad y grandeza de la Colonia, más esta fábrica tropezó con tantos obstáculos para su comienzo, con tantas dificultades, que el templo viejo vio pasar en sus estrechas naves suntuosas ceremonias del virreinato; y solo cuando el hecho que las motivaba revestía gran importancia, preferíase otra iglesia, como la de San Francisco, para levantar en su enorme capilla de San José de los indios el túmulo para las honras fúnebres de Carlos V.
Al ver que la conclusión de la iglesia iba para largo, ya comenzada su fábrica, en el año de 1584 se decidió reparar en su totalidad a la vieja catedral, que sin duda era poco menos que ruinosa. El libro de cuentas de dicha reparación, que duró más de un año, se guarda en el Archivo General, nos permite saber ahora cómo era el templo en esa fecha, junto con otros datos importantes.
La iglesia tenía de largo poco más que el ancho de la catedral nueva; sus tres naves separadas por columnas toscanas no alcanzaban treinta metros de ancho y estaban techadas, la central con una armadura de media tijera, las de los lados con vigas horizontales. Además de la puerta del Perdón, había otra llamada de Canónigos y quizás una tercera que daba a la placeta del Marqués (hoy Monte de Piedad).
Sin embargo, la tragedia envolvió las reparaciones en el año de 1584, cuando el arquitecto que dirigía la obra, que también lo era de la nueva catedral, cayó de un andamio perdiendo así la vida. El difunto era el capitán Melchor del Ávila y su sobrino Rodrigo le sucedió en sus puestos.
Después de mucho batallar, finalmente quedó reparada la catedral vieja, para resistir otros cuarenta años más; hasta que la nueva, surgida al final del sopor que en un principio opacaba su fábrica, la arrasó en 1626, dejando enterrados en el sitio basamentos de sus columnas, junto con las piedras del gran teocalli.

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