Es un templo del que pocos se toman la molestia de
hablar, ya que nunca se le consideró digno de esta gran ciudad; sin embargo,
desempeñó sus funciones a la perfección mientras estuvo en pie. Vamos a viajar
en el tiempo para conocer cómo era la primer Catedral de México.
Cuando vamos de visita a la actual Catedral, a nuestro lado izquierdo, de bajo de una cruz,
podremos ver unas enormes piedras labradas en forma de bases de columnas y que
en su parte inferior presenta extraños relieves; pues bien, estas piedras
formaban parte de aquel templo.
Después de la caída de la gran Tenochtitlán y
comenzada la conquista espiritual, Hernán Cortés ordenó la construcción de la
primera Iglesia Mayor, en el año de 1524. Para su edificación fueron utilizadas
las mismas piedras de los adoratorios mexicas, que Cortés se encargó de hacer
pedazos durante el sitio de la ciudad y la mano de obra fueron los pobres
conquistados.
Esta iglesia fue edificada en 1525; que no fue la
primera, ya que la de San Francisco es
anterior. Se encontraba orientada de Este a Oeste, con la puerta principal,
llamada del Perdón como en la catedral nueva, hasta el Occidente. Venía
entonces a dividir la gran plaza, que hoy en día es una sola; además se sabía
que dicho templo había sido levantado es el sitio que ocupaba el gran teocalli
de México, y que las piedras sagradas de los indios habían servido de cimientos a la iglesia católica y hasta de pedestales a sus columnas.
En 12 de diciembre de 1527 fue creada la Diócesis de México –
Tenochtitlán, y para 1528 arribó a tierras mexicanas fray Juan de Zumárraga
como primer obispo. En 1530 fue elevado a la categoría de Catedral, y
Metropolitana en 1547, eso solo después de que Zumárraga fuera nombrado Arzobispo
Metropolitano el 11 de febrero de 1546; tomando la denominación de
metropolitana porque es la Sede del Arzobispo.
Con el paso del tiempo la iglesia comenzó a
resultar pequeña, por lo que en 1573 comenzaron los trabajos de construcción de
la actual Catedral, cuando era rey en España Felipe II y cuarto virrey de Nueva
España, Martín Enríquez de Almanza, quién estuvo a cargo de la obra junto con
el tercer arzobispo don Pedro Moya de Contreras.
Pronto se ordenó que se levantara un nuevo templo,
acorde a la suntuosidad y grandeza de la Colonia, más esta fábrica tropezó con
tantos obstáculos para su comienzo, con tantas dificultades, que el templo
viejo vio pasar en sus estrechas naves suntuosas ceremonias del virreinato; y
solo cuando el hecho que las motivaba revestía gran importancia, preferíase
otra iglesia, como la de San Francisco, para levantar en su enorme capilla de
San José de los indios el túmulo para las honras fúnebres de Carlos V.
Al ver que la conclusión de la iglesia iba para
largo, ya comenzada su fábrica, en el año de 1584 se decidió reparar en su
totalidad a la vieja catedral, que sin duda era poco menos que ruinosa. El
libro de cuentas de dicha reparación, que duró más de un año, se guarda en el
Archivo General, nos permite saber ahora cómo era el templo en esa fecha, junto
con otros datos importantes.
Sin embargo, la tragedia envolvió las reparaciones
en el año de 1584, cuando el arquitecto que dirigía la obra, que también lo era
de la nueva catedral, cayó de un andamio perdiendo así la vida. El difunto era
el capitán Melchor del Ávila y su sobrino Rodrigo le sucedió en sus puestos.
Después de mucho batallar, finalmente quedó
reparada la catedral vieja, para resistir otros cuarenta años más; hasta que la
nueva, surgida al final del sopor que en un principio opacaba su fábrica, la
arrasó en 1626, dejando enterrados en el sitio basamentos de sus columnas,
junto con las piedras del gran teocalli.
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