domingo, 22 de septiembre de 2013

Los nombres de las calles a través de la historia


Después que la cuidad de Tenochtitlán quedara en ruinas, arrasados uno por uno los teocallis y edificios; después el lugar sería abandonado debido al insoportable hedor que despedían mil cadáveres, y todo el tiempo permanecían encendidas unas enormes luminarias para que purificaran aquel hedor; hubo que dejar pasar 5 meses para comenzar a levantar lo que sería la capital de Nueva España. Pero fue tan fácil, ya que el dilema era en que sitio se levantaría la ciudad, algunos conquistadores decían que en Coyoacán, otros que en Tacuba, otros más en Tetzcoco, pero sobre todos ellos prevaleció la opinión de Hernán Cortés, que dijera: “ Que pues esta cibdad en tiempo de los indios avía sido señora de las otras provincias a ella comarcanas que también hera razón que los fuese en tiempo de los cripstianos e que ansí mismo decía que pues Dios Nuestro Señor en esta cibdad avía sido ofendido con sacrificios e otras idolatrías que aquí fuese servido con que su santo nombre fuese onrado e ensalzado más que en otra parte de la tierra”.
La limpieza del terreno y la titánica tarea de levantar la cuidad comenzó entre finales de diciembre de 1521 y principios de enero de 1522, pues esta evidencia se encuentra asentada en un carta de D. Hernando al Emperador Carlos V. El trabajo fue grande y pesado, ya que hubo que remover todos los escombros, tirar algunos muros que todavía quedaban en pie, terminar de destruir ídolos, cegar fosos y canales y levantar lo que se había demolido.
Una de las primeras medidas que tomó el Ayuntamiento para darle forma de Nueva España, fue empezar con la traza de la cuidad, en donde la gente podría saber en donde iban a estar ubicadas las plazas, las calles, en que terrenos podrían levantar sus casas los nuevos habitantes, los lugares en que se ubicarían las Casas de Cabildo, la fundición, la carnicería, la horca y la picota, elementos necesarios en la sociedad de aquella época.
El perímetro que delimitaba el plano de la cuidad, estaba ubicado hacia el norte, donde todavía podemos encontrar las calles del Carmen, Apartado, Pulquería de Celaya, Puerta Falsa de Santo Domingo, Espalda de la Misericordia, Cerca del San Lorenzo hasta el Puente del Zacate: hacia el poniente por esta última calle y las Rejas de la Concepción, Puente de la Mariscala, Santa Isabel, San Juan de Letrán, Hospital Real, 1°, 2° Y 3° de San Jerónimo, Cuadrante de San Miguel, Buena Muerte y San Pablo, y hacia el oriente, por las de Muñoz, Curtidores, la Danza, Talavera, Santa Efigenia, Alhóndiga, calles de la Santísima, hasta el callejón del Armado.
Una vez que la traza fue una realidad, se hizo la repartición de los solares para todos aquellos que quisieron avecindarse, tocando uno a cada vecino, con l obligación de edificar, y dos a cada conquistador, Hernán Cortés se adueño de muchos y distribuyó para que edificasen sus amigos, criados y todo persona cercana a el.
La construcción de las primeras casas fueron hechas por los indios vencidos, que no recibieron retribución alguna y muchos murieron en aquella labor; pero eso si, la ciudad se empezó a levantar rápidamente como por arte de magia. Las primeras casas tenían el aspecto de una fortaleza, con pesados y gruesos muros, troneras y torres, escasas y bajas puertas hacia la calle; y por dentro enormes patios, habitaciones, cuadras para caballos, cuartos para sirvientes, chozas para esclavos e indios. El material de construcción fue cal y canto, especialmente el tezontli, las azoteas planas, cuyas gruesas vigas eran de cedro.
Poco a poco las calles comenzaron a tomar forma, pero pocas tenían nombre y para que los vecinos pudieran ubicarlas, por ejemplo: tal persona vive a las casas de Alvarado, del Bachiller Alonso Pérez ó junto a los solares de Casanova, de Grijalva, de Melchor de San Miguel. También muchas otras calles como la de Tacuba, Atacauba ó Tlacopan y la de Donceles que existen todavía con sus primeros nombres; la de las Atarazanas, los Bergantines hoy Santa Teresa, Hospicio de San Nicolás y Santísima, la calles de Itztapalapan, que comenzaba en Flamencos y se extendía hasta la del Reloj; la de la Celada, desde Zuleta hasta la Merced; la del Hospital, ahora de Jesús y la de la Guardia, Real, Zalapa, Juan Ceciliano, y Benito Bejel, que se ignora a cuáles corresponden.
También la cuidad tuvo tres mercados: el de la plaza mayor, en la de Tlatelolco y entre Santa Isabel y la Alameda, llamado este último Tianguis de Juan Velázquez. Así es como lentamente la cuidad colonial comienza a tomar forma en sus primeros años de existencia.

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