domingo, 1 de septiembre de 2013

La vestimenta en 1810

Durante aquella época existía una enorme diversidad de formas, colores y cortes de prendas, sombreros y calzado; pero una combinación de lo antiguo con lo presente. Las modas anteriores a la Revolución Francesa se daban la mano con lo último que había a principios del siglo. La miseria de los léperos, la ostentación de los nobles y la sencilla indumentaria de los indios aborígenes, se codeaban en las calles, en las plazas y en los templos.
Todavía en 1810 se podían ver las viejas casacas bordadas, las chaquetas de cuero de colores crudos rojo o amarillo y las empolvadas pelucas, en los hombres; y las faldas amponas, los corpiños ajustados de cintura de avispa y los estrafalarios peinados, en las damas. Ahora eran de verse en señoras y señoritas, túnicas negras de seda, las mantillas de Málaga, listones de lazo angosto o de elaborados tejidos. En señores y señoritos, las camisas de Irlanda, las casacas negras y azules con botones amarillos, elegantes chalecos, pantalones azules, las medidas inglesas de hilo o las francesas de seda.
La plebe, léperos, mestizos, mulatos, chinos o coyotes, andaban casi desnudos, como los panaderos, solamente cubiertos con una manta cuando salían a la calle o iban a misa; algunas excepciones vestían con camisas y calzones de manta, o con calzones cortos de cuero amarillo y media de algodón, o con chaquetas de indiana y calzón hasta las rodillas y de pana, o con capotó negro y sombrero de copa de bacín. Los ricos hacendados montaban hermosos caballos, con sillas vaqueras sencillas o con ribetes de plata incrustada, guarniciones bordadas en plata, al  igual que las cabezadas del freno y bozalillo. El jinete portaba una chaqueta, y una calzón era de gamuza, con botonadura de plata, espada al cinto, escapularios y medallas, botas de campana con ricas espuelas de metal fino o de hierro, en la cabeza un paliacate y un sombrero ancho de copa redonda y baja ribeteado con cinta de seda sencilla, o de galón de plata u oro.
El alto clero era de lo más ostentoso, vestían con lujo y riqueza, puedes aparte de las ricas telas, portaban valiosas joyas, y a algunos se les podían ver hebillas en el  calzado con incrustaciones de perlas y diamantes. El clero bajo en cambio, vivía en  los pueblos y aldeas, humildes y pobres curas, que vivían gracias a las limosnas voluntarias o de mezquinos aranceles, vestían zapatos corrientes, calzón corto, chaqueta de lana, sombrero redondo y un bastón grande para apoyarse. Éste tipo de vestimenta fue el que usó casi siempre en el pueblo de Dolores del Cura Hidalgo.

Los trajes especiales de algunos serán como a modo de uniformes; los tenían el pertiguero de la Catedral, los maceros de la Universidad Pontificia y del Ayuntamiento; y los estudiantes con su manto y la banda de color que traían de acuerdo su facultad. Los que la clarineros y timbaleros que salían en el paseo del Pendón cada 13 agosto, iban montados en mulas, con trajes típicos y con los escudos del México estampados en los instrumentos. Los Regidores utilizaban en las ceremonias solemnes calzón calzón azul, collarín, chaqueta blanca y solapa del mismo color; para distinguirse de otras ciudades llevaban bordados y botones de oro con una corona con la leyenda que decía: " Imperial Ciudad de México"
El ejército de la nueva España se distinguía por su vistoso vestuario; desde el Virrey que era el Capitán General, hasta los Mariscales de Campo, llevaban lujosos uniformes de paños de primera, ricamente bordados con hilos de oro fino. La Guardia del Sr. Virrey, vestía casaca o calzón azul, chaqueta con botones de plata y los Oficiales galón en las costuras. Los Cuerpos Veteranos de Infantería, utilizaban vestimenta de los mismos colores, pero sus botones serán blancos o dorados; los soldados del Regimiento de la Nueva España, usaban vuelta verde sobre casaca blanca, por lo que eran conocidos como "los colorados" ni a los de Puebla como "los morados".
Así a cada uno se le distinguía por las diferentes colores y detalles en los uniformes, de acuerdo al lugar donde habitaban, su rango y la función que desempeñaban: el Real Cuerpo de Artillería, el Batallón Fijo de Veracruz, los regimientos Veteranos de Dragones de Caballería, las Compañías Fijas de blancos o pardos (según la casta a la que perteneciera el soldado.
El ejército insurgente improvisado por Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo, Jiménez y demás caudillos en 1810, no era propiamente un ejército, ya que iban mezclados soldados que habían pertenecido a las tropas uniformadas de la Nueva España, chusmas de los caporales, de mayordomos y de peones de las haciendas del campo, que de manera voluntaria se habían unido a los jefes de la independencia nacional. La chusma estaba conformada por campesinos semidesnudos o vestidos de cuero, calzando botas de campana huaraches, con sombreros anchos de palma o de fieltro; y armados de toscos garrotes, encorvados machetes y largas picas o lanzas, de viejos arcabuces, de flechas voladoras y arcos de tirantes cuerdas.
Cuando el ejército o chusma estuvo en Acámbaro, nombraron a Miguel Hidalgo como Generalísimo, a Allende Capital General, y Balleza, Jiménez, Arias y Aldama, Tenientes Generales, y Abasolo, Ocón y a los dos Martínez, Mariscales de Campo. Con todo en orden, entonces ya los jefes insurgentes utilizaron sus propios uniformes.
Hidalgo, como Generalísimo, llevaba vestido azul con collarín, bordados de plata y oro, tahalí  negro con bordados, y todos los cabos dorados, colgando al pecho una imagen de oro de la Virgen de Guadalupe. El uniforme de Capitán General, que vestía Allende, consistía en una chaqueta azul, collarín, galón de plata las costuras y un cordón en cada hombro, y una borla colgando hasta el medio del muslo. El mismo uniforme tenían los Tenientes Generales, los Mariscales de Campo y los Brigadieres, distinguiéndose estos primeros porque sólo llevaban un cordón a la derecha, los segundos a la izquierda, y los últimos un angosto bordado. Los demás oficiales insurgentes tenían las mismas divisas que los del Ejército realista.

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