domingo, 15 de diciembre de 2013

Una navidad memorable (Guanajuato)


Cierta reunión llevada a cabo el 22 julio de 1576, en casa de don Martín de Ortega, cuando se celebraba el santo de su señora esposa, doña Magdalena de la Cruz, se trató un asunto de suma importancia para la entonces recién fundada Villa de Nuestra Señora de la Concepción de Zelaya. Entre los ilustres vecinos que ahí se encontraban reunidos estaban don Domingo de Silva, que había sido primer alcalde ordinario; don Martín Fernández, actual alcalde mayor; los regidores; don Francisco Hernández Molinillos, quien años más tarde en hiciera a una donación a la Orden de Carmelitas Descalzos para la fundación de su convento; don Francisco Ramírez, el alguacil mayor; y muchas otras personas más, quienes en su mayoría habían contribuido a la fundación de la Villa antes mencionada. Entre largas discusiones se llegó al siguiente acuerdo: que cuando se fundó la Villa y se designó al primer Ayuntamiento, el día 1 enero de 1571, se platicó entre los vecinos que, debido a que se le había bautizado como Nuestra Señora de la Limpia Concepción, se debía traer una imagen de bulto para fundar una cofradía en honor de ese ministerio. Don Martín de Ortega fue quien hizo aquella proposición, ya que era muy devoto de aquella Santa, había pedido al virrey que se le diera el nombre a dicha villa, y quería ser él quien trajera la imagen de España a toda costa; don Domingo de Silva se ofreció a ser aquella importante tarea, pero prefirió no retar a don Martín de Ortega, y fue entonces comisionado para hacer los arreglos necesarios a fin de adquirir la imagen.
La hechura de la imagen de la virgen fue encargada a Valencia, lugar que tenía fama de poseer a los mejores escultores, ignorándose como fueron hechas las gestiones de compra-venta y de cómo fue a llegar la cantidad de trescientos cincuenta pesos. Don Martín de Ortega manifestó que los gastos de traslado de la imagen correrían por su cuenta.
Durante aquella época las comunicaciones con España eran bastante irregulares y tardías, pues había que esperar el arribo y el retorno de alguna de las flotas que hacían el servicio de conducción de los correos para el Virreinato, al igual que el transporte de los colonizadores que venían en busca de fortuna a nueva España; así pasó más de un año sin que se volviera a tener noticia alguna, hasta que el 12 septiembre de 1577, en que se recibieron noticias de que la tan anhelada imagen ya se encontraba en Veracruz. Entonces se dio por hecho de que en la festividad titular del 8 diciembre, la imagen de la Purísima Concepción ya podría ser llevada al templo levantado por los padres franciscanos, para lo que se hicieron todos los preparativos que hicieran falta.
Así llegó el 8 diciembre, pero la santa imagen no hizo lo propio; aun así la festividad se llevó a cabo con tristeza y frustración. Pasaron los días sin que se volvió a saber nada de la santa imagen; así llegó el 24 diciembre, fecha en que se debía de celebrar la Nochebuena; la tarde ya estaba empezando a caer, las mujeres y los niños estaban reunidos en el atrio de la iglesia, en donde se entonaban alegres villancicos:

Venid ¡oh! Pastores, pastoras también,
A adorar al Niño nacido en Belem;
A ese niño hermoso, con amor cubrid
Que es hijo del Cielo, hijo de David...
Allá en el Oriente, brilla una estrellita,
Es la estrella blanca de la...

De pronto los cánticos se vieron interrumpidos por unos gritos destemplados: "¡Arre mula!... ¡Levántate bestia!...", exclamaciones que vienen acompañadas de golpes. Se trataba de un grupo de arrieros que inútilmente trataban de hacer que uno de sus animales se levantaran y que hacía echada en medio de la calle, frente a la iglesia, con una pesada carga que traía, la cual era una enorme caja; los palos y los gritos siguieron y fue tanto al alboroto causado, que algunos de los vecinos tuve nunca intervenir. Como no había manera de hacer que el animal se levantaran, una persona sugirió que la carga le fuera desatada, para aligerar el peso, la mula al sentirse libre se levantó y salió corriendo a toda velocidad, saliendo los arrieros tras ella a toda velocidad; con la ayuda de unos indios, los vecinos y algunos curiosos llevaron la caja para depositarla la Iglesia para entregarla después a sus dueños. Entonces sucedió algo que en ninguno de los representes esperaba: uno de los religiosos se acercó con una vela a examinar la caja, la cual iba destinada a don Martín de Ortega; rápidamente se les va dar aviso y cuando estuvo presente, ordenó que fuera abierta. Cuando la tapa fue retirada, apareció perfectamente acojinada la imagen de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, ¡la mismísima que fue encargada en España!
La noticia se corrió como reguero de pólvora por toda la Villa; era un lugar tan pequeño que sólo fue cuestión de escasos minutos para qué la mayoría de los vecinos estuvieran presentes; llegaron el alférez real y el alguacil mayor para proceder con todas las formalidades necesarias para desempacar la imagen. La imagen era de una notable belleza, como ninguno de los presentes le había imaginado; medía  vara y media, su vestido era de talla, su actitud modesta devota, con aire infantil y a la vez majestuoso, el rostro correspondía a una jovencita de 15 años apacible y encantadora, la boca risueña con expresión de bondad, los rasgos de su cara eran perfectos, sus manos de buena forma y delicadas.

Después de examinarla, todos quedaron profundamente admirados; acto seguido procedieron a colocarla provisionalmente en un altar, retirándose llenos de felicidad todos los vecinos ahí presentes, para ya celebrar jubilosamente aquella Nochebuena... así fue como el 25 diciembre de 1577 resultó una Navidad muy memorable para Celaya, pues ese mismo día se bendijo la Santa Imagen de la Purísima Concepción, quedando colocada en la parte superior del altar de la primera iglesia de San Francisco.

No hay comentarios: