Cierta reunión llevada a cabo el 22 julio de 1576, en casa de don Martín
de Ortega, cuando se celebraba el santo de su señora esposa, doña Magdalena de
la Cruz, se trató un asunto de suma importancia para la entonces recién fundada
Villa de Nuestra Señora de la Concepción de Zelaya. Entre los ilustres vecinos
que ahí se encontraban reunidos estaban don Domingo de Silva, que había sido
primer alcalde ordinario; don Martín Fernández, actual alcalde mayor; los
regidores; don Francisco Hernández Molinillos, quien años más tarde en hiciera
a una donación a la Orden de Carmelitas Descalzos para la fundación de su
convento; don Francisco Ramírez, el alguacil mayor; y muchas otras personas
más, quienes en su mayoría habían contribuido a la fundación de la Villa antes
mencionada. Entre largas discusiones se llegó al siguiente acuerdo: que cuando
se fundó la Villa y se designó al primer Ayuntamiento, el día 1 enero de 1571,
se platicó entre los vecinos que, debido a que se le había bautizado como Nuestra
Señora de la Limpia Concepción, se debía traer una imagen de bulto para fundar
una cofradía en honor de ese ministerio. Don Martín de Ortega fue quien hizo
aquella proposición, ya que era muy devoto de aquella Santa, había pedido al
virrey que se le diera el nombre a dicha villa, y quería ser él quien trajera
la imagen de España a toda costa; don Domingo de Silva se ofreció a ser aquella
importante tarea, pero prefirió no retar a don Martín de Ortega, y fue entonces
comisionado para hacer los arreglos necesarios a fin de adquirir la imagen.
La hechura de la imagen de la virgen fue encargada a Valencia, lugar que
tenía fama de poseer a los mejores escultores, ignorándose como fueron hechas
las gestiones de compra-venta y de cómo fue a llegar la cantidad de trescientos
cincuenta pesos. Don Martín de Ortega manifestó que los gastos de traslado de
la imagen correrían por su cuenta.
Durante aquella época las comunicaciones con España eran bastante
irregulares y tardías, pues había que esperar el arribo y el retorno de alguna
de las flotas que hacían el servicio de conducción de los correos para el
Virreinato, al igual que el transporte de los colonizadores que venían en busca
de fortuna a nueva España; así pasó más de un año sin que se volviera a tener noticia
alguna, hasta que el 12 septiembre de 1577, en que se recibieron noticias de
que la tan anhelada imagen ya se encontraba en Veracruz. Entonces se dio por
hecho de que en la festividad titular del 8 diciembre, la imagen de la Purísima
Concepción ya podría ser llevada al templo levantado por los padres
franciscanos, para lo que se hicieron todos los preparativos que hicieran
falta.
Así llegó el 8 diciembre, pero la santa imagen no hizo lo propio; aun
así la festividad se llevó a cabo con tristeza y frustración. Pasaron los días
sin que se volvió a saber nada de la santa imagen; así llegó el 24 diciembre,
fecha en que se debía de celebrar la Nochebuena; la tarde ya estaba empezando a
caer, las mujeres y los niños estaban reunidos en el atrio de la iglesia, en
donde se entonaban alegres villancicos:
Venid
¡oh! Pastores, pastoras también,
A adorar
al Niño nacido en Belem;
A ese
niño hermoso, con amor cubrid
Que es
hijo del Cielo, hijo de David...
Allá en
el Oriente, brilla una estrellita,
Es la
estrella blanca de la...
De pronto los cánticos se vieron interrumpidos por unos gritos
destemplados: "¡Arre mula!... ¡Levántate bestia!...", exclamaciones
que vienen acompañadas de golpes. Se trataba de un grupo de arrieros que
inútilmente trataban de hacer que uno de sus animales se levantaran y que hacía
echada en medio de la calle, frente a la iglesia, con una pesada carga que
traía, la cual era una enorme caja; los palos y los gritos siguieron y fue
tanto al alboroto causado, que algunos de los vecinos tuve nunca intervenir.
Como no había manera de hacer que el animal se levantaran, una persona sugirió
que la carga le fuera desatada, para aligerar el peso, la mula al sentirse
libre se levantó y salió corriendo a toda velocidad, saliendo los arrieros tras
ella a toda velocidad; con la ayuda de unos indios, los vecinos y algunos
curiosos llevaron la caja para depositarla la Iglesia para entregarla después a
sus dueños. Entonces sucedió algo que en ninguno de los representes esperaba:
uno de los religiosos se acercó con una vela a examinar la caja, la cual iba
destinada a don Martín de Ortega; rápidamente se les va dar aviso y cuando
estuvo presente, ordenó que fuera abierta. Cuando la tapa fue retirada,
apareció perfectamente acojinada la imagen de Nuestra Señora de la Limpia
Concepción, ¡la mismísima que fue encargada en España!
La noticia se corrió como reguero de pólvora por toda la Villa; era un
lugar tan pequeño que sólo fue cuestión de escasos minutos para qué la mayoría
de los vecinos estuvieran presentes; llegaron el alférez real y el alguacil
mayor para proceder con todas las formalidades necesarias para desempacar la
imagen. La imagen era de una notable belleza, como ninguno de los presentes le
había imaginado; medía vara y media, su
vestido era de talla, su actitud modesta devota, con aire infantil y a la vez
majestuoso, el rostro correspondía a una jovencita de 15 años apacible y
encantadora, la boca risueña con expresión de bondad, los rasgos de su cara
eran perfectos, sus manos de buena forma y delicadas.
Después de examinarla, todos quedaron profundamente admirados; acto
seguido procedieron a colocarla provisionalmente en un altar, retirándose
llenos de felicidad todos los vecinos ahí presentes, para ya celebrar
jubilosamente aquella Nochebuena... así fue como el 25 diciembre de 1577
resultó una Navidad muy memorable para Celaya, pues ese mismo día se bendijo la
Santa Imagen de la Purísima Concepción, quedando colocada en la parte superior
del altar de la primera iglesia de San Francisco.

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