domingo, 22 de diciembre de 2013

La educación de las mujeres en Nueva España


La educación femenina estaba a cargo de las amigas, quienes eran ancianas que se encargaban de impartir las nociones más básicas en religión, lectura, escritura y labores manuales. Durante la época de la colonia no se hizo ninguna modificación a las normas para poner en regla a las amigas, en donde se establecía solamente que no tenían permitido ingresar a esos centros educativos a los niños varones, prohibición que nunca se cumplió al pie de la letra. 
Para abrir una amiga, la aspirante debía pedir una licencia por escrito para poder ejercer la profesión, al Juez de Informaciones de Maestros de Escuela. Dicha solicitud debía ir acompañada de una certificación del párroco de estar instruida en la Doctrina Cristiana, un papel del confesor que la acreditaba como una mujer de buena vida y costumbres, y la fe de bautismo para justificar la limpieza de sangre.
Ya para el año de 1779 había en la ciudad de México un total de 24 maestros de escuela examinados y 7 sin examen; comparativamente el número de maestras amigas los rebasaba por mucho, pues tan solo en los cuarteles mayores primero, tercero, quinto, sexto, séptimo y octavo, según datos estadísticos,  llegaron a la cantidad de 91 escuelas. La población escolar, tomando en cuenta que en las dieciocho escuelas del cuartel mayor primero era de cuatrocientas y ocho niñas, se puede llegar a la conclusión de que aproximadamente, en las amigas de la capital de la Nueva España, a fines del siglo XVIII había tres mil pupilas.
Durante toda la centuria se le dio mucha importancia a la pureza de sangre para poder adquirir el título de maestro, y solo llegaron a tenerlo un total de ochenta personas en el transcurso de un siglo. La enseñanza en general no se puede asegurar que haya caído en un punto de decadencia, pues nunca despuntó en todos los siglos que duró la colonia, siempre fue mala. Don Rafael Ximeno, Maestro Mayor del Gremio, en un escrito del  6 de agosto de 1791, decía los siguiente: “El arte de leer el escribir se hallaba muy abatido por la falta de buenos maestros y de método uniforme y que había que desarraigar muchos abusos que la misma ignorancia e inhabilidad de los malos maestros ha introducido y son perniciosos a la enseñanza.”
En un informe que rindió el virrey don León Ignacio Pico en el año de 1817, sobre la calidad educativa dijo: “Es en efecto lastimoso el estado en que se halla la instrucción pública de la niñez, y pone en tortura a todo padre cuidadoso sin saberse que hacer, ni a quien entregar a sus hijos, cuando comienzan a entrar en la edad de ser enseñados.”
Había una gran cantidad de maestros de los examinados y aprobados, que debían ser sometidos a pruebas nuevamente, pues estos exámenes se habían convertido en todo un lucro que el maestro en cuestión no podía pagar (setenta pesos); tanto dinero para que solo le hicieran unas cuantas preguntas ridículas. Era casi imposible hallar como mínimo a seis maestros verdaderamente instruidos en las letras y los números, por desgracia, los que salían perjudicados eran los pobres niños, que adquirían hábitos equivocados que luego con el paso de los años era muy difícil desarraigar.
En cuanto a las maestras de amiga, eran casi todas unas ancianas de los más ignorantes o fanáticas o visionarias, sin educación y sin principios, que solo ejercían este oficio porque no tenían otro medio de que subsistir, y el único requisito que necesitaban era querer hacerlo.
En las escuelas pías (caridad), como parroquias y conventos, por lo general tenían instalaciones bastante malas, para dar clases se buscaban al primer charlatán que le aquejara el hambre y que no le quedara otra opción mejor.
En las escuelas, aún en las más formalizadas, se  les enseñaba a pintar la letras y a memorizar el Catecismo; se dice que de vez en cuando los maestros les explicaban a sus alumnos, lo que si era muy raro es que les importara su aprendizaje, a la mayoría no le importaba el nacer de las ideas en sus pequeñas mentes. Donde sí los torturaban era en algunos tratados geográficos y en las matemáticas.
A principio del siglo XVII, los que más se habían esmerado en aprender a leer, escribir y contar, fueron los indios, mulatos y negros; quienes se esforzaron en que sus hermanos de raza también adquirieran esos conocimientos. Como la mayoría de la población pertenecía a estas castas, el virrey de Zúñiga quitó la prohibición de estos individuos a dar clases, por lo que ahora ya podían ejercer todos por igual la profesión de maestro, sin ninguna limitación para presentar los exámenes de aptitudes.
Las Ordenanzas dieron mucho peso en la enseñanza de la escritura, al rezo del Catecismo y las prácticas devotas; fue en error que prevaleció durante mucho tiempo, el creer que con estas enseñanzas el problemas moral del hombre y la familia estaban resueltos. La educación de las mujeres en las amigas, lo único que hizo fue fomentar el fanatismo y la ignorancia, que después transmitían a sus hijas; las ancianas que tenían una amiga enseñaban a medio leer y nunca a escribir, para que las mujeres no pudieran comunicarse con sus novios. En cambio les llenaban la cabeza depuras tonterías: los milagros de los santos, los difuntos aparecidos, las profecías de la Madre Matiana, las profecías de San Malaquías y las maravillas de San Pedro Claver, entre otras más, que lo único que conseguían era tener generaciones de personas atormentadas, en el día con la ira de Dios, y en la noche con temor de la ira del demonio y los muertos en pena. Para principios del siglo pasado, los sueldos diarios de los maestros eran de cincuenta centavos diarios, con lo que vivían en la más absoluta miseria.  
Durante la época de la colonia los betlemitas eran los leones, con una teoría que en ese tiempo resultó de lo más innovadora: La letra con sangre entra. Algunas de las sentencias con las que trabajaban estos religiosos en su labor educativa, era:

  • El rigor es el manjar con el que se debe alimentar a la juventud.
  • Los maestros son tan respetables en la tierra como el mismo Dios.
  • La sabiduría no se adquiere sino a fuerza de castigos.
  • El niño que desobedece a su maestro se hace reo de las penas del infierno.
  • La pereza es un vicio que  no se destierra sino con los azotes.
  • Los azotes, aunque lastiman un poco el cuerpo, dan salud al alma.


Seguían otras sentencias tan claras y “consoladoras” como las citadas arriba, y los pobres muchachos, mientras copiaban esas horribles frases, alzaban la vista y veían con el corazón encogido, las disciplinas que imponían los frailes.
Durante el mandato del virrey Revillagigedo, hubo en gran avance en materia educativa, pues con él se empezaron a establecer escuelas pagadas con el fondo oficial; escuelas que eran llamadas reales o del rey, con cuya denominación se conocían todavía a fines del siglo antepasado. Lo malo es que había muy pocas y mal servidas.



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