El
marqués de Guadalupe fue uno de los hombres más acaudalados de la Villa de
Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, durante el siglo XVII;
este hombre se caracterizaba por ser bondadoso injusto, virtudes que no le
quitaban rectitud y energía para con sus sirvientes. Durante el recorrido por
uno de sus ranchos, se encontró a un hombre hábil e inteligente de apellido
Resendes, a quien decidió encargar del cuidado de administración del lugar;
este hombre tenía amplios conocimientos de ganado y se caracterizaba por ser un
trabajador incansable a quien por su agilidad en los ejercicios ecuestres, fue
apodado "El Caporal Ardilla".
Resendes
era una persona agradable, que le gustaba trabajar pero también la diversión en
exceso; era fanfarrón, dicharachero, le gustaban mucho los fandangos,
coleaderos y rodeos, y claro que era muy mujeriego. Los maridos y los padres
tenían que cuidar mucho a sus mujeres, pues a Resendes no se le escapaba
ninguna. Derrochaba el dinero a manos llenas, del que decía: "se hizo
redondo para que ruede..." y era tan dispendioso, que las bailarinas y
cantante se peleaban por estar cerca de él, así como también los músicos que
las acompañaban, por les daba muy buenas propinas. No había celebración o
evento que se le pareciera, en que no estuviera presente; pero las grandes
cantidades de dinero que gastaba los coincidían con lo que ganaba por su
trabajo de caporal, estas inconsistencias llamaron la atención de la gente que
lo conocía, pues no hayaban explicación de dónde sacaba tanto para derrocharlo
en una sola noche. Cuando los curiosos le preguntaban al respecto, el hombre
les contestaba con cierto orgullo que todo se lo debía a su trabajo, pues lo
hacían tan bien, que el marqués lo recompensaba ampliamente debido a que
siempre hacía crecer el número de ganado, y esto lo había convertido en su
mejor trabajador.
Al poco
tiempo la gente dejó de creer en esa versión, cuando empezó a correr el rumor
de que el caporal había hecho pactos con el Diablo, entregándole su alma a
cambio de riqueza infinita; también se comentaba que el Maligno le
proporcionaba todo el dinero que quisiera para costear sus juergas hasta que
Resendes le entregara su alma. Esta escalofriante historia no era un rumor,
pues resulta que el plazo fijado por el ser demoniaco corría y estaba a punto
de vencerse, por lo que el caporal "vivía al máximo" los siete días
de la semana; pero ahí no acaba la cosa, pues también fue favorecido en
cuestiones laborales, ya que habían acordado que los esqueletos de todas las
veces que él vendiera, cobrarían vida por arte de magia y se reunirían en los
potreros, pasando así a propiedad de su acaudalado patrón con sólo sonar un
cuerno como trompeta apocalíptica.
Durante
la temporada de los herraderos, el marqués visito sus haciendas para ponerse al
tanto de cómo iban las cosechas, el número de ganado y las noticias referentes
a sus propiedades; el caporal Ardilla siempre le entregaba resultados
fantásticos: enormes partidas de ganado vacuno y caballar e inmensos rebaños de
cabras y carneros; nadie podía dar explicación alguna de dónde salían tantos
animales, y de cómo el caporal siempre entregaba las cuentas en tiempo y forma,
si toda la vida se la pasaba de juerga. El tiempo pasó y Resendes fue dejando
de ser un hombre alegre y fiestero, apenas en un par de meses. Las culpas y los
remordimientos habían comenzado a invadirle su alma, en su rostro comenzaba a
reflejarse una tremenda preocupación, pues sabía que tarde o temprano tendrá
que entregarle cuentas al Diablo; y después de hacer profundas reflexiones,
pudo al fin tener conciencia de cada una de sus acciones y sabía que no lo
podría reparar con nada. Desesperado por su situación, lloraba día y noche,
sabía que su fin se encontraba cerca, pero en vez de resignarse a su funesto
fin, decidió trazar un plan para salir de aquel problemón. Llegó a la
conclusión de que debía pedirle un plazo al Maligno con el pretexto de tener un
importante compromiso de honor con su patrón, el cual era construir una barda
alrededor de todas sus tierras.
Llegó
aquel día tan temido por el caporal en que explicó con lujo de detalle al Señor
de las Tinieblas lo que debía hacer, le enfatizó que se sentía con la necesidad
de cumplir con ese encargo del marqués, pues hacía sido muy buena persona con
él y no podía faltarle; Resendes le indicó que le podía ayudar para que todo se
realizará en un tiempo más corto y así consumaran lo más pronto posible su
pacto. Satanás sin sospechar aceptó la prórroga pero con una condición: si la
barba era concluir antes de que cantaran los primeros gallos, inmediatamente se
lo llevaría en cuerpo y alma, y lo llevaría a lo más profundo de los infiernos;
y en el caso contrario el caporal estaría libre de cualquier compromiso. No le
quedó otra opción más que aceptar el reto; e inmediatamente montó en su caballo
se dirigió al gallinero, en donde se dio a la tarea de elegir al mejor gallo y
lo escondió debajo de su brazo, emprendiendo después el camino de regreso.
Mientras
el Maligno estaba muy entretenido construyendo la valla según las indicaciones
de Resendes, cuando sólo faltaba un pequeño tramo y todavía varias horas para
que amaneciera, el caporal apretó al gallo, el cual fue seguido por todos los
demás gallos de la región. Esta situación molestó enormemente al Señor de las
Tinieblas, quien se fue echando espuma por la boca por el coraje que había
hecho, pensando que había perdido esta batalla, quedándole como consuelo que el
caporal no tardaría en caer en la tentación y podría finalmente cobrar la
venganza.
Cuenta la
leyenda, que Resendes estaba profundamente arrepentido de sus actos pasados,
llegando incluso a pedirle perdón a Dios, ofreciéndole su vida. Acongojado fue
a buscar al marqués hasta Aguascalientes, en donde pide audiencia para hablar
con él, situación que le extrañó al noble caballero, pensando que una situación
muy grave debía ocurrirle para abandonar así el rancho. El arrepentido le
confesó a su patrón sobre sus pactos con Satanás, de las condiciones, del miedo
que sintió cuando la fecha estaba muy próxima, la prórroga y de cómo había
logrado engañarlo.
Al marqués se le heló la sangre al escuchar cómo el caporal le narraba aquella escalofriante historia con tanta serenidad; al concluir su relato le pidió que lo acompañara a conocer la valla que Satanás había construido en escasos minutos, y al ver la quedó sorprendido. El noble caballero al ver aquella evidencia decidió perdonar a su caporal, lamentando nada más que en tan mala hora se le ocurriera hacer cantar al gallo, pues de otra forma habría tenido totalmente cercadas sus propiedades sin costo alguno.
Al marqués se le heló la sangre al escuchar cómo el caporal le narraba aquella escalofriante historia con tanta serenidad; al concluir su relato le pidió que lo acompañara a conocer la valla que Satanás había construido en escasos minutos, y al ver la quedó sorprendido. El noble caballero al ver aquella evidencia decidió perdonar a su caporal, lamentando nada más que en tan mala hora se le ocurriera hacer cantar al gallo, pues de otra forma habría tenido totalmente cercadas sus propiedades sin costo alguno.

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