Los teatros daban funciones alusivas a la solemnidad del nacimiento de
Jesús, y entre ellas las más populares eran las Pastorelas, cuyo fin y carácter
revelo en la siguiente descripción.
La Pastorela da principio con un famoso Conciliábulo. Al alzarse el
telón aparece en uno de los antros del infierno Luzbel, cuyo vestido es como
sigue: camiseta y calzón de malla color de carne, con zapatilla negra bordada
de lentejuela; tonelete de mangas perdidas, con forro rojo y adornado de cintas
del mismo color y brichos de oro, ceñida la cabeza con corona de laurel.
Preséntase triste y apenado por la próxima venida al mundo del Mesías, y medita
en los medios que para vengarse ha de poner en juego a fin de perder al hombre,
oponiéndose al decreto divino de su redención. Los improperios salen de su
boca, y para llevar a cabo sus designios, con acento iracundo llama al Pecado,
furia infernal que ha de prestarle eficaz ayuda. Este diablo sale por escotillón,
diciendo con toda arrogancia: -¿Quién me llama?- Y responde Luzbel: -Tu
príncipe señor. Enseguida disponen su plan de operaciones, mas como para
realizarla, engañando al hombre, necesitan de la Astucia, demonio de tonelete y
corona como los otros, sale al llamado de Luzbel, de entre los bastidores que
figuran, con el telón de fondo, las lóbregas cavernas del infierno, haciendo
igual pregunta que el Pecado y recibiendo idéntica respuesta.
Animado Luzbel, por las exhortaciones y baladronadas de sus compañeros,
se enfurece y amenaza al cielo, haciéndole aquellos coro. Cuando la exaltación
está en toda su fuerza, gran cantidad de cohetes chisperos, encendidos entre
las bambalinas, arrojan una copiosa y persistente lluvia de fuego; los diablos
van y vienen levantando los brazos y lanzando sus amenazas con voz iracunda,
como quienes van a comerse al mundo, hasta que ya fatigados, agotada la pólvora
y terminada a tiempo la perorata, cae el telón dando fin al Conciliábulo, cuyas
infernales escenas, para mayor persuasión, dejan apestando a azufre todo el
recinto del teatro.
A esta furiosa tempestad de fingidas pasiones y del arte pirotécnico,
síguese en los demás actos el desarrollo de la pastorela, cuyos caracteres
principales son: la calmuda sencillez de los pastores, vestidos a la usanza de
los Elvinos y Nemorinos de las Operas; las desavenencias y riñas domésticas de
Bato y Gila; las sandeces de Bato y Bras, tan perseguidos por la saña de
Luzbel; la aparición del Arcángel San Gabriel a los pastores para anunciarles
el nacimiento del Mesías, en los momentos en que, sentados en rueda, platican y
cenan a mandíbulas batiente, y la gran contienda sostenida por los tres
arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael contra Luzbel, el Pecado y la Astucia.
Después de muchos dimes y diretes, los batalladores, ya con el colmo de
la exaltación, acaban por desnudar las espadas y empieza la lid, más no en
silencio, sino acompañando a los golpes de los aceros las fanfarrón nadas
propias de los valientes callejeros, excepción hecha de las palabras
malsonantes, hasta que al escucharse el grito de Miguel: -¿Quién como Dios,
bestia fiera?, Caen desplomados los tres diablos a los pies, respectivamente,
de los arcángeles sus vencedores. Aquellos, humillados, desaparecen al fin por
escotillones, a tiempo que la música y el canto de los pastores que se escuchan
a lo lejos, celebran el triunfo alcanzado contra el infierno. Libres ya los
pastores de las asechanzas del demonio se dirigen al portal de Belén para decir
requiebros y ofrecer sus dones al recién nacido.
Yo también, de niño, fui actor en uno de esos coloquios, pues era
costumbre que las familias los representaran en teatros caseros y algunas veces
en teatrillos alquilados. Una tía lejana que en una pastorela desempeñaba el
papel de Ardelia, me tomó por su cuenta: púsome un lujoso vestido de respingo,
medias de seda y sandalias de raso con sus ligas correspondientes; ajustóme
unas alas de hojadelata, sobre las que caía recogido un manto de seda verde y
sobre mi rizado pelo colocó una diadema adornada de piedras, al parecer
preciosas, la que terminaba con una airosa pluma, también verde; y de esta
manera en un abrir y cerrar de ojos me convirtió en el arcángel Gabriel.
Ensayado bien mi papel que no era otro que el de anunciar a los pastores la
buena nueva y la de dar mandobles a diestra y siniestra y tener por algún
tiempo humillado bajo un pie al demonio de la Astucia, di con todos los de la
comparsa en el teatrillo conocido con el prosaico nombre de Pambazo, o de casas
y baños de Murguía, calle del Puente Quebrado. Figúrate, caro lector, mis
apuros al actuar ante un público escogido, como era de invitación, en el
momento en que asentado mi pie izquierdo en el tablado y hollando con el
derecho el cuerpo hercúleo de la Astucia, a la vez que tenía que tomar la
actitud del vencedor, sosteniendo en alto la espada triunfadora. Las
contorsiones de aquel diablo blasfemo, cegado por la cólera, no me permitían
guardar el cuerpo en equilibrio y poco faltó para que viniese a tierra mi
celestial persona; sin embargo, mantúveme firme a costa de mil esfuerzos.
Tales eran las famosas pastorelas que, si no han desaparecido, del todo,
de nuestros hábitos, han perdido mucho de su antiguo carácter.
También era costumbre de los teatros en aquellos tiempos, poner en
escena, en tiempo de Navidad, la pieza titulada: El mayor contrario amigo, o el
Diablo Predicador, cuyo protagonista, el lego, Fray Antolín, era caracterizado,
unas veces por la festiva María Cañete que vino a México siendo casi una niña,
y otras por Antonio Castro, ambos de muchísimo gracejo.
Cuando sea tiempo y haya Posadas caseritas, cuidaré, amable lector de
llevarte a ellas.
FUENTE
El libro de mis recuerdos. Antonio García Cubas

1 comentario:
Las pastorelas adquieren aun esa seriedad en algunas delegaciones de la ciudad , tal es el caso de cuajimalpa donde la gente toma muy en serio el papel que representa llevándonos de la mano por esos caminos hacia su historia y sobre todo el porque de ella, la primeras veces que las presencie realmente me sorprendieron....intente participar en una de ellas pero no fue posible puesto que se requería de mucha preparación y sobre todo pertenecer a la comunidad
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