domingo, 18 de octubre de 2015

Las calaveras literarias

Las calaveras literarias tienen su origen durante el siglo XIX, pocos años después de consumada la Independencia. Surge cuando artistas y literatos del grabado se burlaban de los versos funerarios heredados del virreinato, pues esto se enaltecía nada los muertos con pocas o falsas virtudes; aquellos versos de banal ilustración llegaban en el ridículo.
Aquellos hechos y anécdotas fueron las bases para que surgieran las calaveras literarias como versos lacerantes en la pluma de los nuevos escritores mexicanos, quienes utilizaban su creatividad como un arma para cuestionar los excesos del poder y la lambisconería aristocrática. Las calaveras literarias nos hablan de la descomposición de los grupos en el poder, siendo el descaro de los políticos es tan sucio y bajo, que es mejor plasmarlo en una divertida calavera literaria. Se podría decir que la calavera es una venganza del pueblo, encabezada por los ilustradores y literatos, contra aquellos que dicen servir a la nación y forman parte de la mafia política.
Sin embargo, también existen aquellas calaveras dirigidas cariñosamente a personalidades del mundo artístico y de la farándula. Los versos dedicados a estas personas se basan en la vida privada y en su trayectoria; dedicar calaveras a un artista es un motivo de festejo.
En lo que se refiere a la iconografía de la Muerte que vemos junto al texto, viene acompañada de un pensamiento moral en Europa llamado la Danza Macabra, allá por el siglo XIV. En dicha danza, la Muerte con su guadaña en mano, se presenta ante los mortales para anunciarles que muy pronto morirán y que deben arrepentirse de todos sus pecados y tienen que dejar arreglado sus asuntos pendientes; al más allá se va ligero, sin bultos y sin carne que aquí se queda para corromperse. Esta es la imagen de la muerte que le damos de Europa, a la cual le agregamos el rostro de mi Mictlantecuhtli, Señor del Mictlán y el tzompantli; dichas imágenes son muy parecidas a las de un ábaco, con la diferencia de que las cuentas eran cráneos de los guerreros vencidos.
Pero será durante el siglo XIX, en la corriente literaria del romanticismo cuando las calaveras literarias comienzan a emerger. Uno de sus mayores representantes fue José Guadalupe Posada (1852-1913), quien creó la mayor cantidad y variedad de calaveras, como la famosa Catarina. Gracias a su fértil imaginación consolidó la tradición de las calaveras. Las impresiones se vendían muy bien en la Ciudad de México, en especial en el Día de Muertos.
José Guadalupe Posada cambió la imagen de la muerte, dejando a un lado su aire misterioso y macabro, para convertirla en personajes variados. La disfrazó de humor, a los personajes cotidianos les quitó la piel para dejar al descubierto todos sus vicios y miserias, dejándolos sólo con su osamenta.

Desde entonces el mexicano hace actos de reverencia e irreverencia hacia la Muerte que nos acompaña desde el momento en que nacemos. Y no nos queda más que saborear las deliciosas calavera y tras de azúcar, amaranto o chocolate; y también reírnos un buen rato a expensas de los políticos y sus visajes.

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