Mucho y de gran
alcance que decir sobre estas cosas. Fue en estas tierras del Mayab se dicen,
donde el Hijo del Hombre también fue perseguido.
Oíd mi voz, dice el
viejo chilam, que es como decir agorero; oíd mi voz los que estéis por oírla.
Creed con vuestro corazón mejor que con vuestro pensamiento ya que El que todo
lo dispone pudo hacer hasta lo que parece que no pudo ser. Todo en su voluntad
pudo haber sido y puede ser.
Y tú que ves y oyes
las cosas extrañas de esta Tierra, no te conformes con verlas y oírlas
solamente, porque así no dicen nada. Mejor está el saber la razón de ellas.
El Gran Señor dio a
los animales del campo la comida y el agua para su sustento. La comida en los
granos, el agua en las sartenejas y en los cenotes. Y les dio también para
mejor vivir los medios más propios. Al venado los pies para correr, las aves
las alas para volar.
Pero hay sus
diferencias.
No todos los animales
alcanzan el agua de los cenotes, porque para alcanzarla fuerza es llegar hasta
el fondo de las cavernas donde se asienta. Y no todas las aves pueden entrar a
las cavernas. Pero el indio sabe que eso es un castigo. El indio sabe que allá
en los primeros tiempos todas llegaban. Hay aves que vuelan muy alto, pero
otras casi no vuelan. El indio sabe que allá en los primeros tiempos todas
volaban alto. Ha sido un castigo.
El mundo es la casa
del Gran Señor cuando baja la Tierra. Todo el mundo es su casa, y así cuando
viene a ella las cosas de su vida ocurren en toda ella, lo mismo aquí que allí
o más allá. Porque ni su persona ni su esencia son ni fueron limitadas.
Oíd entonces:
Ocurrió que un día
Jesús pasó por tierras de Yucatán, en unión de la mujer que fue madre a pesar
de ser virgen, perseguido por quienes querían matarlo.
-Son ellos-, decían
los árboles del camino, y deseaban sacar sus raíces del seno de la tierra para
correr a protegerlos, amparándolos con sus fuertes y largos brazos.
-Son ellos-, decían
los animales y muchos hubieran querido ayudarlos levantándolos a cuestas. Pero
la naturaleza quedaba estupefacta al
paso de la divina pareja, porque sentía en sus entrañas que una fuerza invencible
le impedía socorrer a los fugitivos. Y eso fue así porque debía ser, para que
se cumplieran las cosas que debían ocurrir. Afanosos iban los que perseguían a
Jesús en pos de sus huellas, cuando una zacpacal, que es como decir la tórtola
india, canto desde un árbol.
En el vasto silencio
en que estaba sumida la naturaleza atónita ante la figura del Dios blanco, el
canto se oyó claramente.
-Preguntemos al ave
que canta- dijéronse entre sí los perseguidores-. Ella sabrá por dónde van los
fugitivos-. Y dijéronle:-tú que estás allá arriba y puedes ver sobre las
malezas y sobre las copas de los árboles, debes saber por dónde va Jesús. Dinos
por dónde va.
La avecilla zacpacal
es tímida y tuvo miedo. Poco antes había visto cruzar a los fugitivos, y canto
así en su idioma, esto es, en su idioma indio:
Jalal pocché, jalal
pocché, jalal, pocché, lo cual dice: “A por las orillas de la milpa quemada”.
Bordeando iban en
efecto, Jesús y la Virgen, una milpa abandonada y así fue como la avecilla
denunció su paso. Jesús sintió una gran tristeza en el alma porque uno de los
pajarillos de su amor lo había denunciado. Pudo salvarse, sin embargo, pero
desde entonces el pájaro zacpacal no puede entrar a los cenotes. Y así no bebe
el agua que hay en ellos, que es fresca y abundante. Porque dicha estaba que
las malas acciones deben ser castigadas. Dicho está esto desde el principio de
la Vida. Así ocurre que durante las sequías en esta Tierra del Mayab son en
demasía ardientes, el pájaro zacpacal sufre mucho de ser, pues las sartenejas del
campo se agotan.
Continuaron los que
perseguían a Jesús buscando sus huellas. Y de pronto dieron con el pájaro
tzuy-tzuy y le preguntaron:
-¿Por dónde van los
que van huyendo?
Tzul tzul bé, tzul
tzul bé, tzul tzul bé, que fue como decir: “El camino está cerrado”, de donde
entendieron los perseguidores que no debían seguir por él. Pero el camino no
estaba cerrado. Franco estaba el camino, y por él huían Jesús y la Virgen.
Hacienda año el pájaro tzuy-tzuy, desde entonces no sólo te está permitido
entrar a los cenotes a beber agua, sino que toda caverna, aunque esté seca
brotará agua para ti. Ese fue tu galardón por la generosa ayuda que diste a los
fugitivos. Debe, pájaro tzuy-tzuy, no importa que la sequía consuman todas las
aguas de los campos. Tú tendrás agua.
Los soldados dijeron:
“No hagamos caso de lo que digan las aves. Mejor es ver lo que hacen. Por allí
por donde levanten el vuelo han de andar los fugitivos. Su paso las ha de
asustar y levantarán el vuelo”. Jesús y María iban por un sendero estrecho cerca
del cual discurría una parvada de pajaritos beches, que así se llaman las
codornices de esta tierra, y los cuales al sentir a los caminantes, azorados
levantaron el vuelo tan ruidosamente, que la Virgen hubo de asustarse.
“Por allí van sin
duda”, dijeron los perseguidores de Jesús que habían estado muy alertas, y
corrieron aquel lugar. Los fugitivos escaparon. Siempre pudieron escapar porque
aún no era llegada la hora de la Consumación, pero el pájaro bech, por haber
denunciado con su vuelo el paso de aquellos, fue condenado a no poder volar
alto, sino muy bajo apenas, y a no poder anidar sino en las breñas y montecillo
bajos.
Fue el castigo. “Que
el pájaro bech, dijo el Gran Señor, de hoy en más quede a merced de los
animales feroces y más al alcance de los cazadores”. Y Jesús y la Virgen
continuaron su peregrinación a través de los montes, por los anchos caminos
rojos de kancab, por las sendas angostas, o abriéndose paso a través de los
bejucales y las plantas espinosas. A la zaga les iban sus ensañados enemigos.
Pero aun pájaro que va volando los divisó, divisó a unos y divisó a otros, a
los que huían y a los perseguidores, ya batió el vuelo junto a las plantas de
Jesús, cantando es idioma maya:
¡Chibilú, chibilú,
chibilú!, Que fue como decirles: “Ya vienen, distan muy poco”.
Con este aviso Jesús
y la Virgen se pusieron a salvo nuevamente. Desde entonces aquel pájaro se
llama como canta, chibilú, que así lo quiso el Gran Señor que sabe disponer las
cosas y llamarlas por los nombres que le son más propios, y desde entonces
permitido le está volar muy alto y anidar en las copas de los grandes árboles,
escapando así, como otros, de los peligros que lo cerquen. Y por eso también
cuando canta, cantando su nombre, parece lleno de gozo y alegría.
Habréis de saber qué
cosas semejante siguieron ocurriendo, mientras Jesús y la Virgen huían, con las
aves que encontraban a su paso. Veréis que entre ellas las hay que cantan tan
dulce y armoniosamente que su canto es igual a músicas divinas, y otras que
cantan desapaciblemente o no cantan, y otras que apenas pueden levantar el
vuelo, y que las hay de muy vistosos plumajes, ricos, ricos, ricos, tanto que
es un deleite el mirarlas si las hay de plumas tan pobres que dan pena.
Y eso es así porque
mientras las unas ayudaron en alguna forma a los fugitivos escapar de sus
perseguidores, las otras en alguna forma los denunciaron. Todo esto es lo que
dice la voz que viene de muy alto, rodando sobre las espaldas de los años, y es
la que repite el viejo chilam.

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