CARRANZA Y EL ÁGUILA
Carranza expidió un decreto
ordenado que se hiciera uso en todo documento oficial del águila emblemática
que hasta la fecha sigue utilizándose: de perfil, con la cabeza baja y las alas
recogidas. Hasta entonces el águila se había representado de frente, con la
cabeza en alto de las alas desplegadas. El ingenio del pueblo discurrió esta
cuarteta:
Desde que la Aguilar
anda con el pico bajo,
a esta nación se la
llevó el carajo.
Y como sigue en el poder
Carranza,
el pobre pueblo trae
vacía la panza.
Pero no fue la única vez que durante
el mandato de don Venustiano el águila dio pábulo a sátiras populares. El
gobierno carrancista mando retirar de circulación la plata y el oro para
sustituirlos por 500 millones de pesos emitidos en billetes que ostentaban el
águila recientemente decretada, a los que se dio el nombre de “infalsificable”;
y que hacían honor a su denominación porque valían tampoco y se depreciaban tan
de prisa, que a nadie se le hubiera ocurrido la estupidez de ponerse a
falsificarlos.
Una mañana aparecían pintados en céntricos
muros callejeros de la Ciudad de México unos versillos que pronto se divulgaron
de boca en boca, y que decían:
El águila carrancista
es un animal muy cruel.
Se come toda la plata
y caga puro papel.
Indignado por la burla, Carranza
ofreció una recompensa a quien denunciara ante las autoridades al autor de los
versillos, lo que dio ocasión a que nacieran estos otros:
¿Recompensa se propone?
¿Y con qué va a hacer la
paga?
¿Con lo que el águila
come?
¿Con lo que el águila
caga?
EL RELOJ DEL EMBAJADOR
Obregón inventó un chascarrillo
que no tuvo empacho en referirle al novelista Vicente Blasco Ibáñez. Según el relato de don Álvaro, el
embajador de España presentó sus credenciales ante Carranza, quien decide
ofrecerle un banquete oficial, por ser España el primer país que reconoció su
régimen. Dispuesta la suculenta mesa en el Castillo de Chapultepec, don
Venustiano -de riguroso frac- se sentó frente al embajador, teniendo junto a él
a Juan Barragán. A un lado del diplomático español se colocó Obregón, ministro
mexicano de la Guerra. Y del otro, Cándido Aguilar, yerno del Primer Magistrado
y secretario de Relaciones.
De pronto, la hora de los postres,
el homenajeado se llevó la mano al chaleco, palideciendo. ¡No tengo mi reloj,
me lo han robado! Es un reloj de oro y brillantes, una verdadera joya, herencia
de familia. El embajador escrutó con desconfianza a los comensales sentados
junto a él. Obregón carecía del brazo del lado en que se encontraba el
diplomático español. No podía ser el ladrón. Del otro lado se sentaba Cándido
Aguilar, quien tiene paralizada la mano que quedaba junto al distinguido
huésped. El embajador no cesaba de lamentarse.
-¡Me han quitado mi reloj, me lo
han robado! ¡Esto no es un gobierno, es una cueva de bandidos!
Pero al levantarse de la mesa el
afligido embajador, concluido el banquete, se acercó a él don Venustiano, con
su gesto digno y grave, para hacerle entrega de su reloj y decirle:
-Ya, hombre, no haga escándalo.
Tome calle de una vez. Lleno de admiración, el embajador de España dijo
entonces a Carranza:
-¡Señor Presidente, tiene usted
unas manos prodigiosas! ¡Con razón le llaman el “Primer Jefe”!
EL PRIMER JEFE
Mucho fue lo que se ironiza acerca
de la falta de honradez de los carrancistas, acuñando ser el verbo “carrancear”
como sinónimo de “robar”. Y en vista de que sus partes militares solían
mencionar los avances logrados en campaña, el idioma se enriqueció con el
término “avanzar”, que tuvo el nuevo significado de apoderarse de lo ajeno, que
era lo primero que las tropas carrancistas hacían en todo poblado sobre el que
avanzaban. Aunque, a decir verdad, en el hurto rivalizaban los distintos bandos
revolucionarios.
Asimismo se comentaba que antes de
Carranza hubo en México generales de brigada; pero que con él surgieron
brigadas de generales. Y algún ocurrente ideó este diálogo:
-¿Quién es el general Villa?
-Un jefe de bandidos.
-¿Y el general Obregón?
-Otro jefe de bandidos.
-¿El señor Carranza?
-Ah, no, ese es el Primer jefe.
SER y NO SER
En 1914, la Convención de
Aguascalientes nombró Presidente interino de la República al revolucionario
coahuilense Eulalio Gutiérrez, cargo en el que duro del 6 de noviembre de ese
año al 16 de enero de 1915. Según es sabido, Carranza desconoció los acuerdos
de la Convención e instaló los poderes en el puerto de Veracruz.
Poco después de su efímera
aventura presidencial, un amigo le dijo a Eulalio Gutiérrez:
-Feliz tú, Eulalio, ella sabe lo
que se siente ser Presidente.
-Ay, hermano, lo que de veras se
siente es dejar de serlo- replicó Gutiérrez.
QUE DIOS LOS CONTRAFASTIDIE
Cuenta José Vasconcelos en uno de
sus libros autobiográficos que, poco después del asesinato de Madero y Pino
Suárez, tomaba cerveza en una cantina con el escritor Carlos González Peña y el
político Isidro Fabela.
Vasconcelos se expresó con dureza de Victoriano Huerta y su
camarilla. A lo que Fabela, agachando la cabeza, dijo:
-En fin, que Dios los perdone.
Saltó iracundo Vasconcelos:
-¡Nada, qué! ¡Que Dios los
castigue y los contrafastidie!
FUENTES: ANECDOTARIO MEXICANO.
INGENIO Y PICARDÍA. JORGE MEJÍA PRIETO.


1 comentario:
Hola, soy Salvador Osorio. Espero te encuentres bien y te manifiesto mi extrañeza por tu ausencia en tu blog y en facebook. Ojalá te decidas a reanudar tus colaboraciones, siempre tan interesantes. Como te dije alguna vez, faltan cronistas femeninas, pues fuera de la marquesa Frnacis Calderón de la Barca y tal vez, recientemente, Alejandra Moreno Toscano, no hay muchas. Confío tener pronto noticias de ti. Y te tengo la edición de Historia y Leyendas de las Calles de México, de la editorial el Libro Español, de la década de los 50's, en dos tomos. Encontré que la tengo repetida y deseo obsequiarte uno de ellos. Te envío un fraternal saludo y que sigan las historias sobre esta Muy Noble y Leal.
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