lunes, 17 de agosto de 2009

San Bernardo


En 1636 fallece en la Cuidad de México el rico y acaudalado comerciante don Juan Márquez Orozco, que deja estipulado en su testamento su deseo de favorecer la fundación de un convento de mujeres de la orden de Císter; para esto donó su casa y sesenta mil pesos. Sus albaceas trataron de cumplir su última voluntad, pero no fue posible que las monjas del Císter en España, llegaran a tierras mexicanas.
Al ver esta situación las tres hermanas de don Juan, que eran monjas en el convento de Regina Coelli, y aparte andaban de pleito con la mayoría de las religiosas debido a problemas electorales; entonces las hermanas vieron la oportunidad de cumplir la petición de su hermano fundando una nueva comunidad, pero no del Císter sino de la orden a la que ellas pertenecían: la concepcioanista. En 1653 fundaron el convento de San Bernardo. Sin embargo, desde 1621, se insistía mucho en fundar un convento de la orden de los Císter en México, con el apoyo económico de Juan Márquez de Orozco.
El templo original fue demolido y el arquitecto Juan de Zepeda realizó el proyecto actual. El 24 de junio de 1685 se puso la primera piedra de la iglesia y se dedicó en 1690. Durante la ceremonia donde, entre otras cosas, fueron leídos poemas de la “Décima Musa”, sor Juana Inés de la Cruz, escribió para tan memorable fecha, donde pedía entusiasmada: “dad al arquitecto un vítore”. En el transcurso de esos años, participaron los siguientes artistas: Diego González, carpintero, autor de trabajos en San Pablo, quien hizo en 1687 las puertas del templo; Pedro Maldonado hizo el retablo mayor en 1688 y un colateral en 1690, con pinturas de Cristóbal de Villalpando; las portadas fueron esculpidas por Nicolás de Covarrubias en 1689; Manuel de Velazco y su hermano Antonio también hicieron colaterales para este templo. En 1709 se estrenó el órgano, construido por Tiburcio Sáenz de Izaguirre.
Los edificios anteriores al patrocinio del capitán Juan de Retes y Largache fueron muy pobres.
En 1777 el templo fue renovado, desapareciendo la decoración antigua, la cuál aparece descrita en un libro titulado “Sagrado Padrón”, que fue publicado en 1691.
En la década de los treinta, el convento fue fraccionado y vendido a particulares, al abrirse la calle 20 de noviembre, se desmontó todo el edificio del templo y después se rearmaron cuidadosamente para tener su ubicación actual. Sus portadas gemelas quedaron, una viendo al oriente y otra hacia el norte. Destacan en ellas las imágenes de San Bernardo y de la Virgen de Guadalupe realizadas en alabastro.

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