Fue fundada para recordar la
huida y derrota de los españoles en la
llamada Noche Triste, debido a que sufrieron pérdidas casi irreparables a manos
de los aztecas guerreros de la ciudad; se puede apreciar una placa alusiva
sobre estos trágicos hechos por parte de los conquistadores en la esquina del
atrio.
Las crónicas de Cervantes de
Salazar nos cuentan que allí estuvo la quinta cortadura o foso que existía para
la defensa de la Calzada de Tlacopan; y uno de los sobrevivientes de aquella
acción, llamado Juan Tirado, fundó una
capilla y después Hernán Cortés y sus compañeros mandaron hacer una iglesia
para conmemorar el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito, fecha en que fue
tomada la ciudad de México – Tenochtitlán.
Podemos apreciar que la fachada
de esta iglesia está adornada con hermosos tapices de argamasa o mezcla calados
primorosamente, que también se le conocen como ajaracas de origen mudéjar. El
monumento de la cerca ejecutado en relieve, es obra del notable arquitecto
mexicano del siglo XVIII José Damián Ortiz de Castro, en donde presenta a un
indio con una vestimenta de plumas que es arrebatado por un águila y transportado por los aires; según nos
relata el cronista Durán, este simbolismo hace referencia a uno de los augurios
que dicen tuvo Moctezuma II, en donde se anunciaba la caída de Tenochtitlán.
El recinto de San Hipólito fue
muy amplio, ocupó gran parte de los campos baldíos que circundan la ermita de los Mártires, y con ese fin fue
cedido por el Ayuntamiento. El Hospital que ahí se construyó fue destinado
para enfermos, ancianos y locos, poco
después fue usado exclusivamente para atender a estos últimos. Fue el primer hospital para Dementes creado en
América, fundado en 1566 por Bernardino Álvarez, y en 1904 fue demolida la mayor parte para
abrir la primera calle de los Héroes, esto se hizo debido a las no muy largas
gestiones de Joaquín D. Casasús para
darle importancia a la casa en que vivía. ¿Qué fue de los pobres dementes? Fueron
trasladados primero a San Pedro y San Pablo,
al viejo Colegio de San Gregorio, después en 1910 al manicomio de la Castañeda.
Debido a que frente a San
Hipólito había un gran espacio sin ocupar, se estableció un mercado, al que se
le conocía como tianguis de San Hipólito, se colocaba los jueves y viernes;
donde llegaban indios, mulatos, mestizos y negros de las poblaciones aledañas,
que llegaban acarreando animales o montados ellos para comprar o vender o
carros tirados por estos. Este mercado era competidor con el de la Plaza Mayor.
Al oeste del tianguis se instaló un pequeño quemadero, conocido como de San
Hipólito, se le dio este nombre para distinguirlo del de San Lázaro; el de San
Hipólito se encontraba rodeado por una barda, sobre el piso había sido bien
afianzados postes de madera con argollas de hierro, a las cuales eran atados
los pobres infelices que iban a ser condenados a la hoguera, acusados por la
Santa Inquisición.
La iglesia de San Hipólito
contaba con un hospital para dementes, que fue el primero que hubo en su tipo
en América, el cuál se encontraba en el edificio adjunto que, fue fundado por
Bernardino Álvarez. Actualmente en este lugar podemos encontrar pequeños
comercios, viviendas y bodegas, cuyo patio vale la pena ver, si es que te dejan
claro está pues yo solo logré verlo un poco cuando pasaba por casualidad y la
puerta se encontraba abierta.
Bernardino Alvarez tuvo una
apacible muerte el 12 de agosto de 1584, cuando las campanas repicaban con
alegría las celebraciones de San Hipólito; los fieles de seguidores y discípulos
de la obra de amor y piedad del fallecido, consiguieron en 1585 que su santidad
el papa Sixto V instituyera la orden hospitalaria de los Hermanos de la
Caridad, que después entre la gente eran mejor conocidos como Hipólitos. “El orden
de La Caridad de San Hipólito fue flor de efímera duración en el campo de la Iglesia.
Nació en la Nueva España, lozano y vigorozo, efecto, más que de su final
destino, de las circunstancias en que su pueblo se hallaba por aquellos días;
de donde resultó que se extendiera en este suelo, sin enraizar en los extraños,
y aquí mismo murió”.
El virrey don Antonio María de
Bucareli y Ursúa ayudó a mejorar las condiciones tan deplorables en que se
encontraba el Hospital de San Hipólito, pues debido a la pobreza en la que se
encontraban no les era posible que atendieran bien a sus enfermos. En 1821 el Ayuntamiento se hizo cargo de este lugar por desgracia, ya que los
bienes con los que contaba fueron a
parar a manos deshonestas, esto con el pretexto de que Antonio López de
Santa Anna hizo un decreto en que la oficina deTemporalidades podía intervenir
en los mismos. Con estos bienes salieron muy beneficiados los miembros de la
susodicha oficina.
En 1847 fue Hospital Militar,
Hospital Municipal en 1850 y la Escuela de Medicina también estuvo establecida
en San Hipólito entre 1850 y 1853.
La iglesia desempeñó un papel
muy importante hasta comienzos del siglo XIX, pues en la ceremonia pública se
celebraba el Paseo del Pendón, este pendón hacía referencia al de España y la ceremonia
estaba dedicada a conmemorar la caída de México – Tenochtilán; esta celebración
consistía en un lúcido desfile al que asistían las autoridades más prominentes,
militares, eclesiásticos y civiles de la cuidad
con el virrey al frente, las cuáles salían del Palacio Virreinal
(Palacio Nacional), por calles muy adornadas. Con el paso del tiempo este
desfile dejo de tener importancia, tal vez porque no fue popular ni bien visto
por indios y mestizos, las Cortes de Cádiz lo suprimieron en definitiva en 1812,
por considerar que hería el sentimiento nacional de los mexicanos.
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