domingo, 1 de julio de 2012

La leyenda de la mujer Xtabay


Allá por la mágicas y misteriosas tierras de Yucatán, existen seres que poca veces se dejan ver por los humanos, pero de alguna u otra forma nos han manifestado su existencia a los largo de los siglos. Pero ni el paso del tiempo, ni la invasión de la modernidad con su maravillosa tecnología, han podido dejar en el olvido las fantásticas leyendas de aquellas criaturas mágicas; pues estos relatos mezclados con un poco de imaginación y realidad nos siguen ejerciendo un poder magnético sobre nosotros.
Entre los seres misteriosos que habitan las selvas del Mayab, se encuentra una mujer maya poseedora de una belleza sin igual: bonitas facciones, cuerpo perfecto, piel tersa  y unos ojos capaces de embrujar a cualquier  hombre. Utilizando todos sus encantos atrae a los incautos que se crucen en su camino, y cuando estos se dan cuenta de que cayeron en una mortal trampa ya es demasiado tarde. Al día siguiente son encontrados los cuerpos totalmente destrozados con espantosos rasguños y mordidas, con el pecho abierto con lo que parecen ser garras.
¿De dónde surge la leyenda de la Xtabay? Durante un tiempo se dijo que era la hija de Ceibam, que nacía de sus retorcidas y gruesas raíces, pero esto no es verdad; la versión de verdadera nos dice que la Xtabay nace de una planta espinosa, punzadora y mala. Dicho árbol es sagrado para los hijos de la tierra del faisán y del venado, su sombra los acoge bajos sus ramas, pero pobre de aquel que le tenga confianza absoluta.
Cuenta la leyenda que en un pueblo vivían dos mujeres, una de ellas era Xkeban, apodo que quiere decir prostituta, mujer mala o dada al amor ilícito; la gente decía que estaba enferma de amor y de pasión, que todo lo que deseaba hacer en su vida era entregar su cuerpo y belleza, con los cuáles se deleitaban todos los mancebos que se cruzaban en su camino. El verdadero nombre de esta mujer de cascos ligeros era Xtabay.
Muy cerca vivía otra mujer llamada Utz – Colel, que quiere decir “Mujer buena, mujer decente y limpia”. Tenía una casa bien hecha, limpia y arreglada, y como era suponerse, era muy querida en todo el pueblo; y a diferencia de su vecina, era toda una poseedora de virtudes, pues nunca se le había conocido que tuviera algún desliz o que hiciera algo que resultara vergonzoso, ni siquiera levantaba la vista para ver a un hombre.
No podía ser malo en Xtabay, ya que a pesar de tener ese defecto que le había creado muy mala fama; por el otro lado, tenía un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, pues esa infinita bondad que poseía la hacía socorrer al más necesitado y rescatar a los animalitos en desgracia. Su deseo de ayudar al prójimo la llevaba a recorrer poblados muy apartados para poder auxiliar a los enfermos; incluso llegaba a despojarse de las joyas que le regalaban sus galanes y sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desamparados. Nunca se supo que esta buena mujer alzara la cabeza en tono altivo; nunca levantó la voz por las críticas que le bombardeaba todo el tiempo la gente.
La virtuosa y perfecta Utz – Colel, a la que tanto admiraba el pueblo, era todo lo contrario a su vecina: fría, orgullosa, dura de corazón, nunca socorría al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.
Todo marchaba con normalidad, hasta que un día los maledicentes vecinos se dieron cuenta de que la Xtabay no salía de su casa, y creyeron que andaba por algún pueblo ofreciendo su cuerpo y sus indignas pasiones, situación que los puso contentos de descansar de su desagradable presencia. Los días pasaron y la mujer no se dejaba ver, pero sucedió que un día en el pueblo se esparció un delicioso aroma a flores, un exquisito y delicado perfume. Nadie sabía de donde podía provenir ese olor tan grato, así que todos se dieron a la tarea de buscar el punto de origen, el cual resultó ser nada menos que ¡la pecadora Xtabay!, quien fue encontrada muerta en su casa.
Lo curioso del hallazgo fue que no se encontraba sola, pues estaba acompañada de varios animales que cuidaban su cuerpo, del cual brotaba aquel delicioso aroma que envolvía al pueblo entero.
Como en todas las épocas se ha dado, no podía faltar la envidiosa de Utz – Colel, quien consideró que aquello eran puras mentiras y quiso ir comprobarlo con sus propios ojos a la casa de la prostituta; le parecía inconcebible que de un cuerpo tan sucio como el de Xtabay debía emanar un olor asqueroso y repugnante, imposible de soportar; y que si el aroma era agradable, entonces no podía ser más que obra del dios del mal. Al ver que todo lo dicho era cierto, estalló en santa ira y dijo: “Si de un cuerpo tan impuro como el de esta mujer se desprende tal aroma, entonces cuando yo muera, la fragancia que emanaré será mucho más exquisita y aromática”.
Como Xtabay no tenía a nadie, por lástima y compasión, un grupo de personas de la comunidad decidieron  enterrarla como era debido. Cuenta la leyenda que al día siguiente de que fue celebrado el funeral, de su tumba brotaron flores aromáticas y hermosas; después las tierras se  tapizaron de estas plantas  que eran desconocidas en el Mayab. Desde entonces, el lugar donde yacía sepultada Xtabay, estuvo lleno de aquellas hermosas flores.
¿Qué creen? Al poco tiempo muere la envidiosa Utz – Colel, y a su entierro acudió el pueblo entero, pues recordemos que siempre había admirado sus virtudes, su honestidad y su virginidad. Fue enterrada con muchas lágrimas y tristeza. La gente recordó las palabras de la muerta, sobre el olor delicioso, que según ella emanaría su cadáver.
Entonces todos se dieron a la tarea de esperar que sus restos despidieran un aroma mejor que el de Xtabay, pero para el asombro de todos los que la creyeron buena y recta, comprobaron que al poco tiempo de ser sepultada comenzó a salir de la tierra floja todavía, un hedor insoportable típico de todo cadáver en descomposición. La gente se retiró asombrada.
En la tradición maya cuentan la historia de que la florecilla que naciera de la pecadora Xkeben, es la  que hoy conocemos como Xtabentún, que es una bella y humilde flor, que crece de forma silvestre en cercas y caminos, entre las hojas del agave. De esta plantita de hace una bebida alcohólica de agradable y dulce sabor, como lo sería el amor de Xtabay.
En cambio Tzacam, como se le conoce a un cactus lleno de espinas con una florecilla sin aroma, que nació en la tumba de Utz – Colel, a veces despide un olor desagradable, como el carácter  y la falsa virtud de la mujer.
Y más bien, no es que la Xtabay sea una mujer mala que seduce a los hombres para luego darles muerte, más bien es la envidia de Utz – Colel que todavía ronda por aquellos lugares. Dicen los antiguos mayas que tal vez podría ser alguna de las tantas mujeres vírgenes que fueron sacrificadas en el cenote sagrado, pero la Xtabay jamás.
Hasta aquí llega esta hermosa leyenda que los antiguos mayas han pasado a sus descendientes, desde que se establecieron los primeros habitantes del Mayab, hasta la época acual. No dejemos que este tipo de leyendas que dejaron  nuestros antepasados se pierdan para siempre.

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