¿Qué maldición había caído sobre la casa número 27
de la hoy calle de Regina? ¿Qué secretos del más allá guardaban sus añosos
muros? Esta leyenda, extraída de entre el polvo del siglo XVII, nos habla de un
caso de apariciones sobrenaturales que en nuestros días aún puede ocurrir….
Estamos en
1642, en la capital de la Nueva España, cuando hace su entrada triunfal el
nuevo virrey don García Sarmiento de Sotomayor, quien tenía dos títulos de
conde de Salvatierra y marqués de Sobroso, llegó a la capital el 23 de noviembre de ese año; pero no llegaba
solo, entre los personajes que traía en la comitiva estaba don Ambrosio Torres
de Medina y Linares, su esposa doña Lorenza y sus tres hijos. A su llegada, la
familia quedó instalada en la casa de las calles de Regina; ellos tenían la
impresión de que en estas nuevas tierras iban a ser muy felices, pero lo que no
sabían era que dentro de aquella casa
había un extraño maleficio… La primera noche que pasaron en la casona, la dama
escuchó sollozos lastimeros, además de aquellos gemidos dolorosos se escuchaban
en la planta baja, ruidos y sonidos inexplicables; entonces alarmada doña
Lorenza, decide despertar a su esposo y le platica los sucedido, pero este
pensó que serían las sirvientas que extrañaban España, por lo que no puso
atención y se volvió a dormir.
Al día
siguiente, picada de curiosidad la dama preguntó a la servidumbre y estos
creían que ella había llorado; entonces le contó a su esposo lo ocurrido y tres
días más tarde lo fenómenos psíquicos iban en aumento. No bien caía la tarde,
las puertas se abrían al acercarse a estas, como si un mayordomo invisible
abriera; pero a pesar de las palabras reconfortantes de marido hacia su
familia, los sucesos extraordinarios se incrementaban cada vez más, a los lastimeros
gemidos le siguieron después unos ruidos, todos lo escuchaban sin experimentar
un gran miedo; aquel ruido parecía como si alguien cosiera un duro costal de
arpillera, entonces los criados armados de valor recorrieron la casa, sin
encontrar nada anormal.
Durante dos años la familia de don Ambrosia y sus
criados soportaron aquellas manifestaciones de ultratumba. Era precisamente la
tarde del 26 de noviembre de 1644, doña Lorenza daba a sus hijos una bebida
caliente, cuando como si alguien la
llamara, volteó a ver hacia la puerta, hallándose ante una aparición horrible;
la aterrada dama permaneció sin decir palabra a sus hijos por temor de que se espantaran, y acto
seguido inclinó la cabeza para orar, pidiendo al cielo que sus hijos no vieran
aquello. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, el espectro de la mujer de gris
había desaparecido; en esos momentos entró una de las criadas y le informó a su
patrona que había visto al mismo ser de ultratumba que ella, pero no hablaron
mucho de tema porque los niños podían escucharlas. En vano guardaron silencio
sobre la aparición a las niñas, pues una noche la mujer de gris, con su rostro
malévolo y siniestro espiaba a una de ellas; la pequeña al ver aquel horrible
ente pegó un grito de terror, y al escuchar
los alaridos de susto de su hija, don Ambrosio corrió a la alcoba, para
cuando llegó el espectro ya se había ido, y pensando que la niña había tenido
un mal sueño, la dejó en su cama y se volvió a dormir.
La noche del 3 de febrero de 1645, doña Lorenza fue
despertada por un viento helado que corría por la alcoba, creyó haber dejado la
ventana abierta y se levantó con el fin de cerrarla, pero cuando iba a
descorrer las cortinas salió de atrás un brazo y una mano descarnada, entonces
el espantoso miembro frío y oloroso a humedad la cogió del pelo, presa del
miedo gritó.
Al día siguiente, doña Lorenza contó a su esposo lo
ocurrido y este tomó la determinación de
aceptar la invitación que el virrey le
había hecho junto con otras familias, a pasar unos días en Coyoacán, por lo que
manda a su esposa e hijos para que se alejasen unos días de la casa embrujada,
mientras el trataría de encontrar una solución.
Don Ambrosio se quedó solo y esa noche, decidió
poner algunos asuntos al corriente; había quedado una criada, el criado y lo
acompañaba su perrito Titi, que estaba a sus pies; era cerca de la media noche
cuando el pequeño can comenzó a gruñir como si alguien se acercara, ante la
extrañeza de su amo, el animalito buscó refugio aullando espantado; y como si
alguien lo llamara, don Ambrosio miró a la puerta, hallándose ante una
aparición horrible, se trataba de una macabra aparición de una monja con su
hábito desgarrado, con sus rostro, manos descarnadas y unos cuencos en lugar de
ojos que parecían mirarlos con dolor; con gran entereza el caballero se puso de
pie, hablándole a la aparición para saber qué era lo que la hacía vagar por
este mundo, pero la monja muerta dejó escapar un hondo suspiro y se alejó
gimiendo. Con ánimo dispuesto, don Ambrosio siguió a la aparición, que tomó el
rumbo de jardín interior de la casa, la religioso gimió más sonoro al llegar
debajo a un árbol de fresno, y allí como tragada por la tierra desapareció,
dejando un olor a tumba, a misterio, a cosa del más allá.
Días después regresaron su esposa y sus hijos, el
caballero nada dijo a su mujer sobre la aparición dela monja, pero ella no
podía olvidar el escabroso tema y entonces le preguntó si había encontrado
alguna solución, él le dijo que había hablado con el maese Toledo, el doctor
Tarribá y solo esperarían la llegada de fray Molina, ya que ellos eran
especialistas en asuntos sobrenaturales. Pero antes de llegar las personas que
iban a exorcizar a los fantasmas, ocurrieron nuevas cosas espantables… una
tranquila noche doña Lorenza se encontraba haciendo tranquilamente haciendo su
costura, cuando escucha que alguien la llama, pensando que era su esposo va a
ver que se le ofrece, pero don Ambrosio no llamaba a sus mujer, el a su vez oía
que le llamaban en esos momentos; los dos esposos corrían, uno en pos del otro,
creyendo ser llamados mutuamente, y la encontrarse se preguntaban quién llamó a
quien. Entonces comprendieron que eran víctimas de las jugarretas fantasmales.
El 7 de marzo llegan por fin los exorcizadores a la
fatídica casa de Regina 27, quienes solicitaron al marido que se fueran a
descansar a sus aposentos mientras ellos hacían sus trabajos, a lo que él les
dijo que ya se había acostumbrado a ver espectros desde que estaba en España,
así que no había problema. Aguardaron hasta que sonó la media noche y entonces
los gemidos no se hicieron esperar, el fraile invocó la ayuda del cielo, y como
si se tratara de una obra de teatro y se levantara el telón, se empezó a ver la
escena de un tiempo pasado: una mujer era descubierta por su marido cometiendo
adulterio, el canalla escapa y ella pide disculpas al ofendido, pero este la
ignora y procede a amarrarla de pies a cabeza, acto seguido mientras gemía
doliente y desesperada, él y un amigo cosían el costal de arpillera en donde la
habían metido, aquellos gemidos y el coser de algo duro, eran los ruidos que oyera don Ambrosio y su
familia. Los dos caballeros sacaron a la mujer que se debatía y no cesaba de
gemir, después con su carga a cuestas llegaron hasta la acequia real en donde
la arrojaron; los vengadores, cuyos rostros no podía ver los exorcizadores,
quedaron allí hasta que el costal se hubo hundido. En ese momento aquel túnel
del tiempo se desvaneció y los caza fantasmas se fueron para reanudar su
trabajo en la siguiente sesión, mientras verían si podían averiguar algo sobre
la infiel.
Tres noches más después volvieron los exorcizadores
a la casa de Regina, esta vez para hablar con la monja. Don Ambrosio ya los
esperaba para relatarles la visión que tuvo el día que se quedó solo en su
casa; mientras esto ocurría, de pronto
formándose del aire y de sombras, apareció el espectro horrible de la monja,
acto seguido el fraile se acercó a ella para conjurarla para que platicara su
historia, la respuesta del espectro fue pedir ayuda para lograr su eterno
descanso, entonces prosiguió a tomar asiento entre los vivos y gimiendo se
preparó a contar su historia: “Herlinda Bauzas y Mellado fue mi nombre, fui
rica y bella en el mundo de los vivos,
mil galanes me querían como esposa, pero yo no sentía amor por ninguno y jugaba
con sus sentimientos; al enterarse mis padres de mi conducta libertina,
decidieron encerrarme en un convento, situación a la que me negué rotundamente
ya que ese lugar no era para mí, pero a pesar de mis súplicas y lágrimas me enclaustraron en Santa María de las
Mercedes. Durante muchos días estuve encerrada en mi celda, negándome a comer,
a dormir y a rezar, fueron en vano las reprimendas y consejos de la superiora;
pero no estaba sola en ese lúgubre lugar, pues había muchas novicias como yo,
ya que no podíamos olvidar las pasiones y pecados mundanos.
Durante ciertas noches, nuestros galanes lanzaban
escalas que nosotros atábamos a los árboles, por ellas subían y entonces nos
entregábamos a la pasión, al amor, al desenfreno… en la misma casa del señor; y
como era de esperarse, con tanto deseo contenido, tanta soledad y disciplina
debilitaron mi resistencia y cedí. El tiempo siguió su curso, la naturaleza su
obra y yo trataba de ocultar mi gran pecado bajo los gruesos hábitos, pero al
fin el plazo natural del nacimiento, me revolaba de dolor en el huerto, cuando fui descubierta por unas
beatas que salieron corriendo como si las persiguiera el diablo al ver el
estado en que me encontraba, fue lo último que vi. Nunca supe si mi hijo nació
vivo o lo mataron ellas, cuando volví ene mi lo sepultaban; días después morí
de intensas fiebres, sin que nadie se condoliera de mí.”
Al terminar su triste historia, la monja fantasmal
se puso de pie y señalando al fresno
dijo que su hijo se encontraba enterrado bajo este, ya que antes esos terrenos eran propiedad del convento. El
espectro les pide que encuentren el pequeño cadáver y le den cristiana
sepultura, en cuanto a ella les pidió encarecidamente que rezaran por su alma
pecadora para que obtuviera el sufragio eterno; si los caballeros cumplían lo
pactado, ella prometió jamás volver a perturbar las vidas de los moradores de
la casa, acto seguido la monja desapareció bajo el añoso fresno.
El 13 de mayo 1648, el virrey conde de Salvatierra
fue removido con el mismo cargo en el Perú, con él se fue su fiel servidor son
Ambrosio Torres de Medina y Linares y su familia. Respecto a los fantasmas de
la casa 27 de Regina, deben saber haber desaparecido, pues la promesa pactada
con el espectro fue cumplida. ¿Ustedes que creen? ¿Seguirá todavía la monja penando
por su pecado?
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