domingo, 15 de julio de 2012

La maldición de la casa de Regina 27



¿Qué maldición había caído sobre la casa número 27 de la hoy calle de Regina? ¿Qué secretos del más allá guardaban sus añosos muros? Esta leyenda, extraída de entre el polvo del siglo XVII, nos habla de un caso de apariciones sobrenaturales que en nuestros días aún puede ocurrir….
 Estamos en 1642, en la capital de la Nueva España, cuando hace su entrada triunfal el nuevo virrey don García Sarmiento de Sotomayor, quien tenía dos títulos de conde de Salvatierra y marqués de Sobroso, llegó a la capital el 23  de noviembre de ese año; pero no llegaba solo, entre los personajes que traía en la comitiva estaba don Ambrosio Torres de Medina y Linares, su esposa doña Lorenza y sus tres hijos. A su llegada, la familia quedó instalada en la casa de las calles de Regina; ellos tenían la impresión de que en estas nuevas tierras iban a ser muy felices, pero lo que no sabían era que  dentro de aquella casa había un extraño maleficio… La primera noche que pasaron en la casona, la dama escuchó sollozos lastimeros, además de aquellos gemidos dolorosos se escuchaban en la planta baja, ruidos y sonidos inexplicables; entonces alarmada doña Lorenza, decide despertar a su esposo y le platica los sucedido, pero este pensó que serían las sirvientas que extrañaban España, por lo que no puso atención y se volvió a dormir.
 Al día siguiente, picada de curiosidad la dama preguntó a la servidumbre y estos creían que ella había llorado; entonces le contó a su esposo lo ocurrido y tres días más tarde lo fenómenos psíquicos iban en aumento. No bien caía la tarde, las puertas se abrían al acercarse a estas, como si un mayordomo invisible abriera; pero a pesar de las palabras reconfortantes de marido hacia su familia, los sucesos extraordinarios se incrementaban cada vez más, a los lastimeros gemidos le siguieron después unos ruidos, todos lo escuchaban sin experimentar un gran miedo; aquel ruido parecía como si alguien cosiera un duro costal de arpillera, entonces los criados armados de valor recorrieron la casa, sin encontrar nada anormal.
Durante dos años la familia de don Ambrosia y sus criados soportaron aquellas manifestaciones de ultratumba. Era precisamente la tarde del 26 de noviembre de 1644, doña Lorenza daba a sus hijos una bebida caliente, cuando  como si alguien la llamara, volteó a ver hacia la puerta, hallándose ante una aparición horrible; la aterrada dama permaneció sin decir palabra a sus hijos  por temor de que se espantaran, y acto seguido inclinó la cabeza para orar, pidiendo al cielo que sus hijos no vieran aquello. Cuando volvió a mirar hacia la puerta, el espectro de la mujer de gris había desaparecido; en esos momentos entró una de las criadas y le informó a su patrona que había visto al mismo ser de ultratumba que ella, pero no hablaron mucho de tema porque los niños podían escucharlas. En vano guardaron silencio sobre la aparición a las niñas, pues una noche la mujer de gris, con su rostro malévolo y siniestro espiaba a una de ellas; la pequeña al ver aquel horrible ente pegó un grito de terror, y al escuchar  los alaridos de susto de su hija, don Ambrosio corrió a la alcoba, para cuando llegó el espectro ya se había ido, y pensando que la niña había tenido un mal sueño, la dejó en su cama y se volvió a dormir.
La noche del 3 de febrero de 1645, doña Lorenza fue despertada por un viento helado que corría por la alcoba, creyó haber dejado la ventana abierta y se levantó con el fin de cerrarla, pero cuando iba a descorrer las cortinas salió de atrás un brazo y una mano descarnada, entonces el espantoso miembro frío y oloroso a humedad la cogió del pelo, presa del miedo gritó.
Al día siguiente, doña Lorenza contó a su esposo lo ocurrido y este tomó la  determinación de aceptar la invitación  que el virrey le había hecho junto con otras familias, a pasar unos días en Coyoacán, por lo que manda a su esposa e hijos para que se alejasen unos días de la casa embrujada, mientras el trataría de encontrar una solución.
Don Ambrosio se quedó solo y esa noche, decidió poner algunos asuntos al corriente; había quedado una criada, el criado y lo acompañaba su perrito Titi, que estaba a sus pies; era cerca de la media noche cuando el pequeño can comenzó a gruñir como si alguien se acercara, ante la extrañeza de su amo, el animalito buscó refugio aullando espantado; y como si alguien lo llamara, don Ambrosio miró a la puerta, hallándose ante una aparición horrible, se trataba de una macabra aparición de una monja con su hábito desgarrado, con sus rostro, manos descarnadas y unos cuencos en lugar de ojos que parecían mirarlos con dolor; con gran entereza el caballero se puso de pie, hablándole a la aparición para saber qué era lo que la hacía vagar por este mundo, pero la monja muerta dejó escapar un hondo suspiro y se alejó gimiendo. Con ánimo dispuesto, don Ambrosio siguió a la aparición, que tomó el rumbo de jardín interior de la casa, la religioso gimió más sonoro al llegar debajo a un árbol de fresno, y allí como tragada por la tierra desapareció, dejando un olor a tumba, a misterio, a cosa del más allá.
Días después regresaron su esposa y sus hijos, el caballero nada dijo a su mujer sobre la aparición dela monja, pero ella no podía olvidar el escabroso tema y entonces le preguntó si había encontrado alguna solución, él le dijo que había hablado con el maese Toledo, el doctor Tarribá y solo esperarían la llegada de fray Molina, ya que ellos eran especialistas en asuntos sobrenaturales. Pero antes de llegar las personas que iban a exorcizar a los fantasmas, ocurrieron nuevas cosas espantables… una tranquila noche doña Lorenza se encontraba haciendo tranquilamente haciendo su costura, cuando escucha que alguien la llama, pensando que era su esposo va a ver que se le ofrece, pero don Ambrosio no llamaba a sus mujer, el a su vez oía que le llamaban en esos momentos; los dos esposos corrían, uno en pos del otro, creyendo ser llamados mutuamente, y la encontrarse se preguntaban quién llamó a quien. Entonces comprendieron que eran víctimas de las jugarretas fantasmales.
El 7 de marzo llegan por fin los exorcizadores a la fatídica casa de Regina 27, quienes solicitaron al marido que se fueran a descansar a sus aposentos mientras ellos hacían sus trabajos, a lo que él les dijo que ya se había acostumbrado a ver espectros desde que estaba en España, así que no había problema. Aguardaron hasta que sonó la media noche y entonces los gemidos no se hicieron esperar, el fraile invocó la ayuda del cielo, y como si se tratara de una obra de teatro y se levantara el telón, se empezó a ver la escena de un tiempo pasado: una mujer era descubierta por su marido cometiendo adulterio, el canalla escapa y ella pide disculpas al ofendido, pero este la ignora y procede a amarrarla de pies a cabeza, acto seguido mientras gemía doliente y desesperada, él y un amigo cosían el costal de arpillera en donde la habían metido, aquellos gemidos y el coser de algo duro,  eran los ruidos que oyera don Ambrosio y su familia. Los dos caballeros sacaron a la mujer que se debatía y no cesaba de gemir, después con su carga a cuestas llegaron hasta la acequia real en donde la arrojaron; los vengadores, cuyos rostros no podía ver los exorcizadores, quedaron allí hasta que el costal se hubo hundido. En ese momento aquel túnel del tiempo se desvaneció y los caza fantasmas se fueron para reanudar su trabajo en la siguiente sesión, mientras verían si podían averiguar algo sobre la infiel.
Tres noches más después volvieron los exorcizadores a la casa de Regina, esta vez para hablar con la monja. Don Ambrosio ya los esperaba para relatarles la visión que tuvo el día que se quedó solo en su casa; mientras esto ocurría, de pronto  formándose del aire y de sombras, apareció el espectro horrible de la monja, acto seguido el fraile se acercó a ella para conjurarla para que platicara su historia, la respuesta del espectro fue pedir ayuda para lograr su eterno descanso, entonces prosiguió a tomar asiento entre los vivos y gimiendo se preparó a contar su historia: “Herlinda Bauzas y Mellado fue mi nombre, fui rica y bella  en el mundo de los vivos, mil galanes me querían como esposa, pero yo no sentía amor por ninguno y jugaba con sus sentimientos; al enterarse mis padres de mi conducta libertina, decidieron encerrarme en un convento, situación a la que me negué rotundamente ya que ese lugar no era para mí, pero a pesar de mis súplicas y lágrimas  me enclaustraron en Santa María de las Mercedes. Durante muchos días estuve encerrada en mi celda, negándome a comer, a dormir y a rezar, fueron en vano las reprimendas y consejos de la superiora; pero no estaba sola en ese lúgubre lugar, pues había muchas novicias como yo, ya que no podíamos olvidar las pasiones y pecados mundanos.
Durante ciertas noches, nuestros galanes lanzaban escalas que nosotros atábamos a los árboles, por ellas subían y entonces nos entregábamos a la pasión, al amor, al desenfreno… en la misma casa del señor; y como era de esperarse, con tanto deseo contenido, tanta soledad y disciplina debilitaron mi resistencia y cedí. El tiempo siguió su curso, la naturaleza su obra y yo trataba de ocultar mi gran pecado bajo los gruesos hábitos, pero al fin el plazo natural del nacimiento, me revolaba de dolor  en el huerto, cuando fui descubierta por unas beatas que salieron corriendo como si las persiguiera el diablo al ver el estado en que me encontraba, fue lo último que vi. Nunca supe si mi hijo nació vivo o lo mataron ellas, cuando volví ene mi lo sepultaban; días después morí de intensas fiebres, sin que nadie se condoliera de mí.”
Al terminar su triste historia, la monja fantasmal se puso de pie y señalando al fresno  dijo que su hijo se encontraba enterrado bajo este, ya que antes  esos terrenos eran propiedad del convento. El espectro les pide que encuentren el pequeño cadáver y le den cristiana sepultura, en cuanto a ella les pidió encarecidamente que rezaran por su alma pecadora para que obtuviera el sufragio eterno; si los caballeros cumplían lo pactado, ella prometió jamás volver a perturbar las vidas de los moradores de la casa, acto seguido la monja desapareció bajo el añoso fresno.
El 13 de mayo 1648, el virrey conde de Salvatierra fue removido con el mismo cargo en el Perú, con él se fue su fiel servidor son Ambrosio Torres de Medina y Linares y su familia. Respecto a los fantasmas de la casa 27 de Regina, deben saber haber desaparecido, pues la promesa pactada con el espectro fue cumplida. ¿Ustedes que creen? ¿Seguirá todavía la monja penando por su pecado?

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