El corazón de la mujer siempre ha encerrado los más
suaves y delicados perfumes, la santidad de la virtud, la piedad de la religión
y el cariño abnegado de esposa, madre e hija. La mujer mexicana entrega el alma
a sus hijos desde el momento en que nacen, protegiéndolos y alentándolos con su
ejemplo en los peligros y combates, entre el fragor de las armas y la rojiza
llama de los incendios.
Durante los tiempos de guerra, las mujeres
mexicanas recorrían las ciudades y campos de batalla, como diosas protectoras
anunciando el comienzo de nuestra independencia. Un testigo ocular de aquellos
acontecimientos, decía que las mujeres mexicanas, ya fueran casadas con
españoles o criollos, era secreta o abiertamente partidarias de aquel
movimiento; aunque esto les podría costar que fueran castigadas, pero su amor
por la patria era más grande que su temor. durante la revolución ella siempre
fueron fieles a la causa independiente, mostrando en la mayor parte de las
ocasiones su valor e intrepidez. Los nombres de estas grandes heroínas quedaron
inmortalizados en el papel y en la memoria del pueblo mexicano; algunas de
ellas muy conocidas, y otras más que en estos tiempos se niegan a ser
olvidadas.
Una de aquellas mujeres, es aquella que a la mitad
de la noche envía un emisario a Hidalgo, para informarle que la conspiración de
Querétaro fue denunciada, dando como respuesta el eco de las campana de Dolores
a doña Josefa Ortiz de Domínguez, que gracias a su oportuno aviso y sacrificios
posteriores, pasaría a ser considerada la primera y una de las más grandes
heroínas de la patria.
Otra mujer que sentía un gran amor hacia la
Independencia desde los 19 años de edad, era nada menos que el Leona Vicario;
quién improvisa correos, alienta a los tímidos, remite recursos a los independientes,
que protestan morir antes que denunciar a los conspiradores, que sufre
resignada una prisión de la cuál logra evadirse para ir en pos de la guerra,
llevando consigo una imprenta que reproduce los pensamientos y aspiraciones de
los patriotas insurgentes.
una vez que logra reunirse con los suyos, lucha
incansablemente y sin tregua por la patria.
Con luchar, ya que para comprar el bronce con que se habían de fundir
cañones en Tlalpujahua en el año de 1812, decide vender sus joyas; hecho que
despertó la admiración de todos lo que la rodeaban: heroína mexicana vende sus
joyas para defender y alcanzar la libertad de un pueblo.
No fue tan conocida como la Corregidora y Leona
Vicario, pero al igual que ellas, amante
de su país, fue la esposa de don Manuel Lazarín, doña Mariana Rodríguez del
Toro. Era la noche del lunes santo de 1811, cuando se encontraban en su casa reunidos en una
amena tertulia Lazarín y un grupo de amigos, quienes no eran muy afectos a la
independencia; después de las 8:30 de la noche la reunión se ve interrumpida
por un repique de las campanas de la Catedral y una salva de artillería. Tal
escándalo respondía a que el Gobierno virreinal festejaba con gran regocijo la
aprehensión de Hidalgo y sus compañeros, un triunfo para los realistas y una
tragedia para los insurgentes. En casa de la Lazarín y la noticia cayó como un
balde de agua fría, y entre el silencio de los tímidos surge la voz de una
mujer que clama por no dejarse vencer. Aquella noche nació la conjuración
conocida como la Conspiración del Año de 11, la cual fracaso, pero despertó el
espíritu del pueblo, a tal grado que pudo ser de en terribles consecuencias
para el gobierno español porque en ella estuvieron involucrados escritores,
abogados, miembros del clero y de la nobleza. Doña Mariana sufrió crueles
persecuciones y fue hecha prisionera junto con su esposo, siendo libre hasta el
año de 1820.
También en el campo de batalla luchando junto a los
insurgentes, hubo heroínas; de las cuales destacan Manuela Medina, originaria
de Tetzcoco y María Fermina Rivera, nacida en Tlaltizapan.
La primera fue conocida como «La Capitana», quien
estuvo muy involucrada durante la guerra, y para conocer al gran Morelos
emprendió un largo viaje de más de 100 leguas, y al final de la travesía dijo
que ya podía morir a gusto, al quedar despedazaba una bomba de Acapulco.
Manuela Medina murió su ciudad natal en marzo de 1822, por consecuencia de dos
heridas que sufren combate y que la tuvieron postrada año y medio en el lecho
del dolor.
Doña María Fermina Rivera, re viuda del coronel de
caballería don José María Rivera, y al igual que La Capitana, ella también
lucho junto con sus compañeros de guerra en el campo de batalla hasta el final,
sin nunca doblegarse ante nada. Murió en la acción de Chichihualco defendiéndose
con gran valentía al lado de don Vicente Guerrero en febrero de 1821.
junto a estas grandes mujeres, no debe faltar
Manuel Herrera, que pierde a su madre al nacer; y años más tarde decide unirse
a la guerra de independencia, por lo que decide quemar su hacienda para no
dejar recurso alguno a sus enemigos. Cabe destacar que ella alojó a Mina en el
rancho del Venadito, en donde cae prisionera con su huésped; es perseguida,
robada e insultada por una soldadesca
sin escrúpulos, situación que la obligó a vivir en los bosques desnuda y
hambrienta, pidiendo hasta el final de sus días a Dios por la salvación de la
patria.
La guerra de Independencia en México tuvo también
heroínas mártires. Los insurgentes nunca fusilaron a ninguna mujer del partido
realista, pero este último no se tocó el corazón para manchar con ellas sus
armas de sangre.
Era una noche en el mes de agosto de 1814, cuando
cerca del pueblo de Valtierrilla bajo las órdenes de don Ignacio García, un
grupo de realistas sostenía un combate con los patriotas independientes. En
aquella noche llovía a cántaros y el terreno fangoso y surcado de arroyos,
hacía más difícil aquella gloriosa acción, que duró desde las 8:30 de la noche
hasta las 7:30 de la mañana del día siguiente. En aquella batalla cayeron
prisioneros los patriotas Miguel Yáñez, José Esquivel y Eustaquia Hernández; el
jefe superior don Agustín de Iturbide no tuvo piedad alguna con los vencidos, y
decide mandarlos fusilar a todos, entre los condenados se encontraban María
Tomasa Estévez, a quien se le encomendó la tarea de seducir a la tropa debido a
su hermosa figura. Las ejecuciones se verificaron en la entonces villa de
Salamanca en el mismo mes de agosto de 1814. Aquella hermosa mujer murió por su
patriotismo y por su atractivo físico.
Como han podido ver ustedes amigos lectores, hubo
muchas más mujeres involucradas en la guerra de independencia de las que ustedes se puedan imaginar, pero
no son solamente aquellas que ustedes conocieron en este texto, ya que lo más
seguro es que muchos nombres se hayan perdido para siempre en esta batalla.
Faltan muchas más heroínas por mencionar, pero en una pequeña entrada del blog
es muy difícil darles un espacio a todas como Dios manda. En publicaciones
futuras iremos conociendo una breve reseña de sus vidas y de su lucha por la Patria.
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