La leyenda nos cuenta que la gran Tenochtitlan fue fundada en el año de 1325, cuando los mexicas encontraron un águila sobre un nopal devorando una serpiente, señal que había sido anunciada por el dios Huitzilopochtli para que en ese sitio construyeran su cuidad. Ese mismo año aconteció un eclipse de sol, suceso que tenía mucha importancia para los antiguos mexicanos, pues representaba la lucha entre el astro rey y la luna, por lo cual tenían la necesidad de adaptar esta fecha para la fundación. El combate antes mencionado, lo podemos ver en el mito del enfrentamiento entre el Huitzilopochtli, dios del sol y la guerra, con Coyolzauhqui, deidad lunar, que cobra vida en el Templo Mayor.
Los mexicas ocuparon los islotes que había en medio del lago de Texcoco, pertenecientes al señor de Azcapotzalco, quien les permitió asentarse a cambio del pago de tributos y ayuda para sus conquistas; y apenas les fue autorizado, comenzaron a determinar el espacio sagrado para el templo de sus dioses.
Enormes calzadas unirían a Tenochtitlán con tierra firme: la de Iztapalapa hacia el sur, la de Tepeyac hacia el norte, la de Tacuba hacia el oeste y otra cuarta calzada que se menciona hacia el este. Así, con el paso del tiempo quedarían el Templo Mayor y el recinto ceremonial como centro fundamental y la cuidad la cuidad orientada hacia los rumbos del universo.
El Templo Mayor tuvo por lo menos siete etapas de construcción que lo agrandaron por sus cuatro lados, además de otras pequeñas ampliaciones; se encuentra orientado al poniente y cuenta con una enorme plataforma que le sirve como base, sobre la que se levantan sus cuatro cuerpos superpuestos y los adoratorios en la parte alta, uno de dicado a Huitzilopochtli y el otro a Tláloc, dios del agua y la fertilidad. Estas dos deidades representan los dos aspectos que eran pilares dela economía mexica: por un lado la guerra de la conquista, y por el otro la producción agrícola.
Cuando los españoles llegaron, el Templo Mayor tenía poco más de ochenta metros de cada lado y cincuenta metros de altura; pero cuando fue la caída de Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, este recinto fue destruido, conservándose solo partes de las etapas anteriores, esta destrucción fue inevitable porque el Templo Mayor representaba la cosmovisión mexica, es decir, a través de este se podía subir a los niveles celestes o bajar al inframundo; de ahí partían los cuatro rumbos del universo.
¿Cómo vemos el Templo Mayor en nuestros días?
Lo primero que podemos ver es el empedrado de la gran plaza, que contaba con quinientos metros por lado, donde se dice que había hasta setenta y ocho edificios; este empedrado corresponde a la penúltima etapa de construcción, que data de año 1500 d. C. Si seguimos avanzando, podremos encontrar la plataforma que sostenía al templo, correspondiente a la etapa constructiva IVb, fechada en el año de 1470 d.C., época en la que gobernaba Axayácatl. A la plataforma se podía subir por cuatro escalones, en cuyos extremos hay serpientes con el cuerpo ondulante; la escalera es interrumpida por un pequeño altar conocido como de las ranas, animales asociados al dios de la lluvia.
Ahora vamos a fijar nuestra vista en la plataforma, donde podemos observar los restos de dos escalinatas que conducían a la parte alta del templo, en donde se encontraban los adoratorios de Tláloc y Huitzilopochtli. Se encuentran separadas por alfardas rematadas con cabezas de serpientes, que todavía conservan sus colores originales. Debajo de la plataforma se han encontrado ofrendas numerosas ofrendas, que eran acomodadas de una manera determinada, debido a que tenían un significado y simbolismo específicos; además estas ofrendas fueron colocadas en ejes importantes, como en la unión de los edificios de Tláloc y Huitzilopochtli, también en la mitad de las escaleras, en las esquinas del templo, así como sus partes medias.
También fue construido un drenaje hecho de tabiques en el año 1900, que nos conduce a diversas etapas del lugar; se pueden apreciar réplicas de esculturas reclinadas sobre las escalinatas del lado de Huitzilopochtli, esta etapa de construcción data del año 1430 aproximadamente, cuando Tenochtitlán era gobernada por Itzcóatl. Cabe destacar, que las piezas originales podemos admirarlas en el Museo.
Este recorrido nos lleva a una etapa anterior, de la que se conservó la parte alta del templo con sus dos adoratorios, a la derecha el de Huitzilopochtli con la piedra de sacrificios frente a él, y a la izquierda podemos ver el adoratorio de Tláloc con la figura del Chac – mool en el frente; los pilares de la entrada se conservan en buenas condiciones y todavía se pueden apreciar los colores originales, esta etapa se encuentra ubicada en el año 1390 d. C., por el glifo “Dos conejo” que se puede ver en el último escalón del lado que da a Huitzilopochtli, en eje con la piedra de sacrificios.
Ahora dirigimos nuestros pasos a la parte norte del templo, donde encontramos tres adoratorios alineados a lo largo de la plataforma, el más cercano a nosotros está orientado al poniente, el de en medio está decorado con más de 240 cráneos de piedra, el adoratorio ubicado al fondo está pintado en varios tonos, teniendo como color principal el rojo. Al norte de estas estructuras, hay una plataforma con dos escaleras, en donde podemos ver en una de ellas cabezas de águilas en las alfardas.
Esta plataforma tenía otra etapa anterior que no pudo ser excavada; pero si nos metemos a explorar el interior en donde se encuentra el techo que protege el área que hoy conocemos como “Recinto de las Águilas” o “Casa de las Águilas”, que fue construido durante la etapa V del Templo Mayor (1480 d. C.); sobre este fue colocado otra etapa constructiva, de la que se puede ver el basamento y dos escaleras que permitían acceder a su interior.
La etapa anterior se pudo excavar, que consta de un vestíbulo en forma de L con restos de pilares; uno de los accesos a su interior muestra banquetas policromadas con representaciones de guerreros en procesión, sobre estas y a ambos lados dela puerta fueron encontradas dos hermosas figuras de barro de caballeros águilas casi de tamaño natural. El acceso conduce a una habitación alargada que también posee banquetas; un pasillo estrecho conduce a otro patio en donde se pueden apreciar los arranques de cuatro pilares que sostenían el techo y un pequeño patio interior, en los extremos norte y sur hay dos habitaciones más.
Cabe destacar el decorado que se encuentra en el muro externo del cuarto norte, que consiste en una flor con cuatro pétalos labrados en piedra; en el interior de este aposento se pueden ver las banquetas con los guerreros que rematan en el altar saliente que muestra un zacatapalloli o bola de heno, en donde eran encajadas las espinas para el autosacrificio, frente a este fueron encontrados dos braseros de cerámica.
El vestíbulo de acceso antes mencionado, tiene otra puerta hacia el norte que también conduce a otras habitaciones; sobre la banqueta y flanqueando la entrada se encontraron dos figuras de barro del dios Mictlantecuhtli, señor del inframundo.
De acuerdo a los arduos estudios que se le han hecho a la “Casa de las Águilas”, dicen que al parecer se trataba de un conjunto que era utilizado para ciertas ceremonias, ya que en su interior fueron detectados restos de componentes de sangre y posiblemente de pulque; al parecer en ese sitio el tlatoani o gobernante llevaba a cabo el ritual de salir por la puerta poniente, justo donde se encuentran los guerreros águila, y seguía el camino del sol. El vestíbulo le conducía hacia la puerta norte con las figuras de Mictlantecuhtli, donde habitan los muertos del Mictlan, recordemos que el norte era considerado el rumbo de los muertos, el mictlampa; de este modo el recorrido se hacía desde el sol hasta el ocaso.
Ahora si nos vamos hacia la parte posterior del Templo Mayor volveremos a encontrar el mismo piso de lajas, limitado hacia el norte por estas escalinatas y muros que conformaban la plataforma que circundaba todo el recinto ceremonial.
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