Desde la llegada de los domínicos a tierras mexicanas en el año de 1526, quisieron como toda orden religiosa que se preciara, fundar su iglesia y su convento, pero por diversas circunstancias no lo lograron hacer, hasta que por fin el gobernador Alonso de Estrada les cedió unos terrenos en donde levantaron el convento principal, terminándolo en el año 1590.
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