domingo, 24 de noviembre de 2013

Cueva cerrada o sellada (Leyenda de Veracruz)

En el estado de Veracruz hay muchas cuevas que están cerradas, ya sea por grandes piedras o por montes muy espesos, que las hace prácticamente inaccesibles para cualquier persona. Dichas cuevas solo son mostradas el día del encanto, que corresponde al 24 de junio, fiesta de San Juan, permaneciendo abiertas hasta las doce de la noche de este día.  
Existen también muchísimas leyendas en torno a las misteriosas cuevas; una de ellas nos cuenta que un día un campesino salió como de costumbre a trabajar sus tierras, y mientras se encontraba realizando sus labores, de pronto vio una enorme cueva e impulsado por la curiosidad entró a investigar. En su interior había un gran lago de aguas muy cristalinas, en donde nadaban cisnes blancos que se convertían en hermosas mujeres, que se multiplicaban cada vez más. La belleza de ese escenario hizo que aquel hombre quedara extasiado con todo lo que ahí había, por lo que pensó que había estado ahí un solo día, pero lo que él  no sabía era que dentro de la cueva el día equivale a un año.
Preocupada su esposa porque el señor no regresó a la hora acostumbrada, fue a pedir ayuda a los vecinos para que la ayudaran a encontrarlo. Durante varios días un grupo de hombres trató de dar con él, encontrando solamente su azadón y el morral con el bastimento, y cansados de buscar decidieron darlo por muerto y desaparecido. Mientras tanto, el hombre se encontraba en el interior de la cueva pensando que ya era tarde y la noche ya estaba cerca, se retiró y pasó a buscar su azadón y su morral que ya no estaban, y pensó que se lo habían robado.  Resignado emprendió el camino a su casa y durante el trayecto encontró personas que le preguntaban en donde había estado, pero él no le dio importancia alguna y solo contestó que había ido a trabajar a su milpa, respuesta que soltó más de una risa. Cuando llegó a su casa vio a su esposa vestida de negro y triste, quien al verlo se sorprendió muchísimos y comenzó a llorar, interrogándolo sobre donde había estado todo este tiempo. EL sorprendido hombre le relató todo lo que había visto, y que solo había estado ausente por un día. Su esposa le dijo que ya había pasado un año exactamente y lo pudo comprobar al ver a sus hijos más grandes de como los había dejado.
Otra leyenda nos narra de un hombre que había intentado ingresar a una cueva tapada por una piedra, y sucedió que un día 24 de junio encontró abierta la cueva y por fin podía penetrar para ver que secretos guardaba con tanto celo. Una vez dentro, halló una fonda muy arreglada que tenía joyas y piedras preciosas de todas partes; las mesas estaban cubiertas de los manteles más finos, y sobre estos había charolas de plata con los manjares más exquisitos que alguna vez haya probado.  Nunca supo quién había preparado aquellas delicias. Durante el tiempo que estuvo allí vio a mujeres con la cara cubierta con un rebozo, que eran quienes servían los platos.
Después de estar ahí varias horas descubrió en la cabecera de la mesa  a un hombre  alto y negro que parecía el dueño; en distintas ocasiones se acercó para pedirle que lo dejara salir, pero el negro le decía siempre que no. Siguió insistiendo repetidas veces hasta que el misterioso personaje le dio permiso, pero con la condición de que debía regresar al otro día. Cuando estuvo fuera, se dirigió a su casa; en el camino encontró a muchas personas que se dirigían  a la cueva, quienes se sorprendieron al verlo, pero el más sorprendido fue el al enterarse de que se trataba del   24 de junio pero del siguiente año. ¡Había ya pasado un año, mientras él creía que había sido un día! 
A todos les contó lo que le había pasado y que pudo salir prometiendo que regresaría, cosa que no pensaba hacer. Tres días después murió de manera repentina  y fue encontrado a un lado de la cueva.

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